Chaplin, Virginia Cherrill y el difícil rodaje de Luces de la Ciudad (1931)

chaplin virginia cherrill

Como es bien sabido, el rodaje de Luces de la Ciudad fue uno de los más difíciles de la carrera de Chaplin por diversos motivos: su enfermizo perfeccionismo que le hizo alargarlo hasta prácticamente dos años, la presión de estar haciendo un film mudo durante el sonoro y su difícil relación con la actriz protagonista Virginia Cherrill, que es el caso que nos ocupa hoy.

Cherrill en realidad no tenía ninguna experiencia como actriz. Chaplin la descubrió casualmente una noche que acudió a un combate de boxeo y decidió hacerle una prueba. Al parecer el motivo por el que decidió contratarla tras la prueba era que sabía poner expresión de ciega con toda naturalidad, sin poner los ojos en blanco ni fingir demasiado.

Sin embargo desde el inicio del rodaje Chaplin tuvo problemas con ella pagando con creces la decisión de haber contratado a una mujer sin experiencia interpretativa. Por ejemplo, Chaplin dedicó días enteros a ensayar y repetir la sencilla escena inicial en que la ciega le ofrece una flor a Charlot para conseguir que el ritmo y los gestos de Cherrill fueran exactamente los que él buscaba. También cabe decir que el problema no era solo de Cherrill, en Luces de la Ciudad Chaplin llegó al exceso de su perfeccionismo, sobrepasando lo enfermizo (la escena inicial en que Chaplin y la florista se conocen llevó meses de planificación, ensayos y rodaje).

Según su biógrafo David Robinson el problema estaba en que, por primera vez en su carrera, Chaplin tenía que dirigir a una actriz hacia la que no sentía ninguna atracción profesional o sentimental. Cherrill y Chaplin nunca se encontraron fuera del estudio y Cherrill, a diferencia de las otras actrices que trabajaron con él, no se sentía atraído por su director y por tanto no hizo ningún esfuerzo por intimar más. Por otro lado, su inexperiencia como actriz y su incompatibilidad de caracteres hacía imposible que Chaplin pudiera ni siquiera admirarla como artista.
Sin embargo, el gran problema según Robinson era que Cherrill no compartía el entusiasmo de Chaplin hacia el proyecto. Chaplin era un artista creativo que necesitaba estar rodeado de colaboradores que creyeran tanto como él en lo que estaban haciendo y que sintieran la misma ilusión. Cherrill no era así. Acudía cada día al estudio puntualmente (incluso durante los meses en que se ensayaban y preparaban escenas en que ella no aparecía) pero no se involucró en la producción más de lo estrictamente profesional. Chaplin, en respuesta, la trataba con absoluta frialdad.

final luces ciudad

El conflicto estalló en el rodaje de la escena final. Chaplin sabía que ésa sería la escena más importante y difícil de toda la película: el reencuentro entre el vagabundo y la chica ciega, que ahora ha recobrado la vista pero no le reconoce hasta que le coge de las manos. Era el momento cumbre de la película, una escena que requería rodarse con precisión y mucha sensibilidad. Si Chaplin había pasado meses dándole vueltas a otras escenas más triviales por afán de perfeccionismo, era de prever que el rodaje de ésta se le presentaría aún más difícil.

Y aquí es donde Virginia Cherrill cometió un grave error por ser poco intuitiva o no conocer aún la personalidad de su director. Cherrill, que cumplía con su cometido pero sin implicarse en la película, tuvo la desafortunada idea de pedirle a Chaplin que le dejara marcharse antes el día del rodaje de esa escena por tener hora en la peluquería. Seguramente la actriz era inconsciente de lo que estaba haciendo, desde su punto de vista simplemente le estaba pidiendo un favor fácil tras haber cumplido con su deber durante meses, y si su presencia era imprescindible durante todo el día Chaplin no tenía más que negarse. Lo que no sabía es que para el director esa petición era una ofensa: mientras él estaba preocupadísimo y obsesionado por la forma como rodar esa escena tan vital, su actriz, que tendría un papel vital en ese momento, le pedía si podía marcharse antes para algo tan trivial como ir a la peluquería. Para Chaplin eso resultaba intolerable, necesitaba la implicación total de su equipo para una escena de ese calibre, y más de la actriz que la protagonizaría. Esa fue la gota que colmó el vaso.
Su respuesta fue afirmativa, podía irse antes sin problema si lo deseaba. Cuando Cherrill llegó a su casa recibió la noticia de que había sido despedida. Ese mismo día se llamó a Georgia Hale, la actriz de La Quimera del Oro, para sustituirla.

Se ha hablado mucho de lo temerario que fue sustituir a Cherrill por otra actriz en mitad del rodaje con los costes que supondría volver a rodar todas sus escenas con Georgia Hale y se ha resaltado eso como una muestra más del afán de perfeccionismo de Chaplin. Sin embargo, según su biógrafo David Robinson la jugada no era tan temeraria, ya que pese a que llevaban meses de rodaje solo se habían completado hasta el momento dos escenas con la actriz y por tanto no tendría que empezar su película desde cero como se ha dicho a menudo.

Las pruebas que Chaplin hizo a Georgia Hale antes de empezar a rodar fueron, claro está, de la difícil escena final. Si Hale salía airosa de esa escena, podría interpretar el resto sin problemas. Hoy en día tenemos la suerte de poder ver esas tomas de prueba gracias a una de las completísimas ediciones en DVD de la película que las incluye como extras. En ellas se percibe algo curioso que muestra lo caprichosa que puede ser a veces la cámara. Pese a que Georgia Hale era sin duda mejor actriz que Virginia Cherrill, la escena no acaba de funcionar del todo. Examinando las diversas tomas notamos cómo la actriz se esfuerza y hace una buena interpretación pero le falta esa magia tan especial que tiene el final definitivo. Ni siquiera en una de las tomas en que la actriz llora para aportar más emotividad consigue darle el tono adecuado que el perfeccionista Chaplin anhelaba.

Aunque él y Georgia se entendían a la perfección, Chaplin tuvo que rendirse a la evidencia de que no podría interpretar a la florista. Se hicieron más pruebas a otras actrices como por ejemplo a Marion Marsh, quien años después tendría bastante éxito, pero fue en vano. Por algún motivo, aunque Virginia no era tan buena actriz ni estaba tan implicada en la película como sí lo estarían las otras candidatas, su forma de interpretar esa escena rebosaba magia, ternura y sensibilidad. Ejemplos como éste demuestran que en el fondo es cierto eso de que hay gente que consigue “gustarle a la cámara”.
Chaplin no tenía alternativa si quería completar su película satisfaciendo sus ansias de perfeccionismo. Se volvió a llamar a Cherrill para preguntarle si estaba interesada en reincorporarse al rodaje. La actriz, como venganza, accedió a cambio de que le subieran el sueldo. Chaplin aceptó.

Durante el rodaje prácticamente no se dirigieron la palabra salvo para lo estrictamente necesario, es decir, darle a la actriz indicaciones sobre cómo interpretar sus escenas. Resulta curioso que siendo la relación entre ellos tan tirante, en la película haya tanta química entre los dos personajes. Más aún lo es que rodara con ella una de las escenas más bonitas y emotivas de su carrera – para mí la mejor sin duda – en que la química entre los personajes era vital. Es seguramente un magnífico ejemplo de la magia del cine, especialmente en manos de un genio como Chaplin.

3 comentarios en “Chaplin, Virginia Cherrill y el difícil rodaje de Luces de la Ciudad (1931)

  1. Cuesta creer que en esta maravillosa película sus protagonistas tenían una química preciosa pero en la vida real Charlie y Virginia no tenían tan buena relación…

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