En ocasiones creo que, aunque el cine amplió y mejoró ostensiblemente a lo largo de la era muda su número de recursos expresivos para llegar a ser la forma de arte que es, muchas obras de los inicios poseen un encanto especial para cierto tipo de historias que no se puede igualar ni con todas las mejores técnicas narrativas del mundo. Y como supondrán, el film que he escogido hoy de Louis Feuillade es un ejemplo de ello.
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Joë Hamman, Jean Durand y el western francés
Estoy seguro de que todos ustedes han oído hablar del spaghetti-western, films del oeste que se filmaban en Italia y España en los años 60, pero apuesto a que no sabían que en la era muda el western era tan inmensamente popular que en varios países de Europa se filmaron otras películas del género. Es el caso de Alemania, Reino Unido, Italia y, sobre todo, Francia, donde adquirió una gran popularidad. El propósito del post de hoy es dar a conocer este curioso episodio de la historia del cine francés que tiene como protagonistas a Joë Hamman y Jean Durand.
El principal protagonista de nuestra historia es Joë Hamman, un hombre fascinado por la cultura americana que tuvo la suerte de viajar a Estados Unidos y conocer a Buffalo Bill en persona, con quien trabó amistad. No solo eso, sino que aprendió trucos de equitación en un rancho y pasó unos meses en una reserva india Sioux conviviendo con los indígenas como uno más.
Extraños en el paraíso: cineastas europeos en Hollywood (I)
Desde que Hollywood se convirtió en la gran industria cinematográfica del mundo ha servido como infalible imán para atraer el talento de artistas de todas partes. Durante toda su historia, cineastas de varios países europeos se han dejado seducir por la autodenominada Meca del Cine y han abandonado sus naciones para emprender una carrera en la famosa tierra de las oportunidades. A partir de aquí, los ha habido con más o menos suerte, los que se integraron a la perfección en el sistema realizando películas exitosas y ganadoras de premios y, mucho nos tememos, los que han salido escaldados de la experiencia.
Chaplin y Eisenstein, dos de los mayores genios cinematográficos del mundo haciendo el tonto con sendas raquetas de tenis.
Esto no es algo que se vea cada día.
Este proceso ya sucedía en la era del cine mudo, donde el talento de muchos directores y actores europeos no pasó desapercibido para los magnates de la industria. Hay casos en que esa odisea americana fue un “visto y no visto”, como el del alemán E.A. Dupont, que se hizo un nombre a nivel internacional con Variété (1925), consiguiéndole un pasaporte a Hollywood. Pero ahí solo realizó una película, Love Me and the World Is Mine (1927) – hoy día desaparecida – y fue tal fracaso que volvió a Europa, en concreto a Reino Unido, donde siguió trabajando con algo más de suerte. Otros no llegaron siquiera a tener la oportunidad de realizar una película, como es el caso de Serguéi Eisenstein, quien viajó a América a principios de los años 30 para investigar la novedad del cine sonoro y recibió ofertas para realizar algunos proyectos en Hollywood. Habría sido digno de ver qué películas habría hecho el cineasta soviético en un ambiente tan diferente al de la URSS, pero se ejercieron tales presiones políticas contra él que los estudios se vieron obligados a echar atrás sus ofertas.
Seguidamente nos centraremos en el caso de varios cineastas de prestigio que llegaron a América en la era muda con desigual suerte.
Max Toma un Baño (Max Prend un Bain, 1910) de Lucien Nonguet
Generalmente se suele considerar al francés Max Linder como el primer gran cómico de la historia del cine y, aunque – como siempre – existen algunos precedentes de cómicos anteriores a él que ya tuvieron éxito en la gran pantalla, no creo que sea descabellado otorgar a Linder ese título, tanto por calidad como por popularidad e importancia. El hecho de que cineastas como Chaplin o Mack Sennett le tuvieran como modelo a seguir en sus inicios es solo un ejemplo de su estatus.
Hace 100 años: 1915 en 10 películas
Dado que pareció gustar bastante a nuestros lectores el post que el Doctor preparó el año pasado seleccionando 10 películas del 1914, ha decidido repetir la misma idea con una selección de 10 películas que cumplen 100 años este 2015. De modo que echemos un vistazo cómo se encontraba el mundo del cine en 1915, un año en que nos atreveríamos a afirmar que la mayoría de nuestros lectores no habían nacido.
Los protagonistas de 1915 podrán comprobar que son muy similares a los del año pasado, de hecho la mayor parte de los nombres de este listado ya salieron el anterior. No es casual, aunque el cine ya estaba emergiendo con una forma de arte con un lenguaje propio todavía faltarían unos pocos años para que surgieran muchos de los grandes directores de la era muda. Es por eso que en este periodo de transición las mejores películas que este anciano recuerda con más agrado suelen ser de unos autores muy concretos.
Pero antes de pasar a la enumeración de films seleccionados, uno no puede evitar mencionar otros títulos y cineastas que merecen ser tenidos en cuenta aunque no hayan entrado en este Top10. Veamos algunos ejemplos.Leer más »
10 películas mudas sobre la I Guerra Mundial
Antes de que se acabe este año, el Dr. Caligari ha pensado que sería una buena idea aprovechar el centenario de la I Guerra Mundial para hacer una lista con diez películas que versan sobre ese conflicto bélico. Cabe decir que buena parte de estos films tuvieron una enorme acogida en su momento – de hecho en este listado se encuentran algunos de los mayores éxitos de taquilla de la década – demostrando que al público de la época le atraían los argumentos relacionados con la reciente contienda.
Death Jump – Franz Reichelt jumps off the Eiffel Tower (1912)
Hoy les proponemos rescatar un cortometraje muy curioso de un noticiario de la época que tiene como protagonista a Franz Reichelt, uno de los pioneros en la invención del paracaídas tristemente recordado por su desafortunada muerte: para demostrar la eficacia de su paracaídas decidió lanzarse desde lo alto de la Torre Eiffel con él, un ardid publicitario imbatible. El único problema es que su invento no funcionó…
Figuras de Cera (Figures de Cire, 1914) de Maurice Tourneur
Ya he reivindicado alguna vez por aquí la figura de Maurice Tourneur, padre del más célebre Jacques Tourneur, que si bien no ha alcanzado entre los cinéfilos la fama de su hijo fue un así una figura crucial en el cine de los años 10 y principios de los 20. Normalmente los films que se reivindican de Tourneur son los de su etapa americana, pero hoy les proponemos rescatar un cortometraje de sus inicios en Francia que resulta bastante apropiado en esta fecha por su temática de terror.
Todo parte de una apuesta entre Jacques y Louis, dos amigos burgueses. El segundo asegura que no conoce el miedo y reta al primero a que es capaz de pasar una noche entera en el lugar más siniestro del mundo. A la hora de buscar el emplazamiento más terrorífico imaginable se acaban decantando por un museo de figuras de cera, y no es una mala elección, realmente esos sitios son espeluznantes. Lo que sucede es que si bien al principio Louis se toma todo a broma, a medida que avanza la noche acaba enloqueciendo.
Le Giornate del Cine Mudo de Pordenone 2014 (IV): 9, 10 y 11 de octubre
A medida que esto va llegando a su fin, uno piensa en las cosas que echará de menos del festival, y una de ellas es el público. Porque la ventaja de ser un festival que va dirigido a una audiencia muy concreta es que los habituales que nos congregamos en la sala somos todos amantes del cine, y eso se nota en las proyecciones. La gente no solo aplaude al acabar la película sino también al inicio cuando se menciona el nombre del pianistao. Y aunque es cierto que cuando vemos obras tan antiguas siempre encontraremos algunos detalles, frases o gestos tan anticuados que hacen reír por lo desfasados que han quedado, aquí la gente no se ríe siempre a la mínima (como sí sucede por ejemplo en muchas proyecciones de la Filmoteca), buscando con condescendencia burlarse de esos actores que entendían otra forma de interpretación. Del mismo modo que cuando un actor hacía un gesto excesivamente sobreactuado o el guión tomaba un giro demasiado absurdo a veces nos reíamos, también aplaudimos espontáneamente a Colleen Moore cuando hizo una imitación brillantemente cómica o cuando Douglas Fairbanks consiguió tomar el barco de los piratas.
Aparte de ser un marco excelente para conocer muchas películas difíciles de visionar en otros medios, el festival de Pordenone es un sitio ideal para disfrutar del placer del cine mudo rodeado de gente que, como uno mismo, entiende esos códigos y los aprecia. Y antes de que este viejo Doctor se ponga melancólico, demos paso al final de la crónica.

Le Giornate del Cine Mudo de Pordenone 2014 (II): 4, 5 y 6 de octubre

A causa de su carácter más modesto respecto a otros festivales en lo que a recursos se refiere (que no en cuanto a programa), Le Giornate del Cine Mudo se concentra en un solo recinto, el Teatro Giuseppe Verdi, donde se proyectan la totalidad de las películas. El recinto fue reformado recientemente y, al ser un teatro, cuenta con un foso en que los músicos pueden interpretar el acompañamiento de las películas a piano, que casi siempre ha sido excelente. El programa además tiene el detalle de acreditar el pianista que acompaña cada proyección, lo cual nos permite constatar que el festival ha congregado a intérpretes de todos los países (sospecho que el oficio de pianista para películas mudas no está en alta demanda y no muchos pueden desaprovechar un evento así).
Sin más preámbulos comencemos la crónica de los tres primeros días (algunas de las películas que cito las reseñaré de forma más extendida en el futuro).


