Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2018 (II)

6 de octubre – Cuando Lotte Reiniger hacía anuncios de Nivea

Las primeras proyecciones del festival siempre se me hacen un poco extrañas. Quiero decir, la ceremonia de inauguración, donde se presenta el evento y se nos da la bienvenida, es el sábado por la noche. De modo que las sesiones que hay ese mismo sábado por la tarde, antes de que se haya inaugurado oficialmente el festival, siempre me han parecido un poco que están en tierra de nadie, pero deben ser tonterías de este Doctor.

Ah, no hay nada como reencontrarse de nuevo con el Teatro Verdi después de un año (su olor, sus butacas demasiado estrechas para la gente de piernas largas, el timbre avisando del inicio de cada sesión…). Me encantan las primeras proyecciones de cine primitivo de Pordenone, cuando uno todavía no se ha habituado al estilo y las convenciones de ese tipo de obras y las recibe con cierta frescura. Con esto no digo que más adelante uno se canse de ver películas mudas (¿qué clase de monstruo se cansaría de ver cine mudo?) sino que tras varios días de empacho silente llega un momento en que uno se acostumbra a los tics y el estilo de estas obras viéndolos casi como algo normal, y no con la fascinación inicial que nos suscita ese tipo de cine y que se hace patente sobre todo en las primeras sesiones a las que uno asiste.

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La Verdad sobre el Hombre Mono (La Vérité sur l’Homme-Singe, 1906) de Alice Guy

Lo que sucede es lo siguiente: un conserje se bebe una botella de crecepelo pensándose que es alcohol y al día siguiente se despierta con el cuerpo cubierto de pelo. ¡Horror! ¿Qué hacer en una situación así? Pues obviamente montar un número de vodevil con su mujer haciéndote pasar por un hombre mono.

Esta es la absurda y divertida premisa de La Vérité sur l’Homme-Singe (1906) de la cineasta Alice Guy, un corto que quizá no acaba de aprovechar del todo el prometedor argumento – que Marco Ferreri exploraría más a fondo medio siglo después en Se Acabó el Negocio (1964) – en parte porque el actor no tiene las virtudes físicas de por ejemplo un Buster Keaton para explotar las posibilidades cómicas de un hombre encarnando a un simio:

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Un Petit Jules Verne (1907) de Gaston Velle

He aquí un pequeño corto bastante desconocido dedicado especialmente a aquellos de ustedes que de niños solían sumergirse en todo tipo de aventuras a través de libros como los del célebre Jules Verne. Esto es lo que le sucede al protagonista de nuestra historia, que sueña que vive una serie de peripecias muy en la línea del universo Verne, como un viaje en globo y una excursión al fondo del mar, donde conocerá una serie de bellas sirenas.

La premisa es una excusa para utilizar algunos efectos especiales, que si bien no son especialmente remarcables (basta con compararlos con los cortos de Méliès de esa época), tienen el encanto de lo artesanal. Un detalle pequeño que me gusta es cuando el niño al final destroza una almohada llenando la habitación de plumas y algunas de éstas siguen volando por todo el escenario (incluso en primer plano) mientras la madre le increpa, que le dan un toque especial a la escena. Un corto muy entrañable.

Escamotage d’une Dame au Theatre Robert Houdin (1896) de Georges Méliès, o el primer trucaje del mago del cine

Ciertamente, vista hoy día Escamotage d’une Dame au Theatre Robert Houdin (1896) no parece una de las películas más destacadas del genial Georges Méliès, pero tenemos un buen motivo para dedicarle una entrada, y es ser la primera obra en que el conocido como mago del cine utilizó sus famosos trucajes cinematográficos.

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Hace 100 años: las mejores películas de 1918

Vuelve un año más el post clásico de este Doctor dedicado a las mejores películas que cumplen 100 años este 2018 para aquellos de ustedes que no recuerdan cómo fue 1918 cinematográficamente hablando o, incluso, que no habían nacido aún. No olviden por cierto que abajo del todo tienen los links a las listas de otros años.

El gran acontecimiento de 1918 como sabrán fue el fin de la desastrosa Gran Guerra, que había inspirado ya unas cuantas películas y que sirvió de base para algunos de los films que mencionamos aquí. Pero centrándonos en el cine, uno de los rasgos más interesantes de estos años es que se hacen especialmente visibles las diferencias entre aquellos cineastas que ya dominaban el lenguaje cinematográfico clásico tal y como se desarrollaría posteriormente y los que todavía tenían un estilo que hoy día nos parece más arcaico.

Esto no quiere decir que las películas de estos últimos sean peores sino que es una época apasionante por encontrarse aún a medio camino entre el estilo de cine de los años 10 y el de los años 20. Y lo más curioso es que esa diferencia de estilos no era algo que necesariamente diferenciara los grandes cineastas (Griffith, Tourneur) del resto. Tomen por ejemplo a Marshall Neilan, un notable director hoy día virtualmente olvidado que era un eficiente artesano de películas comerciales de estudio, pero no un artista excepcional o especialmente destacable. Y no obstante si ven la película suya que hemos seleccionado en esta lista comprobarán que tiene un dominio excepcional para la época del montaje, el ritmo y la puesta en escena. Por tanto no nos sirve la distinción entre el cine más artístico y avanzado, obras de artistas geniales, y el más comercial despreocupado por la forma. Y eso hace que todo sea aún más interesante.

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Le Brasier Ardent (1923) de Ivan Mosjoukine

Si tuviera que escoger una película que reflejara la imaginación y libertad de inventiva que había en la era muda y que hacen de ésta una época tan única y especial, Le Brasier Ardent (1923) sería sin duda una de mis más firmes candidatas. Una película extraña e inclasificable que fluctúa libremente entre comedia, drama y surrealismo, y que impresionó a un jovencísimo Jean Renoir, quien aparentemente salió entusiasmado del cine por haber visto «por fin» una gran película francesa.

Y de paso, Le Brasier Ardent es también una excelente excusa para hablar de su creador, Ivan Mosjoukine, uno de los mejores actores de la era muda que aquí asume también las labores de dirección y escritura del guión de la que sería su segunda y última obra como realizador.

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Les Débuts de Max au Cinéma (1910) de Max Linder y Louis J. Gasnier

Reconozco que siento debilidad por las películas antiguas ambientadas en el mundo del cine, más aun las que pertenecen a las primeras décadas del medio, por ser una muestra (por irreal o exagerada que sea) de cómo funcionaba la industria cinematográfica en una época de la que apenas contamos con testimonios visuales. Así pues, Les Débuts de Max au Cinéma (1910) puede que no sea una de las mejores comedias de Max Linder, pero ya solo por el tema que trata tiene un extra de interés para mí.

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Las 50 películas mudas favoritas del Dr. Caligari

Apreciado lector, este post ha quedado desfasado, puesto que el Doctor Caligari ha hecho 5 años después una nueva lista actualizada y con 100 títulos.


En los cinco años que este humilde Doctor lleva escribiendo en este rincón dedicado al cine mudo en más de una ocasión le han preguntado por sus películas mudas favoritas. Ésta obviamente no es una tarea fácil, ¡hay tantos títulos a tener en cuenta! No obstante, para conmemorar el reciente quinto aniversario del blog y el haber llegado a los mil seguidores en nuestro Facebook (en la foto de arriba pueden ver al Doctor Caligari celebrando eufórico la ocasión) su genio del mal favorito ha decidido sentarse y escribir la susodicha lista.

Como una lista de diez películas estaría formada en su mayor parte por títulos más conocidos y, por otro lado, este Doctor tampoco quiere ser deshonesto seleccionando obras más atípicas para dárselas de original, ha decidido que la mejor forma de llevar esto a cabo era ampliando la lista a 50 títulos, donde habría cabida para algunos más conocidos y otros no tanto. Y por último, para facilitar la tarea (uno ya tiene una edad para meterse en este tipo de fregados), se dejarán de lado cortometrajes. Espero que disfruten de esta selección de la que inevitablemente se han quedado fuera muchos grandes títulos:

Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2017 (IV)

¿Se les ocurre una mejor imagen de bienvenida al festival?

Comentaba Jay Weissberg en la ceremonia de apertura que Pordenone era un sitio en el que poder aislarnos de todos los problemas del mundo durante una semana, algo más necesario que nunca en los tiempos que corren. Es por ello que el último día de festival se caracteriza porque uno empieza a sentir los primeros síntomas del famoso síndrome post-Pordenone; cuando uno debe abandonar esa cómoda burbuja en que ha vivido aislado durante una semana y volver a la realidad y a las aburridas obligaciones cotidianas (como por ejemplo, en el caso de este Doctor, diseñar nuevas armas químicas e instruir a los becarios sobre cómo evitar que se cuelen intrusos en su guarida). No obstante, antes de que eso sucediera Pordenone nos ha ofrecido aun tres días muy intensos, como verán a continuación.

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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2017 (III)


Imagen cortesía de Valerio Greco

A lo largo de esta semana, hay ocasiones en que este Doctor siente la tentación de sentarse en algunas proyecciones en la primera fila del Teatro Verdi para poder de vez en cuando asomarse y mirar a los excelentes músicos en acción acompañando al filme. Este año de hecho Herr Caligari se ha escapado a alguna de las «Masterclasses» que se imparten durante el festival, en que músicos expertos en acompañar películas mudas enseñan a otros más jóvenes cómo llevar a cabo este meritorio trabajo. Recomiendo a los asistentes a Pordenone que se escapen algún día para asistir a esas clases, no solo por su valor musical, sino porque en ellas sobre todo se discute de cine, de los detalles que permiten a los músicos ir descifrando sobre la marcha cómo funciona la narrativa de los films e ir adaptando la música a su contenido. Es una experiencia altamente estimulante.

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