Los benshi

Los benshi o katsuben fueron una de las figuras más importantes en los inicios del cine en Japón. Su función inicial consistía en narrar las películas extranjeras que se proyectaban para una audiencia que no podía entender los rótulos, ya que no estaban subtitulados al japonés. Su existencia no se limitaba a Japón: a principios del siglo XX el nivel de analfabetismo era todavía muy alto y por ello en muchos países se popularizó la figura de alguien que se encargaba de leer los rótulos de la película y, ya de paso, explicar la trama a los espectadores (en España de hecho se le bautizaba con el nombre de «explicador»). Lo que hace tan especial el caso de los benshi es que, como ahora veremos, éstos adquirieron tal importancia que influyeron directamente en la evolución de la industria cinematográfica japonesa.

benshi2Un benshi moderno

De entrada, Japón contaba con unos precedentes directos puesto que había una larga tradición de narradores orales. Algunas de las prácticas más similares a la del benshi eran el e-toki (en la cual un narrador explicaba una historia a partir de una imagen, a veces acompañado de música), el bunraku (teatro de marionetas en que la historia era explicada por un recitador) o incluso la figura del narrador en el teatro kabuki, que iba recitando la trama.

En las primeras proyecciones cinematográficas en Japón, el papel del benshi no era solo el de describir esos primeros cortometrajes documentales, sino de presentar las maravillas de ese novedoso invento llamado cinematógrafo y explicar su funcionamiento. Su rol por entonces aún no era demasiado importante y se entendía como un complemento de lo que era la principal atracción. Ya por entonces se situaban en la zona izquierda del escenario tras una mesa, lugar que no abandonaron ni en su época de más popularidad pues siempre se entendía que el foco de atención visual tenía que ser la pantalla (eso no quita que algún benshi esporádicamente intentara llamar la atención, por ejemplo uno especializado en comentar películas de Chaplin llegó al punto de disfrazarse como él para fomentar esa relación).

publico cine japon

Pero como sabrán, esas películas empezaron a volverse complejas. Su duración era cada vez mayor y, poco a poco, se fueron atreviendo a narrar historias que a su vez iban ganando en profundidad. El rol del benshi ya no era meramente descriptivo sino que también debería ser explicativo. El problema no era sólo entender los rótulos de los films y un sistema narrativo cada vez más elaborado, sino comprender las costumbres occidentales. Recordemos que Japón por entonces todavía era un país muy aislado de occidente y para muchos espectadores las imágenes del cinematógrafo era su primer contacto con una cultura radicalmente distinta a la suya. Por tanto, la forma de proceder de los personajes, sus costumbres y el tipo de argumentos podían resultar muy confusos para el público nipón. Como curiosidad, ya en los inicios del cine hubo un precedente de esta función: cuando se proyectó el film El Beso (1896) de Edison se consideró altamente inmoral por su contenido, pero se evitó la intervención censora de las autoridades gracias a la explicación del benshi, quien afirmaba que eso que veían era una costumbre típica de occidente. En definitiva, el papel del benshi adquirió una importancia crucial en la exhibición de films, ya que no sólo leía los rótulos sino que que explicaba la trama a la audiencia, además de reproducir los diálogos de todos los personajes e incluso imitar los sonidos.

Eso provocó que, con la creciente popularidad del cine, los benshi estuvieran en alta demanda. En consecuencia se creó una escuela de entrenamiento para benshi en la que no sólo se les entrenaba la voz sino que se les enseñaba historia y cultura sobre los países de los que provenían los films, ya que una de sus funciones sería explicar eso al público. De hecho, no era raro que los benshi más profesionales se documentaran antes de efectuar su trabajo con algunas películas determinadas, por ejemplo leyendo las obras originales en el caso de las adaptaciones.

Normalmente, las proyecciones de films eran precedidas por una explicación por parte del benshi del argumento que iban a presenciar, y no era poco frecuente que éstos fueran más allá de su labor meramente explicativa y que durante el film fueran dejando caer su interpretación de lo que sucedía en la trama y cuales creían que eran los valores que enseñaba la película (o, a un nivel más lúdico, también podían burlarse del físico de los actores). Eso los convertía en personajes potencialmente peligrosos para el poder, porque poseían una gran influencia sobre la audiencia.

benshiOtra proyección actual con benshi

Había dos maneras de enfocar el arte de setsumei (nombre con el que se conoce la narración que hacían de los films) muy vinculadas con las zonas geográficas en que tenían más relevancia: el estilo Yamanote, que era más realista y objetivo entendiendo el papel del benshi como el de un mero explicador de lo que sucedía en la pantalla, y el estilo Shitamachi, más melodramático y estilizado. El primero era obviamente más apropiado para films extranjeros mientras que el segundo encajaba más con producciones propias. Así mismo no era raro que los benshi más profesionales se especializaran en un tipo de películas concreto: films de época (jidai-geki), films contemporáneos (gendai-geki) o producciones foráneas. Por otro lado, el estilo de cada benshi cambiaba según si trabajaba en zonas rurales o de ciudad, llegando incluso a adoptar el acento de la región en que trabajara. De esta forma, para el público de cada pueblo era como si los famosos actores de Hollywood hablaran con su acento, haciendo más cercanas a esas famosas figuras internacionales.

Como norma general la mayoría de benshi visionaban las películas un par de veces antes de la representación para prepararse, pero el público entendía y aceptaba que el trabajo de benshi se iba elaborando sobre la marcha y que era normal que en las primeras proyecciones su interpretación no fuera tan brillante. Los benshi precisaban obviamente de una voz muy potente para hacerse oír, y de hecho alguno usó como estratagema publicitaria el afirmar que había entrenado su voz gritando ante las cataratas del Niágara hasta hacerse escuchar.

En 1927 se tiene constancia de que había 6.818 benshi (de los cuales curiosamente 180 eran mujeres). Su popularidad llegó a tales niveles que en Japón la gente no acudía a ver una película atraída por el nombre de algún actor popular, sino por el benshi que la interpretaría, y de hecho en los carteles publicitarios su nombre a veces aparecía en un tamaño más grande que el del resto de actores (en su edad de oro se decía que el benshi más famoso del país cobraba tanto como el Primer Ministro). Desde el momento en que los benshi se convirtieron en estrellas por derecho propio, la industria explotó esa costumbre retransmitiendo por radio algunas actuaciones de benshi en directo o sacando a la venta discos que contenían grabaciones de sus discursos. Es decir, ¡el propio discurso del benshi ya era considerado suficientemente interesante como para comercializarlo sin ir acompañado de ningún film!

musei tokugawaMusei Tokugawa

Un dato muy significativo y comentado ampliamente es que, en los años 10, los estudiantes japoneses pensaban que las tres personas más importantes del mundo eran el emperador de Japón (no podía ser menos), el actor Matsunosuke Onoe y el benshi Somei Saburo.

Seguramente los dos benshi más importantes de la época eran el ya mentado Somei Saburo y Musei Tokugawa. El primero de hecho es considerado uno de los grandes impulsores de esta figura, al pasar de narrar las películas de forma impersonal a interpretar las voces de los personajes y aportar sus comentarios propios. En cuanto a Tokugawa, suele mencionarse como el mejor benshi de todos. Su estilo era más intelectual y contaba con el favor de los más cinéfilos, ya que solía especializarse en films extranjeros y de alta calidad. Es célebre la narración que hizo de El Gabinete del Doctor Caligari (una película que gustaba muchísimo en Japón, como no podía ser menos) así como de una de las pocas películas mudas japonesas que han llegado a nuestros días: la vanguardista Una Página de Locura (1926) de Teinosuke Kinugasa, precisamente muy influenciada por el film de Robert Wiene. Su inmensa popularidad le permitió sobrevivir a la caída en decadencia de los benshi y de hecho siguió siendo una personalidad célebre toda su vida trabajando como actor y como escritor.

paginadelocura

¿Cómo afectaba todo esto a la producción japonesa de la época? Desde el momento en que los espectadores daban prioridad a los benshi sobre los films, la industria japonesa estuvo condicionada por esa circunstancia. Los directores y guionistas japoneses realizaban sus películas no pensándolas como obras autónomas que los espectadores verían por sí solos (como sí se hacía en Occidente) sino como films que irían acompañados por la explicación de un benshi. Eso provocó por tanto que incluso en fechas tan tardías como los años 20 la narrativa cinematográfica japonesa avanzara de forma un tanto perezosa. No hacía falta que las películas se entendieran por sí solas, por tanto no se veían en la necesidad de desarrollar una gramática audiovisual que hiciera los films plenamente comprensibles a los espectadores. Al contrario, se fomentaba la realización rápida de películas sabiendo que los benshi llenarían los huecos o errores narrativos – un matiz: todo esto nos parece un atraso desde nuestra perspectiva actual entendiendo que las películas debían adquirir una forma narrativa propia, pero también podría pensarse que Japón estaba desarrollando un estilo diferente e igualmente interesante de entender el cine, les dejo reflexionar sobre ello.

En un caso ya extremo, a veces incluso los propios benshi participaban en el proceso de creación de la película, realizándose films expresamente adaptados al estilo de setsumei de una estrella benshi en particular. Estos últimos también podían pedir incluso que se ralentizara o acelerara la velocidad de proyección para adaptarse a su discurso.

Un sector minoritario de cineastas y cinéfilos empezó a mostrar su disconformidad con ese sistema cuando las películas extranjeras demostraban palpablemente que el cine japonés se estaba quedando atrás respecto al resto del mundo. Mientras que el cine mudo occidental estaba llegando a mediados y finales de los años 20 a su cumbre expresiva, en Japón las películas estaban totalmente supeditadas a la tiranía de los benshi. Pero como quien manda es el público y éstos consideraban a los benshi como estrellas, no había nada que hacer. En ese sentido, resulta curioso pensar que un director como Yasujiro Ozu, considerado tradicionalmente como «el más japonés de todos los cineastas japoneses», en sus inicios fuera visto como uno de los realizadores más «occidentalizados» de la industria. El motivo es que en sus films mudos Ozu ya aplicaba el sistema narrativo y las técnicas occidentales, creando películas que funcionaban autónomamente, algo que en aquel entonces era visto como una marca de estilo plenamente occidental. Lo que hacía de Ozu un cineasta tan occidental era ni más ni menos que creaba films que podrían funcionar sin benshi.

joven ozu
Un joven Yasujiro Ozu

El fin del reinado de los benshi acabó viniendo por otro lado: la llegada del sonido. De hecho uno de los motivos por los que el cine sonoro tardó tantísimo en implantarse en Japón (no fue hasta mediados de los años 30 cuando empezó a establecerse, media década después que en el resto del mundo) fue precisamente por la presión del sindicato benshi, que lógicamente se opuso con todas sus fuerzas a esa diabólica innovación (como curiosidad uno de los principales portavoces del sindicato era el hermano mayor de Akira Kurosawa). Como los benshi seguían siendo más populares que los actores, resultaba lógico que se atrasara la llegada de films sonoros, y de hecho a veces se optaba por proyectar películas sonoras occidentales sin el sonido o con el volumen muy bajo para que se pudiera escuchar bien al benshi que las acompañaba.

Pero mucho me temo que ni los todopoderosos benshi podían luchar contra el progreso. Con el tiempo el público empezó a sentir más y más admiración hacia las estrellas de cine y, lógicamente, querían escucharles hablar. El inmenso éxito de productos de Hollywood como Morocco (1930) de Josef von Sternberg desplazó el centro de atención a estrellas occidentales como Gary Cooper y Marlene Dietrich. Por otro lado, una vez que la industria japonesa pudo hacerse con los equipos para grabar films sonoros resultaba absurdo tirar a la basura esa inversión si posteriormente las películas se proyectarían sin sonido. A medida que el cine sonoro se fue implantando en los años 30, los benshi fueron cayendo en popularidad hasta desaparecer por completo a finales de la década. Con ellos se fue un interesantísimo episodio de la historia del cine japonés.

Si les interesa el tema, les gustará saber que la Filmoteca de Cataluña y la Filmoteca Española harán unas proyecciones especiales de películas mudas japonesas acompañadas por el benshi Raiko Sakamoto. El Dr. Caligari no se lo perderá, ya que no ha presenciado una proyección con benshi desde que visitó Japón en los años 20 huyendo de la justicia. Aquí pueden conocer los detalles de esas sesiones.

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