Como es bien sabido, el rodaje de Luces de la Ciudad fue uno de los más difíciles de la carrera de Chaplin por diversos motivos: su enfermizo perfeccionismo que le hizo alargarlo hasta prácticamente dos años, la presión de estar haciendo un film mudo durante el sonoro y su difícil relación con la actriz protagonista Virginia Cherrill, que es el caso que nos ocupa hoy.
Cherrill en realidad no tenía ninguna experiencia como actriz. Chaplin la descubrió casualmente una noche que acudió a un combate de boxeo y decidió hacerle una prueba. Al parecer el motivo por el que decidió contratarla tras la prueba era que sabía poner expresión de ciega con toda naturalidad, sin poner los ojos en blanco ni fingir demasiado.

