La magia en El Moderno Sherlock Holmes (1924)

El cine de Buster Keaton siempre ha tenido un alto componente fantástico que fascinaba a los artistas surrealistas de la época como Buñuel o Lorca. De todos sus largometrajes, el que potencia más ese aspecto es esa obra maestra llamada El Moderno Sherlock Holmes (1924).

En este film, Buster interpreta a un proyeccionista que fantasea con atravesar la pantalla de cine y convertirse en un personaje de película que consigue todo aquello en lo que ha fracasado en la vida real. De todos los trucos que nos ofrece Keaton, hay dos que destacan con luz propia y que aunque hoy en día están superados gracias a las posibilidades de los efectos digitales, en aquella época parecían trucos de pura magia.

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Una cuestión de acentos

Una de las cualidades más interesantes del cine mudo era que, al no conocer las voces de los actores que aparecían en la pantalla, éstos tenían un aire casi fantasmal o irreal. En el momento en que hablaban se perdía ese rasgo único y pasaban a ser seres de carne y hueso. Un periodista de la época desarrolló la idea de esta manera:

El pueblerino que se imaginaba que, en caso de que la Señorita X le susurrara «Te quiero», sonaría como una mandolina, ahora escucha a su diosa hablar como una dependienta de tienda masticando chicle. El devoto del seductor carácter inocente de la Señorita Y ahora la mira bajo la triste luz de los «talkies» como una mujer de mediana edad con la voz de una mujer de mediana edad. El granjero que antaño soñaba con la Señorita Z como una exótica y misteriosa dosis de polvo de cantárida ahora la verá simplemente como una inmigrante obesa con músculos sobredesarrollados asistiendo en la negociación de un inglés «pidgin»«.

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Nosferatu (1922) y sus problemáticos derechos de autor

El lenguaje de las sombras - Murnau, primeros años y Nosferatu (parte 2) 052

Nosferatu (1922) es una de las películas más emblemáticas de la historia del cine, pero lo que no se suele recordar es que todo lo que rodeó su producción fue bastante particular y puso en peligro la supervivencia de una de las mayores obras maestras del cine mudo.

De entrada el film no era una producción de la UFA (el estudio responsable de la mayor parte de grandes películas de la época) sino de Prana Film, una productora que se creó con la idea inicial de realizar películas sobre temas sobrenaturales pero que a la práctica sólo produjo Nosferatu. El impulsor del proyecto fue  Albin Grau, un personaje de lo más peculiar. Obsesionado por este tipo de temática y perteneciente a fraternidades esotéricas que rozaban la masonería, tuvo la idea de hacer una película sobre vampirismo cuando durante la I Guerra Mundial conoció a un granjero serbio que le contó que su padre era un vampiro. Cualquier persona se habría tomado eso como una anécdota extravagante, pero para Grau se convirtió en la motivación para hacer una película sobre el tema.

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Buster Keaton y Chaplin compartiendo pantalla en Candilejas (1952)

En su momento, Candilejas (1952) fue pensada por Chaplin como la última película de su carrera, el film con el que se despediría definitivamente de las pantallas. Aunque hoy en día sabemos que no fue así, resulta obvia su intención desde el mismo argumento, en que encarna a un viejo cómico de variedades caído en desgracia que tiene un último retorno a los escenarios de mano de una bailarina a la que ha salvado la vida.

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Uno de los grandes atractivos de esta obra es que ofrece por primera y única vez la participación conjunta en la pantalla de Chaplin y Buster Keaton, dos de los más grandes cómicos de la historia del cine. Por aquel entonces Keaton había padecido el hundimiento de su carrera y estaba en plena fase de redescubrimiento, mientras que Chaplin había seguido manteniendo su autonomía y su fortuna. El ofrecer un pequeño papel en la película a Keaton, su antiguo colega-rival del mundo del slapstick,  enfatizaba aún más la idea de la película como gran final.

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La Mujer en la Luna (1929) y la primera cuenta atrás espacial

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Como es de sobras conocido, todo lanzamiento de cohetes espaciales que se precie va siempre precedido de su consabida cuenta atrás. Pero lo que no es tan conocido es que esta costumbre no se inició en la vida real, sino por influencia de un film.

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Los guiños de El Crepúsculo de los Dioses (1950)

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El Crepúsculo de los Dioses (1950) es una de esas películas que casi no necesitan presentación, una de las más contundentes críticas a la cruel maquinaria de Hollywood mediante la historia de una diva de cine mudo que cayó en el olvido con la llegada del sonoro. El film es sin duda una de las grandes obras maestras del séptimo arte por sus numerosas cualidades cinematográficas, pero uno de sus aspectos más interesantes son las múltiples referencias que sobrevuelan a lo largo de todo el metraje como guiños al espectador. La mayoría son conocidas pero nunca está de más repasarlas.

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La Muchacha de Londres (1929) y los inicios del cine sonoro en Reino Unido

La llegada del cine sonoro fue dificultosa para los productores y estudios de cine en todo el mundo, pero en una industria de por sí tan débil como la inglesa el efecto fue casi traumático. Un film que sirve de perfecto ejemplo sobre lo indecisa que estaba la industria británica respecto a esta molesta innovación es La Muchacha de Londres (1929) de Alfred Hitchcock, que además ha pasado a la historia por ser la primera película británica enteramente sonora.

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Orígenes del cine afroamericano

Como es de sobras conocido, la comunidad afroamericana ha tardado muchas décadas en tener una representación justa en el cine, ya que inicialmente los actores negros han estado siempre relegados a papeles secundarios que se basaban en tópicos humorísticos. Por ello les proponemos hacer un pequeño repaso de cómo fueron las primeras apariciones de personajes afroamericanos en el cine así como los primeros intentos (infructuosos mucho me temo, pero dignos de reseñar) de productores y directores afroamericanos por hacer un cine propio.

Si nos remontamos a los inicios del séptimo arte, las primeras representaciones de la comunidad afroamericana en el mundo del cine por desgracia venían heredadas del mundo del vodevil y del minstrel show. Resultaba en cierto modo lógico, ya que el cine de los orígenes tenía como punto de partida el vodevil, pero es una influencia bastante desafortunada teniendo en cuenta que en ese tipo de espectáculos los personajes negros eran siempre tratados mediante estereotipos cómicos: gandules, ignorantes, inocentes, ávidos devoradores de sandías y ladrones de aves de corral. Los primeros cortometrajes que mostraban a personas negras se basaban en esos estereotipos y los potenciaban aún más, como puede verse por ejemplo en estos cortometrajes Watermelon Contest (1900) y Watermelon Eating Contest (1896):

 

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La magia de un par de gafas

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“Hay más magia en un par de gafas de lo que piensan los oculistas, y tampoco yo podía imaginar ni la mitad de ello cuando me las puse en 1917. Con ellas, soy Harold Lloyd; sin ellas soy un ciudadano común. Puedo pasear por cualquier calle o ciudad sin que me reconozcan si no llevo las gafas, una bendición por la que un actor pagaría bien. Por el precio de 75 centavos esas gafas me proporcionan una marca de fábrica reconocida al instante en todas las películas en que aparecen. Gracias a ellas, el vestuario de las comedias de bajo nivel es innecesario, permiten tener suficiente atractivo romántico para atraer el ojo femenino, normalmente apartado de las comedias, y no me restringen a ningún tipo o rango de historia.

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