Cómo se hizo El Gabinete del Doctor Caligari (1920): mitos y leyendas

Este post forma parte de un especial dedicado a El Gabinete del Doctor Caligari (1920) que incluye también las siguientes entradas:


El Gabinete del Doctor Caligari (1920) es, además de una de las películas más icónicas e importantes de la historia del cine, también una de las que más falsos mitos ha suscitado a su alrededor. Tantos que prácticamente han acabado eclipsando la realidad hasta el punto de que uno debe ser muy cuidadoso a la hora de dar por buenos hechos que en realidad nunca fueron ciertos, aun cuando se basan en declaraciones de algunos de sus responsables. Un ejemplo muy significativo es la leyenda de que en su momento fue un fracaso de taquilla a causa de lo radical de su propuesta, y que no fue reconocida en Alemania hasta después de haber sido estrenada y aplaudida en Francia. ¡Falso! Este Doctor recuerda perfectamente el enorme éxito de taquilla que fue desde su mismo estreno, tras el cual lógicamente la película se importó a otros países.

El propósito de este post es por tanto hablar sobre todo el proceso de creación de la película que hizo célebre a este Doctor, rescatando algunas de las falsas creencias que se suelen citar al respecto y contrastándolas con la realidad, que como supondrán un servidor conoce de primera mano al haber participado activamente en el film como protagonista.

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El Gabinete del Doctor Caligari (Das Kabinett des Dr. Caligari, 1920) de Robert Wiene

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Pocas películas se me ocurren con un inicio tan enrarecido e inquietante como el de este film cuyo primer rótulo, antes de cualquier presentación de personajes es el siguiente:

«Hay fantasmas… están por todas partes a nuestro alrededor…  Me han expulsado de casa y del hogar, lejos de mujer e hijo…».

Empezar una película con semejante diálogo es ya un adelanto respecto a lo que vamos a ver, una obra que no se rige por la lógica de una película convencional, que evoca un mundo extraño e intangible. Los dos personajes de miradas enloquecidas están sentados en un banco hablando y seguidamente llega una mujer que camina con expresión ausente y que pasa a su lado sin mirarlos siquiera. Conociendo el famoso giro final entendemos qué está sucediendo y el extraño comportamiento de ella, pero para el espectador que afronta la película por primera vez todo esto le hace sentir una sensación de inquietud. ¿Qué está pasando? ¿En qué tipo de film nos estamos adentrando en que los personajes tienen ese comportamiento tan extraño?

No han pasado ni cinco minutos de metraje, pero Robert Wiene ya ha conseguido perturbar al espectador, situarle en el estado de ánimo adecuado para afrontar una de las películas más únicas y especiales de la historia del cine, El Gabinete del Doctor Caligari (1920).

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Du musst Caligari werden!

Amigos lectores, hoy este pequeño rincón dedicado al cine mudo cumple nada menos que cinco años, y para celebrarlo el doctor Caligari ha decidido hacer un especial temático durante este mes dedicado a su biopic: El Gabinete del Doctor Caligari (1920).

Así pues, estén atentos, porque cada jueves Herr Caligari les ofrecerá un post sobre una de las grandes obras maestras del cine mudo. ¡No se lo pierdan!

The Adventure of the Wrong Santa Claus (1914) de Charles M. Seay

En 1914, la productora de Edison lanzó una serie de cortos protagonizados por el detective amateur Octavius, que resolvía sus casos más por pura suerte que por sus dotes como detective. En The Adventure of the Wrong Santa Claus (1914) Octavius va a casa de unos amigos a disfrazarse de Santa Claus para dar una sorpresa a los niños de la familia, pero un ladrón se cuela en la casa, se pone un disfraz de Santa Claus (¿?) y deja inconsciente a Octavius llevándose consigo un valioso botín.

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Un Albergue en Tokio (Tokyo no yado, 1935) de Yasujiro Ozu

Algo que me maravilla del cine de Ozu y que podemos apreciar ya en algunas de sus primeras obras como ésta es su capacidad para retratar la cotidianedad, centrarse en argumentos aparentemente banales, y de ahí extraer instantes especialmente conmovedores que consiguen hacer reflexionar al espectador.

Tomemos por ejemplo una escena fundamental de Un Albergue de Tokio (1935). Un hombre pobre que no consigue dar con un empleo observa como sus dos niños juegan con la hija de una mujer que está en su misma situación. La escena está llena de ternura y Ozu alterna los planos de los niños con los padres, que observan sonrientes. Ellos inician un diálogo intrascendente: “La infancia es la mejor época de la vida”, “Puede parecer una tontería, pero a mí me gustaría ser una niña”, “A ambos nos gustaría empezar de nuevo”.

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John Ford, Harry Carey y el plano final de Centauros del Desierto (1956)

El plano final de Centauros del Desierto (1956) de John Ford es sin duda uno de los más famosos de la historia del cine. En él vemos cómo Ethan (John Wayne), después de años buscando a su sobrina secuestrada por los indios, la trae sana y salva a un hogar y entonces, consciente de que él no corresponde a ese mundo hogareño en el que se adentran todos, se da la vuelta para continuar su vida errante y solitaria en el desierto. Este maravilloso desenlace contiene además un pequeño gesto que acaba de engrandecerlo: justo antes de retirarse, Wayne se agarra del brazo mientras mira cómo todos entran en casa. Dicho detalle fue una brillante improvisación de Wayne como homenaje a uno de sus héroes: el actor de westerns mudos Harry Carey, quien solía hacer ese gesto a menudo. Pero lo mejor de este acto es que no solo funciona como tributo personal a Carey, sino que además servía como guiño autorreferencial tanto a John Ford como a la viuda de Harry Carey, Olive, que también participaba en esa escena:

«Lo hice porque su viuda estaba al otro lado de esa puerta, y él era el hombre de quien Pappy [Ford] decía que le había enseñado su oficio«.

Harry Carey (a la derecha) haciendo el gesto que Wayne emularía 40 años más tarde.

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The Wishing Ring: An Idyll of Old England (1914) de Maurice Tourneur

Hace tiempo que este Doctor le quería dedicar una entrada como Dios manda a The Wishing Ring (1914), una de las películas más maravillosas realizadas antes de El Nacimiento de una Nación (1915) de Griffith, que es el filme que marca el antes y el después en la era muda.

De entrada cabe decir que la cinta que nos ocupa hoy es una de las más importantes de uno de los nombres clave del cine americano de la segunda mitad de los 10: Maurice Tourneur, hoy día algo eclipsado por su hijo Jacques, pero en su momento considerado uno de los cineastas más importantes de América (junto a John Ford y su hermano mayor Francis, éste es uno de los casos más significativos que conozco de un hijo/hermano menor de un director de gran prestigio que lograra eclipsar por completo a su mentor). Si Griffith era el gran innovador sobre todo en términos narrativos y de puesta en escena, Tourneur merece un sitio en toda historia del cine por el enorme cuidado que ponía en la composición de los planos y la ambientación de sus films. Lo cual no quiere decir que Griffith no cuidara esos detalles ni que los films de Tourneur no estuvieran excelentemente narrados, pero es innegable que el francés iba por muy delante de sus contemporáneos en ese aspecto.

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Mr. Flip (1909) de Broncho Billy Anderson

¿Alguna vez se han preguntado cómo nació el recurso cómico tan típico del slapstick de lanzar una tarta a la cara de un personaje? ¿Ese clásico gag que se convirtió en algo tan prototípico que Laurel y Hardy decidieron llevarlo al extremo en The Battle of the Century (1927)? Pues aparentemente el primer ejemplo que se conoce es el de Mr. Flip (1909), un corto dirigido por el famoso actor y director de películas del oeste Broncho Billy Anderson y protagonizado por el no menos célebre cómico bizco Ben Turpin.

El corto en sí es bastante simple todavía muy lejos de las grandes obras del slapstick que llegarían pocos años después. Su argumento nos cuenta básicamente cómo el bueno de Turpin intenta en diferentes contextos ligar con varias mujeres empleando métodos tan directos que hoy día le habrían valido una orden de alejamiento. Pero no teman, cada una de las mujeres logra librarse de una manera u otra, y la última de ellas lo hace efectivamente estampándole una tarta en la cara. El recurso luego se convirtió casi en una forma de arte dentro del slapstick.

The Girl without a Fatherland (Das Mädchen ohne Vaterland, 1912) de Urban Gad

Asta Nielsen fue una de las primeras grandes actrices de la historia del cine, adquiriendo además una gran popularidad internacional mucho antes que otras intérpretes europeas de la era muda. En su caso la fama le llegó con El Abismo (1910), dirigida por su marido Urban Gad, donde su actuación naturalista y desbordante de erotismo la convirtió en un icono de la época. No obstante, a diferencia de otras actrices europeas, Nielsen no aprovechó su popularidad para emigrar a Hollywood sino que se trasladó junto a su cónyuge de su Dinamarca natal a Alemania, donde desarrolló la mayor parte de su carrera hasta que volvió a su tierra huyendo del nazismo.

Das Mädchen ohne Vaterland (1912) fue una de las películas más célebres que produjeron Gad y Nielsen. En ella encarna a una gitana que es convencida por un espía para que seduzca a un teniente de una fortificación cercana y se haga con unos planes secretos. La estrategia funciona, pero resulta que nuestra amiga Asta también tiene sentimientos y cuando el teniente es procesado por traición saldrá en su defensa por sentirse culpable.

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Actores infantiles en la era muda: Baby Peggy, Jackie Coogan y la «ley Coogan»

Uno de los fenómenos que más popularidad tuvieron en la era muda y que hoy día ha quedado algo en el olvido son las películas de niños. Había una absoluta locura hacia este tipo de films en que a veces los protagonistas a veces no tenían ni cinco años de edad y no obstante podían convertirse en absolutas estrellas. Y si ya es complicado para un adulto tener que lidiar con todo lo que conlleva la fama, como supondrán más aún debía serlo para estos niños que a menudo estaban totalmente desprotegidos ante la ley. Hay muchas historias con finales más bien tristes de estrellas infantiles que pasaron en cuestión de años de la más absoluta popularidad al total olvido y a tener que vivir en condiciones económicas más bien precarias. En este post les daremos a conocer algunas de ellas.

Empezaré por la actriz que me dio la idea inicial: Baby Peggy, quien a día de hoy ostenta el récord de ser una de las poquísimas intérpretes de la era muda que aún sigue con vida a sus 99 años. Su entrada en el cine fue a través de su padre, que trabajaba como extra en películas de vaqueros. En una visita que hizo en el estudio llamó la atención de un director que propuso contratarla en una serie de cortometrajes protagonizados junto a un perro, Brownie. Las películas funcionaron tan bien que cuando su compañero canino falleció decidieron continuar utilizándola solo a ella. Por entonces tenía únicamente año y medio de edad. Le siguieron más de 150 cortos y largometrajes que la convirtieron en una de las estrellas más grandes de la época, con todo tipo de merchandising asociado a ella, como muñecas Baby Peggy, y más de un millón de cartas al año de fans de todo el mundo. En su mejor momento esta niña de apenas 6 años tenía un contrato de un millón y medio de dólares al año situándola entre los intérpretes mejor pagados de Hollywood. Por desgracia a mediados de década su padre tuvo una discusión con el estudio y a partir de ahí la carrera de Baby Peggy se vino abajo. No tenía más de 7 años.

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