El Expreso Azul (Goluboy ekspress, 1929) de Ilya Trauberg

Las grandes cinematografías de la era muda son una fuente inagotable de nuevos descubrimientos y pequeñas alegrías, como es el caso de la cinta que rescatamos hoy, El Expreso Azul (Goluboy Ekspress, 1929) de Ilya Trauberg. No sé mucho sobre su director, Ilya Trauberg, del cual he encontrado muy poca información en la red. Sospecho que es el hermano menor de Leonid Trauberg (El Capote, (Shinel, 1926), La Nueva Babilonia (Novy Vavilon, 1929)), ya que ambos nacieron en fechas muy cercanas en la misma ciudad, pero su carrera como director parece más breve y menos conocida. Un dato crucial es que fue asistente de Eisenstein en Octubre (Oktyabr, 1927), ya que la película que tenemos entre manos está influenciada descaradamente por el estilo de su maestro.

De hecho, por dar un titular algo facilón, podríamos decir que El Expreso Azul viene a ser una versión más modesta de El Acorazado Potemkin (Bronenosets Potyomkin, 1925) pero cambiando el barco en un tren, ya que ambas muestran cómo una serie de personajes sistemáticamente maltratados y humillados se rebelan y se hacen con el control. No obstante, las similitudes con el Eisenstein mudo son de tipo más genérico: el no tener un protagonista individual sino colectivo, el mensaje con una fuerte carga política y, lo más importante de todo, el montaje, como ya veremos más adelante.

La acción sucede en Mongolia dentro de un tren donde viajan dos tipos de pasajeros radicalmente diferentes: en los primeros vagones hay viajeros de clase acomodada entre los que se encuentra un alto diplomático extranjero y miembros del ejército, mientras que en el último viajan mongoles de clase humilde para trabajar en condiciones casi esclavistas en su destino. Finalmente, estos últimos estallan y se enfrentan a sus guardianes. Una vez se han hecho con el control de su vagón, se dispondrán a conquistar el resto del tren.

De apenas una hora de duración, El Expreso Azul es una recomendable muestra de los niveles de virtuosismo a los que llegaron las vanguardias soviéticas de la época. El aspecto más remarcable es con diferencia el montaje, que aplica las enseñanzas de Eisenstein llevadas al extremo. Es decir, dar a entender ideas por la yuxtaposición de imágenes o fragmentar la acción en cortes muy breves pero expresivos que dan a entender el concepto general. Como buena película de finales de la era muda, el filme es un auténtico festín visual repleto de planos desde ángulos de todo tipo (por ejemplo hay algunos contrapicados de los músicos de la banda que parecen inusitadamente modernos) y virtuosos travellings cámara en mano que se adelantan décadas a lo que luego sería una marca de estilo del cine moderno, como éste en que se sigue el destino de una copa de champagne:

Otro recurso que me gusta mucho son los planos en que Trauberg yuxtapone diferentes imágenes para dar a entender una idea sin abusar de las palabras. Por ejemplo, cuando se nos da a entender el destino de una pobre niña como trabajadora en una fábrica textil se yuxtapone su rostro con imágenes de las máquinas en funcionamiento.

Y todo ello con la ventaja de que, al ser un filme tan breve y basado en una premisa muy sencilla, nunca llega a hacerse pesado, e incluso en el tramo final contiene un componente de suspense nada desdeñable cuando el tren viaja sin control y las autoridades quieren detenerlo a toda costa, aunque sea poniendo en peligro las vidas de los pasajeros. Sin llegar a hacer explícito el mensaje político, la película apuesta más bien por un mensaje de solidaridad entre obreros y un final abierto.

Así pues les animamos a que le den una oportunidad a esta pequeña joya desconocida que nos confirma una vez más todo lo que hay por descubrir dentro de este fructífero periodo que era finales de la era muda.


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9 comentarios en “El Expreso Azul (Goluboy ekspress, 1929) de Ilya Trauberg

  1. Esto es un no parar, como el seto que tiene que podar el jardinero, que nunca queda a nivel por ningún lado, pero al contrario, en lugar de empequeñecer va creciendo y creciendo y creciendo… Ojalá no pare nunca. ¡Bienvenidos los estirones!

    • Qué le voy a decir Florenci. Uno se distrae y se encuentra de repente nuevas películas interesantes por descubrir…. Y eso que la mayor parte del legado mudo está perdido. Como usted dice, ojalá no se acabe nunca esta sensación de no dar abasto.

  2. Ostras doctor, esta me la apunto y la pongo en pendientes prioritarias, porque sé que me va a encantar, y no tenía ni la más remota noción de su existencia.
    Una pregunta técnica, si me permite… ¿Cómo hace usted los gifs? Yo alguna vez los he hecho con premiere, pero quedan demasiado pesados para subirlos aqui. Es que tengo en la recámara una wellmaniada a la que vendría bien algún gif.

    Saludos

    • Amigo Manuel, desconozco la calidad de la versión de YouTube, pero la que yo tengo se ve muy bien. Si ve que la de Youtube tiene una calidad mejorable dígamelo y le hago llegar la mía vía mensajero cuando retorne mañana a mi guarida. Si esa ya se ve bien disfrútela, estoy seguro de que le parecerá interesante.

      Sobre los gif, uso un programita llamado GifCam. Tiene sus limitaciones pero para lo que yo quiero me va muy bien. Fácil de usar y además permite reducir el tamaño del archivo hasta que ocupe un espacio aceptable para subirlo a un blog. Pruébelo a ver si le ayuda para su post wellmaniano y otros.

      Un abrazo.

  3. Muchas gracias Doctor, la copia de youtube se ve perfectamente y además por lo que dicen los créditos iniciales es una versión preparada por Abel Gance o una institución dirigida por él, échele usted un vistazo por curiosidad. Por cierto que ya la he visto y bueno… La película es un no parar. Le confieso ahora que no nos ve nadie que aunque me dé perfecta cuenta de que está a años luz de su valor histórico/cinematográfico, me lo he pasado mejor con ella que con El acorazado Potemkin que, la verdad, me parece de digestión pesadota.

    Instalaré el programita que me dice, seguro que me será muy útil

    Un saludo!

    • Jajaja, no tema, en este rinconcito son bienvenidas aseveraciones poco ortodoxas como ésas. Aunque a mí sí me apasiona Potemkin, no veo nada descabellado que prefiera ésta. Al fin y al cabo ambas son grandes películas.

      Un saludo.

  4. Y yo que pensaba que sabía de cine! Ay, qué atrevida es la ignorancia… Muchas gracias estimado doctor por estos maravillosos descubrimientos. Cada vez que encuentro un nuevo tesoro perdido (y en este blog ya he descubierto varios) el viejo cinéfilo que hay en mi se vuelve un poco más niño.

    • No diga eso, por mucho que sepamos de cine siempre se encuentra uno (¡por suerte!) nuevas joyas por descubrir, se lo digo por experiencia. A disfrutar de esos descubrimientos, me alegra mucho saber que he contribuido tanto a despertar esas viejas ilusiones de cinéfilo. Un saludo.

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