Especial Films Albatros (III): La Casa del Misterio (La Maison du Mystère, 1923) de Alexandre Volkoff

Este post forma parte de un especial dedicado al estudio Films Albatros que incluye los siguientes artículos:


En La Casa del Misterio (1923) de Alexandre Volkoff la Albatros se propuso matar dos pájaros de un tiro: por un lado sumarse al género de los seriales, que tan lucrativo resultaba en aquellos años (como ven la gente lleva enganchándose a series desde los inicios del cine), pero por otro lado desmarcarse como un estudio que producía películas de una gran calidad. O, mezclando ambos conceptos, dignificar un género que normalmente era bastante desprestigiado (Feuillade aparte, los seriales solían ser filmes de pobre calidad que simplemente buscaban enganchar al público con guiones repletos de giros imposibles). Y triunfaron con creces en ese propósito.

Pese a que el título hace pensar en una trama de misterio e intrigas, en realidad el argumento tira por otros derroteros. El protagonista es Julien Villandrit, próspero dueño de una fábrica que no sospecha que su socio y (teóricamente) amigo Henri Corradin está enamorado de su mujer Régine y dispuesto a cualquier cosa con tal de arrebatársela. Para ello Henri hace creer a Julien que Marjory, un vecino suyo de avanzada edad que parece tener un aprecio especial a su mujer, es su amante. Atormentado por los celos Julien se confronta a Marjory y poco después de estos acontecimientos el anciano muere asesinado. Julien es acusado injustamente de dicho crimen y Corradin traiciona a su amigo con la esperanza de poder conquistar a su mujer.

De entrada hay dos aspectos que claramente llaman la atención de este serial a lo largo de sus 10 episodios. En primer lugar está el increíble trabajo que hace Alexandre Volkoff tras las cámaras. La Casa del Misterio es un auténtico festín para los ojos, pues el filme está plagado de todo tipo de recursos visuales que a la larga acabarían siendo uno de los rasgos más característicos de las mejores producciones de la Albatros. Desde detalles menos vistosos como el cuidado en la composición de todos los planos (la iluminación, los decorados, el emplazamiento de la cámara…) a pequeños momentos más virtuosos que llaman poderosamente la atención. El más destacado de todos sucede en el primer capítulo cuando se nos muestra la boda de Julien y Régine filmada enteramente con sombras chinescas. Y está tan bien hecha que entendemos perfectamente lo que recrea cada viñeta e incluso reconocemos a los personajes por sus siluetas (vean la selección que hemos hecho al final del post). Aunque no encontrarán en el resto del serial nada tan espectacular como esta secuencia, hay en cada capítulo al menos algún plano o algún detalle visual que resulta llamativo e ingenioso.

El segundo elemento que destaca con abrumadora diferencia es la interpretación del protagonista, Ivan Mosjoukine. No es que haga una gran actuación, es que está inconmesurable, portentoso. Y no quiero por ello dejar de lado al resto del reparto (sobre todo cuando tenemos al gran Charles Vanel encarnando a ese magnífico villano que es Henri), pero es que Mosjoukine aquí está titánico. A lo largo del serial nos ofrece todas sus facetas posibles: es emotivo y delicado en las escenas dramáticas, es imbatible y atlético en las escenas de acción (hay una larguísima pelea entre él y Henri tan excesiva que casi parece slapstick) y siempre que se caracteriza lo hace a la perfección… incluso hay un momento en que hace de clown en un circo que parece casi metido con calzador para demostrarnos que, si quisiera, también podría hacernos reír.

No hay duda de que éste era un proyecto para mayor lucimiento de la gran estrella de la Albatros, y si a alguien aún le quedan dudas de que el actor de origen ruso fue uno de los mejores intérpretes de la era muda solo tiene que ver todo el repertorio que ofrece aquí. Dicho esto, no está de más recordar que en realidad no fue un rodaje fácil para Mosjoukine, ya que la filmación se interrumpió nada más y nada menos que medio año porque contrajo la fiebre tifoidea. El actor se reincorporó al proyecto estando aún débil y habiendo perdido sus cabellos, pero se aprovechó esa circunstancia para las escenas que tenía que rodar en la prisión haciendo los trabajos forzados.

Un aspecto que juega a favor del serial es que la película se va moviendo en registros diferentes, ofreciendo escenas muy melodramáticas y otras que son de pura acción. Esto último es especialmente remarcable en el episodio 5 durante la larga y emocionante escena de la huida de prisión, que no tiene nada que envidiar a ninguna película de Hollywood de la época e incluye un asalto a un tren muy bien filmado.

Entre los segmentos emotivos para mí destaca la escena en que el protagonista, disfrazado de vagabundo, se reencuentra con su hija después de mucho tiempo sin verla y ésta le trata con bastante ternura pese a que no reconoce a su padre. Mosjoukine muestra de una forma conmovedora su lucha por contenerse para mantenerse en su papel de vagabundo al mismo tiempo que se emociona profundamente por reencontrarse con su hija. Del mismo modo, uno de los elementos clave de la trama es la figura del jardinero que consiguió hacer una fotografía del crimen pero que, en lugar de usarla para defender a Julien, la emplea para chantajear a Henri. En vez de hacer de él otro personaje antagonista, la cinta nos muestra la absoluta devoción que siente hacia su único hijo para que entendamos que eso es lo que le mueve a comportarse así y no la codicia.

Sí que es cierto que se le pueden reprochar algunos tics folletinescos típicos de los seriales como algunos giros de guion muy forzados y ese tramo final en que el malo de la función pierde un poco la personalidad que tenía al inicio, de ser un hombre celoso enamorado y rencoroso a un simple villano que quiere hacer el mayor mal posible, incluyendo esa extraña costumbre de muchos folletines de querer casarse con una mujer que le desprecia a uno abiertamente. Pero eso es algo que viene implícito con el género y que no obstante no mancha el buen sabor de boca que deja su visionado.

La Casa del Misterio empezó a filmarse en 1921 como una producción de Ermolieff y acabó estrenándose como una producción Albatros en 1923, es decir que su génesis pasó por los cambios que experimentó la compañía en medio. El serial fue un éxito de público y de crítica que convenció incluso a los detractores del género y que preparó el terreno para lograr que la Albatros se alzara como ejemplo de productora de calidad que aunaba grandes talentos de Rusia y Francia.

4 comentarios en “Especial Films Albatros (III): La Casa del Misterio (La Maison du Mystère, 1923) de Alexandre Volkoff

      • El serial mudo y clásico siempre ha sido considerado un cine menor, pero La casa del misterio le da un giro a la norma. Visualmente está muy por encima de cualquier serial de la época, los personajes tiene carácter y las actuaciones son de lujo. Cierto que el villano acaba convertido en un cliché, pero lo hace tan bien que uno espera con ansias verlo recibir su merecido.

  1. Coincido contigo, tiene la calidad de cualquier película de la época y solo cae en ciertos clichés en la descripción de ciertos personajes y situaciones, pero el conjunto compensa de sobras.

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