Muchos de ustedes sin duda asociarán al formidable Segundo de Chomón con sus fantasías llenas de trucajes, pero el documento que este Doctor ha decidido rescatar hoy demuestra cómo en sus inicios el cineasta aragonés también se decantaba por otro tipo de films más sencillos.
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Luces de la Ciudad (City Lights, 1931) de Charles Chaplin
Hace poco, este nostálgico Doctor se preguntó con qué película sería especialmente memorable empezar el año, y de entre los posibles títulos a escoger pensó que comenzar con una de las más memorables obras de Chaplin sería difícilmente superable. Así pues, les proponemos dar inicio a este 2015 revisionando (porque si han llegado hasta este blog damos por hecho que ya la han visto… ¿verdad?) la que seguramente sea la obra cumbre de Chaplin: Luces de la Ciudad (1931).
Big Business (1929) de James W. Horne y Leo McCarey
Cuando a mediados-finales de los años 20 parecía que al slapstick tradicional le quedaba poco tiempo de vida, y más con la amenaza del cine sonoro cada vez más presente, aún tuvieron tiempo algunos cómicos de resurgir con un éxito apabullante. Eso fue lo que le sucedió al dúo formado por Stan Laurel y Oliver Hardy, quienes pasaron la prueba con creces hasta convertirse no ya en dos de los cómicos más célebres de la época sino en iconos históricos.
El Proceso de los Tres Millones (Protsess o tryokh millionakh, 1926) de Yakov Protazanov
Aunque en la mayor parte del mundo Yakov Protazanov es conocido ante todo como «el director de Aelita (1924)», lo cierto es que ese trata de un cineasta con una filmografía muy interesante que va más allá de dicha película, con obras que la superan ampliamente como las que dio a conocer el reciente festival de cine mudo de Pordenone. Por otro lado, en estos últimos años hemos presenciado también una curiosa revaloración de la faceta más lúdica del cine soviético de los años 20. Hasta hace poco esta cinematografía siempre estuvo asociada a la vanguardia y a los cuatro nombres esenciales e impepinables (Eisenstein, Pudovkin, Kuleshov y Dovzhenko), pero hoy día cada vez más están cogiendo fuerza nombres como el de Boris Barnet o el de Abram Room, que nos demuestran cómo la historia siempre puede ser revalorizada para dar a conocer otras facetas muy interesantes. Quién nos diría que después de todo la URSS contaba en los años 20 con unas cuantas comedias de calidad y muy divertidas aparte de las sesudas películas politizadas que han sido siempre los clásicos de esa época.
How a French Nobleman Got a Wife through the New York Herald Personal Columns (1904) de Edwin S. Porter
¿Recuerdan Las Siete Ocasiones (1925) de Buster Keaton? Pues como ven ya existía un precedente directo, un cortometraje de Edwin S. Porter sobre un francés que pone un anuncio en un diario para encontrar esposa y al final se ve avasallado por tantas pretendientas que acaba huyendo.
La persecución de hecho tira por gags muy similares a los de Keaton con sus respectivas caídas y la gracia de ver a varias respetables señoras corriendo por el campo. Obviamente no entraremos en comparaciones porque no sería justo, el film de Keaton es 20 años posterior y a su lado el de Porter se nota que todavía tiene un estilo primitivo (la persecución acaba haciéndose algo repetitiva), así que simplemente lo dejaremos aquí como curiosidad.
Atentos a la moraleja del desenlace: al final la verdadera esposa es la que no teme mojarse de verdad por el protagonista.
The Drunken Mattress [Le Matelas Épileptique] (1906) de Alice Guy
Alice Guy ha pasado a la historia por ser la primera mujer que dirigió películas, lo cual no es decir poco al ser ésta una profesión donde se ha dado muy pocas oportunidades al sexo femenino. Pero siendo justos, hay más motivos para recordarla: sus películas gozaron de un gran éxito y, vistas hoy día, no cabe duda de que era una de las grandes realizadoras de los primeros años del cine.
Hoy les ofrecemos como ejemplo este divertidísimo cortometraje en que un hombre borracho acaba accidentalmente metido dentro de un colchón dando pie a varias situaciones hilarantes. Aunque Alice Guy cultivó muchos géneros de los que les ofreceremos en el futuro más ejemplos, este corto cómico es uno de mis favoritos y sirve para demostrar que es falso eso de que las mujeres no tienen sentido del humor.
Los policías de la Keystone
A finales de los años 10, Mack Sennett y su estudio Keystone eran sinónimos de comedia. Sus películas eran inmensamente populares, más incluso que otras de géneros más prestigiosos, y por ello consiguieron penetrar en el imaginario popular de la época. El público de entonces entendía que una comedia Keystone era sinónimo de varios elementos que se repetían constantemente, como alocadas persecuciones al último momento, chicas en bañador y, en el caso que nos ocupa, los policías de la Keystone.

Too Much Johnson (1938) de Orson Welles
Como supondrán, dentro del apasionante universo del cine mudo no suele haber muchas noticias. No obstante, a veces seguimos llevándonos algunas sorpresas agradables, como el film de Hitchcock que comentamos el año pasado o, en el caso que nos ocupa, el descubrimiento de Too Much Johnson de Orson Welles.
De entrada hay que decir que no puede juzgarse Too Much Johnson como una obra autónoma ya que nunca se filmó como tal. Obviamente tiene el gran aliciente de ser la primera película que dirigió Welles en su carrera (si no contamos un cortometraje experimental que hizo como mero divertimento). Pero no hay que perder de vista que se concibió en la época en que Welles se encargaba del Mercury Theater, es decir antes de haberse hecho conocido por su emisión radiofónica de La Guerra de los Mundos y, por supuesto, antes de plantearse dar el salto al cine. Con esto quiero remarcar que resulta lógica toda la expectación que ha generado hoy día, porque es la primera película de uno de los más grandes directores de la historia del cine, pero en su momento ninguno de sus participantes podía imaginar que este metraje sería motivo de noticia 70 años después, paseándose por festivales de cine y filmotecas de todo el mundo. Too Much Johnson era una parte de un todo y su creador jamás lo vio como su debut cinematográfico.
¡Ay, Mi Madre! [For Heaven’s Sake] (1926) de Sam Taylor
¿Qué mejor forma de empezar el año que con una buena película de slapstick? Y de entre todas las posibilidades a escoger nos hemos decantado por este film bastante olvidado del (también algo olvidado en ciertos sectores) genial Harold Lloyd.
¡Ay Mi Madre! (éste es uno de esos casos en que me da reparo utilizar la traducción del título original) forma parte de los largometrajes menores de Harold Lloyd, y más cuando se encuentra entre dos obras fundamentales de su carrera como El Estudiante Novato (1925) y El Hermanito (1927). De hecho el propio Lloyd no quedó muy satisfecho con el resultado final del presente film y le tentó archivarlo deteniendo su estreno. Por suerte para él y para todos nosotros no lo hizo, ya que es una comedia muy divertida que acabó siendo uno de los mayores éxitos de taquilla de su carrera.
Un par de gags destacados de Un Sombrero de Paja de Italia (1928)
Un Sombrero de Paja de Italia (1928) es una magnífica comedia del realizador francés René Clair que ha acabado siendo considerada como una de sus mejores (por no decir la mejor) obras mudas. Basada en una obra de teatro de Eugène Labiche, el film parte de una premisa tan simple como absurda: el día de su boda Ferdinand tiene un pequeño incidente en que su caballo se come un sombrero de paja perteneciente a una mujer llamada Anaïs. Ante semejante afrenta, su orgulloso amante Tavernier exige a Ferdinand que lo reemplace por otro sombrero amenazando con estropear su boda si no lo hace.
En sus primeros films, Clair había apostado por un tipo de cine muy influenciado por los movimientos vanguardistas de la época experimentando libremente con los trucajes de la cámara. En contraste, Un Sombrero de Paja de Italia es una película más convencional, pero aún así hay varios momentos en que se nota que tras la cámara hay un director interesado en el medio y muy imaginativo. El momento en que esto se hace más obvio es cuando el protagonista está en su baile de bodas e imagina horrorizado los destrozos que estará haciendo Ferdinand en su casa, escena que nos es mostrada visualmente con trucos como ralentizaciones u objetos que parecen animarse solos.




