
De todas las películas que cumplen 100 años este 2016 hay una que merece nuestra especial atención por ser no solo una de las más importantes producciones de esos años sino de la historia del cine: Intolerancia (1916) de D.W. Griffith. Y como no podía ser menos, el Doctor Caligari no ha podido dejar pasar esta efeméride para dedicar un extenso post a una de las obras clave del cine mudo.
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Versiones multilingües: La Ópera de Tres Peniques (1931) de G.W. Pabst
Amigos lectores, hoy se cumplen nada menos que 85 años del estreno de una de las grandes obras maestras de los inicios del cine sonoro, La Ópera de Tres Peniques (1931) de G.W Pabst. Para celebrarlo, el Doctor Caligari se ha aliado con su colega el Doctor Mabuse para hacer un doble post dedicado al film. Mientras que en el Gabinete del Doctor Mabuse se ofrece una reseña de la película donde se dan detalles sobre los conflictos que hubo con Bertold Brecht y Kurt Weill (autores de la obra teatral original), el Doctor Caligari se centrará en las versiones multilingües que se hicieron de la película en alemán y francés. Si no conocen el film (¡sacrílegos!) les recomiendo leer antes la entrada del Doctor Mabuse para contextualizarse.
100 años de Technicolor
No podíamos despedirnos de este 2015 sin una de las efemérides más destacadas de la cual este Doctor ya habló a raíz de la Giornate del Cinema Muto de Pordenone del año pasado: el centenario del nacimiento del Technicolor, una de las innovaciones técnicas que definió en buena parte la estética de Hollywood en lo que respecta al uso del color durante décadas. Les proponemos pues un repaso a los inicios de ese sistema de coloreado de films.
De entrada, cabe tener en cuenta que el Technicolor no fue, ni mucho menos, la única alternativa de la época para manejar el color. Incluso si dejamos de lado algunas técnicas más artesanales y, por ello, inviables a gran escala (como el coloreado a mano), en las primeras décadas de cine ya hubo una serie de pioneros que se pelearon por encontrar una forma de registrar el color en el negativo de las películas. Algunos de esos sistemas que no acabaron venciendo al Technicolor fueron el Kinemacolor, el Biocolour, el Kodachrome, el Prisma Color o el Multicolor. Pero dejémonos de preámbulos y entremos de lleno en materia.
El final alternativo de Atlantis (1913) de August Blom
Atlantis (1913) es una de las grandes obras del cine danés de mediados de los años 10 que ayudó a cimentar su fama internacional. No obstante si hoy rescatamos esta película es para resaltar una curiosidad sobre su final.
Fritz Lang, el pequeño tirano de la UFA: el rodaje de Metrópolis (1927)

Ser un gran director y una gran persona son dos rasgos que, para desgracia de muchos actores y técnicos, no siempre han ido juntos. El poder que conllevaba ser el encargado de dirigir a todo un séquito de personas es algo que a muchos realizadores se les subía a la cabeza convirtiéndoles en pequeños dictadores que a veces olvidaban que estaban lidiando con otros trabajadores, no con esclavos. Eso fue lo que le sucedió a Fritz Lang en su edad de oro en los estudios de la UFA. Su peculiar carácter sumado al hecho de saberse el director más importante de Alemania (y uno de los principales de Europa) le convirtieron en un cineasta que no reparaba en nada a la hora de filmar sus películas: fulminaba los presupuestos del estudio sin inmutarse, discutía tanto con técnicos como con sus superiores y exprimía a los actores hasta el límite. Cualquier cosa con tal de que la película quedara exactamente como él quería.
Como muestra de su difícil carácter, vamos a recordar algunos de los problemas surgidos durante la filmación de su obra muda más célebre, Metrópolis (1927), que este Doctor pudo presenciar en persona como invitado de honor y que, además, se recogen en la imprescindible biografía de Patrick McGilligan The Nature of the Beast.
Películas desaparecidas: Los Cuatro Diablos (4 Devils, 1928) de F.W. Murnau

Como seguramente ya sabrán, lamentablemente a día de hoy un porcentaje terriblemente elevado del legado fílmico de la era muda se da por perdido. Partiendo de esa base, si a un servidor le preguntaran cuál es la película desaparecida que más ilusión le haría poder recuperar, una de las más firmes candidatas sería sin duda Los Cuatro Diablos (1928) de F.W. Murnau. Y no piensen que es solo cosa mía, de hecho entre aficionados al cine mudo, suele considerarse como una de las más grandes pérdidas de esos años. No obstante, aunque cada vez parece más difícil que una copia salga a la luz, el Doctor Caligari pudo verla en el momento de su estreno, y si bien su memoria no es la que era antes, sí que recuerda suficientes detalles como para hacerles una idea bastante concreta de cómo era la gran obra perdida de Murnau.
Dicho film era el segundo proyecto del director alemán en Hollywood. Su debut en tierras americanas había sido inmejorable a nivel artístico, Amanecer (1927), una de las obras cumbre del cine, pero a nivel comercial no fue el éxito que esperaba la Fox en gran parte por sus elevados costes de producción. Murnau decidió entonces que su siguiente proyecto sería más viable económicamente, una adaptación de la novela de Herman Bang que ya había sido llevada al cine por el danés A.W. Sandberg bajo el título de Die Benefiz-Vorstellung der vier Teufel (1920).
Joë Hamman, Jean Durand y el western francés
Estoy seguro de que todos ustedes han oído hablar del spaghetti-western, films del oeste que se filmaban en Italia y España en los años 60, pero apuesto a que no sabían que en la era muda el western era tan inmensamente popular que en varios países de Europa se filmaron otras películas del género. Es el caso de Alemania, Reino Unido, Italia y, sobre todo, Francia, donde adquirió una gran popularidad. El propósito del post de hoy es dar a conocer este curioso episodio de la historia del cine francés que tiene como protagonistas a Joë Hamman y Jean Durand.
El principal protagonista de nuestra historia es Joë Hamman, un hombre fascinado por la cultura americana que tuvo la suerte de viajar a Estados Unidos y conocer a Buffalo Bill en persona, con quien trabó amistad. No solo eso, sino que aprendió trucos de equitación en un rancho y pasó unos meses en una reserva india Sioux conviviendo con los indígenas como uno más.
Extraños en el paraíso: cineastas europeos en Hollywood (II)
Seguimos repasando los casos de algunos cineastas europeos que emigraron a Hollywood durante la era muda, centrándonos hoy ante todo en los casos de Suecia y Alemania, que tuvieron que sufrir la pérdida de algunos de los mayores talentos de sus países después de que éstos recibieran unas ofertas que no pudieron rechazar.
Extraños en el paraíso: cineastas europeos en Hollywood (I)
Desde que Hollywood se convirtió en la gran industria cinematográfica del mundo ha servido como infalible imán para atraer el talento de artistas de todas partes. Durante toda su historia, cineastas de varios países europeos se han dejado seducir por la autodenominada Meca del Cine y han abandonado sus naciones para emprender una carrera en la famosa tierra de las oportunidades. A partir de aquí, los ha habido con más o menos suerte, los que se integraron a la perfección en el sistema realizando películas exitosas y ganadoras de premios y, mucho nos tememos, los que han salido escaldados de la experiencia.
Chaplin y Eisenstein, dos de los mayores genios cinematográficos del mundo haciendo el tonto con sendas raquetas de tenis.
Esto no es algo que se vea cada día.
Este proceso ya sucedía en la era del cine mudo, donde el talento de muchos directores y actores europeos no pasó desapercibido para los magnates de la industria. Hay casos en que esa odisea americana fue un “visto y no visto”, como el del alemán E.A. Dupont, que se hizo un nombre a nivel internacional con Variété (1925), consiguiéndole un pasaporte a Hollywood. Pero ahí solo realizó una película, Love Me and the World Is Mine (1927) – hoy día desaparecida – y fue tal fracaso que volvió a Europa, en concreto a Reino Unido, donde siguió trabajando con algo más de suerte. Otros no llegaron siquiera a tener la oportunidad de realizar una película, como es el caso de Serguéi Eisenstein, quien viajó a América a principios de los años 30 para investigar la novedad del cine sonoro y recibió ofertas para realizar algunos proyectos en Hollywood. Habría sido digno de ver qué películas habría hecho el cineasta soviético en un ambiente tan diferente al de la URSS, pero se ejercieron tales presiones políticas contra él que los estudios se vieron obligados a echar atrás sus ofertas.
Seguidamente nos centraremos en el caso de varios cineastas de prestigio que llegaron a América en la era muda con desigual suerte.
Siegmund Lubin y su fallida película sobre Jesucristo
Siegmund Lubin es uno de los muchos pioneros del cine que se hizo un nombre antes de la I Guerra Mundial en Estados Unidos pero que no supo adaptarse a todos los cambios que sufrió el medio a finales de los años 10. Este buen hombre de origen germano no nos resulta destacable hoy día tanto por la calidad de sus películas como por su peculiar forma de hacer negocio. Aprovechándose del caos que había en esos primeros años respecto a títulos de películas y sus auténticos creadores, Lubin, ni corto ni perezoso, se especializó en copiar obras de éxito de otros competidores volviendo a filmarlas plano por plano. Por ejemplo, a raíz de que el Asalto y Robo de un Tren (1903) de Edwin S. Porter fuera aplaudido como una de las grandes obras de su época, Lubin decidió volver a rodar la misma historia un año después. Eso no quiere decir que no tuviera películas originales y/o destacables, pero el motivo por el que hoy día es más recordado era su tendencia a copiar a otros productores.




