En este rincón silente se han comentado varias películas de la conocida como Escuela de Brighton, pero creo que sus autores siguen sin ser tan recordados como merecen en la historia del cine y que, por tanto, no les vendría mal un post extra de reconocimiento. De modo que para los que no estén al tanto les ofrecemos aquí este artículo con diez cortometrajes esenciales para entender no solo a estos pioneros sino sobre todo su importancia en las orígenes del cine a nivel universal.
De entrada hay que hacer una aclaración que podrá resultar chocante de entrada, y es que en realidad nunca existió una «Escuela de Brighton» como tal. Esa denominación la utilizaron posteriormente historiadores como Georges Sadoul (que fue quien la popularizó pero no estoy seguro de que fuera el primero en emplearla) para englobar a una serie de cineastas británicos – en realidad dos, lo cual tiene recochineo por el uso tan pomposo del nombre – que destacaron a finales del siglo XIX y principios del XX por sus innovaciones técnicas en algunos de los cortos que realizaron.
Más concretamente la Escuela de Brighton la engloban los pioneros George Albert Smith y James Williamson, aunque también se suele añadir al grupo al más desconocido Esmé Collings, del cual no parece conservarse mucho material. Ellos no se consideraban un grupo ni un movimiento. Eran fotógrafos que, como muchos compañeros de profesión, se pasaron al cine y, aquí está lo interesante, se interesaron por hacer todo tipo de experimentos en sus películas: trucajes por entonces innovadores, juegos metacinematográficos, pruebas con el color, los primeros intentos de montaje… Todo ello grandes innovaciones para la época que hacían inicialmente a un nivel más hogareño, empleando a sus familiares como intérpretes. Con el tiempo, a medida que se profesionalizaron, utilizarían a actores profesionales e incluso diseñarían un pequeño estudio de cine.
Su actividad acabaría hacia 1907 cuando sus intereses tiraron hacia otro tipo de innovaciones mecánicas. Eran inventores inquietos, habían hechos sus experimentos con el cine y quizá querían probar otras cosas nuevas. Pero en esos 10 años nos dejaron algunos de los mejores cortometrajes de la época. Disfruten pues de esta selección en orden cronológico que espero que les haga apreciar a estos maravillosos, imaginativos y, también, divertidos cineastas:
1) Victorian Lady in her Boudoir (1896) – Esmé Collings
Empezamos con este cortometraje que si lo he seleccionado no es porque tenga innovaciones como el resto que veremos, sino más bien para añadir al menos un filme del tal Esmé Collings, el otro miembro de la Escuela de Brighton del que apenas sabemos nada.
Como bien dice el título, se trata de una cinta de corte erótico que demuestra cómo ya desde los inicios del cine se buscó darle a este invento utilidades erótico-festivas. Fíjense en cómo la clave del filme es el morbo que inspiraba la situación al espectador de la época, algo que se denota en el título tan bien escogido. En primer lugar tenemos el hecho de estar viendo desvestirse a toda una dama (ya se remarca, «Victorian Lady») y en segundo lugar el componente voyeur, la idea de que estamos espiándola en su boudoir, que hemos accedido a su espacio de intimidad donde se despoja de esa apariencia respetable. La dama en cuestión como vemos no sonríe pícaramente cómo sí sucede en otros filmes del estilo de la época, e incluso se la ve poco complacida por este triste trabajo como actriz, mirando a cámara con desgana al final. Pero no importa la ausencia de complicidad, la clave para el espectador potencial es tener la idea de que ha presenciado ese momento suyo de intimidad.
2) The X Rays (1897) – George Albert Smith
Vamos con una dosis de efectos especiales primitivos pero muy bien utilizados: un seductor le hace la corte a una dama y un hombre nos permite ver la escena con una cámara de rayos X. La pareja se convierte en dos esqueletos y, detalle impagable, del paraguas solo vemos las varillas.
El efecto de pasar a mostrarlos en carne y hueso a verlos en esqueletos está magníficamente conseguido, sin que apenas se note el trucaje, lo cual demuestra cómo Smith hilaba realmente muy fino.
3) A Kiss in the Tunnel (1899) – George Albert Smith
Uno de los aspectos en que enseguida destacaron estos cineastas es en su primigenio uso del montaje. Fíjense en este cortometraje cómo unen el plano de un tren entrando en un túnel con una pequeña viñeta picarona en que un pasajero aprovecha la oscuridad para darle un beso a una pasajera (¡e incuso repetirlo!). Tan pronto como el túnel vuelve a salir, hacen como si no hubiera pasado nada y siguen con sus cosas.
Desde nuestra perspectiva resulta curioso que no se plantearan simular algo más el momento de entrada y salida con las ventanas del fondo haciendo que pasaran de estar oscuras a mostrar algo de luz. Pero tal nivel de detallismo era demasiado para entonces. En el enlace del post antiguo podrán ver dos secuelas posteriores de otros cineastas.
4) Attack on a China Mission (1900) – James Williamson
Compliquemos un poco la cosa. En Attack on a China Mission tenemos ya una pequeña historia con numerosos cortes de montaje para explicar el ataque al que hace referencia el título y el rescate posterior por parte de unos marineros. En esa época los avances sucedían muy deprisa, y hay una gran diferencia en la forma de hacer cine de un año a otro. En este caso Georges Méliès ya había anticipado en L’Affaire Dreyfus (1899) la idea de explicar una historia de más longitud en varios planos, pero la contribución de Williamson no es nada desdeñable.
Aparte del uso de tantos extras y exteriores reales que le dan más autenticidad, me parece remarcable el encuadre de los planos y lo bien que encajan entre si para darle dinamismo a la historia. No da esa sensación estática de tantos cortos de la época formados por varios planos generales, y creo que es en gran parte por su breve duración y su composición, sobre todo de los dos planos de la mansión. Y fíjense en un detalle: se muestra la entrada de los invasores desde fuera de la mansión en el plano inicial pero, luego, para mostrar la llegada de los marineros se les encuadra desde dentro del terreno. Se entiende que como ahora estamos ya en la mansión presenciando el ataque, el punto de vista de los rescatadores tiene que hacerse desde ahí dentro, donde se situaba la acción del plano anterior. Parece obvio, pero en 1900 lo más normal habría sido filmar a los rescatadores de nuevo desde fuera, repitiendo un plano como el que da inicio a la película. Ésta era además la opción más fácil a nivel de planificación porque no hacía falta mover la cámara. Pero eso nos da una idea de cómo Williamson ya empezaba a tener una incipiente sensibilidad narrativa.
5) Grandma’s Reading Glass (1900) – George Albert Smith
Otro de los elementos en que más innovadores fueron estos cineastas fue en el uso del primer plano en una época en que las películas eran mayormente planos generales estáticos. Parece una minucia, pero no lo es. El cine tomaba como referente representacional el teatro, de ahí que se filmara todo en planos generales como si el cámara fuera un espectador en una sala de teatro. La imagen de un plano medio o primer plano era codificada por el espectador de la época como un cuerpo partido o una cabeza gigante, no se entendía aún como un recurso narrativo para mostrar con detalle el rostro de un actor.
Se suele decir que Grandma’s Reading Glass (1900) es el ejemplo más antiguo de uso de primeros planos en la historia del cine, pero tiendo a evitar las expresiones tipo «la primera vez que…» porque es algo muy difícil de asegurar. Sin embargo, es innegable que es uno de los primeros ejemplos que se conocen de uso del primer plano, aquí bajo la excusa de que nos muestra cómo un niño ve una serie de objetos a través de la lupa de su abuela. Ojo también al uso del concepto plano-contraplano con el niño eligiendo el objeto a observar (plano) y luego mostrándose lo que él está observando (contraplano).
6) The Big Swallow (1901) – James Williamson
Puro vanguardismo, una absoluta locura. Un tipo bocazas de apariencia respetable que no se calla se va acercando y acercando hasta que devora el objetivo comiéndose al pobre cámara y todo. Recuerden que, tal y como hemos remarcado antes, en esa época las películas se hacían en planos generales y que el uso del primer plano era algo muy poco habitual. Por tanto la imagen de esa persona acercándose al espectador hasta devorarle vista en 1901 en una sala de cine debía ser un impacto enorme, casi agresiva, como un ataque al espectador por mucho que el tono sea cómico.
A destacar cómo Williamson remata el gag con el trucaje de mostrar al cámara cayendo en el interior del hombre devorador, que está bastante bien conseguido disimulando muy bien los cortes y redondea el gag.
7) Fire! (1901) – James Williamson
¿Podemos complicar más la narrativa de Attack on a China Mission? ¡Podemos! En Fire! (1901) se nos explica la clásica historia de unos bomberos acudiendo a rescatar a las víctimas de un incendio. Hasta aquí nada nuevo, pero hay un detalle importante: Williamson pasa del plano del carro de bomberos acudiendo al lugar del incendio a uno del interior del piso en llamas, en el cual aparece uno de los bomberos y rescata a la víctima. En el siguiente plano les vemos desde fuera bajando por una escalera mientras otros apagan el fuego.
¿Qué tiene eso de especial? Que Williamson no ha considerado necesario unir el plano del carro de caballos corriendo por la calle con el del incendio desde dentro del piso. Se ha saltado un plano, ¡pero uno importantísimo! Y ese atrevimiento implica dar por hecho que el espectador uniría los puntos y sabría entender que de un plano a otro ha llegado el carro y han iniciado el rescate. De nuevo, parece una obviedad, pero no lo era en 1901 e implica un entendimiento nada desdeñable de la narrativa. ¿Creen que exagero? Echen un vistazo al post en que comparé dicho corto con Life of an American Fireman (1903) del norteamericano Edwin S. Porter, mucho más avanzado en algunos aspectos de puesta en escena al ser posterior… pero que en cambio no resuelve de una forma limpia la escena del rescate, de hecho la muestra dos veces: desde dentro de la casa y desde fuera.
8) The Little Match Seller (1902) – James Williamson
Una bonita adaptación del triste cuento de Hans Christian Andersen que nos sirve como ejemplo del uso de diversas sobreimpresiones para reflejar las alucinaciones y sueños que tiene la niña mientras se congela en la nieve. También es una muestra de un cambio de registro respecto al resto de filmes aquí seleccionados. Conmovedora.
9) The Sick Kitten (1903) – George Albert Smith
Si en Grandma’s Reading Glass (1900) teníamos planos de proximidad justificados por el uso de un objeto que permitía verlos de cerca, en The Sick Kitten damos un salto importantísimo: aquí se nos ofrece un primer plano del pobre gatito simplemente para que veamos de cerca cómo se toma su medicina, y sin un iris a su alrededor que remarque su cualidad de plano detalle. No hay ninguna justificación argumental, el motivo de este corte a un plano cercano es una mera necesidad narrativa. Desde nuestra perspectiva actual no parece gran cosa, pero para ese año es un salto de gigante.
10) Mary Jane’s Mishap o Don’t Fool with the Paraffin (1903) – George Albert Smith
Le tengo cariño a este cortometraje por ser uno de los primeros que vi de cine primitivo. Clásica historia de ama de casa patosa que tiene unos cuantos detalles muy interesantes. El primero es que se mantiene esa idea tan innovadora de The Sick Kitten de ofrecer una gradación de planos, con varios planos medios de Mary Jane para que veamos de cerca cómo se mancha la cara y, más tarde, cómo llena la chimenea de keroseno (impagables los guiños a cámara).
Pero luego además tenemos algunos efectos muy divertidos, como cuando sale volando por la chimenea y al final aparece su fantasma de la tumba asustando a los visitantes del cementerio. Innovadora, divertida y además protagonizada por la mujer del propio director. Un filme perfecto para cerrar esta lista de homenaje a la Escuela de Brighton.


