Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2016 (III)

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Una de las ventajas del Festival de cine mudo de Pordenone respecto a otros similares (como por ejemplo su competidor más directo, el de Bolonia, al que por otro lado también me encantaría ir), es que todas las películas se proyectan en un mismo sitio, por tanto no hay solapes.

No obstante, eso tiene un inconveniente: como es posible ver todo, el recién llegado al festival seguramente querrá cometer la locura de intentar ver realmente todo. No lo intenten. Al final uno acaba devorando películas por gula incapaz de disfrutarlas a causa del cansancio, a no ser que se ayude de ciertas sustancias poco recomendables.

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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2016 (II)

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No hay nada como encontrarse con el mismísimo Douglas Fairbanks dándonos la bienvenida con los brazos abiertos al Teatro Verdi para otra intensa semana dedicada al cine mudo. Durante le Giornate del Cinema Muto, Pordenone vuelve a convertirse durante siete días en un extraño oasis en que los actores han perdido el habla y los cortos de cine primitivo pasan de ser una mera curiosidad a ser joyas aplaudidas efusivamente por un público compuesto sobre todo de archivistas, historiadores y genios del mal.

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La Fierecilla Domada (The Taming of the Shrew, 1929) de Sam Taylor

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«Desde los atrezzistas hasta los electricistas, todos eran californianos alegres y bronceados. Los estudios estaban bien iluminados, y cada vez que se rodaba una escena, tocaba una pequeña orquesta para ayudar a los actores a meterse en el papel. Y poco a poco aparecían los cargos pálidos y estresados, que parecían casi de otro planeta, y que sin duda eran los subordinados de la Compañía Eléctrica del Oeste, que estaban instalando el primer plató.

Douglas [Fairbanks] vino un día a mi habitación y me dijo: «Vamos abajo a echar un vistazo al primer plató». Bajamos y vimos las puertas de los grandes estudios abiertas, y en lugar de encontrarnos con un sitio bien iluminado donde todo el mundo trabajaba felizmente, era una especie de cueva espantosa cubierta de mantas, sin luces, con el suelo repleto de alambres y cables serpenteantes, y unos micrófonos amenazadores…
Cuando Douglas asimiló aquello, me puso la mano en el hombro, como solía hacer cuando hablaba conmigo, y entonces dijo: «Laurence, aquí acaba el romanticismo de los rodajes de cine«.

Douglas Fairbanks de Jeffrey Vance

Este texto es la narración de Laurence Irving, el diseñador de producción de La Máscara de Hierro (1929) sobre la visita que hicieron él y Douglas Fairbanks al primer estudio sonoro de la United Artists en 1928.

Fairbanks sería uno de los ejemplos por excelencia de grandes artistas cuya carrera nunca se recobraría del paso al sonoro. Leyendo este texto uno no puede evitar dejarse contagiar del lamento de Fairbanks al ver cómo se perdía una forma de hacer cine que para él era en sí mismo un modo de vida. Desde esa perspectiva, La Fierecilla Domada (1929), su primer film completamente sonoro, es una de esas películas que resultan tan divertidas como tristes según el prisma en que se miren. Obviamente teniendo como base la famosa comedia de Shakespeare, el resultado ya tiene mucho ganado de antemano y resulta francamente entretenida con sus dos protagonistas pasados de rosca. Pero al mismo tiempo, cuando vemos a Douglas Fairbanks riendo y dando saltos no puedo evitar pensar que esto es una especie de obituario, el fin de una era feliz en que reinaba en el mundo. También resulta algo triste ver al matrimonio más famoso del mundo en su única película juntos sabiendo que por entonces su relación ya estaba haciendo aguas. Si nos quedamos solo con lo que hay en la pantalla, La Fierecilla Domada es una entrañable comedia inocente, pero si rascamos un poco y averiguamos lo que hay detrás, resulta una obra algo amarga.

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Antes y después del terremoto

A primeras horas de la mañana del 18 de abril de 1906, la ciudad de San Francisco sufrió una de las mayores catástrofes naturales sucedidas en Estados Unidos: el famoso terremoto de San Francisco, que devastó la ciudad por completo. Hubo miles de muertos y más de la mitad de la población se quedó sin hogar, viéndose obligados a refugiarse en improvisadas tiendas de campaña.

Como curiosidad, tenemos material filmado de la época que nos muestra la ciudad justo antes y después del terremoto: en primer lugar una película grabada cuatro días antes a bordo de un tranvía (este tipo de films que seguían el trayecto de un tren o tranvía eran inmensamente populares por entonces), en segundo lugar otra grabada después del terremoto. Resulta fascinante comparar ambas y ver cómo era la ciudad antes y después de que sucediera esa terrible desgracia:

¿Y usted, dónde estaba en 1916?: cineastas que participaron en Intolerancia (1916)

In this 1913 publicity image released by TCM, G.W

Mientras preparaba el año pasado el post dedicado a El Nacimiento de una Nación (1915) este Doctor se sorprendió una vez más de cuántos futuros directores y actores de renombre empezaron trabajando con D.W. Griffith. En el caso de dicho filme los dos ejemplos más claros eran John Ford y Raoul Walsh, pero habría muchos más casos a mencionar.

Si ese fenómeno ya era patente en su primer gran largometraje épico, en Intolerancia (1916) directamente ya es algo exagerado. A uno le tienta incluso lanzar alguna afirmación sobredimensionada como que todos los futuros grandes nombres del Hollywood de la década siguiente empezaron de alguna forma directa o indirecta con Griffith. Y si bien eso no es cierto, es innegable que pocas veces un solo cineasta ha conseguido influir de forma tan poderosa en tantos otros futuros creadores.

El propósito de este post es pues recopilar algunos de los grandes nombres que se vieron involucrados en Intolerancia, ya sea como actores en papeles pequeños o como asistentes de dirección. Lo interesante de la lista es comprobar cómo diferentes personas que siguieron carreras tan distintas entre sí coincidieron en iniciarse en el mundo del cine gracias a Griffith y, por tanto, sea cual sea el camino que tomaron, de alguna forma se vieron influenciados por él. Puesto que la lista sería larguísima, he descartado a aquellos que ya eran estrellas consagradas (por tanto, nada de Mae Marsh o Lillian Gish) y me he decantado más bien por futuras estrellas o directores de renombre que en este film todavía no se habían dado a conocer. No están todos los nombres posibles para no alargar aún más la lista, así que si echan en falta alguno de importancia, no duden en contactar con Herr Caligari.

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Intolerancia (Intolerance, 1916) de D.W. Griffith

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De todas las películas que cumplen 100 años este 2016 hay una que merece nuestra especial atención por ser no solo una de las más importantes producciones de esos años sino de la historia del cine: Intolerancia (1916) de D.W. Griffith. Y como no podía ser menos, el Doctor Caligari no ha podido dejar pasar esta efeméride para dedicar un extenso post a una de las obras clave del cine mudo.

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Playmates (1912)

He notado que por una curiosa casualidad últimamente dedico cada mes una entrada a un cortometraje de temática perruna, comenzando por la serie de Buster Brown y siguiendo con Dog Factory (1904). Para seguir con esta racha canina esta semana les ofrezco un cortometraje de autor desconocido llamado Playmates (1912), sobre la amistad entre una niña y un perro callejero del que se encariña.

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Hace 100 años: 1916 en 10 películas

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Tal y como hicimos el año pasado, volvemos a nuestra tradicional lista que repasa las mejores películas que se estrenaron hace exactamente un siglo.

A decir verdad, mientras este Doctor repasaba la lista de grandes películas de 1916 que han sobrevivido a nuestros días, a primera vista no le ha parecido un año tan excitante como el anterior. Y no por la ausencia de grandes películas, sino porque en la selección de 1915 era más heterogénea, mientras que en 1916 está claro cual era la tendencia: dirigirse hacia el cine de gran espectáculo, siguiendo el camino que había marcado el señor Griffith con El Nacimiento de una Nación (1915). Así pues, echando un vistazo por encima tenemos un buen número de grandes producciones como Intolerancia de Griffith, Juana de Arco de Cecil B. De Mille, Civilización de Reginald Barker, 20.000 Leguas de Viaje Submarino de Stuart Paton o A Daughter of the Gods de Herbet Brenon (esta última desaparecida a día de hoy y recordada por ser la primera película americana que costó un millón de dólares y por las polémicas escenas en que se veía a la protagonista desnuda).

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Dog Factory (1904) de Edwin S. Porter

Hoy les ofrecemos este simpático cortometraje típico del cine de los orígenes filmado por uno de los nombres más conocidos de esa época: Edwin S. Porter.

La premisa es la siguiente: dos tipos regentan un negocio en que convierten a los perros en salchichas, pero no para comérselos sino para tenerlos almacenados. Cuando un cliente viene a pedirles un perro, éstos meten la salchicha en la máquina y ésta vuelve a convertirse en un simpático can. Ingenioso, ¿verdad?

Las series de Buster Brown y su perro

Desde los mismos inicios del cine, se utilizó este medio como una forma de llevar a la pantalla las manifestaciones más populares de otras formas narrativas: escenas de obras de teatro famosas, momentos especialmente recordados de novelas o de La Biblia y, por supuesto, adaptaciones de cómics. Hace un tiempo les hablamos del ejemplo de Foxy Grandpa y hoy trataremos las historias de Buster Brown y su inseparable perro.

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