Cuando uno tiene por delante toda una semana repleta de películas muy interesantes por ver, necesariamente se ha de hacer selección y renunciar a algunas. La norma más lógica es renunciar a las más fáciles de visionar fuera del festival, pero aun así servidor no puede resistir la tentación de saltarse esa regla acudiendo por ejemplo a la proyección de un film tan fácil de conseguir como La Máscara del Zorro (1920) o, el año pasado, El Tesoro de Arne (1919). ¿Por qué? En primer lugar porque en Pordenone la música en vivo que acompaña a las películas suele ser muy buena, que ya es más de lo que podemos decir de algunas ediciones en DVD que circulan por ahí. Y en segundo lugar, en el caso de la película de Stiller, por la experiencia de verla en pantalla grande (aún recuerdo lo mucho que me impresionó), y en el de Fairbanks por ser el tipo de película que se agradece ver rodeado de más gente que comparte el mismo entusiasmo. Quizá este Doctor debería emplear esa hora y media en reposar un poco de tanta película y tomar el aire pero, ¿cómo resistirse a la tentación?
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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2015 (II)
Una de las grandes virtudes del Festival de Cine Mudo de Pordenone para aquellos locos que sentimos una fascinación especial por el cine mudo es que ofrece una programación repleta de títulos fuera de lo común. Este año tenemos por ejemplo un ciclo dedicado a Sinfonías de Ciudades, pero no solo queda fuera la famosa Berlín, Sinfonía de una Ciudad (1927), sino otras sinfonías que sin alcanzar el estatus de esa obra maestra son más o menos conocidas por los seguidores del cine mudo, como Manhatta (1921) de Paul Strand. Lo mismo sucede con el programa dedicado a comedias soviéticas, donde no hay ni rastro del director más recordado del género, Boris Barnet. En otras ocasiones, cuando se programa un film conocido, el aliciente está en la nítida calidad de la copia presentada y en el excelente acompañamiento musical en vivo.
Todo esto queda puesto de manifiesto, como veremos a continuación, desde el primer día del Giornate del festival.
La Fée des Grèves (1909) de Louis Feuillade
En ocasiones creo que, aunque el cine amplió y mejoró ostensiblemente a lo largo de la era muda su número de recursos expresivos para llegar a ser la forma de arte que es, muchas obras de los inicios poseen un encanto especial para cierto tipo de historias que no se puede igualar ni con todas las mejores técnicas narrativas del mundo. Y como supondrán, el film que he escogido hoy de Louis Feuillade es un ejemplo de ello.
Joë Hamman, Jean Durand y el western francés
Estoy seguro de que todos ustedes han oído hablar del spaghetti-western, films del oeste que se filmaban en Italia y España en los años 60, pero apuesto a que no sabían que en la era muda el western era tan inmensamente popular que en varios países de Europa se filmaron otras películas del género. Es el caso de Alemania, Reino Unido, Italia y, sobre todo, Francia, donde adquirió una gran popularidad. El propósito del post de hoy es dar a conocer este curioso episodio de la historia del cine francés que tiene como protagonistas a Joë Hamman y Jean Durand.
El principal protagonista de nuestra historia es Joë Hamman, un hombre fascinado por la cultura americana que tuvo la suerte de viajar a Estados Unidos y conocer a Buffalo Bill en persona, con quien trabó amistad. No solo eso, sino que aprendió trucos de equitación en un rancho y pasó unos meses en una reserva india Sioux conviviendo con los indígenas como uno más.
Extraños en el paraíso: cineastas europeos en Hollywood (I)
Desde que Hollywood se convirtió en la gran industria cinematográfica del mundo ha servido como infalible imán para atraer el talento de artistas de todas partes. Durante toda su historia, cineastas de varios países europeos se han dejado seducir por la autodenominada Meca del Cine y han abandonado sus naciones para emprender una carrera en la famosa tierra de las oportunidades. A partir de aquí, los ha habido con más o menos suerte, los que se integraron a la perfección en el sistema realizando películas exitosas y ganadoras de premios y, mucho nos tememos, los que han salido escaldados de la experiencia.
Chaplin y Eisenstein, dos de los mayores genios cinematográficos del mundo haciendo el tonto con sendas raquetas de tenis.
Esto no es algo que se vea cada día.
Este proceso ya sucedía en la era del cine mudo, donde el talento de muchos directores y actores europeos no pasó desapercibido para los magnates de la industria. Hay casos en que esa odisea americana fue un “visto y no visto”, como el del alemán E.A. Dupont, que se hizo un nombre a nivel internacional con Variété (1925), consiguiéndole un pasaporte a Hollywood. Pero ahí solo realizó una película, Love Me and the World Is Mine (1927) – hoy día desaparecida – y fue tal fracaso que volvió a Europa, en concreto a Reino Unido, donde siguió trabajando con algo más de suerte. Otros no llegaron siquiera a tener la oportunidad de realizar una película, como es el caso de Serguéi Eisenstein, quien viajó a América a principios de los años 30 para investigar la novedad del cine sonoro y recibió ofertas para realizar algunos proyectos en Hollywood. Habría sido digno de ver qué películas habría hecho el cineasta soviético en un ambiente tan diferente al de la URSS, pero se ejercieron tales presiones políticas contra él que los estudios se vieron obligados a echar atrás sus ofertas.
Seguidamente nos centraremos en el caso de varios cineastas de prestigio que llegaron a América en la era muda con desigual suerte.
Max Toma un Baño (Max Prend un Bain, 1910) de Lucien Nonguet
Generalmente se suele considerar al francés Max Linder como el primer gran cómico de la historia del cine y, aunque – como siempre – existen algunos precedentes de cómicos anteriores a él que ya tuvieron éxito en la gran pantalla, no creo que sea descabellado otorgar a Linder ese título, tanto por calidad como por popularidad e importancia. El hecho de que cineastas como Chaplin o Mack Sennett le tuvieran como modelo a seguir en sus inicios es solo un ejemplo de su estatus.
Hace 100 años: 1915 en 10 películas
Dado que pareció gustar bastante a nuestros lectores el post que el Doctor preparó el año pasado seleccionando 10 películas del 1914, ha decidido repetir la misma idea con una selección de 10 películas que cumplen 100 años este 2015. De modo que echemos un vistazo cómo se encontraba el mundo del cine en 1915, un año en que nos atreveríamos a afirmar que la mayoría de nuestros lectores no habían nacido.
Los protagonistas de 1915 podrán comprobar que son muy similares a los del año pasado, de hecho la mayor parte de los nombres de este listado ya salieron el anterior. No es casual, aunque el cine ya estaba emergiendo con una forma de arte con un lenguaje propio todavía faltarían unos pocos años para que surgieran muchos de los grandes directores de la era muda. Es por eso que en este periodo de transición las mejores películas que este anciano recuerda con más agrado suelen ser de unos autores muy concretos.
Pero antes de pasar a la enumeración de films seleccionados, uno no puede evitar mencionar otros títulos y cineastas que merecen ser tenidos en cuenta aunque no hayan entrado en este Top10. Veamos algunos ejemplos.Leer más »
10 películas mudas sobre la I Guerra Mundial
Antes de que se acabe este año, el Dr. Caligari ha pensado que sería una buena idea aprovechar el centenario de la I Guerra Mundial para hacer una lista con diez películas que versan sobre ese conflicto bélico. Cabe decir que buena parte de estos films tuvieron una enorme acogida en su momento – de hecho en este listado se encuentran algunos de los mayores éxitos de taquilla de la década – demostrando que al público de la época le atraían los argumentos relacionados con la reciente contienda.
Death Jump – Franz Reichelt jumps off the Eiffel Tower (1912)
Hoy les proponemos rescatar un cortometraje muy curioso de un noticiario de la época que tiene como protagonista a Franz Reichelt, uno de los pioneros en la invención del paracaídas tristemente recordado por su desafortunada muerte: para demostrar la eficacia de su paracaídas decidió lanzarse desde lo alto de la Torre Eiffel con él, un ardid publicitario imbatible. El único problema es que su invento no funcionó…
Figuras de Cera (Figures de Cire, 1914) de Maurice Tourneur
Ya he reivindicado alguna vez por aquí la figura de Maurice Tourneur, padre del más célebre Jacques Tourneur, que si bien no ha alcanzado entre los cinéfilos la fama de su hijo fue un así una figura crucial en el cine de los años 10 y principios de los 20. Normalmente los films que se reivindican de Tourneur son los de su etapa americana, pero hoy les proponemos rescatar un cortometraje de sus inicios en Francia que resulta bastante apropiado en esta fecha por su temática de terror.
Todo parte de una apuesta entre Jacques y Louis, dos amigos burgueses. El segundo asegura que no conoce el miedo y reta al primero a que es capaz de pasar una noche entera en el lugar más siniestro del mundo. A la hora de buscar el emplazamiento más terrorífico imaginable se acaban decantando por un museo de figuras de cera, y no es una mala elección, realmente esos sitios son espeluznantes. Lo que sucede es que si bien al principio Louis se toma todo a broma, a medida que avanza la noche acaba enloqueciendo.




