Raskolnikow (1923) de Robert Wiene

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A lo largo de la historia del cine se han realizado varias adaptaciones cinematográficas de la célebre novela Crimen y Castigo de Fyodor Dostoievski, desde la clásica versión hollyoowdiense realizada en 1935 por Josef von Stenberg a la más canónica de origen ruso dirigida por Lev Kulidzhanov en 1970, eso sin olvidar interpretaciones más libres como la de Aki Kaurismäki en 1983.

Una de las que encuentro más interesantes es la que ideó el director de El Gabinete del Doctor Caligari (1920), Robert Wiene, rebautizándola como Raskolnikow (1923), nombre del protagonista. La historia de Dostoievski, sobre un empobrecido estudiante que comete un asesinato y se hunde por los remordimientos y el terror a ser atrapado, se prestaba especialmente para ser realizada bajo una óptica expresionista, y el resultado es ciertamente magnífico.

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Películas multiversiones: una curiosa alternativa al doblaje

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Uno de los problemas inmediatos que trajo la llegada del sonido a Hollywood fue la exportación de esos films al mercado extranjero. Desde siempre para Estados Unidos fue importantísima la recaudación que tuvieran sus películas en el resto del mundo. En la época muda el intercambio de películas entre países era muy sencillo, bastaba con cambiar los rótulos traducidos al idioma que tocara et voilà. Sin embargo con el sonido se enfrentaban a un problema nuevo: ¿cómo iban los espectadores de otros países a entender las películas inglesas?

La opción de doblarlas no era muy viable por entonces, ya que el equipamiento que había en aquella época todavía era muy primitivo para diseñar un sistema de doblaje en masa. De hecho casi siempre las bandas de sonido incluían diálogos, música y efectos de sonido juntos, y no por separado. Por lo tanto, la solución a la que se recurrió fueron las multiversiones: es decir volver a rodar la misma película en otros idiomas.

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Les Timidités de Rigadin (1910) de Georges Monca

Rigadin, el personaje cómico creado por el actor Charles Prince, en su momento fue uno de los más populares del mundo; por detrás, eso sí, de otro francés: el magnífico Max Linder. Ambos tenían en común retratar a personajes de apariencia burguesa que se veían abocados a situaciones absurdas, alejándolos del prototipo de clown de aspecto extravagante.

Son muchos los cortometrajes que Charles Prince filmó encarnando a Rigadin, y hoy les ofrecemos como primera muestra Les Timidités de Rigadin (1910). En esta película encarna a un joven enviado por su tío para darse a conocer a un amigo suyo de la alta sociedad, aunque parte del inconveniente es su enorme timidez… y también de su inocencia (rozando la estupidez, como veremos).

Una vez llega a la casa en cuestión, resulta que la respetable familia ha salido y todos los criados se están divirtiendo haciéndose pasar por ellos. Rigadin cae en la trampa y se deja emborrachar con consecuencias funestas, teniendo como momento cumbre cuando se pone una especie de armadura quijotesca.

Un corto muy simpático que les puede servir como primera muestra de Monsieur Prince.

El accidente que casi acaba con la carrera de Harold Lloyd

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El slapstick es un mundo que por su naturaleza es especialmente proclive a dar pie a accidentes tragicómicos, un universo en que un hombre puede morir a causa de las heridas provocadas por una manada de avestruces (y si no, que se lo digan a Billie Ritchie) y una prometedora carrera puede acabar truncada por jugar literalmente con dinamita. Y eso fue lo que le sucedió a Harold Lloyd.

Pongámonos en situación. En 1917 Harold ya se había hecho un nombre como cómico realizando una serie de cortometrajes en que encarnaba a un personaje llamado Lonesome Luke, que era una mala copia de Chaplin. Lloyd, que era un actor ambicioso, se cansó pronto de ser un imitador y decidió transformar su carrera creando un nuevo personaje bautizado simplemente «The Boy», cuyo mayor rasgo característico serían sus gafas. Ni que decir tiene que el estudio quedó horrorizado ante la idea: ¿para qué arriesgarse cambiando si con Lonesome Luke ya les iba bien? Pero Lloyd acabó teniendo razón: los nuevos cortos que realizó a partir de entonces como The Boy gustaron al público y esta vez sin copiar a nadie.

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La Máscara de Hierro (The Iron Mask, 1929) de Allan Dwan

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Cuando Douglas Fairbanks inició la producción de La Máscara de Hierro (1929) ya sabía que ésta sería la última película muda de su carrera. No solo eso, sino que seguramente sospechaba que con el paso al sonoro moriría una forma de hacer cine para siempre y por tanto que este último film sería su particular canto del cisne a una forma de arte. En realidad, La Máscara de Hierro sería también la última gran obra de uno de los cineastas más importantes de la era muda, y aunque luego protagonizó algunas películas sonoras menores, realmente éste film es el epitafio perfecto al cine de Douglas Fairbanks y a lo que significaba para el público.

Al igual que había hecho con uno de sus mayores éxitos, su encarnación de El Zorro (1920), Fairbanks decidió hacer una secuela sobre una de sus más famosos personajes, D’Artagnan, que de hecho era su favorito personal. La idea de que fuera su última película muda no es en absoluto anecdótica, de hecho los que colaboraron en esta obra coinciden en que pocas veces Fairbanks se esforzó tanto en la producción de un film, y que su nivel de perfeccionismo llegó a límites inauditos para la época (la película acabó costando la friolera de un millón de dólares). Para ello se rodeó de un equipo de primera calidad e incluso contrató como asesor a Maurice Leloir, un artista francés experto en la época de Louis XIV que había ilustrado algunos libros de Dumas. Leloir estuvo durante toda la producción y Fairbanks le consultó sobre literalmente cualquier aspecto del film: el vestuario, los decorados, las normas de comportamiento de la época, etc. Su obsesión era que el resultado fuera fidedigno con la época que representaba.

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A Christmas Carol (1910) de J. Searle Dawley

En su afán por llevar a la gran pantalla clásicos populares de la literatura, el estudio de Edison no podía olvidarse del célebre Cuento de Navidad de Charles Dickens. Se le pasó el encargo al eficiente director J. Searle Dawley, que quizá les sea familiar por haber adaptado otra célebre historia muy navideña y el resultado es una de las primeras versiones que se conocen de este relato.

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Tonka of the Gallows (Tonka Sibenice, 1930) de Karl Anton

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Evidentemente a estas alturas el prototípico tema de la prostituta con corazón de oro es algo que tenemos más que visto. No obstante permitan que igualmente llame su atención respecto a esta pequeña joya, un film checo filmado en los últimos años del mudo llamado Tonka of the Gallows (1930).

La protagonista es una joven que regresa a su casa en un pequeño pueblo después de un largo tiempo ausente. Ahí la recibe entusiasmada su madre, que se alegra de que las cosas le vayan tan bien en la ciudad, y su prometido, que le da a entender de forma bastante directa que ya va siendo hora de que se casen. Pero Tonka, pese a la alegría inicial, oculta cierto poso de tristeza y se niega a la petición de matrimonio. El motivo no es difícil de intuir: en la gran ciudad Tonka ha tenido que dedicarse a la prostitución para sobrevivir e, incapaz de seguir engañando a ambos, decide volver allá resignada a ese modo de vida.

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Max, Professeur de Tango (1912) de Max Linder

Siempre es un buen momento para rescatar un film de ese magnífico cómico llamado Max Linder, uno de los más importantes de la era muda admirado por maestros de la talla de Charles Chaplin.

Hoy les proponemos visionar Max, Professeur de Tango (1912), un corto con un argumento bastante sencillo: el bueno de Max se luce en un cabaret berlinés como bailarín de tango y un barón le ofrece su tarjeta para que vaya a su mansión a darle unas lecciones a su familia. Pero el bueno de Max se pasa toda la noche bebiendo con sus amigos y llega a la casa borracho.

No es una de sus películas más vistosas pero merece la pena por ese impagable plano final de la lección de baile, en que toda la familia imita los incoherentes gestos de un Max totalmente ebrio (que, vistos hoy día, no se alejan mucho de las coreografías que uno podría ver en una discoteca actual…).

Leni Riefenstahl y sus dificultosos rodajes con Arnold Fanck (II)

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En un post reciente les narramos las desventuras de la actriz y futura realizadora Leni Riefenstahl cuando tuvo que trabajar a las órdenes del director Arnold Fanck protagonizado algunos de los más míticos bergfilm de la época. Hoy les ofrecemos la segunda parte de sus sufridas experiencias en otras dos películas filmadas en condiciones especialmente difíciles.

Der grosse Sprung  (1927)

«‘Leni – me dijo [Arnold] Fanck un día – mientras yo hago las tomas de invierno, tú irás con nuestro superescalador y superesquiador Pulga de Nieve [apodo del operador de cámara Schneeberger] a los Dolomitas y dejarás que te enseñe a escalar, ¿de acuerdo? (…) ‘Sobre todo tienes que escalar descalza, tal como lo exige el papel’, me dijo Fanck cuando nos despedíamos.

Como punto de partida para nuestros ejercicios de alpinismo habíamos elegido la caña del collado de la Sella. Ante la larga cima había rocas de diversos tamaños. Empecé a escalar con entusiasmo, primero todavía con zapatos. No solo me gustaba, sino que se me daba tan bien como si escalara montañas desde hacía tiempo. Gracias a los ejercicios de danza se había desarrollado mi sentido del equilibrio y, al bailar con las puntas, tenía fuerza en los dedos de los pies. Pulga de Nieve estaba tan satisfecho con mis progresos que propuso intentar un verdadero viaje de alpinismo, de modo que escogió las Torres de Vajolette.»

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Nathan el Sabio (Nathan der Weise, 1922) de Manfred Noa

26_0La película que hemos seleccionado hoy, Nathan el Sabio (1922), es la adaptación fílmica de una obra de teatro de mismo título publicada por Gotthold Ephraim Lessing en 1779. Pero pese a su antigüedad, su contenido, una apología a la tolerancia entre diferentes religiones, seguía siendo tan necesario y de actualidad en el momento de su versión fílmica como en el siglo XVIII.

El film se sitúa en Jerusalén en la época de las cruzadas medievales, y tiene como protagonistas a una serie de personas de credo cristiano, judío y musulmán. Un príncipe musulmán que se había convertido al cristianismo para casarse con su mujer amada, se ve envuelto en una cruel batalla con los sarracenos; y antes de que él y su esposa fallezcan, pide a uno de sus sirvientes que salve a sus dos hijos. Finalmente Jerusalén es conquistada por su hermano, el Sultán Saladino, y con el paso de los años los dos hermanos crecen por separado bajo credos diferentes. Él, Assad von Filneck, se ha hecho templario; ella, Recha, ha sido criada bajo el judaísmo por el sabio Nathan, quien la ha adoptado como hija propia. Cuando los templarios son derrotados por los musulmanes, Saladino libera a Assad de la pena de ejecución al darse cuenta de su verdadera identidad, pero no le hace saber que es su sobrino. Por otro lado, Assad y Recha se conocen y se enamoran, mientras en paralelo él empieza a sentir respeto hacia el judaísmo por influencia de Nathan.

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