Hoy les proponemos rescatar un cortometraje muy curioso de un noticiario de la época que tiene como protagonista a Franz Reichelt, uno de los pioneros en la invención del paracaídas tristemente recordado por su desafortunada muerte: para demostrar la eficacia de su paracaídas decidió lanzarse desde lo alto de la Torre Eiffel con él, un ardid publicitario imbatible. El único problema es que su invento no funcionó…
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How a French Nobleman Got a Wife through the New York Herald Personal Columns (1904) de Edwin S. Porter
¿Recuerdan Las Siete Ocasiones (1925) de Buster Keaton? Pues como ven ya existía un precedente directo, un cortometraje de Edwin S. Porter sobre un francés que pone un anuncio en un diario para encontrar esposa y al final se ve avasallado por tantas pretendientas que acaba huyendo.
La persecución de hecho tira por gags muy similares a los de Keaton con sus respectivas caídas y la gracia de ver a varias respetables señoras corriendo por el campo. Obviamente no entraremos en comparaciones porque no sería justo, el film de Keaton es 20 años posterior y a su lado el de Porter se nota que todavía tiene un estilo primitivo (la persecución acaba haciéndose algo repetitiva), así que simplemente lo dejaremos aquí como curiosidad.
Atentos a la moraleja del desenlace: al final la verdadera esposa es la que no teme mojarse de verdad por el protagonista.
Le Giornate del Cine Mudo de Pordenone 2014 (IV): 9, 10 y 11 de octubre
A medida que esto va llegando a su fin, uno piensa en las cosas que echará de menos del festival, y una de ellas es el público. Porque la ventaja de ser un festival que va dirigido a una audiencia muy concreta es que los habituales que nos congregamos en la sala somos todos amantes del cine, y eso se nota en las proyecciones. La gente no solo aplaude al acabar la película sino también al inicio cuando se menciona el nombre del pianistao. Y aunque es cierto que cuando vemos obras tan antiguas siempre encontraremos algunos detalles, frases o gestos tan anticuados que hacen reír por lo desfasados que han quedado, aquí la gente no se ríe siempre a la mínima (como sí sucede por ejemplo en muchas proyecciones de la Filmoteca), buscando con condescendencia burlarse de esos actores que entendían otra forma de interpretación. Del mismo modo que cuando un actor hacía un gesto excesivamente sobreactuado o el guión tomaba un giro demasiado absurdo a veces nos reíamos, también aplaudimos espontáneamente a Colleen Moore cuando hizo una imitación brillantemente cómica o cuando Douglas Fairbanks consiguió tomar el barco de los piratas.
Aparte de ser un marco excelente para conocer muchas películas difíciles de visionar en otros medios, el festival de Pordenone es un sitio ideal para disfrutar del placer del cine mudo rodeado de gente que, como uno mismo, entiende esos códigos y los aprecia. Y antes de que este viejo Doctor se ponga melancólico, demos paso al final de la crónica.

Le Giornate del Cine Mudo de Pordenone 2014 (III): 7 y 8 de octubre
Le Giornate del Cine Mudo tiene la ventaja de que las proyecciones se hacen en un mismo sitio de 9 de la mañana a 11 o 12 de la noche y por tanto no se pisan entre ellas… a no ser, claro está, que uno quiera acudir a algunas de las charlas que se dan en paralelo en el Auditorio de detrás del teatro. Por las mañanas tienen lugar clases especiales donde se enseña cómo hacer el acompañamiento musical adecuado a películas mudas, impartidas por un pianista y con algunos ejemplos ilustrativos. En los últimos días dos de los músicos asistentes a estas sesiones acompañaron la proyección de algunos cortos.
Además, durante la pausa del mediodía algunos expertos dieron charlas sobre temas relacionados con el programa, como el cine de Protazanov, el Technicolor o Chaplin. Yo pude acudir a un par de estas conferencias y fueron muy interesantes aunque desafortunadamente breves. En todo caso es de agradecer el esfuerzo de la organización por organizar estas charlas totalmente gratuitas a las que puede acudir cualquier persona sin acreditación.
Y sin más dilación, sigamos con la crónica.
Le Giornate del Cine Mudo de Pordenone 2014 (II): 4, 5 y 6 de octubre

A causa de su carácter más modesto respecto a otros festivales en lo que a recursos se refiere (que no en cuanto a programa), Le Giornate del Cine Mudo se concentra en un solo recinto, el Teatro Giuseppe Verdi, donde se proyectan la totalidad de las películas. El recinto fue reformado recientemente y, al ser un teatro, cuenta con un foso en que los músicos pueden interpretar el acompañamiento de las películas a piano, que casi siempre ha sido excelente. El programa además tiene el detalle de acreditar el pianista que acompaña cada proyección, lo cual nos permite constatar que el festival ha congregado a intérpretes de todos los países (sospecho que el oficio de pianista para películas mudas no está en alta demanda y no muchos pueden desaprovechar un evento así).
Sin más preámbulos comencemos la crónica de los tres primeros días (algunas de las películas que cito las reseñaré de forma más extendida en el futuro).
Le Saut à la Couverture 2 (1897) de Louis Lumière o las primeras risas enlatadas del cine
Mis lectores seguramente recordarán cómo meses atrás hablé de un famoso film de los Lumière en que el fondo acababa teniendo casi tanta importancia como la acción principal. Recientemente, repasando una selección de cortos de los Lumière comentada por el cineasta francés Bertrand Tavernier me encontré con otro caso muy similar y aún más divertido. Aquí tienen el momento exacto:
Los benshi
Los benshi o katsuben fueron una de las figuras más importantes en los inicios del cine en Japón. Su función inicial consistía en narrar las películas extranjeras que se proyectaban para una audiencia que no podía entender los rótulos, ya que no estaban subtitulados al japonés. Su existencia no se limitaba a Japón: a principios del siglo XX el nivel de analfabetismo era todavía muy alto y por ello en muchos países se popularizó la figura de alguien que se encargaba de leer los rótulos de la película y, ya de paso, explicar la trama a los espectadores (en España de hecho se le bautizaba con el nombre de «explicador»). Lo que hace tan especial el caso de los benshi es que, como ahora veremos, éstos adquirieron tal importancia que influyeron directamente en la evolución de la industria cinematográfica japonesa.
El Desayuno del Bebé (Repas de Bébé, 1895) de Louis Lumière o la importancia de unas hojas
Como es bien sabido, aunque son muchos los pioneros que se atribuyen la autoría de la invención del cine, a efectos prácticos la cosa suele quedar entre los hermanos Lumière y Edison, teniendo una clara ventaja los primeros en gran parte por plantear el cine como un medio de exhibición público, a diferencia del célebre inventor norteamericano. No obstante, otro factor determinante a favor de los Lumière fue su forma de encarar el acto de filmar.
Edison realizaba sus cortometrajes en un estudio apodado Black Mary, mientras que los Lumière apostaron desde el principio por filmar en espacios reales. Eso tiene como consecuencia que los cortos de Edison, realizados sobre fondos negros impersonales, fomenten la sensación de número de feria y de fantasmagoría, mientras que los entornos naturales de los Lumière daban una mayor sensación de realismo.
Par le Trou de Serrure (1901) de Ferdinand Zecca
Tiempo atrás les hablamos de un importantísimo corto de cine de los orígenes, Grandma’s Reading Glass (1900), que introducía el concepto de primer plano mediante la excusa de una lupa que permitía ver los objetos de cerca. El film que les proponemos hoy juega con una idea muy parecida pero ofreciendo, eso sí, un contenido mucho más erótico.
La Photographie Électrique à Distance (1908) de Georges Méliès
Hoy me apetecía compartir algún vídeo de Méliès, y rebuscando entre los cientos de candidatos posibles me he decantado por uno que no es de los más recordados ni vistosos, pero que aún así creo que es muy interesante.
La Photographie Électrique à Distance se realizó en la época final de la carrera del mago del cine, cuando ésta empezaba a declinar. Teniendo en cuenta que por entonces ya había producido algunas de las películas más vistosas y llamativas de su época, dicho film puede parecer bastante modesto a su lado. En esta ocasión Méliès decidió utilizar los efectos especiales de forma más contenida no tanto para evocar un mundo fantástico como para mostrar una premisa de ciencia ficción basada en un invento imaginativo que por entonces no existía: una pantalla gigante que capturaba imágenes en movimiento al instante de grabarse.

