Pese a que no tuvo demasiada fortuna en taquilla, no se debe infravalorar el profundo impacto que causó en su momento la primera película que realizó F.W. Murnau en Hollywood, Amanecer (1927), así como la influencia que tuvo en otros cineastas americanos. Tal es así que incluso John Ford, quien por entonces ya tenía una extensa carrera como director, también aportó su Amanecer con Cuatro Hijos (1928), aunque logrando el éxito que le fue negado al cineasta alemán.
Y ahora… ¡también en Tumblr!
En colaboración con mi colega el Doctor Mabuse, hemos decidido abrir un Tumblr donde postearemos imágenes y algún que otro breve comentario sobre películas y cine en general, tanto mudo como sonoro.
Dicho Tumblr funcionará en paralelo y de forma independiente a nuestro blog, más bien como un complemento de microblogging en el que pueden tener cabida otros films diferentes a los que se comenten por aquí.
Pueden acceder a él clicando aquí abajo:
Y la semana que viene volveremos con más cine mudo. ¡Esten atentos!
A Christmas Accident (1912) de Harold M. Shaw
Un año más, nos encontramos a punto de iniciar el periodo navideño y el Doctor Caligari, pese a que detesta todo lo que tenga que ver con bondad, felicidad y amor al prójimo, ha buscado en su desván alguna película cuya temática pueda ser apropiada para estas fechas y ha dado con esta producción de Edison titulada A Christmas Accident (1912).
The Dancing Girl of Izu (Koi no hana saku Izu no odoriko, 1933) de Heinosuke Gosho
La única película que he podido ver hasta ahora de la etapa muda de Heinosuke Gosho no solo es una de las más célebres de su carrera sino también una de las más interesantes del cine japonés mudo: The Dancing Girl of Izu (1933). Pero quizá, antes de entrar en detalles sobre esa obra, prefieran que les presente brevemente al señor Gosho.
Educado cinematográficamente como ayudante de dirección de Yasujiro Shimazu, Gosho se hizo famoso en la industria japonesa de la época principalmente por dos motivos: primero por la enorme influencia que exhibía en sus films del cine occidental (por ejemplo se comentaba a menudo que en sus obras había más cortes de lo normal según los estándares japoneses de la época), y en segundo lugar por haber dirigido la primera película completamente sonora de la historia del cine japonés, The Neighbor’s Wife and Mine (1931). En realidad, el cine sonoro tardaría bastantes años en implantarse en el país, pero esa proeza le aseguró un lugar destacado en la industria.
100 años de Technicolor
No podíamos despedirnos de este 2015 sin una de las efemérides más destacadas de la cual este Doctor ya habló a raíz de la Giornate del Cinema Muto de Pordenone del año pasado: el centenario del nacimiento del Technicolor, una de las innovaciones técnicas que definió en buena parte la estética de Hollywood en lo que respecta al uso del color durante décadas. Les proponemos pues un repaso a los inicios de ese sistema de coloreado de films.
De entrada, cabe tener en cuenta que el Technicolor no fue, ni mucho menos, la única alternativa de la época para manejar el color. Incluso si dejamos de lado algunas técnicas más artesanales y, por ello, inviables a gran escala (como el coloreado a mano), en las primeras décadas de cine ya hubo una serie de pioneros que se pelearon por encontrar una forma de registrar el color en el negativo de las películas. Algunos de esos sistemas que no acabaron venciendo al Technicolor fueron el Kinemacolor, el Biocolour, el Kodachrome, el Prisma Color o el Multicolor. Pero dejémonos de preámbulos y entremos de lleno en materia.
When the Clouds Roll By (1919) de Victor Fleming
Cuando uno ve una película de Douglas Fairbanks es inevitable dejarse contagiar por su visión tan optimista de la vida, hasta el punto de que si uno se ha metido demasiado en el film puede acabar dando saltos por doquier como si eso fuera lo más normal del mundo. Pocos cineastas han conseguido transmitir de forma tan pura un mensaje tan entusiasta y vitalista como Fairbanks (“Doug” para los amigos, es decir, todo el mundo), y no es de extrañar puesto que en la vida real Fairbanks realmente era así; de modo que sus películas son un reflejo exacto de su personalidad amigable y entusiasta (de hecho en su época se llegaron a publicar bajo su nombre algunos libros de autoayuda sobre cómo lograr la felicidad, una prueba de que el público vinculaba a Fairbanks con esa idea).
Aunque Fairbanks nunca dirigía sus películas, sí que era la gran fuerza creadora que las ponía en marcha escogiendo el tema, pensando la forma de desarrollarlo y seleccionando a sus colaboradores, procurando que siempre fueran los mejores en sus respectivos campos. Éstos son solo algunos de los cineastas que trabajaron para él: Victor Fleming, Allan Dwan, Fred Niblo, Mitchell Leisen, Robert Florey, Adolphe Menjou o Donald Crisp. De modo que Fairbanks, al igual que Harold Lloyd, pone en un bonito dilema la tradicional teoría que considera al director como el autor de la película, porque cuando uno repasa su carrera resulta innegable que hay un tema que circula en todas sus obras: ese desbordante optimismo. Y de toda su carrera yo creo que When the Clouds Roll By (1919) no solo es una de sus mejores películas sino la que mejor transmite la esencia de su cine.
El final alternativo de Atlantis (1913) de August Blom
Atlantis (1913) es una de las grandes obras del cine danés de mediados de los años 10 que ayudó a cimentar su fama internacional. No obstante si hoy rescatamos esta película es para resaltar una curiosidad sobre su final.
Los Vampiros (Les Vampires, 1915) de Louis Feuillade
No podíamos dejar pasar este 2015 sin dedicar un post a una de las efemérides más interesantes en lo que concierne al cine mudo: el centenario del inicio del serial Los Vampiros (1915) de Louis Feuillade, que vio la luz el 13 de noviembre del 1915. Así pues, invitándoles a revisionar los 10 capítulos del serial, vamos a hacer un repaso sobre la obra más conocida de Monsieur Feuillade.
El Guardaespaldas (The High Sign, 1921) de Buster Keaton y Edward F. Cline

Buster Keaton se inició en el mundo del cine en 1917, trabajando como actor en cortometrajes dirigidos y protagonizados por Roscoe Arbuckle (conocido como «Fatty»), uno de los cómicos más famosos de la época. Inicialmente, Keaton dejó momentáneamente el vodevil por el cine únicamente por motivos económicos, pero de la mano de un maestro como Arbuckle acabó enamorado para siempre de ese nuevo medio. No solo el cine le permitía llegar a más público sino que además multiplicaba las posibilidades creativas, y más en alguien con la inventiva de Keaton. Según explica él en su autobiografía, una de las primeras cosas que hizo cuando empezó a sentir interés auténtico por el medio fue coger una cámara y estamparla contra el suelo, para así investigar cómo era su interior. Alguien tan interesado por la mecánica como Keaton necesitaba literalmente conocer con detalle todo el proceso que permitía la realización de películas.
A medida que quedó cada vez más claro que ese joven cómico tenía un talento innato para el cine, el amable Arbuckle pasó de utilizarle como secundario a cederle el rol de co-protagonista junto a él. Pero era inevitable que tarde o temprano Keaton fuera a probar suerte por su cuenta. Eso sucedió en 1920. Primero protagonizó su primer largometraje, Pasión y Boda de Pamplinas (en el resto del mundo civilizado se conocía como The Saphead), un título menor y poco adecuado para su talento. Lo realmente interesante vino cuando Joseph M. Schenck, el ejecutivo bajo el que Arbuckle estaba en contrato, le ofreció la oportunidad a Keaton de tener su propia unidad de producción en la que podría dirigir y protagonizar sus cortometrajes. Esos primeros films, perdidos durante décadas, son una parte tan imprescindible de su carrera como sus célebres largometrajes.
La Casa Embrujada (La Maison Ensorcelée, 1908) de Segundo de Chomón
Para adecuarnos un poco a la temática de las fechas en que nos encontramos, el Doctor Caligari les ofrece hoy un ejemplo bastante primitivo de la ya un tanto sobreexplotada temática de terroríficas mansiones encantadas.
El responsable es nuestro viejo conocido Segundo de Chomón, y eso ya saben lo que significa: ¡una saludable dosis de efectos especiales de la época! El argumento no es gran cosa (y en eso me temo que el género apenas ha cambiado): unos viajeros buscan refugio en una casa encantada en la que no paran de suceder hechos inauditos. La aparición de una especie de demonio al principio y, sobre todo, al final sigue resultando algo inquietante y son mis momentos favoritos. Merece destacarse también un largo plano a mitad de metraje en que se ve como todos los objetos adquieren vida y se mueven solos, una reminiscencia de uno de los cortos más célebres de su autor, El Hotel Eléctrico (1905).
Un exponente clarísimo de lo que se conoce como «cine de atracciones», que buscaba más generar impresiones y emociones concretas al espectador antes que narrar una historia.





