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Algo olvidado hoy día fuera de las clases de historia del cine o de teoría del montaje, Lev Kuleshov merecía también una mención en este rincón silente, aunque solo sea por su su rol como padrino de esa magnífica generación de cineastas soviéticos de la era muda.
A diferencia de muchos de los directores soviéticos que se hicieron célebres en los años venideros Kuleshov fue uno de los pocos cineastas que inició su carrera en la era prerrevolucionaria (fue asistente del gran Yevgeni Bauer). Tras años de experimentar con la técnica cinematográfica, fundó en 1920 un laboratorio donde explicar sus teorías a una serie de estudiantes que incluían futuros directores de renombre. De hecho, Kuleshov fue el primer cineasta soviético en dar una gran importancia a la fase de montaje, que luego sería una pieza esencial de dicha cinematografía.
En una época en que se hacía muy difícil la producción fílmica en Rusia, Kuleshov consiguió finalmente tirar adelante con algunos de sus alumnos la película Las Extraordinarias Aventuras de Mr. West en el País de los Bolcheviques (1924), donde pondría en práctica algunos de sus conceptos clave como el célebre «efecto Kuleshov».
NOTA: este post se publicó cuando la única copia que pude encontrar de esta versión de Pinocho era una versión incompleta a la que faltaba mucho metraje. Tiempo después pude ver una versión completa en las XXI Jornadas de Cine Mudo de Uncastillo y hacer una reseña más exacta de su contenido. He editado el post original cambiando el link a Youtube por el de la versión completa y he eliminado el texto original sustituyéndolo por el que escribí desde Uncastillo, que da una visión más exacta del filme.
Hoy rescatamos la primera adaptación cinematográfica que se conoce de la célebre historia de Carlo Collodi publicada en 1883.
Se trata principalmente de un vehículo para lucimiento del artista de circo Ferdinand Guillaume, más conocido con el sobrenombre de Polidor, quien de hecho aparece ya al inicio del filme con ropas de calle para presentarse a los espectadores. A partir de aquí, la película adapta muy libremente el cuento original del que mantiene algunos aspectos (por ejemplo, el episodio de la ballena o los niños que se convierten en asnos) y otros sencillamente se los inventa o los evita (es muy curioso que el rasgo más recordado de Pinocho, que le crezca la nariz cuando dice mentiras, aquí sea totalmente inexistente).
De entre los aspectos más curiosos merece destacarse una escena en que Pinocho acaba siendo nombrado jefe de una tribu india, llevando brevemente el filme al inesperado terreno del western. Y por descontado hay otro elemento que me encanta de este tipo de películas infantiles de la era primitiva, y es lo malrolleras que pueden llegar a ser. Ojo al dato: tenemos una escena en que dos tipos disfrazados de negro ahorcan al pobre Pinocho (el plano además está filmado en exteriores con una iluminación algo oscura que lo hace aún más sórdido) y otra en que visita un pueblo habitado, no por animales, sino algo mucho peor, siniestros tipos disfrazados de animales – mi favorito por cierto es el elefante bebiendo en un bar. Por otro lado, de la mayoría de películas de esa época, por muy menores que sean, se suele sacar algo interesante, y Pinochono es una excepción. En este caso ha habido un par de planos que me han maravillado: los de Pinocho mirando su reflejo en el agua de una vasija para corroborar que le han crecido las orejas de burro. No solo rompen la puesta en escena en planos generales sino que creo que tienen algo especialmente evocador.
Resulta sorprendente ver una obra como Nuevas Mujeres (1935) y constatar cómo hoy día sigue impactando por la dureza de su mensaje. En lo que se trata de uno de los alegatos feministas más contundentes que haya visto en un film clásico, esta película china narra las diferentes desgracias que asolan a nuestra protagonista, Wei Ming, una mujer moderna que no solo es profesora de música sino que publica artículos en la prensa y ha escrito un libro que está a punto de editarse. Acosada por el Dr. Wang, un miembro de la escuela al que ella rechaza de pleno, éste provoca que la despidan para que así se vea obligada a aceptar sus proposiciones por la escasez de medios. En paralelo, viene a vivir con ella a Shanghai su hermana (que acaba de quedarse viuda) trayendo consigo a la hija que Wei Ming tuvo en un antiguo matrimonio que acabó mal. La niña no obstante está enferma y pronto necesitarán dinero para hospitalizarla.
Inspirada en el suicidio de la actriz china Ai Xia, que había protagonizado obras como A Woman of Today(1933) y escrito un libro como la protagonista de este film, si de algo no se le puede acusar a Nuevas Mujeres es de ser poco clara en sus intenciones. La película expone de forma abierta y sistemática todos los problemas por los que debe pasar una joven atractiva como Wei Ming, que simplemente aspira a ser una mujer independiente. La sociedad le ofrece dos posibilidades de las cuales una le ha fallado por completo (el matrimonio) y la otra le resulta repulsiva (la prostitución). Pero a lo largo del film el resto de personajes le insistirán continuamente para que se deje tentar por la opción del sexo como medio de sustento: el Dr. Wang, que intenta engañarla prometiéndole matrimonio cuando ya está casado; el reportero del diario que publica sus artículos, o su vecina, que le insiste sobre que una mujer tan atractiva no debería tener problemas de dinero.
Snub Pollard es uno de los muchísimos cómicos de slapstick que aparecían en las pantallas en la era muda y que, aunque nunca se convirtió una estrella, llegó a resultar muy familiar para el público de la época.
Fácilmente distinguible por su vistoso mostacho, Pollard se hizo popular sobre todo apareciendo como secundario en los primeros cortos de Harold Lloyd hasta que el estudio de Hal Roach decidió tenerle como protagonista de una serie de cortos, de los cuales el más famoso es indudablemente It’s a Gift(1923).
¡Cuánto hay por descubrir todavía incluso en las filmografías de nombres más o menos conocidos! Tomen por ejemplo a Louis Feuillade, nombre indispensable de las primeras décadas del cine francés asociado para siempre con sus magníficos seriales como Les Vampires (1915) pero del que apenas se dice nada sobre sus posteriores largometrajes. Y aquí tenemos en pleno 1918 un drama antibélico magnífico, excelentemente realizado y digno de interés llamado Vendémiaire(1918).
Filmado en los últimos estertores de la I Guerra Mundial, la película de Feuillade opta por centrar la atención no en el campo de batalla sino en la situación de los que se han quedado en la vida civil. Los protagonistas son una serie de personajes se dirigen a la zona de Languedoc para trabajar en la vendimia: el padre Larcher con sus dos hijas Marthe y Marie (el anciano además tiene otra hija de la que no sabe noticias desde hace años y otro hijo en el frente), el excombatiente Pierre Bertin que se encuentra de baja, una gitana llamada Sara que debe cuidar sola de su hija al haber perdido a su marido en combate y dos espías alemanes, Wilfried y Fritz, que han matado a dos belgas para tomar su identidad. Además, en los viñedos conocen al dueño de la plantación, otro excombatiente que ha quedado ciego a causa de la guerra.
Pocos debuts en el campo del largometraje hay más brillantes y vistosos que el de Vsevolod Pudovkin con La Madre (1926), una de las grandes obras maestras de la era muda. Pudovkin llevaba ya unos años trabajando en el mundo del cine como actor, guionista y asistente de dirección colaborando entre otros con el genial teórico y cineasta Lev Kuleshov. A sus órdenes aprendió su concepción del montaje que harían célebres las grandes obras soviéticas de esos años, especialmente las trilogías de Sergei Eisenstein y el propio Pudovkin, que son las que han alcanzado mayor popularidad.
Comparando el cine de Pudovkin y Eisenstein resulta interesante constatar cómo pese a compartir un cuerpo teórico y una temática muy similares, cada uno entendió el cine de una forma diferente, algo palpable si comparamos los debuts de ambos realizadores al largometraje: La Huelga(1925) en el caso de Eisenstein y La Madre(1926) en el de Pudovkin. El primero concibe sus películas como obras en que no hay protagonistas individuales, sino colectivos (el pueblo, el proletariado). En cambio fijémonos en el tema escogido por Pudovkin: una adaptación de la novela de idéntico título escrita por Maxim Gorky sobre la fallida primera revolución de 1905.
Siempre me ha encantado que un corto primitivo como Le Cochon Danseur (1907) haya experimentado un inesperado auge de popularidad en nuestra época gracias a internet. Efectivamente la imagen de este ¿simpático? cerdo gigante se prestaba para ser utilizada en gifs animados, y mucha gente a quien seguramente no le interesan especialmente los orígenes del cine ha acabado descubriendo el corto a raíz de ellos – otro tema a comentar serían las rarezas cinematográficas que hemos hallado de esta forma, como es mi caso con una película soviética absolutamente desconocida para mí llamada Counterplan(1932), a la que llegué por un gif bastante difundido de un anciano regalando gatitos con una expresión de júbilo maravillosamente bizarra.
No crean que este anciano Doctor está divagando, las películas de principios del siglo XX suelen estar asociadas a lo que el teórico Tom Gunning bautizó como «cine de atracciones«, es decir, films que no se basaban en la narrativa sino en el acto puro de mirar en sí. Por tanto eran películas que buscaban el voyeurístico placer de mirar o lo que hoy día consideraríamos golpes de efecto. Es por ello que el gif animado, basado en capturar un instante en movimiento especialmente llamativo, es una herramienta bastante apropiada para encapsular pequeños momentos de cine de atracciones, como es el caso de nuestro protagonista de hoy.
Cuando visionamos una de las muchas películas mudas que solo han sobrevivido parcialmente a nuestros días no hemos de perder nunca de vista un detalle crucial, y es que no va a poder hacer justicia al resultado final para bien o para mal. No sucede lo mismo que con los films que tienen un montaje más breve al deseado por el director, porque en estos casos normalmente las escenas que han sobrevivido hacen una síntesis coherente de todo el metraje y de sus momentos más importantes. Pero si quien ha decidido las partes de metraje que sobreviven y las que perecen es el caprichoso destino, uno se enfrenta al hecho de que las escenas que va a ver quizá son las más irrelevantes o poco representativas.
Torrentes Humanos(1929) de Frank Borzage sufre en parte ese problema. Del metraje original se perdió una gran parte del negativo y hoy podemos ver únicamente en una versión reconstruida recientemente, que incluye las escenas rescatadas junto a rótulos explicativos y fotogramas sueltos. El resultado final son poco más de 50 minutos, es decir, que falta al menos la mitad. Aun así, debemos alegrarnos de poder ver esa parte, puesto que durante décadas la película estuvo perdida del todo convirtiéndose en una especie de leyenda. Borzage tenía una especial sensibilidad para plasmar historias de amor, y en este caso la sensualidad que irradiaba el film provocó su censura en algunos estados. Además, para empeorar las cosas, como se estrenó en pleno auge del sonoro el estudio añadió varios pasajes sonoros sin permiso del director, destruyendo la magia visual que caracteriza el cine de Borzage.
Antes de mostrarles los dos cortos que hemos seleccionado hoy, permitan que les presente a la persona que sirvió de inspiración para ambos: Carrie Nation.
Esta señora era uno de los miembros más famosos de la ligas antialcohol que tuvieron lugar en Estados Unidos en el siglo XIX y principios del XX. Ya saben, esa gente que tenía la excéntrica idea de que el alcohol era la causa de todos los males de la sociedad y que acabó consiguiendo que se implantara la famosa ley seca en los años 20. La señora Nation era una mujer de fuertes convicciones («soy un bulldog corriendo junto a los pies de Jesús y ladrando a todo aquello que a Él no le gusta») quien, al ver que sus charlas antialcohol así como increpaciones a dueños de bares no servían de nada, decidió pasar a la acción destrozando bares. Aunque la policía a menudo la arrestaba, ella seguía persistiendo en su cruzada antialcohol y pagaba las fianzas con lo que recaudaba en sus charlas.
Uno no deja de encontrarse sorpresas de todo tipo aún hoy día rebuscando joyas silentes en los rincones más ocultos de oscuras filmotecas o de la red. Vean por ejemplo el caso de La Grazia (1929), una película italiana recientemente restaurada de la que este Doctor no tenía ni la más remota idea, y que resulta ser un film con suficientes cualidades como para rescatarlo del olvido.
Su director es Aldo de Benedetti, un prolífico guionista cuya carrera abarca desde los años 20 hasta los 70 y que en toda su vida sólo dirigió tres films, de los cuales éste es el último. El material de base era una novela de Grazia Deledda que más tarde se adaptaría en forma de ópera, un drama con un desenlace religioso ambientado en un pequeño pueblo de Cerdeña.