Estoy seguro que todos ustedes, amables lectores, han tenido que lidiar en más de una ocasión con el que es uno de los mayores horrores de la vida moderna: la burocracia de la administración pública. Ese mundo kafkiano repleto de colas, números de tanda, largas esperas, interminables papeleos y cada vez nuevos formularios por rellenar que nunca parecen tener fin. Ni siquiera un genio del mal como este Doctor es inmune a ello.
Este problema no obstante no es algo nuevo, y como prueba de ello tenemos esta película georgiana, Chemi Bebia (1929), traducida a menudo como «Mi Abuela», de Kote Miqaberidze; un film que merece nuestra atención, no solo por tratar un tema que nos afecta a todos, sino por ser una de las mayores excentricidades que surgió en la era muda de la Unión Soviética… y casi diría que en el mundo.





