Cuando uno tiene por delante toda una semana repleta de películas muy interesantes por ver, necesariamente se ha de hacer selección y renunciar a algunas. La norma más lógica es renunciar a las más fáciles de visionar fuera del festival, pero aun así servidor no puede resistir la tentación de saltarse esa regla acudiendo por ejemplo a la proyección de un film tan fácil de conseguir como La Máscara del Zorro (1920) o, el año pasado, El Tesoro de Arne (1919). ¿Por qué? En primer lugar porque en Pordenone la música en vivo que acompaña a las películas suele ser muy buena, que ya es más de lo que podemos decir de algunas ediciones en DVD que circulan por ahí. Y en segundo lugar, en el caso de la película de Stiller, por la experiencia de verla en pantalla grande (aún recuerdo lo mucho que me impresionó), y en el de Fairbanks por ser el tipo de película que se agradece ver rodeado de más gente que comparte el mismo entusiasmo. Quizá este Doctor debería emplear esa hora y media en reposar un poco de tanta película y tomar el aire pero, ¿cómo resistirse a la tentación?
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Mästerman (1920) de Victor Sjöström
Uno de los mayores placeres que puede experimentar un cinéfilo es comprobar que la maestría de un gran cineasta no se limita únicamente a sus obras canónicas, sino que también está presente en sus películas menos conocidas. En el caso del sueco Victor Sjöström, todo aficionado al cine mudo sabe cuáles son sus tres títulos más míticos: Los Proscritos (1919), La Carreta Fantasma (1921) y El Viento (1928); tres obras maestras fundamentales no solo para amantes del cine silente sino para cinéfilos en general. Pero Victor Sjöström es mucho más. Explorando en el resto de títulos de su etapa sueca uno puede hacerse una idea de su maestría como cineasta y de lo avanzado que era para su época, más allá de los rasgos de sobras conocidos a raíz de los títulos mencionados anteriormente (por ejemplo su famoso uso del paisaje como elemento dramático en sus obras). Para demostrarlo, hoy nos centraremos en una obra suya bastante desconocida: Mästerman (1920).
Extraños en el paraíso: cineastas europeos en Hollywood (II)
Seguimos repasando los casos de algunos cineastas europeos que emigraron a Hollywood durante la era muda, centrándonos hoy ante todo en los casos de Suecia y Alemania, que tuvieron que sufrir la pérdida de algunos de los mayores talentos de sus países después de que éstos recibieran unas ofertas que no pudieron rechazar.
El Mejor Hijo de Thomas Graal (Thomas Graals bästa barn, 1918) de Mauritz Stiller
El mismo año en que Victor Sjöstrom realizó una de las películas más importantes del cine sueco (Los Proscritos) y uno antes de que Mauritz Stiller dirigiera una de sus mayores obras maestras (El Tesoro de Sir Arne), los dos cineastas colaboraron en un film que seguía unos derroteros distintos, una divertida comedia titulada El Mejor Hijo de Thomas Graal (1918). Quizá a algunos de nuestros lectores les pueda parecer llamativo que dos cineastas que han pasado a la posteridad por dramas tan intensos como los mencionados también realizaran comedias, pero en realidad no tiene nada de raro. El actor y director Victor Sjöstrom era un magnífico intérprete formado en el teatro que aquí nos demuestra que tenía suficiente versatilidad para enfrentarse también a papeles cómicos además de aquellos dramáticos a los que se le suele asociar. Y en cuanto a Stiller, puede que hoy día le recordemos sobre todo por El Tesoro de Sir Arne (1919) y La Saga de Gösta Berling (1924), pero en su época se hizo un nombre también gracias a sus comedias, y de hecho su Erotikon (1920) gozó de un gran éxito internacional. Por tanto, abandonemos la sorpresa inicial y veamos qué nos ofrecen ambos en el film que hemos escogido hoy.
Le Giornate del Cine Mudo de Pordenone 2014 (III): 7 y 8 de octubre
Le Giornate del Cine Mudo tiene la ventaja de que las proyecciones se hacen en un mismo sitio de 9 de la mañana a 11 o 12 de la noche y por tanto no se pisan entre ellas… a no ser, claro está, que uno quiera acudir a algunas de las charlas que se dan en paralelo en el Auditorio de detrás del teatro. Por las mañanas tienen lugar clases especiales donde se enseña cómo hacer el acompañamiento musical adecuado a películas mudas, impartidas por un pianista y con algunos ejemplos ilustrativos. En los últimos días dos de los músicos asistentes a estas sesiones acompañaron la proyección de algunos cortos.
Además, durante la pausa del mediodía algunos expertos dieron charlas sobre temas relacionados con el programa, como el cine de Protazanov, el Technicolor o Chaplin. Yo pude acudir a un par de estas conferencias y fueron muy interesantes aunque desafortunadamente breves. En todo caso es de agradecer el esfuerzo de la organización por organizar estas charlas totalmente gratuitas a las que puede acudir cualquier persona sin acreditación.
Y sin más dilación, sigamos con la crónica.




