Especial Harold Lloyd (III): El Estudiante Novato (The Freshman, 1925) de Fred C. Newmeyer y Sam Taylor

Este post forma parte de un especial dedicado a Harold Lloyd que incluye los siguientes artículos:


Explicaba Harold Lloyd que muchas de sus grandes películas se empezaron a rodar no ya sin guión (algo muy frecuente en el mundo del slapstick, lo cual no quiere decir que las historias no estén bien elaboradas) sino incluso sin conocer aún la trama completa. Por ejemplo, El Hombre Mosca (1923) surgió a partir de la famosa escena final de la escalada del edificio y de hecho primero filmaron esa escena entera y luego, a partir de ahí, construyeron el resto de película: ¿qué serie de circunstancias habrían llevado al protagonista a una situación así? En El Estudiante Novato (1925) Lloyd inicialmente quiso repetir la misma estrategia. Él tenía en mente un filme en que el protagonista tuviera que jugar un partido de fútbol americano y por ello comenzaron a filmar esas escenas antes de haber pensado el resto de la historia. Pero no funcionaron. Lloyd se dio cuenta de que necesitaba conocer a su personaje y saber por qué era tan importante para él ganar un partido de fútbol, de lo contrario no podría interpretar adecuadamente esas escenas. De modo que desechó todo el material rodado y no volvió a filmar el partido hasta que él y sus guionistas hubieran planteado toda la historia.

Esta anécdota ejemplifica cómo en películas como El Estudiante Novato Lloyd se alejaba cada vez más del estereotipo de cómico slapstick y su personaje iba convirtiéndose cada vez más en un ser humano de carne y hueso – un proceso que ya se había iniciado años atrás con El Mimado de la Abuelita (1922), la obra favorita del propio Lloyd. Ya no bastaba pues con plantear gags físicos divertidos, el propio actor necesitaba conocer al personaje para interpretarlos.

En este caso el personaje en cuestión es Harold Lamb, un jovencito ingenuo que se muere de ganas de empezar la universidad para participar en la vida de estudiante y convertirse en el chico más popular del campus. Por desgracia lo que consigue en realidad es convertirse en el hazmerreír de la universidad sin que éste sospeche que la gente le sigue el juego para aprovecharse de su generosidad y burlarse de sus coletillas teóricamente enrolladas. La única forma que le quedará para ganarse el respeto de sus compañeros será formar parte del equipo de fútbol.

El Estudiante Novato es una de esas muchas películas que entienden la universidad como un espacio donde se socializa y se practica deporte y, solo muy de vez en cuando, se estudia y se va a clase (de hecho un rótulo ironiza al respecto describiendo la universidad como «Un campo de fútbol que estaba unido a una universidad» remarcando que el énfasis está más en el mundo del deporte que en los estudios). Pero es innegable que un partido de fútbol y las fiestas universitarias son más cinematográficos que una clase magistral. De modo que dejémonos llevar por esas convenciones y pasemos por alto otros detalles quizá algo incongruentes como el aspecto excesivamente maduro de algunos de los supuestos estudiantes (por ejemplo, ése que Harold toma como modelo a seguir tiene aspecto de haber repetido muchos cursos).

De hecho más que una película universitaria, El Estudiante Novato es un filme sobre la vergüenza social, sobre la necesidad que sentimos de encajar en un ambiente nuevo y sobre el temor a hacer el ridículo. Es por ello que se trata de una obra que funciona especialmente bien con un alguien como Harold Lloyd, quien era el cómico de slapstick que encarnaba a personajes más reales y humanos, más alejados del concepto de clown. Un clown puede involucrarse en situaciones de vergüenza social y resultar creíble, ya que es una premisa que nos es familiar a todos, pero el componente emocional que acarrea funciona mucho mejor con un personaje más humano como Harold. Una muestra de ello es la escena en que descubre que ha sido el objeto de burla de sus compañeros y, tras fingir una falsa indiferencia ante la chica de la que está enamorado, no puede soportarlo más y se lanza a llorar sobre ella. Es un instante que muestra una vulnerabilidad rara en este tipo de comedias, y no obstante funciona a la perfección porque Harold consigue desenvolverse tanto en el ámbito cómico como en el más emocional. Del mismo modo, Lloyd logra resultar divertido en escenas de humor más físico (el entrenamiento de fútbol) y en otras más relacionadas con situaciones sociales o comportamientos de los personajes (el repetido bailecito que hace antes de saludar a un nuevo amigo, que este Doctor les confiesa que está pensando en emular en su día a día).

Por otro lado, aunque la escena más célebre es la del partido final de fútbol, yo siento debilidad por la de la fiesta de otoño, en que se mezcla esa obsesión por encajar socialmente del personaje con gags de puro slapstick a causa de un traje que no está acabado y se va desmontando a lo largo de la velada. El momento más hilarante tiene lugar cuando ha perdido una manga de la chaqueta y su sastre, escondido tras una cortina, le ayuda a salir del paso utilizando su propio brazo derecho como si fuera el de Harold. Al final, previsiblemente, el traje acabará desmontándose del todo dejando al pobre Harold al descubierto.

En cuanto a la famosa escena final del partido, Lloyd había recibido consejos de que no filmara una película de esta temática porque no solían funcionar en taquilla, de modo que a la hora de plantear el momento cumbre de la película decidió reducirlo a lo simple para que pudieran seguirlo hasta los espectadores que no tenemos ni idea de cómo funciona este deporte: la premisa es simplemente que Harold ha de llevar el balón al otro campo, no hace falta entrar en más reglas del juego. El rodaje se realizó en un estadio donde iba a tener lugar un partido real para aprovechar los planos del público, y tuvo que hacerse a toda prisa justo antes del partido y en los descansos (los numerosos planos del campo de juego en que no se ve al público se realizaron posteriormente). Los espectadores privilegiados que estaban allá presenciaron uno de los momentos cumbre de la comedia muda.

Finalmente los consejos que le dieron a Lloyd respecto a evitar esta temática resultaron ser poco acertados: El Estudiante Novato no solo funcionó muy bien en taquilla sino que se convirtió en su película más exitosa de la era muda y, durante mucho tiempo, en su obra más célebre (si bien a día de hoy creo que El Hombre Mosca le ha quitado ese estatus sobre todo por la icónica imagen de Harold colgado del reloj). No cabe ninguna duda de que es uno de sus filmes más emblemáticos y la tercera gran película que integraría el podio de su carrera junto a El Hombre Mosca (1923) y El Tenorio Tímido (1924).


Si desea leer otros artículos escritos por el Doctor Caligari o el Doctor Mabuse sobre Harold Lloyd, eche un vistazo a los siguientes links:

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