Viaje a Júpiter (Le Voyage sur Jupiter, 1909), de Segundo de Chomón

Ya he hablado anteriormente en este rincón silente de Viaje a Júpiter (Le Voyage sur Jupiter, 1909), de Segundo de Chomón, pero fue un post que hablaba más de la confusión que tuve durante años acerca del verdadero autor de la película, y también la cité en otra ocasión como una obra muy importante en mi proceso de descubrimiento del cine mudo.  Pero a raíz de revisionarla en las XXIV Jornadas del Cine Mudo de Uncastillo me vinieron a la cabeza algunas ideas que me apeteció desarrollar un poco y que me parecía que no encajarían en la crónica del festival. Así que, como prometí en dicho post, allá vamos.

El argumento de la película es la prototípica historia del cine de principios de siglo sobre viajes espaciales que se prestaba a emplear algunos de los trucos que tan atractivos resultaban del cine de atracciones: trucajes, decorados vistosos, escenas fantasiosas… En este caso el protagonista es un rey que observa fascinado el planeta Júpiter junto a su astrónomo, y que cuando se va a dormir sueña que trepa con una escalera al planeta. Hasta aquí nada novedoso, pero antes de entrar en detalles conviene fijarse en un dato importante: el filme es de 1909. Hace ya siete años del Viaje a la Luna (Voyage dans la Lune, 1902) de Méliès, y en esa época siete años eran muchos. De hecho hacia 1909 Georges Méliès ya había pasado su mejor época y el tipo de películas por las que se hizo célebre estaban empezando a pasar de moda a favor de otro cine menos anclado en la influencia de los féeries y los espectáculos teatrales.

Eso nos permitirá entender algunas pequeñas variaciones que ofrece aquí Chomón en lo que, por otro lado, sería una clase de filme que en esa época empezaría a estar muy visto y que, además, refuerza lo absurdo que es tildar a Chomón del «Méliès español» cuando se pueden notar diferencias interesantes respecto a ambos. Porque si Méliès en 1909 persistía en su puesta en escena basada en planos generales totalmente frontales como si estuviéramos ante un espectáculo teatral de magia, Chomón en cambio introducía pequeñas variaciones incluso en un cortometraje que por temática parecería puro Méliès, pero no en forma. Chomón ya había realizado años atrás filmes de ficción como L’Hereu de Can Pruna (1904) filmados en exteriores y con un montaje narrativo para explicar una persecución. Y el mismo año de esta película combinó en su magnífica Una Excursión Incoherente (Une Excursion Incohérente, 1909) ese tipo de narraciones con los trucajes y golpes de efecto de los cortos más basados en efectos especiales (algo que ya había anunciado Méliès en Viaje en la Luna, pero en su caso sin salirse ni un milímetro de su prototípica puesta en escena anclada en planos de estudio frontales).

Lo interesante de Viaje a Júpiter está en que cogía el típico producto asociado a Méliès pero con algunos elementos que se escapan de ese tipo de producciones. Me refiero sobre todo a estos planos que resalto abajo en que se ve al rey y el astrónomo paseando por el castillo. Son planos filmados en exteriores que suponen un contraste con aquellos interiores que son un decorado, y me llaman la atención sobre todo por un hecho: son innecesarios. La historia funcionaría perfectamente sin ellos o introduciéndolos en otro decorado, y el hecho de filmarlos debía suponer una cierta problemática a nivel de producción para trasladarse a ese espacio ajeno al estudio.

Basta con comparar con otro filme similar de Méliès, El Eclipse: El Cortejo entre el Sol y la Luna (L’Éclipse du Soleil en pleine Lune, 1907), en que en cierto momento el maestro astrónomo se caía por la ventana y acababa en un barril de agua. El plano exterior de dicho barril sigue siendo un obvio decorado, pero en este caso sí se habría entendido que Méliès lo hubiera filmado en un espacio real, porque narrativamente está justificado. Y, no obstante, no lo hizo, porque Méliès entendía su forma de hacer cine enclaustrado en su estudio de grabación. Pero, a cambio, Chomón se tomó la molestia. ¿Por qué? Solo se me ocurre que para darle más realismo al espacio en que se encuentran los personajes más allá de los planos interiores, o simplemente por el mero placer de filmar ese espacio real. En todo caso, ambas posibilidades nos demuestran que el turolense tenía otras intenciones, otra sensibilidad, incluso cuando estaba jugando en el terreno de Méliès; y que dichas intenciones y sensibilidad en realidad estaban ya prefigurando el camino hacia el que tiraría el cine en la década sucesiva.

Menciono también este extrañísimo plano de transición en el momento en que el rey salta de la escalera para caer en Júpiter y, más tarde, para ilustrar su caída de Júpiter a la Tierra. Es algo asombroso, parece casi psicodélico. Tiene toda la pinta de ser un decorado de unas nubes que se mueven casi como imitando lo que debería ser un travelling de la cámara a través de ellas, con una imagen del rey superpuesta en medio moviéndose como si estuviera cayendo. Me parece de una inventiva preciosa.

No puedo dejar de mencionar también el plano en que el rey trepa por la escalera pasando por varios astros que le observan. Aquí el truco es obviamente que todos estos actores se encuentran en el suelo tumbados (incluso cuando el rey cae rodando con la escalera se ve como mueve accidentalmente una de las estrellas del decorado preparado en el suelo), pero eso hace que me resulte muy llamativo el travelling que hace la cámara para ir siguiéndoles mientras sube para arriba. ¿Se imaginan cómo debería ser el entramado técnico para realizar este plano en movimiento teniendo que pasar por encima de los actores?

Aparte de todos estos detalles, el filme contiene todos los alicientes que podríamos esperar de una obra de estas características como esa visión tan bonita y fantasiosa de los astros y el espacio, además de esa idea tan sugerente del rey soñando con lo que es su gran obsesión: descubrir otros planetas. En menos de 10 minutos, Viaje a Júpiter es sin duda una pequeña maravilla.

Un comentario en “Viaje a Júpiter (Le Voyage sur Jupiter, 1909), de Segundo de Chomón”

  1. A Chomón, al haber recibido al comienzo de su reconocimiento el apodo de «el Méliès español» se le asocia principalmente con este tipo de cine de atracciones, feérico, de trucajes. Pero en realidad exploró todo tipo de géneros. El documental, en su serie de ciudades españolas, como Burgos; el narrativo, como en Superstición andaluza… Y trabajó para las cinematografías más importantes de la época: la Pathé francesa o la Itala de Turín, fundó una productora en Barcelona (Ibérico Films). El alcance de sus efectos ilusionistas también es amplio: animación de siluetas, de marionetas, de arcilla, películas de trucos de paso de manivela (stop motion). En conclusión, su actividad es muy variada y los asuntos de sus películas, también.

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