Cuando el Festival de Pordenone llega a su fin es bastante habitual que el asistente sufra una especie de jet lag. Tras tantos días dedicando la mayor parte de horas a estar encerrado en un teatro viendo películas mudas llega un punto en que uno se olvida de la realidad a la que luego deberá inevitablemente enfrentarse. El efecto desaparece aproximadamente cuando uno dejar de escuchar música de piano en su cabeza y se vuelve a acostumbrar a ver películas que, oh sorpresa, ¡tienen sonido! Aunque da algo de pena ver cómo el festival llega a su fin, después de todo supongo que tampoco es saludable estarse más de una semana en estas condiciones.
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He Nacido, Pero… (Umarete wa Mita Keredo, 1932) de Yasujiro Ozu
Ozu fue uno de esos cineastas que a lo largo de su carrera no tuvo ningún reparo en hacer remakes de sus propias películas, como por ejemplo Historia de una Hierba Errante (1934), que filmó al final de su etapa muda y la retomó 25 años después en La Hierba Errante (1959); o Primavera Tardía (1949), cuyo argumento es muy similar al de su última obra, El Sabor del Sake (1962). Lo mismo sucede con una de sus películas más populares, la comedia Buenos Días (1959), que cuenta con un clarísimo precedente en la era muda, He Nacido, Pero… (1932). Es cierto que en este caso los argumentos son distintos, pero existen demasiados puntos en común entre las dos como para no hacer la inevitable comparación.
The Dancing Girl of Izu (Koi no hana saku Izu no odoriko, 1933) de Heinosuke Gosho
La única película que he podido ver hasta ahora de la etapa muda de Heinosuke Gosho no solo es una de las más célebres de su carrera sino también una de las más interesantes del cine japonés mudo: The Dancing Girl of Izu (1933). Pero quizá, antes de entrar en detalles sobre esa obra, prefieran que les presente brevemente al señor Gosho.
Educado cinematográficamente como ayudante de dirección de Yasujiro Shimazu, Gosho se hizo famoso en la industria japonesa de la época principalmente por dos motivos: primero por la enorme influencia que exhibía en sus films del cine occidental (por ejemplo se comentaba a menudo que en sus obras había más cortes de lo normal según los estándares japoneses de la época), y en segundo lugar por haber dirigido la primera película completamente sonora de la historia del cine japonés, The Neighbor’s Wife and Mine (1931). En realidad, el cine sonoro tardaría bastantes años en implantarse en el país, pero esa proeza le aseguró un lugar destacado en la industria.
Diary of Chuji’s Travels (Chuji Tabinki, 1927) de Ito Daisuke
En 1959, la emblemática revista de cine Kinema Junpō publicó una lista de las mejores películas de la historia del cine japonés. Curiosamente, el puesto número uno, contrariamente a lo que uno esperaría hoy día, no era para Cuentos de Tokio (1953) ni para ningún otro film de Yasujiro Ozu. Tampoco para una obra de Kurosawa o Mizoguchi. La escogida como mejor película de la historia era una obra muda dividida en tres partes: Diary of Chuji’s Travels (1927) de Ito Daisuke.
Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2015 (II)
Una de las grandes virtudes del Festival de Cine Mudo de Pordenone para aquellos locos que sentimos una fascinación especial por el cine mudo es que ofrece una programación repleta de títulos fuera de lo común. Este año tenemos por ejemplo un ciclo dedicado a Sinfonías de Ciudades, pero no solo queda fuera la famosa Berlín, Sinfonía de una Ciudad (1927), sino otras sinfonías que sin alcanzar el estatus de esa obra maestra son más o menos conocidas por los seguidores del cine mudo, como Manhatta (1921) de Paul Strand. Lo mismo sucede con el programa dedicado a comedias soviéticas, donde no hay ni rastro del director más recordado del género, Boris Barnet. En otras ocasiones, cuando se programa un film conocido, el aliciente está en la nítida calidad de la copia presentada y en el excelente acompañamiento musical en vivo.
Todo esto queda puesto de manifiesto, como veremos a continuación, desde el primer día del Giornate del festival.
Lejos de ti (Kimi to wakarete, 1933) de Mikio Naruse
Cada vez son más numerosos los críticos y cinéfilos que reivindican a Mikio Naruse como el cuarto nombre a añadir en la triada de grandes del cine japonés (ya saben, Akira Kurosawa, Yasujiro Ozu y Kenji Mizoguchi). Y un servidor no ha querido ser menos dedicando una entrada a una de sus primeras películas perteneciente, cómo no, a su etapa muda: Lejos de ti (1933). Su historia se centra en tres personajes: una geisha de avanzada edad, Kikue, su hijo adolescente que se avergüenza de la profesión de ella, Yoshio, y otra geisha más joven que intenta reconciliar al muchacho con su madre, Terugiku.
Le Giornate del Cine Mudo de Pordenone 2014 (III): 7 y 8 de octubre
Le Giornate del Cine Mudo tiene la ventaja de que las proyecciones se hacen en un mismo sitio de 9 de la mañana a 11 o 12 de la noche y por tanto no se pisan entre ellas… a no ser, claro está, que uno quiera acudir a algunas de las charlas que se dan en paralelo en el Auditorio de detrás del teatro. Por las mañanas tienen lugar clases especiales donde se enseña cómo hacer el acompañamiento musical adecuado a películas mudas, impartidas por un pianista y con algunos ejemplos ilustrativos. En los últimos días dos de los músicos asistentes a estas sesiones acompañaron la proyección de algunos cortos.
Además, durante la pausa del mediodía algunos expertos dieron charlas sobre temas relacionados con el programa, como el cine de Protazanov, el Technicolor o Chaplin. Yo pude acudir a un par de estas conferencias y fueron muy interesantes aunque desafortunadamente breves. En todo caso es de agradecer el esfuerzo de la organización por organizar estas charlas totalmente gratuitas a las que puede acudir cualquier persona sin acreditación.
Y sin más dilación, sigamos con la crónica.
Le Giornate del Cine Mudo de Pordenone 2014 (II): 4, 5 y 6 de octubre

A causa de su carácter más modesto respecto a otros festivales en lo que a recursos se refiere (que no en cuanto a programa), Le Giornate del Cine Mudo se concentra en un solo recinto, el Teatro Giuseppe Verdi, donde se proyectan la totalidad de las películas. El recinto fue reformado recientemente y, al ser un teatro, cuenta con un foso en que los músicos pueden interpretar el acompañamiento de las películas a piano, que casi siempre ha sido excelente. El programa además tiene el detalle de acreditar el pianista que acompaña cada proyección, lo cual nos permite constatar que el festival ha congregado a intérpretes de todos los países (sospecho que el oficio de pianista para películas mudas no está en alta demanda y no muchos pueden desaprovechar un evento así).
Sin más preámbulos comencemos la crónica de los tres primeros días (algunas de las películas que cito las reseñaré de forma más extendida en el futuro).
Los benshi
Los benshi o katsuben fueron una de las figuras más importantes en los inicios del cine en Japón. Su función inicial consistía en narrar las películas extranjeras que se proyectaban para una audiencia que no podía entender los rótulos, ya que no estaban subtitulados al japonés. Su existencia no se limitaba a Japón: a principios del siglo XX el nivel de analfabetismo era todavía muy alto y por ello en muchos países se popularizó la figura de alguien que se encargaba de leer los rótulos de la película y, ya de paso, explicar la trama a los espectadores (en España de hecho se le bautizaba con el nombre de «explicador»). Lo que hace tan especial el caso de los benshi es que, como ahora veremos, éstos adquirieron tal importancia que influyeron directamente en la evolución de la industria cinematográfica japonesa.







