Raggio di Sole (1912)

Pocos cortometrajes de los primeros años del cine se me ocurren más apropiados en medio de esta ola de frío que Raggio di Sole (1912), cuyo autor desconocemos pero sabemos que fue producido en Turín por la Società Anonima Ambrosio. El protagonista es el Príncipe Carámbano (al menos así es como se le conoce en la versión traducida al español que nos ha llegado), que se siente desdichado sin remedio. El rey lo intenta todo para animarle, como que los cocineros de la corte le preparen los más deliciosos manjares, pero es inútil, lo que el príncipe anhela es un rayo de sol. Un día, se le aparece dicho rayo en forma de una bella muchacha y decide partir en su búsqueda.

Raggio di Sole es un cortometraje simpático y muy entrañable que, si bien no compite con las mejores obras de su época, tiene un buen trabajo de escenografía y algunos detalles remarcables, como el trono de la muchacha a la que busca el príncipe rodeado de leones y, sobre todo… ¡pingüinos tirando de un trineo! O, mejor aún, tipos disfrazados de pingüino tirando de un trineo:

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Mandrágora (Alraune, 1928) de Henrik Galeen

Viendo Mandrágora (1928) de Henrik Galeen no puedo evitar preguntarme cómo habría sido esta película si se hubiera filmado a principios de década, en plena edad de oro del expresionismo. Quizá habría sido más o menos lo mismo, es decir, un filme menor dentro de las innumerables joyas que nos dio Alemania en la era muda. Pero quién sabe si se habría impregnado más del ambiente expresionista que sobrevolaba sobre muchas películas de esa época y que además encajaría perfectamente en un argumento como éste. En todo caso la realidad es que tenemos que conformarnos con una obra potencialmente prometedora pero que a la práctica ofrece bastante menos de lo esperado.

El Profesor Jakob ten Brinken explica a sus alumnos la vieja leyenda de la mandrágora, una raíz que antiguamente se creía que podía transformarse en un ser humano y que se podía encontrar en la tierra que había debajo de un hombre ahorcado. Para probar la teoría de la mandrágora, Brinken decide hacer un experimento con una prostituta a la que impregnaría con un ejemplar. De ahí nace Alraune, una joven que cuando se hace mayor se convierte en una mujer que seduce a varios hombres llevándolos a la perdición.

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La Sonriente Madame Beudet (La Souriante Madame Beudet, 1923) de Germaine Dulac

En estos tiempos en que cada vez se realizan más películas de corte feminista, en que poco a poco las amas de casa se han ido abriendo paso en las pantallas para explicarnos historias sobre frustraciones, chantajes o maltratos psicológicos por parte de sus maridos; en definitiva, en esta época en que existe una mayor sensibilización hacia el papel de la mujer en nuestra sociedad, puede parecernos chocante volver la vista atrás y descubrir que ya hace 100 años se realizaron algunos alegatos feministas en el cine que son perfectamente válidos hoy día y que no han envejecido lo más mínimo a nivel de denuncia. Ése es el caso de La Sonriente Madame Beudet (1923) de la directora vanguardista Germaine Dulac, que – ojo al dato – en apenas 40 minutos nos ofrece una historia llena de riqueza a la que no le sobra ni falta nada.

Madame Beudet es una ama de casa burguesa aburrida de la vida conyugal con su marido, Monsieur Beudet, un comerciante de carácter vulgar e insensible que cuando tiene una rabieta suele hacer la broma de coger una pistola descargada y amenazar con suicidarse disparando a su sien. Madame Beudet, una mujer inteligente y culta, fantasea con una vida mejor… lejos de su marido.

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The «Teddy» Bears (1907) de Wallace McCutcheon y Edwin S. Porter

Por si hay por ahí algún insensato que aún se piensa que Edwin S. Porter fue una especie de «one hit wonder» cuyo único filme de interés es Asalto y Robo de un Tren (The Great Train Robbery, 1903) aquí les ofrecemos una entrañabilísima obra que se le atribuye a él y otro director del estudio Edison, Wallace McCutcheon: The «Teddy» Bears (1907), una adaptación del popular cuento de «Ricitos de Oro y los tres osos».

El corto en cuestión comienza con una estampa idílica en que un pequeño oso juega inocentemente en la puerta de su casa hasta que sus padres le mandan volver adentro. El travieso jovencito se muestra reacio e intenta escabullirse, pero finalmente consiguen atraparle y a los pocos minutos vemos a los tres saliendo vestidos de forma elegante a dar un paseo. Todo parece bucólico hasta que de repente se desata el conflicto cuando una niña que parece desconocer el concepto de «propiedad privada» decide internarse en la casa. A partir de aquí supongo que ya saben lo que sucede: la simpática criatura se come con toda la tranquilidad del mundo la comida del oso pequeño y luego se duerme en su cama, pero antes de que eso suceda Porter se permite desviarse del cuento para ofrecernos una pequeña sorpresa en forma de una breve escena en stop-motion:

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Salomé (1922) de Charles Bryant y Alla Nazimova

Puede que Salomé (1922) no sea una de las grandes películas de la era muda, pero a cambio tiene el mérito de ser una de las obras más extrañas y únicas que se produjeron en Hollywood en esos años e incluso yo añadiría que en su era clásica en general. Es una de esas rarezas que solo muy de vez en cuando algún cineasta conseguía colar en una industria por lo general conservadora y que buscaba el éxito seguro. ¿De dónde salió un filme tan extravagante y adelantado a su tiempo? La respuesta la tenemos en la figura de Alla Nazimova.

Nazimova era una actriz de origen ruso que se había hecho popular en Broadway en las dos primeras décadas del siglo XX interpretando prestigiosas obras de autores como Ibsen o Chekhov. Como muchas estrellas del teatro, Nazimova fue tentada por la industria cinematográfica y en 1916 hizo su debut en la gran pantalla en una adaptación de una de sus obras más famosas. Atraída por las posibilidades expresivas de este medio, la actriz se volcó al cine por completo trasladándose a Hollywood, donde su carrera siguió siendo un éxito.

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Più Forte che Sherlock Holmes (1913) de Giovanni Pastrone

Si me permiten robarles seis minutos de su tiempo, les animo a que echen un vistazo a este simpatiquísimo corto, Più Forte che Sherlock Holmes (1913), dirigido por Giovanni Pastrone solo un año antes de su monumental y célebre Cabiria (1914) – no se extrañen, en aquella época era corriente que incluso los grandes directores fueran alternando entre películas largas y ambiciosas y cortometrajes de puro divertimento como éste.

El protagonista es un hombre que leyendo hazañas policíacas en un diario se duerme y sueña que es un policía persiguiendo a un criminal. A partir de aquí tiene lugar una loca persecución con algunos efectos especiales sorprendentes: el ladrón puede caminar sobre el agua cual Jesucristo, en cierto momento el policía es despedazado y después colgado de la pared. Lo más curioso es que el principal obstáculo que encontrará el patoso policía… ¡es un simple saco! Échenle un vistazo, no se arrepentirán.

El Estudiante de Praga (Der Student von Prag, 1913) de Stellan Rye y Paul Wegener

Nosotros como cineastas debemos olvidar el teatro y las novelas, creando nuestras películas a partir de medios cinematográficos. El verdadero poeta del cine debe ser la cámara”.
Paul Wegener

No nos andaremos con rodeos: El Estudiante de Praga (1913) es una de las películas más importantes de la historia del cine alemán, que además pertenece a la cosecha de grandes obras creadas en 1913, uno de los años clave en el desarrollo del cine como forma de arte, ya que coincidieron en él varios filmes de diferentes países que supusieron un importante antes y después en su evolución. He aquí unos pocos ejemplos: Suspense de Lois Weber y Phillips Smalley, Ingeborg Holm de Victor Sjöstrom, L’Enfant de Paris de Léonce Perret, Twilight of a Woman’s Soul de Yevgeni Bauer, Atlantis de August Blom o el inicio del serial Fantomas de Louis Feuillade. ¡Todo ello en un mismo año y sucediendo en paralelo en países tan diversos! Aunque el gran hito de los años 10 serían los dos primeros largometrajes de D.W. Griffith, 1913 fue previamente el año en que empezó a confirmarse que el cine estaba evolucionando y llegando a unos niveles de creatividad y expresividad que antes parecían impensables. Y en ese sentido este filme de Paul Wegener y Stellan Rye supuso un hito en la cinematografía alemana al ser probablemente la primera gran película de importancia que produjo ese país.

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Diferente a los Demás (Anders als die Andern, 1919) de Richard Oswald: la primera película pro-homosexual de la historia en lucha contra el Artículo 175

Hay películas que merecen pasar a la historia no tanto por su calidad como por la valentía de su propuesta y por suponer un pequeño hito en la lucha contra las injusticias de su época. Es el caso de Diferente a los Demás (Anders als die Andern, 1919) de Richard Oswald, la primera película en lanzar abiertamente un mensaje pro-gay de la historia del cine. Pero para conocer realmente su importancia merece la pena detenernos en su contexto, que nos ayudará a entender cómo surgió un filme así en esas fechas tan tempranas y todo lo que había detrás de su producción.

Los Aufklärungsfilme: el cine como medio de educación sexual

Durante la I Guerra Mundial y los primeros años de posguerra el gobierno alemán estaba seriamente preocupado por el desmesurado aumento de contagios por enfermedades venéreas. Los numerosos soldados que estaban en el frente lógicamente frecuentaban burdeles durante sus permisos, y la falta de conciencia sobre los peligros que podían entrañar este tipo de encuentros sexuales hizo que enfermedades como la sífilis se extendieran en un ejército compuesto por soldados que ya de por sí tenían que sobrevivir en condiciones de vida infames. Si no era suficiente con las enfermedades que uno podía contraer en las trincheras rodeados de ratas, solo faltaba que los miembros del ejército también enfermaran durante sus permisos, de modo que el gobierno se vio obligado a tomar cartas en el asunto enviando médicos a los burdeles para examinar a las prostitutas y dar su sello de aprobación a aquellos establecimientos libres de enfermedades. Pero al acabar el conflicto bélico la situación no mejoró demasiado, ya que la terrible crisis económica de posguerra obligó a muchas mujeres a ejercer la prostitución en condiciones de nuevo muy precarias.

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Al Sol (Sunnyside, 1919) y Un Día de Juerga (A Day’s Pleasure, 1919) de Charles Chaplin

Al Sol (1919) y Un Día de Juerga (1919) son dos películas de Chaplin que he decidido juntar en este post porque creo que son muy apropiadas ahora que se acercan las vacaciones veraniegas, pero también porque siempre me han resultado intrigantes, puesto que si uno las mira dentro del global de su filmografía son un curioso paso atrás.

Ya en sus últimos cortos para la Mutual Chaplin demostró ser capaz de llegar a unos niveles de maestría que lo ponían por encima de la mayoría de realizadores de su época, como puede comprobarse en obras como Charlot en la Calle de la Paz (Easy Street, 1917), Charlot en el Balneario (The Cure, 1917), o Charlot emigrante (The Immigrant, 1917). Y cuando pasó a la First National todo parecía indicar que sus películas irían progresivamente a más, como demostraron joyas como Vida de Perro (A Dog’s Life, 1918) o Armas al Hombro (Shoulder Arms, 1918). Pero entonces… ¿qué pasó? De repente vinieron dos cortometrajes que, sí, eran divertidos, pero suponían un claro paso atrás no respecto a sus dos últimas obras sino respecto a todo lo que había hecho en la Mutual. Habría que remontarse a los tiempos de Essanay (1915) para dar con otros filmes tan poco excepcionales como Al Sol y Un Día de Juerga – y no me malinterpreten, me gustan y creo que son dos buenas comedias, pero estamos hablando de un cineasta genial con una carrera que iba cada vez a más y que, como ya sabemos, en unos años alcanzaría unas cotas aún más elevadas.

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Le Pain des Petits Oiseaux (1911) de Albert Capellani

Hoy rescatamos un cortometraje de Albert Capellani, uno de los pioneros más importantes de las primeras décadas del cine. El protagonista de es un anciano músico de buen corazón que suele dar de comer a las palomas en el parque hasta que un día se topa con una jovencita muerta de hambre a la que decide acoger en su casa. Ahí la chica se recupera y en unos días se revela su talento para la danza. Rápidamente se convierte en una estrella del baile, pero el anciano se muere de pena al sentirse abandonado. ¿Se acordará la exitosa bailarina, ahora rodeada de admiradores, de su antiguo benefactor?

Le Pain des Petit Oiseaux (1911) no es una de las películas más destacables de Capellani pero tiene suficientes detalles remarcables que merecen que le dediquemos una entrada. En primer lugar el entrañable personaje del anciano, que en la escena inicial se nos revela como un excéntrico que se pasea por diversas mesas del restaurante donde ha comido para recoger los mendrugos de pan que sobran y así dárselos a los pájaros. Relacionado con eso, fíjense en este curioso y extrañísimo contraplano de la escena en que alimenta a las palomas. Resulta chocante en un filme que, como todas las obras de la época, se basa en la frontalidad y no suele ofrecer planos diferentes de una misma escena. El motivo seguramente esté en esa famosa frase de Hitchcock sobre lo difícil que era rodar con niños, animales y Charles Laughton. Si se fijan, en el primer plano no se ven los pájaros a los que da de comer, pero en el contraplano sí aparecen. Quizá resultaba difícil conseguir que las aves salieran en el primer plano dentro del encuadre (recordemos que la cámara por entonces apenas se movía).

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