A veces uno tiene la tentación de creer que cierta época o movimiento cinematográfico ya no le puede deparar más novedades, que aunque siempre quedarán más películas por descubrir, difícilmente encontrará una especialmente sorprendente. Y entonces, cuando uno ya se ha habituado a esa idea, de repente alguien descubre un film que se había dado por perdido desde hacía décadas y que te descoloca por completo.
Eso es lo que ha sucedido con Algol, la Tragedia del Poder (1920), una obra que se suponía perdida y volvió a emerger a la luz pública más de medio siglo después de su primer estreno.
Celebridades y cine (II)
La semana pasada les comentamos los casos de algunas celebridades que utilizaron el cine para potenciar su fama, llevando a la pantalla los sórdidos acontecimientos que les dieron a conocer por todo el país e incluso protagonizando esas películas ellos mismos. En una época previa a la televisión, es comprensible la fascinación que sentía el público por ver a esos famosos en la gran pantalla representando además los hechos de su vida personal – otro asunto es hasta qué punto eran éticas este tipo de películas pero, como sucede también hoy día, el éxito comercial no suele estar vinculado a aspectos éticos.
Hoy mencionaremos otros casos menos sórdidos, en concreto personalidades que decidieron utilizar el cine como medio de publicitarse a sí mismos.
El primer caso es el de William J. Burns, quien a principios del siglo XX era uno de los detectives más reputados del país y se le conocía como el Sherlock Holmes americano, por lo que a un avispado productor se le ocurrió que sería un gran reclamo comercial filmar alguno de sus casos contando con éste como protagonista: The Exposure of the Land Swindlers (1913), The $ 5.000.000 Counterfeiting Plot (1914) – donde incluso aparecía al final junto a Arthur Conan Doyle, quien le felicitaba por sus éxitos enfatizando así su apodo – o The Deep Purple (1920).
Celebridades y cine (I)
Uno de los principales atractivos que tenía el cine en sus orígenes era que permitía ver a celebridades a las que el público antes solo podía contemplar en fotografías, instantáneas congeladas. El cine hacía que esas personas adquiriesen vida, lo cual suponía una novedad muy interesante para el espectador de la época. Lo curioso es que esto es algo que no solo se restringió al ámbito del documental o el noticiario, sino también a la ficción, ya que muchos personajes famosos no se resistieron a utilizar el cine para protagonizar películas basadas en su vida real. Hoy nos centraremos en los casos de varias personas implicadas en casos criminales que vieron su vida trasladada al cine, a menudo interpretándose ellos mismos.
¡Ay, Mi Madre! [For Heaven’s Sake] (1926) de Sam Taylor
¿Qué mejor forma de empezar el año que con una buena película de slapstick? Y de entre todas las posibilidades a escoger nos hemos decantado por este film bastante olvidado del (también algo olvidado en ciertos sectores) genial Harold Lloyd.
¡Ay Mi Madre! (éste es uno de esos casos en que me da reparo utilizar la traducción del título original) forma parte de los largometrajes menores de Harold Lloyd, y más cuando se encuentra entre dos obras fundamentales de su carrera como El Estudiante Novato (1925) y El Hermanito (1927). De hecho el propio Lloyd no quedó muy satisfecho con el resultado final del presente film y le tentó archivarlo deteniendo su estreno. Por suerte para él y para todos nosotros no lo hizo, ya que es una comedia muy divertida que acabó siendo uno de los mayores éxitos de taquilla de su carrera.
The Night Before Christmas (1905) de Edwin S. Porter
Acabamos el año con una pequeña concesión a estas fechas ofreciéndoles la primera versión cinematográfica que se conoce del poema de Clement Clarke Moore «Twas the Night Before Christmas».
Una escena de La Calle (1923) de Karl Grune
La Calle (1923) es una de las grandes películas del cine alemán de la era muda además de una de las más representativas del ciclo de películas callejeras que tan populares se hicieron en esos años.
Mi escena favorita del film tiene lugar justo al inicio, cuando el protagonista está tumbado aburrido en el sofá mientras espera que su esposa le sirva la cena. Cuando ésta abandona el comedor, de repente se abre una ventana que da a la calle y entra en la habitación el reflejo de las sombras de toda la actividad callejera. Aunque se trata de una película muda no nos es difícil asociar esa entrada de sombras con la entrada del sonido, del bullicio que rompe con la tranquilidad del hogar burgués. Es un momento muy breve pero que siempre me ha fascinado por su sugerente poder evocativo, la forma como el protagonista mira embelesado las sombras que sugieren personas, movimiento y actividad, en contraste con la quietud y el aburrimiento de su hogar. Es este hecho el que le anima a salir, esas sombras que le hacen evocar la diversión y agitación que no tiene en casa.
His Wooden Wedding (1925) de Leo McCarey
Si hay un artista de slapstick terriblemente infravalorado a reivindicar, ése es Charley Chase. Aunque en un futuro le dedicaremos una entrada como se merece, de momento decir simplemente que era un cómico que estuvo deambulando por varios estudios probando suerte como actor y director hasta que a mediados-finales de los años 20 consiguió cierto éxito protagonizando una serie de cortometrajes para el estudio de Hal Roach. Su personaje, a diferencia de la mayoría de artistas slapstick, era un atractivo galán que se veía inmerso en situaciones absurdas de las que intentaba salir con la mayor dignidad posible. El film que nos ocupa hoy, dirigido por Leo McCarey (realizador de muchos de los primeros cortos de Laurel y Hardy que luego empezó una exitosa carrera dirigiendo películas de prestigio) es uno de los mayores exponentes de su estilo y de los más adecuados para introducirse en su mundo.
Esposas Frívolas (1922) de Erich von Stroheim
El tormentoso rodaje de Esposas Frívolas (1922)
En una escena de Esposas Frívolas (1922), el personaje de Helen está leyendo un libro en la terraza del hotel mientras el conde Katamzin hace las primeras tentativas por cortejarla. Más adelante vemos claramente en un primer plano que el libro se llama Esposas Frívolas y que está escrito por Erich von Stroheim. Resulta obvio que von Stroheim se gustaba mucho a sí mismo, y si no bastaba con escribir, dirigir y protagonizar su obra maestra, además insertaba un guiño a sí mismo en una época en que este tipo de metarreferencias cinematográficas eran raras. Tiene que quedarnos claro que él, von Stroheim, es el gran genio de Esposas Frívolas, y a decir verdad cabe reconocer que no lo hizo nada mal.
El aspecto negativo de este hecho es que precisamente como se tenía en mucha estima y se consideraba un genio, el hecho de dilapidar los presupuestos y planes de producción eran para él meros daños colaterales. Erich von Stroheim era un cineasta kamikaze que no temía a nada ni a nadie. Con tal de que su obra fuera tan perfecta como él se proponía estaba dispuesto a supervisar cada nimio y ridículo detalle, y a enfrentarse con quien fuera hasta las últimas consecuencias. Eso sumado a una serie de circunstancias muy desafortunadas hicieron del rodaje de Esposas Frívolas uno de los más dificultosos y traumáticos de la época.
Pioneros de la animación: Gertie the Dinosaur (1914) de Winsor McCay
El cortometraje Gertie the Dinosaur es una de las obras clave en los inicios del cine animado. No sólo se trata de un film muy conseguido técnicamente para una época en que la animación cinematográfica todavía estaba en una fase muy primitiva, sino que además tiene algunos aspectos muy curiosos que ponen de relieve la forma como se entendía el cine en sus orígenes.
El creador de este simpático personaje es el dibujante Winsor McCay, quien desempeñaba trabajos muy diversos como diseñar carteles, crear tiras cómicas para diarios o actuar en los clásicos números de vodevil consistentes en caricaturizar a personas del público en vivo. No tardó en interesarse por las posibilidades de la animación cinematográfica y tras un par de cortometrajes que le sirvieron para hacerse con el medio, sorprendió a todos con la ingeniosa Gertie the Dinosaur.







