Crazy Like a Fox (1926) de Leo McCarey

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Siempre es un buen momento para reivindicar a nuestro buen amigo Charley Chase, el cómico de slapstick más injustamente olvidado de todos. No solo realizó una serie de cortometrajes realmente divertidos en que demostraba sus dotes como actor, sino que previamente se había hecho un nombre como director convirtiéndose en uno de los realizadores de slapstick más solicitados del momento.

Hoy nos centramos en su faceta de cómico para rescatar Crazy Like a Fox (1926), una de las joyas que protagonizó bajo las órdenes de Leo McCarey, otro de los nombres clave del slapstick aunque luego se haría una carrera alejado del género.

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Al Cinematografo, Guardate… e Non Toccate (1912)

Seguramente algunos de ustedes pronto tendrán unos pocos días de vacaciones o simplemente quizá algo más de tiempo libre (no es el caso de este infatigable Doctor, siempre al pie del cañón para ofrecerles su dosis semanal de cine mudo). Y a causa de ello es probable que aprovechen para ir al cine a ver una película, pero en tal caso, caballeros, espero que no sucumban a la tentación de servirse de la intimidad y oscuridad de la sala para propasarse con alguna dama.

A modo de ejemplo aleccionador, he rescatado este cortometraje italiano cuyo título ya lo dice todo: Al Cinematografo, Guardate… e Non Toccate (1912). El protagonista es el cómico Ernesto Vaser, muy célebre en su época, que encarna a un seductor que persigue a una dama de la que se ha encaprichado hasta el cine, donde se sienta a su lado con indecentes intenciones. El tema de la película era de rigurosa actualidad, porque de hecho los sectores moralistas anti-cinematográficos solían definir las salas de cine como antros de perdición donde el pecado campaba a sus anchas (lo cual, dicho así, tampoco suena tan mal).

En todo caso, esperamos que esta pequeña historia les sirva como moraleja sobre cómo no deben comportarse en una sala de cine.

Hace 100 años: 1916 en 10 películas

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Tal y como hicimos el año pasado, volvemos a nuestra tradicional lista que repasa las mejores películas que se estrenaron hace exactamente un siglo.

A decir verdad, mientras este Doctor repasaba la lista de grandes películas de 1916 que han sobrevivido a nuestros días, a primera vista no le ha parecido un año tan excitante como el anterior. Y no por la ausencia de grandes películas, sino porque en la selección de 1915 era más heterogénea, mientras que en 1916 está claro cual era la tendencia: dirigirse hacia el cine de gran espectáculo, siguiendo el camino que había marcado el señor Griffith con El Nacimiento de una Nación (1915). Así pues, echando un vistazo por encima tenemos un buen número de grandes producciones como Intolerancia de Griffith, Juana de Arco de Cecil B. De Mille, Civilización de Reginald Barker, 20.000 Leguas de Viaje Submarino de Stuart Paton o A Daughter of the Gods de Herbet Brenon (esta última desaparecida a día de hoy y recordada por ser la primera película americana que costó un millón de dólares y por las polémicas escenas en que se veía a la protagonista desnuda).

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Dog Factory (1904) de Edwin S. Porter

Hoy les ofrecemos este simpático cortometraje típico del cine de los orígenes filmado por uno de los nombres más conocidos de esa época: Edwin S. Porter.

La premisa es la siguiente: dos tipos regentan un negocio en que convierten a los perros en salchichas, pero no para comérselos sino para tenerlos almacenados. Cuando un cliente viene a pedirles un perro, éstos meten la salchicha en la máquina y ésta vuelve a convertirse en un simpático can. Ingenioso, ¿verdad?

El Don Apacible (Tikhiy Don, 1931) de Ivan Pravov y Olga Preobrazhenskaya

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A primera vista quizá a alguno le sorprenda la existencia de una adaptación de la famosa novela El Don Apacible de Mijaíl Shólojov de tan solo 90 minutos, dada la enorme magnitud del libro original. No se alarmen, lo que tenemos hoy entre manos no es una versión cruelmente recortada de la obra de Shólojov, sino solamente del primero de los cuatro tomos que compone la novela (de hecho el único que estaba publicado por entonces).

Esta primera adaptación de ese clásico de la literatura rusa viene de la mano del tándem Ivan Pravov y Olga Preobrazhenskaya. Esta última era una de las pocas cineastas femeninas de la era muda soviética junto a Esfir Shub, de hecho había iniciado su carrera como actriz en el teatro y luego en el cine en la era pre-soviética. Sus ambiciones la llevaron a ponerse al otro lado de la cámara ya en 1917, y afortunadamente consiguió mantener su carrera recién entrada la época soviética. Su colaborador habitual era su marido y guionista Ivan Pravov, con el que se atrevió a llevar a cabo la difícil labor de adaptar la prestigiosa obra de Mijaíl Shólojov.

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