La llegada del cine sonoro fue dificultosa para los productores y estudios de cine en todo el mundo, pero en una industria de por sí tan débil como la inglesa el efecto fue casi traumático. Un film que sirve de perfecto ejemplo sobre lo indecisa que estaba la industria británica respecto a esta molesta innovación es La Muchacha de Londres (1929) de Alfred Hitchcock, que además ha pasado a la historia por ser la primera película británica enteramente sonora.
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Explosion of a Motor Car (1900) de Cecil M. Hepworth
Este cortometraje del pionero del cine británico Cecil M. Hepworth es una perfecta muestra de la función que tenía el cine en sus orígenes, buscando más chocar al espectador e impresionarle por el contenido de sus imágenes que narrar una historia.
A Cottage on Dartmoor (1929) de Anthony Asquith
En cierto momento de A Cottage on Dartmoor el protagonista intenta atraer la atención de la chica proponiéndole una cita, y de entre todas las posibilidades para pasar la tarde juntos, la que le sugiere es ir al cine a ver una película sonora. Resulta irónico (e intencionado) que en una de las últimas grandes películas mudas del cine británico se comente el tema tan libremente. Y es que aunque desde el punto de vista del argumento propiamente dicho el film no tiene nada que ver con el mundo del séptimo arte, Asquith deja caer de forma muy directa una reflexión sobre el fin de una forma de hacer cine.

