Max, Professeur de Tango (1912) de Max Linder

Siempre es un buen momento para rescatar un film de ese magnífico cómico llamado Max Linder, uno de los más importantes de la era muda admirado por maestros de la talla de Charles Chaplin.

Hoy les proponemos visionar Max, Professeur de Tango (1912), un corto con un argumento bastante sencillo: el bueno de Max se luce en un cabaret berlinés como bailarín de tango y un barón le ofrece su tarjeta para que vaya a su mansión a darle unas lecciones a su familia. Pero el bueno de Max se pasa toda la noche bebiendo con sus amigos y llega a la casa borracho.

No es una de sus películas más vistosas pero merece la pena por ese impagable plano final de la lección de baile, en que toda la familia imita los incoherentes gestos de un Max totalmente ebrio (que, vistos hoy día, no se alejan mucho de las coreografías que uno podría ver en una discoteca actual…).

Léonce Aime les Morilles (1913) de Léonce Perret

Hoy es un buen día para dedicarle un post a Léonce Perret, uno de los primeros grandes directores del cine francés que se mantuvo en activo desde los años 10 hasta los 30. De entrada, debo reconocer que yo solo conozco a fondo su etapa de mediados de los años 10, cuando era el cineasta más importante de Francia solo por detrás de Louis Feuillade. En esos años realizó multitud de cortometrajes protagonizados por él mismo en que además el título solía hacer mención explícita al bueno de Léonce.

Léonce Aime les Morilles (1913) es bastante representativo de este tipo de simpáticas comedias. Aquí nuestro protagonista y su bonita acompañante buscan infructuosamente setas por el bosque pero se les adelanta un inglés. Molestos por haberse quedado sin ese manjar, le gastan una broma que acaba dando pie a la parte más divertida del film, en que el pobre inglés intenta beberse todo lo que se encuentra por el camino. Fíjense en los pocos primeros planos que le dedica en un par de esas situaciones y ese ingenioso plano en que intenta beberse el agua de un lago.

De todos modos le está bien merecido, ¿quién es él para robarle a Léonce Perret sus codiciadas setas?

Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2016 (IV)

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Cuando el Festival de Pordenone llega a su fin es bastante habitual que el asistente sufra una especie de jet lag. Tras tantos días dedicando la mayor parte de horas a estar encerrado en un teatro viendo películas mudas llega un punto en que uno se olvida de la realidad a la que luego deberá inevitablemente enfrentarse. El efecto desaparece aproximadamente cuando uno dejar de escuchar música de piano en su cabeza y se vuelve a acostumbrar a ver películas que, oh sorpresa, ¡tienen sonido! Aunque da algo de pena ver cómo el festival llega a su fin, después de todo supongo que tampoco es saludable estarse más de una semana en estas condiciones.

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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2016 (III)

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Una de las ventajas del Festival de cine mudo de Pordenone respecto a otros similares (como por ejemplo su competidor más directo, el de Bolonia, al que por otro lado también me encantaría ir), es que todas las películas se proyectan en un mismo sitio, por tanto no hay solapes.

No obstante, eso tiene un inconveniente: como es posible ver todo, el recién llegado al festival seguramente querrá cometer la locura de intentar ver realmente todo. No lo intenten. Al final uno acaba devorando películas por gula incapaz de disfrutarlas a causa del cansancio, a no ser que se ayude de ciertas sustancias poco recomendables.

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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2016 (II)

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No hay nada como encontrarse con el mismísimo Douglas Fairbanks dándonos la bienvenida con los brazos abiertos al Teatro Verdi para otra intensa semana dedicada al cine mudo. Durante le Giornate del Cinema Muto, Pordenone vuelve a convertirse durante siete días en un extraño oasis en que los actores han perdido el habla y los cortos de cine primitivo pasan de ser una mera curiosidad a ser joyas aplaudidas efusivamente por un público compuesto sobre todo de archivistas, historiadores y genios del mal.

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El Milagro de los Lobos (Le Miracle des Loups, 1924) de Raymond Bernard

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El joven François Truffaut en su época de virulento crítico de cine tenía un término muy simpático con el que referirse al tipo de cine francés que odiaba: «le cinéma de papa«, que le servía para referirse a las grandes producciones históricas supuestamente de gran calidad que contaban con el beneplácito de la crítica tradicional asentada. Aunque Truffaut usaba ese concepto para designar una serie de films surgidos inmediatamente después de la II Guerra Mundial, el visionado de El Milagro de los Lobos (1924) de Raymond Bernard me trae de nuevo a la mente esa expresión, ya que creo que se adecua perfectamente.

No interpreten esto de entrada como una crítica hacia la calidad del film sino como una forma de contextualizar sus intenciones. La película surgió de una compañía llamada La Société des Films Historiques (el nombre ya da una pista de por dónde van los tiros) que quería reivindicar el glorioso pasado histórico francés con grandes producciones de prestigio. Además, su realizador, Raymond Bernard, dirigiría otra obra que iría por los mismos derroteros, El Jugador de Ajedrez (1927), y en la época del sonoro se enfrentó como quien no quiere la cosa con una de las grandes obra clásicas de la literatura francesa: Los Miserables (1934).

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L’Homme aux Gants Blancs (1908) de Albert Capellani

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Hoy proponemos, una vez más, reivindicar a otro pionero algo olvidado por la historia tradicional del cine: Monsieur Albert Capellani. Puede que su nombre no les resulte familiar, pero fue en las primeras décadas del medio uno de los realizadores más destacados en Francia, hasta el punto de encargarse de realizar prestigiosas adaptaciones literarias como Los Miserables (1912) o Germinal (1913).

L’Homme aux Gants Blancs (1908) es un cortometraje menos ambicioso pero no por ello exento de interés. Narra la historia de un elegante ladrón de guante blanco que logra seducir a una dama distinguida y llegar hasta su casa. Allá le roba un collar y marcha sin que ésta sospeche nada. Más tarde, entra un ladrón de poca monta y la asesina accidentalmente, pero prepara la escena del crimen para que las sospechas recaigan sobre el ladrón de guante blanco.

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Viaje a Júpiter (Voyage sur Jupiter, 1909) de Segundo de Chomón, mi primer contacto con Méliès

Queridos lectores, ya me permitirán que en esta ocasión no me dedique a comentar la película como sería lo habitual, sino que la utilice como excusa para hablar de otro tema relacionado con ella. En todo caso, espero que eso no quite que ustedes la visionen y disfruten como merece.

Le tengo un cariño especial a la película que he seleccionado hoy, ya que se trata (o eso pensaba yo) de mi primer contacto con el cine de Géorges Méliès. Era el primer corto que aparecía en una recopilación de películas suyas que llegó a mis manos, y quedé fascinadísimo por esa forma tan mágica y especial de hacer cine que ha convertido al cineasta galo en uno de los directores más queridos por los amantes de la época muda.

No obstante, cuando tiempo después intenté encontrar este cortometraje me fue virtualmente imposible. De entrada descubrí que el título que se le había asignado, Sueños de un Astrónomo, estaba equivocado con este otro film del director, lo cual dificultó mi búsqueda. Pero no obstante, aun sin saber su título, me extrañó no dar con él en ninguna recopilación de la obra de Méliès.

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Abel Gance y las innovaciones de montaje en La Rueda (1923)

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La Rueda (1923) de Abel Gance es una de las películas mudas por las que este Doctor siente una especial debilidad. Y aunque es mucho menos conocida que Napoleón (1927), no soy el único en sentir tanto aprecio por esta obra maestra: Akira Kurosawa lo cita en su autobiografía como uno de los primeros films que realmente le impresionaron en su juventud. El motivo que nos lleva a dos personas tan ilustres como Kurosawa y un servidor a tenerlo en tanta estima es bastante obvio: se trata de un  film que, a partir de una historia de sentimientos llevados al límite, pretende explotar todas las posibilidades expresivas del cine, convirtiéndose en una recopilación de innovaciones y recursos imaginativos muy poco habituales por entonces.

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Hace 100 años: 1916 en 10 películas

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Tal y como hicimos el año pasado, volvemos a nuestra tradicional lista que repasa las mejores películas que se estrenaron hace exactamente un siglo.

A decir verdad, mientras este Doctor repasaba la lista de grandes películas de 1916 que han sobrevivido a nuestros días, a primera vista no le ha parecido un año tan excitante como el anterior. Y no por la ausencia de grandes películas, sino porque en la selección de 1915 era más heterogénea, mientras que en 1916 está claro cual era la tendencia: dirigirse hacia el cine de gran espectáculo, siguiendo el camino que había marcado el señor Griffith con El Nacimiento de una Nación (1915). Así pues, echando un vistazo por encima tenemos un buen número de grandes producciones como Intolerancia de Griffith, Juana de Arco de Cecil B. De Mille, Civilización de Reginald Barker, 20.000 Leguas de Viaje Submarino de Stuart Paton o A Daughter of the Gods de Herbet Brenon (esta última desaparecida a día de hoy y recordada por ser la primera película americana que costó un millón de dólares y por las polémicas escenas en que se veía a la protagonista desnuda).

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