Web dedicada al cine mudo con reseñas de películas, curiosidades, crónicas del Festival de Pordenone e información sobre Charles Chaplin, Buster Keaton, F.W. Murnau y todos los grandes cineastas de la era silente.
Una de las ventajas del Festival de cine mudo de Pordenone respecto a otros similares (como por ejemplo su competidor más directo, el de Bolonia, al que por otro lado también me encantaría ir), es que todas las películas se proyectan en un mismo sitio, por tanto no hay solapes.
No obstante, eso tiene un inconveniente: como es posible ver todo, el recién llegado al festival seguramente querrá cometer la locura de intentar ver realmente todo. No lo intenten. Al final uno acaba devorando películas por gula incapaz de disfrutarlas a causa del cansancio, a no ser que se ayude de ciertas sustancias poco recomendables.
No hay nada como encontrarse con el mismísimo Douglas Fairbanks dándonos la bienvenida con los brazos abiertos al Teatro Verdi para otra intensa semana dedicada al cine mudo. Durante le Giornate del Cinema Muto, Pordenone vuelve a convertirse durante siete días en un extraño oasis en que los actores han perdido el habla y los cortos de cine primitivo pasan de ser una mera curiosidad a ser joyas aplaudidas efusivamente por un público compuesto sobre todo de archivistas, historiadores y genios del mal.
El joven François Truffaut en su época de virulento crítico de cine tenía un término muy simpático con el que referirse al tipo de cine francés que odiaba: «le cinéma de papa«, que le servía para referirse a las grandes producciones históricas supuestamente de gran calidad que contaban con el beneplácito de la crítica tradicional asentada. Aunque Truffaut usaba ese concepto para designar una serie de films surgidos inmediatamente después de la II Guerra Mundial, el visionado de El Milagro de los Lobos(1924) de Raymond Bernard me trae de nuevo a la mente esa expresión, ya que creo que se adecua perfectamente.
No interpreten esto de entrada como una crítica hacia la calidad del film sino como una forma de contextualizar sus intenciones. La película surgió de una compañía llamada La Société des Films Historiques (el nombre ya da una pista de por dónde van los tiros) que quería reivindicar el glorioso pasado histórico francés con grandes producciones de prestigio. Además, su realizador, Raymond Bernard, dirigiría otra obra que iría por los mismos derroteros, El Jugador de Ajedrez(1927), y en la época del sonoro se enfrentó como quien no quiere la cosa con una de las grandes obra clásicas de la literatura francesa: Los Miserables (1934).
Hoy proponemos, una vez más, reivindicar a otro pionero algo olvidado por la historia tradicional del cine: Monsieur Albert Capellani. Puede que su nombre no les resulte familiar, pero fue en las primeras décadas del medio uno de los realizadores más destacados en Francia, hasta el punto de encargarse de realizar prestigiosas adaptaciones literarias como Los Miserables (1912) o Germinal (1913).
L’Homme aux Gants Blancs (1908) es un cortometraje menos ambicioso pero no por ello exento de interés. Narra la historia de un elegante ladrón de guante blanco que logra seducir a una dama distinguida y llegar hasta su casa. Allá le roba un collar y marcha sin que ésta sospeche nada. Más tarde, entra un ladrón de poca monta y la asesina accidentalmente, pero prepara la escena del crimen para que las sospechas recaigan sobre el ladrón de guante blanco.
Queridos lectores, ya me permitirán que en esta ocasión no me dedique a comentar la película como sería lo habitual, sino que la utilice como excusa para hablar de otro tema relacionado con ella. En todo caso, espero que eso no quite que ustedes la visionen y disfruten como merece.
Le tengo un cariño especial a la película que he seleccionado hoy, ya que se trata (o eso pensaba yo) de mi primer contacto con el cine de Géorges Méliès. Era el primer corto que aparecía en una recopilación de películas suyas que llegó a mis manos, y quedé fascinadísimo por esa forma tan mágica y especial de hacer cine que ha convertido al cineasta galo en uno de los directores más queridos por los amantes de la época muda.
No obstante, cuando tiempo después intenté encontrar este cortometraje me fue virtualmente imposible. De entrada descubrí que el título que se le había asignado, Sueños de un Astrónomo, estaba equivocado con este otro film del director, lo cual dificultó mi búsqueda. Pero no obstante, aun sin saber su título, me extrañó no dar con él en ninguna recopilación de la obra de Méliès.
La Rueda (1923) de Abel Gance es una de las películas mudas por las que este Doctor siente una especial debilidad. Y aunque es mucho menos conocida que Napoleón (1927), no soy el único en sentir tanto aprecio por esta obra maestra: Akira Kurosawa lo cita en su autobiografía como uno de los primeros films que realmente le impresionaron en su juventud. El motivo que nos lleva a dos personas tan ilustres como Kurosawa y un servidor a tenerlo en tanta estima es bastante obvio: se trata de un film que, a partir de una historia de sentimientos llevados al límite, pretende explotar todas las posibilidades expresivas del cine, convirtiéndose en una recopilación de innovaciones y recursos imaginativos muy poco habituales por entonces.
Tal y como hicimos el año pasado, volvemos a nuestra tradicional lista que repasa las mejores películas que se estrenaron hace exactamente un siglo.
A decir verdad, mientras este Doctor repasaba la lista de grandes películas de 1916 que han sobrevivido a nuestros días, a primera vista no le ha parecido un año tan excitante como el anterior. Y no por la ausencia de grandes películas, sino porque en la selección de 1915 era más heterogénea, mientras que en 1916 está claro cual era la tendencia: dirigirse hacia el cine de gran espectáculo, siguiendo el camino que había marcado el señor Griffith con El Nacimiento de una Nación (1915). Así pues, echando un vistazo por encima tenemos un buen número de grandes producciones como Intoleranciade Griffith, Juana de Arco de Cecil B. De Mille, Civilización de Reginald Barker, 20.000 Leguas de Viaje Submarino de Stuart Paton o A Daughter of the Godsde Herbet Brenon (esta última desaparecida a día de hoy y recordada por ser la primera película americana que costó un millón de dólares y por las polémicas escenas en que se veía a la protagonista desnuda).
Imagino que todos ustedes asociarán al señor Georges Méliès con sus maravillosas películas fantásticas de trucajes, pero hoy hemos optado por rescatar una obra suya menor que les resultará curiosa por mostrarnos una faceta inédita suya: su breve escarceo con ¡el cine erótico!
A día de hoy se considera Après le Balcomo la primera película erótica de la historia del cine (más exacto sería que se trata de la primera que conocemos), al basarse su sencillo argumento únicamente en mostrarnos a esa buena señora desnudándose para acicalarse después de un baile de sociedad. Fíjense en un detalle muy interesante: aunque en el cine de los orígenes era frecuente que los actores miraran a cámara rompiendo la cuarta pared, aquí la señora se desnuda ajena al espectador, enfatizando nuestro papel voyeur (no está desnudándose para nosotros, sino que estamos espiándola sin que ella lo sepa).
No es hasta que la señora se ha ido cuando la otra participante, la criada, lanza una rápida mirada cómplice a cámara, como si ella fuera la única que sabe que hemos participado del erotismo de ese momento. Obviamente es muy posible que esa mirada a cámara sea mera casualidad (por ejemplo que en ese instante Méliès le diera instrucciones para que cogiera el jarrón y saliera de cuadro), pero aun así el efecto que provoca acaba funcionando: solo la criada cómplice y nosotros sabemos que la intimidad de la señora ha sido invadida.
No podíamos dejar pasar este 2015 sin dedicar un post a una de las efemérides más interesantes en lo que concierne al cine mudo: el centenario del inicio del serial Los Vampiros (1915) de Louis Feuillade, que vio la luz el 13 de noviembre del 1915. Así pues, invitándoles a revisionar los 10 capítulos del serial, vamos a hacer un repaso sobre la obra más conocida de Monsieur Feuillade.
Para adecuarnos un poco a la temática de las fechas en que nos encontramos, el Doctor Caligari les ofrece hoy un ejemplo bastante primitivo de la ya un tanto sobreexplotada temática de terroríficas mansiones encantadas.
El responsable es nuestro viejo conocido Segundo de Chomón, y eso ya saben lo que significa: ¡una saludable dosis de efectos especiales de la época! El argumento no es gran cosa (y en eso me temo que el género apenas ha cambiado): unos viajeros buscan refugio en una casa encantada en la que no paran de suceder hechos inauditos. La aparición de una especie de demonio al principio y, sobre todo, al final sigue resultando algo inquietante y son mis momentos favoritos. Merece destacarse también un largo plano a mitad de metraje en que se ve como todos los objetos adquieren vida y se mueven solos, una reminiscencia de uno de los cortos más célebres de su autor, El Hotel Eléctrico (1905).
Un exponente clarísimo de lo que se conoce como «cine de atracciones», que buscaba más generar impresiones y emociones concretas al espectador antes que narrar una historia.