El desenlace de El Gabinete del Doctor Caligari (1920)

Este post forma parte de un especial dedicado a El Gabinete del Doctor Caligari (1920) que incluye también las siguientes entradas:


En nuestra anterior entrega les hablamos de las interioridades del rodaje de El Gabinete del Doctor Caligari (1920) y de muchos de los falsos mitos que han surgido a lo largo de los años sobre la génesis de esta obra maestra de la era muda. De todas esas leyendas hay una no obstante que se ha destacado como la más célebre y controvertida: aquella que atiene a su desenlace. Después de que nuestro protagonista, Francis, nos haya relatado cómo consiguió por fin vencer al villano Dr. Caligari, en un inesperado epílogo descubrimos que éste en realidad es el paciente de un manicomio. Seguidamente, aparece el director del sanatorio y Francis le ataca pensándose que es Caligari, dándonos por tanto a entender que toda la historia que hemos visualizado era el delirio de un loco.

Si ya de por sí la particular estética de Caligari supuso un shock para el espectador de la época, su inesperado desenlace era el broche que hacía que uno saliera de la sala aún bajo el impacto de haber visto algo único. Este tipo de giros finales inesperados ciertamente hoy día no son ninguna novedad, incluso son un cliché en ciertos géneros, pero para 1920 era algo totalmente inesperado y refrescante. No obstante, este célebre desenlace es la parte de la película que ha generado más controversias, no solo acerca de quién fue su responsable sino por el hecho de que pudiera alterar por completo su significado. Como a este Doctor no le gusta que se especule falsamente sobre su preciado biopic, me he propuesto desentrañar todos estos aspectos en el siguiente post.

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Cómo se hizo El Gabinete del Doctor Caligari (1920): mitos y leyendas

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El Gabinete del Doctor Caligari (1920) es, además de una de las películas más icónicas e importantes de la historia del cine, también una de las que más falsos mitos ha suscitado a su alrededor. Tantos que prácticamente han acabado eclipsando la realidad hasta el punto de que uno debe ser muy cuidadoso a la hora de dar por buenos hechos que en realidad nunca fueron ciertos, aun cuando se basan en declaraciones de algunos de sus responsables. Un ejemplo muy significativo es la leyenda de que en su momento fue un fracaso de taquilla a causa de lo radical de su propuesta, y que no fue reconocida en Alemania hasta después de haber sido estrenada y aplaudida en Francia. ¡Falso! Este Doctor recuerda perfectamente el enorme éxito de taquilla que fue desde su mismo estreno, tras el cual lógicamente la película se importó a otros países.

El propósito de este post es por tanto hablar sobre todo el proceso de creación de la película que hizo célebre a este Doctor, rescatando algunas de las falsas creencias que se suelen citar al respecto y contrastándolas con la realidad, que como supondrán un servidor conoce de primera mano al haber participado activamente en el film como protagonista.

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John Ford, Harry Carey y el plano final de Centauros del Desierto (1956)

El plano final de Centauros del Desierto (1956) de John Ford es sin duda uno de los más famosos de la historia del cine. En él vemos cómo Ethan (John Wayne), después de años buscando a su sobrina secuestrada por los indios, la trae sana y salva a un hogar y entonces, consciente de que él no corresponde a ese mundo hogareño en el que se adentran todos, se da la vuelta para continuar su vida errante y solitaria en el desierto. Este maravilloso desenlace contiene además un pequeño gesto que acaba de engrandecerlo: justo antes de retirarse, Wayne se agarra del brazo mientras mira cómo todos entran en casa. Dicho detalle fue una brillante improvisación de Wayne como homenaje a uno de sus héroes: el actor de westerns mudos Harry Carey, quien solía hacer ese gesto a menudo. Pero lo mejor de este acto es que no solo funciona como tributo personal a Carey, sino que además servía como guiño autorreferencial tanto a John Ford como a la viuda de Harry Carey, Olive, que también participaba en esa escena:

«Lo hice porque su viuda estaba al otro lado de esa puerta, y él era el hombre de quien Pappy [Ford] decía que le había enseñado su oficio«.

Harry Carey (a la derecha) haciendo el gesto que Wayne emularía 40 años más tarde.

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Mr. Flip (1909) de Broncho Billy Anderson

¿Alguna vez se han preguntado cómo nació el recurso cómico tan típico del slapstick de lanzar una tarta a la cara de un personaje? ¿Ese clásico gag que se convirtió en algo tan prototípico que Laurel y Hardy decidieron llevarlo al extremo en The Battle of the Century (1927)? Pues aparentemente el primer ejemplo que se conoce es el de Mr. Flip (1909), un corto dirigido por el famoso actor y director de películas del oeste Broncho Billy Anderson y protagonizado por el no menos célebre cómico bizco Ben Turpin.

El corto en sí es bastante simple todavía muy lejos de las grandes obras del slapstick que llegarían pocos años después. Su argumento nos cuenta básicamente cómo el bueno de Turpin intenta en diferentes contextos ligar con varias mujeres empleando métodos tan directos que hoy día le habrían valido una orden de alejamiento. Pero no teman, cada una de las mujeres logra librarse de una manera u otra, y la última de ellas lo hace efectivamente estampándole una tarta en la cara. El recurso luego se convirtió casi en una forma de arte dentro del slapstick.

Actores infantiles en la era muda: Baby Peggy, Jackie Coogan y la «ley Coogan»

Uno de los fenómenos que más popularidad tuvieron en la era muda y que hoy día ha quedado algo en el olvido son las películas de niños. Había una absoluta locura hacia este tipo de films en que a veces los protagonistas a veces no tenían ni cinco años de edad y no obstante podían convertirse en absolutas estrellas. Y si ya es complicado para un adulto tener que lidiar con todo lo que conlleva la fama, como supondrán más aún debía serlo para estos niños que a menudo estaban totalmente desprotegidos ante la ley. Hay muchas historias con finales más bien tristes de estrellas infantiles que pasaron en cuestión de años de la más absoluta popularidad al total olvido y a tener que vivir en condiciones económicas más bien precarias. En este post les daremos a conocer algunas de ellas.

Empezaré por la actriz que me dio la idea inicial: Baby Peggy, quien a día de hoy ostenta el récord de ser una de las poquísimas intérpretes de la era muda que aún sigue con vida a sus 99 años. Su entrada en el cine fue a través de su padre, que trabajaba como extra en películas de vaqueros. En una visita que hizo en el estudio llamó la atención de un director que propuso contratarla en una serie de cortometrajes protagonizados junto a un perro, Brownie. Las películas funcionaron tan bien que cuando su compañero canino falleció decidieron continuar utilizándola solo a ella. Por entonces tenía únicamente año y medio de edad. Le siguieron más de 150 cortos y largometrajes que la convirtieron en una de las estrellas más grandes de la época, con todo tipo de merchandising asociado a ella, como muñecas Baby Peggy, y más de un millón de cartas al año de fans de todo el mundo. En su mejor momento esta niña de apenas 6 años tenía un contrato de un millón y medio de dólares al año situándola entre los intérpretes mejor pagados de Hollywood. Por desgracia a mediados de década su padre tuvo una discusión con el estudio y a partir de ahí la carrera de Baby Peggy se vino abajo. No tenía más de 7 años.

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Robert Flaherty y la fallida filmación de la caza de osos

Estoy seguro de que todos ustedes conocerán el célebre documental Nanook el Esquimal (1922) de Robert Flaherty, considerado el primer gran largometraje del género. Flaherty vivió muchas aventuras durante el rodaje, y como muestra de ello hoy hemos rescatado el fragmento de un artículo suyo de la época, titulado «How I Filmed Nanook of the North» en que habla sobre una fallida expedición para filmar a Nanook cazando osos. Le cedo la palabra a Mr. Flaherty:

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¿De qué hablaban los actores en las películas mudas?

Al ver una película muda, ¿nunca se han preguntado qué estarían diciendo los actores cuando hablaban entre ellos? Obviamente, si uno está metido dentro del film, presupone que dicen lo que señalan los rótulos de diálogo o algo relacionado con la trama, pero en la vida real podían estar diciendo cualquier cosa.

Siempre he pensado que sería sumamente interesante poder escuchar todos los sonidos que tenían lugar mientras se filmaban esas películas mudas, ya que en la era silente los rodajes eran lugares bulliciosos y caóticos. Escucharíamos a directores dando indicaciones a gritos por un megáfono mientras los actores interpretaban sus escenas, seguramente a técnicos montando al lado otro decorado para la escena siguiente y, en el caso de las producciones más cuidadas, músicos interpretando en vivo alguna pieza para dar ambiente. No es de extrañar pues que cineastas como Josef von Sternberg hicieran peticiones como la que vemos en la imagen de arriba para poner un poco de orden en los platós. Pero en todo caso lo sí se puede saber es lo que decían los actores realmente, puesto que una parte del público podía leer sus labios mientras hablaban. Y aunque puede parecer algo anecdótico, en su momento fue algo que en ocasiones provocó polémicas.

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Kansas Saloon Smashers (1901) y Why Mr. Nation Wants a Divorce (1901) de Edwin S. Porter

Antes de mostrarles los dos cortos que hemos seleccionado hoy, permitan que les presente a la persona que sirvió de inspiración para ambos: Carrie Nation.

Esta señora era uno de los miembros más famosos de la ligas antialcohol que tuvieron lugar en Estados Unidos en el siglo XIX y principios del XX. Ya saben, esa gente que tenía la excéntrica idea de que el alcohol era la causa de todos los males de la sociedad y que acabó consiguiendo que se implantara la famosa ley seca en los años 20. La señora Nation era una mujer de fuertes convicciones («soy un bulldog corriendo junto a los pies de Jesús y ladrando a todo aquello que a Él no le gusta») quien, al ver que sus charlas antialcohol así como increpaciones a dueños de bares no servían de nada, decidió pasar a la acción destrozando bares. Aunque la policía a menudo la arrestaba, ella seguía persistiendo en su cruzada antialcohol y pagaba las fianzas con lo que recaudaba en sus charlas.

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Películas multiversiones: una curiosa alternativa al doblaje

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Uno de los problemas inmediatos que trajo la llegada del sonido a Hollywood fue la exportación de esos films al mercado extranjero. Desde siempre para Estados Unidos fue importantísima la recaudación que tuvieran sus películas en el resto del mundo. En la época muda el intercambio de películas entre países era muy sencillo, bastaba con cambiar los rótulos traducidos al idioma que tocara et voilà. Sin embargo con el sonido se enfrentaban a un problema nuevo: ¿cómo iban los espectadores de otros países a entender las películas inglesas?

La opción de doblarlas no era muy viable por entonces, ya que el equipamiento que había en aquella época todavía era muy primitivo para diseñar un sistema de doblaje en masa. De hecho casi siempre las bandas de sonido incluían diálogos, música y efectos de sonido juntos, y no por separado. Por lo tanto, la solución a la que se recurrió fueron las multiversiones: es decir volver a rodar la misma película en otros idiomas.

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El accidente que casi acaba con la carrera de Harold Lloyd

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El slapstick es un mundo que por su naturaleza es especialmente proclive a dar pie a accidentes tragicómicos, un universo en que un hombre puede morir a causa de las heridas provocadas por una manada de avestruces (y si no, que se lo digan a Billie Ritchie) y una prometedora carrera puede acabar truncada por jugar literalmente con dinamita. Y eso fue lo que le sucedió a Harold Lloyd.

Pongámonos en situación. En 1917 Harold ya se había hecho un nombre como cómico realizando una serie de cortometrajes en que encarnaba a un personaje llamado Lonesome Luke, que era una mala copia de Chaplin. Lloyd, que era un actor ambicioso, se cansó pronto de ser un imitador y decidió transformar su carrera creando un nuevo personaje bautizado simplemente «The Boy», cuyo mayor rasgo característico serían sus gafas. Ni que decir tiene que el estudio quedó horrorizado ante la idea: ¿para qué arriesgarse cambiando si con Lonesome Luke ya les iba bien? Pero Lloyd acabó teniendo razón: los nuevos cortos que realizó a partir de entonces como The Boy gustaron al público y esta vez sin copiar a nadie.

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