La Passion (1898) de Georges Hatot y Louis Lumière

Hace tiempo que me preguntaba cuál sería la versión cinematográfica más antigua que debe existir de la Pasión de Cristo. Buscando entre mis archivos averigüé que de hecho empezaron a producirse tan pronto como pudieron realizarse películas un poco más elaboradas, formadas por múltiples planos. Se cree que la primera fue una filmada en 1897 por el francés Albert Kirchner y que ese mismo año se produjo otra en Alemania de… ¡media hora!

Por desgracia estas versiones así como las primeras que se realizaron en América se dan por pérdidas. De modo que la más antigua que he encontrado es La Passion (1898) de los hermanos Lumière. Leer más »

Tierra (Zemlya, 1930) de Aleksandr Dovzhenko

Tierra (1930) no es solo la mejor película de uno de los nombres clave del cine soviético, Alexander Dovzhenko, sino una de las grandes obras maestras de la era muda. Una de esas películas que sigue impresionando por su sobrecogedora belleza y por la armonía de sus imágenes.

Lo más curioso es que teóricamente debía tratarse de otro film político sobre la colectivización, como Lo Viejo y lo Nuevo (1929) de Eisenstein, pero Dovzhenko siguió otro camino. Partiendo de un argumento que sobre el papel cumplía ese imperativo político (mostrar la llegada de la colectivización, los enfrentamientos entre los pequeños campesinos y los kulaks, así como los nuevos avances tecnológicos), a la práctica resulta obvio que el director sentía muy poco interés por esos hechos y los utilizó como excusa para filmar algo totalmente diferente: un canto a la naturaleza, a la vida, a su Ucrania natal. En Tierra el ser humano no es un sujeto político sino un elemento más de la naturaleza. Comparando este film con el de Eisenstein resulta muy interesante ver cómo dos gigantescos cineastas parten de un mismo tema para darles tratamientos tan diferentes: el estilo tan analítico de Eisenstein en contraste con la visión armónica de Dovzhenko.

De hecho, en vez de hacer una reseña convencional de una película tan única y especial prefiero centrarme en diez de los muchos detalles que hacen de La Tierra una obra maestra mágica.

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The Land Beyond The Sunset (1912) de Harold M. Shaw

Hoy rescatamos para ustedes un corto del estudio de Edison protagonizado por un niño que vive en pésimas condiciones en una gran ciudad y que es maltratado por su abuela. Un día consigue unirse a una excursión infantil en el campo organizada por un centro parroquial, que le permite descubrir un mundo totalmente diferente en mitad de la naturaleza. En cierto momento del día, una de las organizadoras explica a los niños un cuento sobre un joven que para escapar de una bruja es conducido por unas hadas en una barca a una tierra donde podrá ser feliz. Nuestro protagonista obviamente se siente muy identificado con esta historia.

The Land Beyond the Sunset (1912) puede parecer el clásico melodrama que denuncia la pobreza infantil, pero más allá de eso se trata de una de las películas más bonitas que he visto de esa época. Encantadoramente inocente en muchos detalles y con un final abierto que es una maravilla. Una pequeña joya a descubrir.

To Sleep So As To Dream (Yumemiru yōni nemuritai, 1986) de Kaizo Hayashi

Filmar un homenaje al cine mudo recreando ese mismo lenguaje es un ejercicio que puede entrañar unos pequeños riesgos. La película puede acabar convirtiéndose en una obra entrañable que contaría con la simpatía de todos los que compartimos esa pasión, pero que quizá no tendría vida propia más allá que como bonito homenaje. Lo interesante (y lo más difícil) es hacer un film que homenajee a esa época y no busque ser una simple copia de un lenguaje que ya no se utiliza, sino que de alguna manera le dé vida propia. Y eso es lo que consigue maravillosamente To Sleep So As To Dream (1986).

En su debut como realizador, Kaizo Hayashi decidió homenajear al cine mudo japonés con una película misteriosa, que lejos de permitir al espectador recrearse cómodamente en su maravillosa estética, le conduce hacia una trama confusa y en ocasiones abiertamente cómica. Los protagonistas son dos detectives a quienes les llega el encargo de localizar a una mujer secuestrada por un tal M. Pathé (¿han captado ya uno de los guiños más obvios de la trama?), el cual reclama un rescate de un millón de yens. Siguiendo las pocas pistas a su alcance se verán envueltos en un confuso entramado de callejones sin salida.

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Where Are My Children? (1916) de Lois Weber y Phillips Smalley

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Where Are My Children? (1916) es una de esas películas que hoy día quizá resulten de más interés por su temática que por el film en sí mismo. No quiere decir eso que este film de Lois Weber y Phillips Smalley carezca de cualidades cinematográficas, pero el hecho de tratar hace 100 años un tema aún hoy día controvertido como el aborto lo dota de un enorme interés.

El protagonista es el Fiscal del Distrito Walton, un hombre respetable y justo que se siente desdichado por no haber podido tener hijos con su esposa. Pero poco sospecha éste que la causa no son problemas de esterilidad sino que su mujer ha abortado a sus espaldas. Un día una joven amiga de la familia se deja seducir (eufemismo) por un hombre y éste pide consejo a la señora Walton para poder detener el embarazo. Ella les encomienda al Doctor Malfit, que ha recomendado en numerosas ocasiones a sus amigas para lances similares (¡en serio!), pero por desgracia en este caso hace un mal trabajo y la joven muere después del aborto provocado. Antes de morir ésta confiesa lo sucedido a su madre, y el Fiscal Walton se encarga de llevar al Doctor Malfit a juicio sin sospechar la relación de éste con su esposa.

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Matrimonio Interplanetario (1910) de Enrico Novelli

Un astrónomo que se pasa horas contemplando el espacio descubre un buen día que no solo hay vida en Marte, sino que allá vive la mujer de sus sueños. Casualmente (porque este tipo de casualidades pueden suceder), ella también se entera de la existencia del astrónomo terrícola y surge el flechazo. Él le envía un telegrama declarándole su amor y el padre de la futura novia acepta el matrimonio siempre y cuando se encuentren en un punto intermedio… digamos la luna, por ejemplo.

Oh venga, seguro que ustedes conocen historias de amor más raras que ésta. Matrimonio Interplanetario (1910) es un  bonito corto de fantasía excelentemente realizado y muy cuidado: las primeras imágenes de Marte están muy bien hechas mediante animación y los decorados obviamente tienen el encanto cartón piedra de la época pero son muy solventes, al igual que los efectos especiales (los dos cohetes que van a encontrarse en la luna).

La película está obviamente inspirada en las fantasías de Méliès, copiando incluso la idea de los selenitas aun cuando no vengan muy a cuento en la trama. Entrañable y bien acabada, merece la pena echarle un vistazo.

Souls on the Road (Rojo no Reikon, 1921) de Minoru Murata

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Como ya hemos comentado en alguna ocasión, la mayor parte de las obras de los inicios del cine japonés están desaparecidas, indudablemente una de las mayores desgracias de la historia de este medio dado lo apasionante que son los primeros pasos fílmicos de ese país. Es por eso que la gran mayoría de películas mudas que podemos ver de esta cultura pertenecen a finales de los años 20 y primera mitad de los 30, con solo unas pocas muestras (además difíciles de conseguir a día de hoy) del cine anterior.

Una de las pocas obras anteriores a este periodo que ha sobrevivido a nuestros días y que, afortunadamente, puede verse con cierta facilidad es Souls on the Road (1921) de Minoru Murata. Y no se trata de una película cualquiera: está considerada la primera gran obra de la historia del cine japonés. No podemos constatar la enorme influencia que se dice que tuvo en films posteriores al no haber más obras de la época con las que comparar, pero los historiadores coinciden en subrayar su decisiva contribución a la evolución de la cinematografía nipona.

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My Brother Is Coming (Jön az öcsém, 1919) de Michael Curtiz

Como ya sabrán, la Meca del cine estuvo desde siempre plagada de emigrantes provenientes de los más diversos países europeos, los cuales traían con ellos un currículum más o menos vistoso de sus aventuras cinematográficas antes de llegar a la Tierra Prometida. Hay multitud de grandes nombres de Hollywood que tienen en sus inicios una carrera hoy día absolutamente desconocida por estar alejada de lo que harían luego, de modo que si uno rescata algunas enciclopedias o biografías puede encontrarse algunas sorpresas.

Vean la que les hemos preparado hoy: Michael Curtiz, director emblema de la Warner Brothers recordado por clásicos como Casablanca (1942) y la serie de films de aventuras que realizó junto a Errol Flynn, no solo nació en Hungría (un dato que quizá ya conocían) sino que empezó ahí su carrera. De hecho entre mediados y finales de los años 10 era uno de los directores de más renombre de la no muy prolífica industria cinematográfica húngara, un país que en la era clásica ha aportado más ilustres emigrantes que películas (el magnate Adolph Zukor, el productor Alexander Korda o el guionista Emeric Pressburger).

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Raskolnikow (1923) de Robert Wiene

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A lo largo de la historia del cine se han realizado varias adaptaciones cinematográficas de la célebre novela Crimen y Castigo de Fyodor Dostoievski, desde la clásica versión hollyoowdiense realizada en 1935 por Josef von Stenberg a la más canónica de origen ruso dirigida por Lev Kulidzhanov en 1970, eso sin olvidar interpretaciones más libres como la de Aki Kaurismäki en 1983.

Una de las que encuentro más interesantes es la que ideó el director de El Gabinete del Doctor Caligari (1920), Robert Wiene, rebautizándola como Raskolnikow (1923), nombre del protagonista. La historia de Dostoievski, sobre un empobrecido estudiante que comete un asesinato y se hunde por los remordimientos y el terror a ser atrapado, se prestaba especialmente para ser realizada bajo una óptica expresionista, y el resultado es ciertamente magnífico.

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Les Timidités de Rigadin (1910) de Georges Monca

Rigadin, el personaje cómico creado por el actor Charles Prince, en su momento fue uno de los más populares del mundo; por detrás, eso sí, de otro francés: el magnífico Max Linder. Ambos tenían en común retratar a personajes de apariencia burguesa que se veían abocados a situaciones absurdas, alejándolos del prototipo de clown de aspecto extravagante.

Son muchos los cortometrajes que Charles Prince filmó encarnando a Rigadin, y hoy les ofrecemos como primera muestra Les Timidités de Rigadin (1910). En esta película encarna a un joven enviado por su tío para darse a conocer a un amigo suyo de la alta sociedad, aunque parte del inconveniente es su enorme timidez… y también de su inocencia (rozando la estupidez, como veremos).

Una vez llega a la casa en cuestión, resulta que la respetable familia ha salido y todos los criados se están divirtiendo haciéndose pasar por ellos. Rigadin cae en la trampa y se deja emborrachar con consecuencias funestas, teniendo como momento cumbre cuando se pone una especie de armadura quijotesca.

Un corto muy simpático que les puede servir como primera muestra de Monsieur Prince.