Inicios del cine sonoro animado en Estados Unidos

No es ningún secreto que el cine animado siempre se ha apoyado de forma decisiva en el sonido como medio expresivo, especialmente en sus primeras décadas de existencia. Basta con ver un cortometraje animado al azar de los muchos que produjeron estudios como la Warner Brothers o Disney para apreciar el enorme peso que tenía el sonido en ellos. La banda sonora musical es la que marca el ritmo con frecuencia, los personajes cantan con una frecuencia a veces irritante y uno de los recursos más habituales en este tipo de films era utilizar pequeñas melodías musicales para imitar la acción que se estaba llevando a cabo.

Por ello, los años de transición del cine mudo animado al sonoro son absolutamente fundamentales. En este caso nos centraremos en Estados Unidos y los primeros cortometrajes de entre los principales animadores de la época que incorporaron sonido sincronizado .

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Sobreviviendo en el desierto: el rodaje de la escena final Avaricia (1924)

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Así como meses atrás les hablé de la caótica producción de Esposas Frívolas (1921), hoy he pensado que sería una buena idea compartir algunas jugosas declaraciones sobre el célebre rodaje de la escena final en el desierto de su película más famosa, Avaricia (1924).

Muchos de los que participaron en Avaricia califican el rodaje de las escenas en el Valle de la Muerte como, literalmente, “la experiencia más terrible” de sus vidas. Filmar una película allá era una locura desde cualquier punto de vista, pero no para Stroheim, un cineasta famoso por agotar a su equipo con rodajes maratonianos que acababan al amanecer y martirizar a sus actores hasta deshacerlos psicológicamente con tal de conseguir la actuación deseada. Su obsesión con el realismo alcanzó nuevas cotas con la adaptación de la novela naturalista McTeague, a la que pretendía ser lo más fiel posible. Veamos lo que tiene que decirnos Stroheim al respecto:

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El Hijo de la Pradera [Tumbleweeds] (1925) de King Baggot y William S. Hart

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William S. Hart fue una de las estrellas más grandes de la era muda del cine. De todos los protagonistas de westerns que poblaron las pantallas en esos años, Hart había acabado siendo el más destacado de todos y el que mejor encarnó la figura del cowboy cinematográfico hasta la llegada de John Wayne.

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Dos relatos de bomberos: Fire! (1901) y Life of an American Fireman (1903)

Un ejercicio muy interesante a la hora de estudiar los orígenes del cine es comparar dos películas que traten una temática muy similar y fijarse en cómo cada una narra la historia. Como en aquel entonces aún no había unos estándares claros y definidos sobre lenguaje cinematográfico, contrastar un corto con otro permite ver qué soluciones utilizaba cada cineasta a la hora de abordar esa nueva problemática. Veamos dos ejemplos basados en un idéntico argumento: las proezas del cuerpo de bomberos al acudir a un incendio y salvar a unas personas atrapadas.

El primero es Fire! (1901) del británico James Williamson

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El origen de un gag: la danza de los panecillos de La Quimera del Oro (1925)

Si hay un gag a destacar de toda la carrera de Chaplin por el que ha sido especialmente recordado es la danza de los panecillos de La Quimera del Oro (1925). Me imagino que todos lo conocerán, pero nunca está de más volver a verlo:

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El bergfilm o cine de alpinismo

El bergfilm o cine de alpinismo fue uno de los géneros cinematográficos por excelencia de la Alemania de los años 20-30. Era un tipo de película que sólo se realizaba en dicho país y que por tanto ha quedado asociada para siempre a ese contexto concreto. Dicho género alcanzó su esplendor a medio camino entre la era muda y la sonora, y por ese motivo hoy le vamos a dedicar un artículo especial.

Seguramente lo mejor para situarnos sería abordar en primer lugar el papel que ocupaba el alpinismo en la sociedad germana de entonces. Dicha práctica se había popularizado enormemente en Europa desde mediados del siglo XIX, época en la que se hicieron célebres las numerosas expediciones destinadas a llegar a cumbres nunca antes alcanzadas. Eso llevó a la creación en 1857 del primer club de alpinismo del mundo, el Alpine Club fundado en Reino Unido, uno de los países donde más arraigó esta afición. En Alemania surgiría su equivalente en 1869, el Alpenverein. No obstante, la diferencia entre ambos clubs era muy significativa: el Alpine Club era marcadamente clasista y dirigido expresamente a alpinistas de clase alta, mientras que el Alpenverein era más populista y llegaba a gente de diferentes estratos sociales.

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Too Much Johnson (1938) de Orson Welles

Como supondrán, dentro del apasionante universo del cine mudo no suele haber muchas noticias. No obstante, a veces seguimos llevándonos algunas sorpresas agradables, como el film de Hitchcock que comentamos el año pasado o, en el caso que nos ocupa, el descubrimiento de Too Much Johnson de Orson Welles.

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De entrada hay que decir que no puede juzgarse Too Much Johnson como una obra autónoma ya que nunca se filmó como tal. Obviamente tiene el gran aliciente de ser la primera película que dirigió Welles en su carrera (si no contamos un cortometraje experimental que hizo como mero divertimento). Pero no hay que perder de vista que se concibió en la época en que Welles se encargaba del Mercury Theater, es decir antes de haberse hecho conocido por su emisión radiofónica de La Guerra de los Mundos y, por supuesto, antes de plantearse dar el salto al cine. Con esto quiero remarcar que resulta lógica toda la expectación que ha generado hoy día, porque es la primera película de uno de los más grandes directores de la historia del cine, pero en su momento ninguno de sus participantes podía imaginar que este metraje sería motivo de noticia 70 años después, paseándose por festivales de cine y filmotecas de todo el mundo. Too Much Johnson era una parte de un todo y su creador jamás lo vio como su debut cinematográfico.

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Y El Mundo Marcha [The Crowd] (1928) de King Vidor

yelmundomarchaY El Mundo Marcha es indudablemente una de las más grandes películas del cine mudo americano. Sólo por este film y El Gran Desfile (1925), el nombre de King Vidor debería estar presente entre los cineastas más destacados de la era silente de Hollywood.

El proyecto surgió a partir de una idea del propio Vidor, quien acababa de tener un éxito inmenso con la ya mencionada El Gran Desfile. Tras ese film, el inquieto director pensó que sería una buena idea desmarcarse de esa gran producción ambientada en la I Guerra Mundial con una película que tuviera un estilo prácticamente opuesto, es decir, una obra más intimista y sencilla. Si El Gran Desfile era la historia emocionante de un combatiente en la guerra, su siguiente película sería en cambio la de una persona normal y corriente a la que no le pasa nada excepcional en la vida. Esto puede parecer superfluo visto hoy día, cuando hemos visto muchos films realistas que han partido de una base similar, pero en una producción de Hollywood de los años 20 era algo innovador.

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La Rana [Le Grenouille] (1908) de Segundo de Chomón

Hacía mucho que no poníamos por aquí otro cortometraje del genial Segundo de Chomón, y buscando entre todos los existentes me topé con éste que no conocía y que me pareció tan delirante (incluso para sus estándares) que no me he resistido a compartirlo.

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Inicios del cine sonoro: Lee de Forest y Phonofilm

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Lee De Forest es un personaje realmente curioso. Inventor, emprendedor y oportunista (no necesariamente en este orden) fue un hombre muy activo en los inicios de la era electrónica trabajando en diferentes invenciones y luchando por ganar sus respectivas patentes en una época en que las guerras de patentes estaban a la orden del día. Es uno de esos ejemplos de hombres inquietos que a base de involucrarse en tantos proyectos diferentes con desiguales resultados acabó muriendo pobre, la clásica historia de auge y caída que tanto gusta en Hollywood.

Aunque el invento que le hizo más popular en su momento fue el audión, De Forest fue también una de las principales figuras pioneras en el desarrollo del cine sonoro. Su sistema era el Phonofilm, que permitiría grabar voces sincronizadas con películas y que a su vez estaba basado en el Tri-Ergon, otra patente primitiva de cine sonoro ideada por tres alemanes en 1919. El astuto De Forest había viajado a Alemania a aprender de los avances que habían hecho los alemanes en ese ámbito y volvió a Estados Unidos con la idea que le habían mostrado para patentarla ahí. Realmente era alguien en quien confiar.

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