The Hand of the Artist (1906) y Artistic Creation (1901) de Robert W. Paul

En uno de los posts que abrí hace un mes sobre Le Giornate del Cinema Muto 2016 mencioné un maravilloso programa dedicado al pionero británico Robert W. Paul, pero dada la cantidad de películas que vi por entonces no pude dedicarle espacio más allá de un párrafo, y creo que dicho autor se merece un post con más detenimiento.

Paul debe ser recordado como uno de los grandes nombres de la primera década del cine gracias a una serie de cortometrajes que realizó en esos años donde daba rienda suelta a todo tipo de trucajes muy ingeniosos. Históricamente algunos de esos cortos han sido atribuidos a Walter Robert Booth, un artista que aparece en muchos de ellos como protagonista. Probablemente, Booth trajo consigo algunos de sus trucos como mago y Paul utilizó medios cinematográficos para darles forma, en todo caso como la autoría de los films en esos primeros años es muy difícil de dilucidar, sigue siendo un tema algo dudoso.

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10 cortometrajes primitivos de animación japonesa

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En uno de mis numerosos viajes por oriente, encontré en un pequeño bazar de rarezas de segunda mano una interesante colección de DVDs llamada “Japanese Anime Classic Collection”, dedicada a los inicios de la animación en Japón. Ciertamente no podía dejar escapar algo así, de modo que me hice con él después de un largo rato regateando con su vendedor, un astuto anciano que al notar mi interés intentó vendérmelo a un precio abusivo (luego descubrí que el DVD también estaba en Amazonn…).

Este pack de cuatro DVDs ofrece varios cortos de animación japoneses de la década de los 20 hasta los 40, pero poniendo mucho énfasis en una época que nos interesa especialmente en este rincón: los años 20 y 30, es decir, la era muda e inicios del sonoro. Les ofrezco pues una selección de diez de esos cortometrajes con referencias a otros que se pueden encontrar en ese mismo pack. Muchos de los links de Youtube que comparto no tienen subtítulos, pero no se desanimen, la mayoría se pueden disfrutar igualmente habiendo leído previamente el argumento.

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Dr. Jekyll and Mr. Hyde (1912) de Lucius Henderson

El famoso relato de Robert Louis Stevenson publicado en 1886 ciertamente se prestaba tarde o temprano a una versión cinematográfica. Aunque la más famosa de la era muda es la protagonizada por John Barrymore, ya existen otras anteriores como la que rescatamos hoy de 1912.

De entrada, al igual que sucedió con otras adaptaciones de la época como la del primer Frankenstein (1910), el punto de partida no es tanto el relato original como la obra teatral que se hizo del mismo, en este caso adaptada por Thomas Russel Sullivan en 1887, y que gozó de una enorme fama. Eso implicaba por ejemplo que se enfatizaba más el contraste entre Jekyll y Mr. Hyde, haciendo de éste prácticamente una encarnación del mal, y que se desvela desde el principio la transformación de Jekyll y Hyde (algo que de todos modos no tiene sentido dejar como sorpresa final, puesto que el público ya estaba familiarizado con la historia).

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Leni Riefenstahl y el dificultoso rodaje de La Montaña Sagrada (1926)

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A mediados de los años 20, la bailarina Leni Riefenstahl se sintió fascinada por el mundo del cine y decidió comenzar una carrera como actriz a las órdenes del director Arnold Fanck, especializado en bergfilm o películas de alpinismo. No obstante Riefenstahl pronto descubriría que trabajar en el mundo del cine no era fácil, y menos en este tipo de obras. Como muestra, les ofrecemos unos fragmentos de la autobiografía de la por entonces futura directora en que narra los numerosos problemas ocurridos durante el rodaje de La Montaña Sagrada (1926), que hicieron que el guión se pudiera acabar de filmar prácticamente de puro milagro:

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Léonce Aime les Morilles (1913) de Léonce Perret

Hoy es un buen día para dedicarle un post a Léonce Perret, uno de los primeros grandes directores del cine francés que se mantuvo en activo desde los años 10 hasta los 30. De entrada, debo reconocer que yo solo conozco a fondo su etapa de mediados de los años 10, cuando era el cineasta más importante de Francia solo por detrás de Louis Feuillade. En esos años realizó multitud de cortometrajes protagonizados por él mismo en que además el título solía hacer mención explícita al bueno de Léonce.

Léonce Aime les Morilles (1913) es bastante representativo de este tipo de simpáticas comedias. Aquí nuestro protagonista y su bonita acompañante buscan infructuosamente setas por el bosque pero se les adelanta un inglés. Molestos por haberse quedado sin ese manjar, le gastan una broma que acaba dando pie a la parte más divertida del film, en que el pobre inglés intenta beberse todo lo que se encuentra por el camino. Fíjense en los pocos primeros planos que le dedica en un par de esas situaciones y ese ingenioso plano en que intenta beberse el agua de un lago.

De todos modos le está bien merecido, ¿quién es él para robarle a Léonce Perret sus codiciadas setas?

Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2016 (IV)

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Cuando el Festival de Pordenone llega a su fin es bastante habitual que el asistente sufra una especie de jet lag. Tras tantos días dedicando la mayor parte de horas a estar encerrado en un teatro viendo películas mudas llega un punto en que uno se olvida de la realidad a la que luego deberá inevitablemente enfrentarse. El efecto desaparece aproximadamente cuando uno dejar de escuchar música de piano en su cabeza y se vuelve a acostumbrar a ver películas que, oh sorpresa, ¡tienen sonido! Aunque da algo de pena ver cómo el festival llega a su fin, después de todo supongo que tampoco es saludable estarse más de una semana en estas condiciones.

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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2016 (III)

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Una de las ventajas del Festival de cine mudo de Pordenone respecto a otros similares (como por ejemplo su competidor más directo, el de Bolonia, al que por otro lado también me encantaría ir), es que todas las películas se proyectan en un mismo sitio, por tanto no hay solapes.

No obstante, eso tiene un inconveniente: como es posible ver todo, el recién llegado al festival seguramente querrá cometer la locura de intentar ver realmente todo. No lo intenten. Al final uno acaba devorando películas por gula incapaz de disfrutarlas a causa del cansancio, a no ser que se ayude de ciertas sustancias poco recomendables.

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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2016 (II)

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No hay nada como encontrarse con el mismísimo Douglas Fairbanks dándonos la bienvenida con los brazos abiertos al Teatro Verdi para otra intensa semana dedicada al cine mudo. Durante le Giornate del Cinema Muto, Pordenone vuelve a convertirse durante siete días en un extraño oasis en que los actores han perdido el habla y los cortos de cine primitivo pasan de ser una mera curiosidad a ser joyas aplaudidas efusivamente por un público compuesto sobre todo de archivistas, historiadores y genios del mal.

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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2016 (I)

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Una vez más, el Doctor Caligari sigue fiel a la gran cita anual para todos los fanáticos del cine mudo: la Giornate del Cinema Muto de Pordenone, el festival más importante dedicado a la materia, que tiene lugar durante una semana en esta localidad situada en la zona del Friuli-Venecia Julia. Después de las inolvidables experiencias del año pasado y del 2014 este Doctor no quería perderse las novedades del mundo silente (valga la paradoja) que ofrecería el festival este año.

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El Milagro de los Lobos (Le Miracle des Loups, 1924) de Raymond Bernard

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El joven François Truffaut en su época de virulento crítico de cine tenía un término muy simpático con el que referirse al tipo de cine francés que odiaba: «le cinéma de papa«, que le servía para referirse a las grandes producciones históricas supuestamente de gran calidad que contaban con el beneplácito de la crítica tradicional asentada. Aunque Truffaut usaba ese concepto para designar una serie de films surgidos inmediatamente después de la II Guerra Mundial, el visionado de El Milagro de los Lobos (1924) de Raymond Bernard me trae de nuevo a la mente esa expresión, ya que creo que se adecua perfectamente.

No interpreten esto de entrada como una crítica hacia la calidad del film sino como una forma de contextualizar sus intenciones. La película surgió de una compañía llamada La Société des Films Historiques (el nombre ya da una pista de por dónde van los tiros) que quería reivindicar el glorioso pasado histórico francés con grandes producciones de prestigio. Además, su realizador, Raymond Bernard, dirigiría otra obra que iría por los mismos derroteros, El Jugador de Ajedrez (1927), y en la época del sonoro se enfrentó como quien no quiere la cosa con una de las grandes obra clásicas de la literatura francesa: Los Miserables (1934).

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