El caso de John Gilbert y el cine sonoro

johngilbert

Uno de los tópicos más extendidos a la hora de hablar del salto del mudo al sonoro es el de la antigua estrella de cine que con la llegada del sonido se quedó atrás por no tener una voz adecuada. Y efectivamente existen casos de ese tipo, no solo en referencia a actores extranjeros cuyo acento les impedía interpretar muchos papeles, sino también en lo que respecta a actores norteamericanos cuya voz sencillamente no agradó al público.

Uno de los ejemplos por antonomasia que más se suele citar es el del actor John Gilbert. En los años 20, Gilbert era uno de los actores favoritos del público, especialmente femenino. Sus papeles de galán seductor encandilaban a las espectadoras, y era la pareja perfecta para una de las grandes divas del Hollywood de la época: Greta Garbo. Sin embargo, la carrera de Gilbert cayó en desgracia con la llegada del sonido, mientras que la de Garbo se mantuvo sin muchos problemas pese a su marcado acento escandinavo. Uno pensaría pues que Gilbert era un hombre con una voz poco adecuada o incluso ridícula, y de hecho durante décadas se extendió el mito de que su problema fue que tenía un timbre de voz ridículamente agudo, pero es absolutamente falso, y si no compruébenlo ustedes mismos:

La voz de Gilbert era normal, sin ningún rasgo ridículo o inapropiado, y sabía enunciar sus diálogos con claridad. ¿Cuál fue entonces el problema?
Al ser una cuestión compleja, hay teorías para todos los gustos. Una de las más divertidas (aunque no para el pobre Gilbert) habla de una conspiración orquestada por el jefe del estudio, Louis B. Mayer, que no soportaba al galán. Para ello hizo que sus primeros films sonoros fueran dirigidos por un realizador poco apropiado, el actor Lionel Barrymore (quien a su vez también tenía cierta manía a Gilbert y por tanto no se esforzaría especialmente en favorecerle).

El primer largometraje sonoro protagonizado por él era el clásico vehículo romántico para su lucimiento, His Glorious Night (1929), que ha pasado tristemente a la historia por el hecho de que el público no paraba de reírse en las escenas de amor – décadas después en Cantando Bajo la Lluvia (1952) se hace una referencia directa a esta situación. Tradicionalmente se pensó que el problema era la voz de Gilbert, y seguramente Mayer hizo circular esos rumores en la prensa para desprestigiar a la estrella pero los críticos e historiadores actuales consideran que el problema era en realidad el guión. En el cine mudo los diálogos de amor eran muy breves debido a los rótulos y la mayoría de frases se sobreentendían por los gestos de los personajes. Con el salto al sonoro, se debían escribir frases románticas más trabajadas, pero los guionistas carecían de experiencia en ese terreno y fueron actores como Gilbert quienes pagaron la novatada. Los diálogos rozaban la parodia, especialmente uno en que Gilbert repetía sin parar una y otra vez “I love you, I love you, I love you…”.

HisGloriousNight1929-01

Por otro lado también es cierto que, como el actor estaba tenso, seguramente sus frases sonaban demasiado teatrales y poco naturales. Además otro rumor asegura que Mayer hizo que sus diálogos fueran grabados de forma que el tono de su timbre fuera un poco más agudo de lo que era realmente. A eso hay que sumarle que el público llevaba años imaginando de forma idealizada cómo debía ser su voz, y que difícilmente podría estar a la altura de las expectativas.

John Gilbert hizo algunas películas más que funcionaron mejor, pero nunca recuperó el estatus de antaño. Su alcoholismo y la depresión de ver su carrera hundiéndose aceleraron el proceso. Uno de sus últimos grandes papeles le llegaría de mano de su compañera Greta Garbo, quien en pleno auge de popularidad exigió como condición inapelable que Gilbert debía interpretar el papel del galán en su próximo film La Reina Cristina de Suecia (1933). Fue un gesto muy generoso por parte de Garbo, y la actuación de Gilbert está llena de encanto y resiste el paso del tiempo. Sin duda debió ayudarle el verse rodeado de su antigua compañera de reparto Garbo y de un director tan competente como Rouben Mamoulian. No obstante Gilbert moriría en 1936 de un ataque al corazón sin haber conseguido relanzar su carrera. Su fracaso en el salto al sonoro es un ejemplo de la complejidad de estas cuestiones a menudo simplificadas en forma de mitos y que dependen de muchos factores que escapan al control de los actores.

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