
Cuando visionamos una de las muchas películas mudas que solo han sobrevivido parcialmente a nuestros días no hemos de perder nunca de vista un detalle crucial, y es que no va a poder hacer justicia al resultado final para bien o para mal. No sucede lo mismo que con los films que tienen un montaje más breve al deseado por el director, porque en estos casos normalmente las escenas que han sobrevivido hacen una síntesis coherente de todo el metraje y de sus momentos más importantes. Pero si quien ha decidido las partes de metraje que sobreviven y las que perecen es el caprichoso destino, uno se enfrenta al hecho de que las escenas que va a ver quizá son las más irrelevantes o poco representativas.
Torrentes Humanos (1929) de Frank Borzage sufre en parte ese problema. Del metraje original se perdió una gran parte del negativo y hoy podemos ver únicamente en una versión reconstruida recientemente, que incluye las escenas rescatadas junto a rótulos explicativos y fotogramas sueltos. El resultado final son poco más de 50 minutos, es decir, que falta al menos la mitad. Aun así, debemos alegrarnos de poder ver esa parte, puesto que durante décadas la película estuvo perdida del todo convirtiéndose en una especie de leyenda. Borzage tenía una especial sensibilidad para plasmar historias de amor, y en este caso la sensualidad que irradiaba el film provocó su censura en algunos estados. Además, para empeorar las cosas, como se estrenó en pleno auge del sonoro el estudio añadió varios pasajes sonoros sin permiso del director, destruyendo la magia visual que caracteriza el cine de Borzage.
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