Ahora que tantos medios comenzarán a agobiarnos con las clásicas listas de mejores filmes del año es el mejor momento para ofrecerles la lista que realmente le interesa a la comunidad cinéfila: la de mejores películas que cumplen 100 años este 2024 o, en otras palabras, las mejores películas de 1924.
Como verán, el panorama cinematográfico mundial estaba mejor que nunca, con grandes filmes de países y estilos muy diferentes, si bien empiezan a notarse cambios respecto a años precedentes: el consabido expresionismo alemán ofrece aquí ya las últimas grandes obras del género y la escena escandinava no tardará en perder a sus dos mayores talentos. A cambio, Francia está en plena ebullición tanto en lo que respecta a las vanguardias como por una generación de cineastas que saben utilizar elementos expresivos de esos movimientos más experimentales pero adaptados a filmes narrativos. Al no querer incluir cortometrajes se quedaron fuera de mi lista títulos tan imprescindibles como Ballet Mécanique (1924) de Fernand Léger y Dudley Murphy, Entr’acte (1924) de René Clair o Symphonie Diagonale (1924) de Viking Eggeling. No me lo tengan en cuenta, es una forma de no hacer esta selección aún más compleja.
Entre las grandes ausencias también merece citarse Cine-ojo (Kinoglaz, 1924) de Dziga Vertov, que constituye el gran precedente de las vanguardias soviéticas que en solo un año irrumpirían ruidosamente en el panorama cinematográfico mundial, o el espectacular western El Caballo de Hierro (The Iron Horse, 1924) de John Ford. Y ya que hablamos de producciones ambiciosas, qué menos que mencionar también El Milagro de los Lobos (Le Miracle des Loups, 1924) de Raymond Bernard o Aelita (1924) de Yakov Protazanov, con su acercamiento tan particular a la ciencia ficción.
1924 fue por otro lado un gran año para la comedia. Veremos aquí algunos ejemplos imprescindibles del género a los que merece añadirse El Navegante (The Navigator, 1924) de Buster Keaton y Donald Crisp, el mayor éxito de su carrera que he dejado fuera por no querer repetir dos películas de un mismo director (¡y qué locura es que Keaton dirigiera dos grandes joyas de la comedia en un mismo año!). También debe tenerse en cuenta una de las comedias más importantes de la era, Los Peligros del Flirt (The Marriage Circle, 1924) de Ernst Lubitsch, que le abrió el camino al tipo de comedias sofisticadas que caracterizarían el resto de su carrera. Si la dejé fuera de la lista es porque, pese a su innegable importancia, nunca ha sido de mis favoritas y he preferido elegir otra suya que me gusta más. ¿No les da envidia pensar en unos tiempos en que Lubitsch estrenaba tres grandes comedias en un mismo año? ¡Y eso sin olvidar que en esa época Harold Lloyd hacía dos películas por año! Por no hablar de otros grandes cómicos de la época. ¿Se han fijado en ese debutante llamado Harry Langdon? Hay quien dice que tiene mucho talento, veremos si es cierto…
Acabemos con una mención a dos viejas glorias de tiempos pasados. El genial cómico Max Linder hizo este año las dos últimas películas de su carrera y, aunque no suele recordarse lo que hizo D.W. Griffith a partir de estos años, hay que decir que en este año hizo una ambiciosa película sobre la Guerra de Independencia con el pomposo título de America (1924) y, sobre todo, un sensible drama sobre la posguerra en Alemania llamado Isn’t Life Wonderful? (1924). Aunque cada vez aparecen más grandes nombres en escena, no olvidemos a los pioneros…
Y sin más dilación, aquí va mi selección personal con mis 15 películas favoritas de 1924:
15) El Hombre de las Figuras de Cera – Paul Leni
Si con el cambio de década el cine expresionista alemán se había desmarcado como uno de los movimientos más importantes de la era muda (y de la historia del cine), hacia 1924 ya había perdido fuerza al menos como corriente artística, lo cual no quita que seguiría presente como influencia en multitud de filmes. En ese contexto, El Hombre de las Figuras de Cera (1924) podría considerarse simbólicamente como la última obra de gran relevancia dentro del movimiento.
Formada por tres historias ambientadas en lugares y épocas diferentes, el filme destaca sobre todo por su reparto estelar (Conrad Veidt, Emil Jannings y Werner Krauss todos encarnando a villanos, ¡casi nada!) y por el espectacular trabajo de diseño de producción que evidencia que su director empezó en el cine en ese ámbito. El filme puede pecar de irregularidad en cuanto al tono de las historias (la de inspiración árabe es más cómica mientras que la soviética lenta y lúgubre), pero a cambio nos ofrece uno de los mejores momentos del cine expresionista: el segmento final dedicado a Jack el Destripador, que se improvisó sobre la marcha al acabarse el presupuesto, y que es un fascinante experimento visual.
14) El Ladrón de Bagdad (The Thief of Bagdad) – Raoul Walsh
Douglas Fairbanks fue la gran estrella masculina por excelencia de la era muda junto a Chaplin, y viendo películas como ésta es fácil entender el motivo. El actor se esmeraba en cada nuevo proyecto para que fuera una producción de primer nivel, siendo su carrera el ejemplo por excelencia de espectáculo hollywoodiense llevado a su mejor expresión. En El Ladrón de Bagdad (1924) se lanzó a la que sería una de sus obras más ambiciosas (que ya es decir) con un despliegue de medios apabullante y una lista de colaboradores de primer nivel: Raoul Walsh a la realización, William Cameron Menzies en uno de sus mejores trabajos de dirección artística o Mitchell Leisen encargado de vestuario.
Pero lo mejor de todo es que pese a ser una producción de gran envergadura, eso no implica que Fairbanks acabe eclipsado por los decorados y la ambientación exótica. Al contrario, él sigue siendo el centro del espectáculo con sus movimientos ágiles y su talante optimista que nos invita a disfrutar con él de estas aventuras fantasiosas.
13) Las Manos de Orlac (Orlacs Hände) – Robert Wiene
Tal y como hemos comentado, en esos años el cine expresionista comenzaba a estar algo pasado de moda. Pero antes de que eso sucediera, Robert Wiene, uno de los grandes propulsores del movimiento, se desmarcó con una de las últimas grandes obras de esta corriente, Las Manos de Orlac (1924), protagonizada por uno de los mejores actores de la era muda, Conrad Veidt.
Aquí Wiene nos ofreció un expresionismo más diluido que sirve para darle un tono tenebroso a este relato policíaco y, sobre todo, contagiarnos de la inestabilidad mental de su protagonista, que nos hace dudar a nosotros mismos sobre si realmente este pianista al que le han trasplantado las manos de un asesino se ha convertido en un criminal al verse poseído por ellas.
12) La Inhumana (L’Inhumaine) – Marcel L’Herbier
En La Inhumana (1924), Marcel L’Herbier quiso llevar a la máxima expresión la unión entre el cine y los movimientos artísticos más importantes de la época, encargando a varios artistas el diseño del vestuario y los decorados de los diferentes espacios del filme. El resultado es un filme apabullante visualmente, que parece ser un resumen de las principales tendencias visuales en el mundo del arte de los años 20.
Si bien puede echar atrás su endeble argumento, es una propuesta tan marciana y excesiva que merece ser vista, incluyendo un segmento que coquetea con la ciencia ficcion con una especie de teléfono-televisor que ofrece un instante muy emotivo, y un final en que L’Herbier aplica el montaje acelerado heredado de Abel Gance. Detestada en su momento por público y crítica, creo que hoy día se puede apreciar mejor que en su estreno.
11) L’Hirondelle et la Mésange – André Antoine
Uno de los muchos ejemplos que nos muestran cómo la historia del cine está para ser reexaminada y reescrita continuamente con todos los nuevos descubrimientos que hacemos con el tiempo. Esta pequeña joya de André Antoine no llegó ni a estrenarse y estuvo literalmente olvidada durante décadas hasta que los negativos se descubrieron en la Cinemathèque Française. Y de repente nos encontramos con una pequeña joya que nos explica las vivencias de dos parejas que realizan un viaje fluvial hasta Bélgica, pero que en su momento el productor desechó por ser «demasiado documental».
Precisamente el hecho de ser «demasiado documental» es su gran mérito. La película es un impagable testimonio de la época que combina la pequeña historia de ficción con numerosas imágenes puramente documentales. Aparte de destilar una autenticidad y un encanto irresistibles supone un claro precedente de movimientos como el neorrealismo por su combinación entre realidad y ficción. A descubrir.
10) La Frivolidad de una Dama (Forbidden Paradise) – Ernst Lubitsch
Ay, qué tiempos en que en la cartelera de estrenos uno podía encontrarse cada año con una película de Lubitsch. ¿No lo echan ustedes también de menos? La Frivolidad de una Dama (1924) suponía el reencuentro del genial director alemán con la actriz polaca Pola Negri, con la que había colaborado tan frecuentemente en Alemania. Ambos viajaron a Hollywood a hacer carrera por separado y aquí se reunirían en la que sería su última colaboración.
Negri encarna a la zarina de un país eslavo que está a punto de ser engullido por las revoluciones y que, pese a la gravedad de la situación, está más interesada en satisfacer su apetito sexual con jóvenes oficiales. La película está impregnada del estilo cínico e irónico de Lubitsch, además de sus acostumbrados dobles sentidos tan sutiles que esconden situaciones picantes. Es divertida, elegante y, como es costumbre en Lubitsch, todo un manual de dirección cinematográfica.
9) Kean el Comediante (Kean) – Alexandre Volkoff
Una de las grandes obras de los célebres estudios franceses Albatros, formados por emigrantes rusos que habían escapado de la Revolución Soviética. Las grandes películas de la Albatros destacaban por su puesta en escena tan imaginativa, fruto de la libertad creativa que se brindaba a sus directores. Kean, el Comediante (1924) es uno de sus ejemplos más paradigmáticos: un filme para lucimiento de la gran estrella del estudio, Ivan Mosjoukine (para mí el más grande actor de la era muda), quien ofrece aquí una de sus mejores interpretaciones.
Basada en la vida de un actor inglés del siglo XIX, el filme empieza de forma alegre y desenfadada hasta ir poco a poco cambiando de tono y desembocar en un final melancólico y emotivísimo, en que Mosjoukine refleja a la perfección cómo la vitalidad de su personaje se va apagando.
8) Pêcheur d’Islande – Jacques de Baroncelli
Una de las grandes sorpresas que nos llevamos en la edición de Pordenone del 2023 fue este drama de extrema sensibilidad y delicadeza ambientado en un pueblo pesquero de la Bretaña. El protagonista, encarnado por un conmovedor Charles Vanel, es un pescador enamorado de una joven del pueblo que se resiste a casarse con ella porque piensa que su auténtico amor es el mar.
Bajo esta sencilla premisa, Jacques de Baroncelli nos ofrece una película bellísima con ese tratamiento visual tan característico de los filmes franceses de la época influenciados por las vanguardias, en que la imagen tiene tanto poder que las palabras resultan mayormente innecesarias y se prefiere dar importancia a la ambientación y recrearse en las sensaciones de los personajes antes que en el desarrollo de la trama.
7) El que Recibe el Bofetón (He Who Gets Slapped) – Victor Sjöström
El enorme prestigio internacional del que gozó el director sueco Victor Sjöström le hizo merecedor de una oferta para trabajar en Hollywood. Allá su carrera se vería más limitada por las imposiciones de los grandes estudios, pero aun así seguiría realizando grandes películas. Y como muestra de ello tenemos su debut en la Meca del Cine: El que Recibe el Bofetón (1924), una excelente película en la que contó además con uno de los más grandes actores de la época, el polifacético Lon Chaney.
El papel protagonista de hecho parece escrito para él, un científico que al verse doblemente engañado acaba cayendo en una masoquista espiral de autoflagelación que le lleva a convertirse en un payaso célebre por los tortazos que recibe de sus compañeros. La metáfora es bastante obvia, pero está tan bien dirigida y es tan agradecido ver a Lon Chaney en este tipo de papeles que es difícil ponerle pegas.
6) La Saga de Gösta Berling (Gösta Berlings saga) – Mauritz Stiller
Pasamos de un gran director sueco a otro. Mauritz Stiller era el otro gran cineasta escandinavo del momento y, al igual que su colega Sjöström, pronto recibiría una idéntica oferta para trabajar en Hollywood, aunque en su caso su experiencia sería menos fructífera. El filme que le valió ese reconocimiento internacional fue La Saga de Gösta Berling (1924), una ambiciosa adaptación de la novela de Selma Lagerlöf que incluía un excelente trabajo de fotografía del gran Julius Jaenzon y una pareja protagonista que también haría carrera en América: el consagradísimo actor Lars Hanson y una debutante Greta Garbo que está magnífica en su primer papel importante.
Stiller aquí se sirvió muy inteligentemente de la fuerza de esos característicos paisajes nevados, el tono de la novela de Lagerlöf (aunque la adaptó muy libremente) y del potencial de gran espectáculo de la trama, con esa impresionante escena final del incendio y la huida en trineo de una manada de lobos. Obra clave del cine escandinavo.
5) Los Nibelungos (Die Nibelungen) – Fritz Lang
A medida que vamos adentrándonos en la década, las películas de Fritz Lang van convirtiéndose progresivamente más grandes y ambiciosas hasta acabar culminando en la producción más cara hecha en Europa en la era muda (en unos años lo veremos si seguimos aquí al pie del cañón). En Los Nibelungos (1924), Lang junto a su guionista Thea con Harbou decidió volver a los mitos germánicos originales con una adaptación de El Canto de los Nibelungos dividida en dos partes de dos horas y media que resulta espectacular.
Dice mucho en favor de Lang que, siendo un tipo de películas que no suelen gustarme, me haya fascinado desde la primera vez que la vi y que su espectacular diseño de producción no solo no tenga que envidiar a las grandes producciones americanas de la época sino que no le quita emoción y ritmo a la película.
4) El Tenorio Tímido (Girl Shy) – Fred C. Newmeyer & Sam Taylor
Una de las más grandes obras maestras de Harold Lloyd y, por tanto, de la historia de la comedia. En El Tenorio Tímido (1924) Lloyd consiguió un filme redondo en que explota dos facetas diferenciadas: por un lado una tierna historia de amor entre un chico enfermizamente tímido y una joven de buena familia con la que no puede aspirar a casarse (magnífica la complicidad que desprenden Lloyd y Jobyna Ralston), y por otro lado una frenética escena de rescate al último momento que resulta tan divertida como emocionante.
Es una muestra de lo asombrosamente bueno que era Lloyd, tanto en cuidar el aspecto humano de sus personajes como en combinar tan ingeniosamente humor con acción, realizando además numerosas escenas de riesgo que aún hoy día impresionan. Imprescindible.
3) El Moderno Sherlock Holmes (Sherlock Jr.) – Buster Keaton
Hemos llegado a punto de la lista en que cualquiera de las películas que aparecen en el podio podría ocupar el primer puesto sin problema, y de hecho mientras escribo estas líneas sigo sin estar seguro del orden en que las he colocado.
Más allá de si es o no la mejor película de Buster Keaton (es innegable que, como mínimo, es una de sus mayores obras maestras), lo que resulta innegable respecto a El Moderno Sherlock Holmes (1924) es que se trata probablemente del filme que mejor refleja su forma de entender el cine. Y no lo digo solo por la premisa (un proyeccionista de una sala de cine que sueña que traspasa la pantalla de cine y empieza a vivir aventuras en las que consigue aquello en lo que ha fracasado en la vida real), sino por ser el filme en que mejor explota su gusto por los trucajes y los malabarismos técnicos. Aparte de ser toda una oda al poder del filme como vía de escape, este filme de Keaton constituye una de sus películas más divertidas e imaginativas de su carrera.
2) El Último (Der Letzte Mann) – F.W. Murnau
El Último (1924) es otra muestra de por qué F.W. Murnau fue uno de los más grandes directores, no solo de la era muda, sino de la historia del cine. A partir de un guion de Carl Mayer que parte de una premisa básica (un orgulloso portero de hotel es degradado a trabajar en los baños por ser demasiado mayor y, al perder su uniforme, cae en desgracia en el humilde barrio donde era una figura admirada) y de una interpretación absolutamente descomunal de Emil Jannings, Murnau nos ofrece una de las obras cumbre de la era muda.
Resulta al mismo tiempo espectacular (resulta apabullante su trabajo de dirección, con sus famosos movimientos de cámara y ese tratamiento de la imagen tan cuidadoso típico de Murnau) pero también emotiva, al lograr profundizar en las miserias de la condición humana a partir de una pequeña anécdota.
1) Avaricia (Greed) – Erich von Stroheim
Finalmente he decidido otorgarle el primer puesto a la que es la gran obra maldita de la historia del cine. Si ven puede ser algo engañoso otorgar dicho honor a una película de la cual solo podemos ver una versión terriblemente mutilada (pueden leer más sobre los diversos montajes en el especial que le dedicamos), el caso es que ya el material que nos llegado me parece de tal calidad, que no tengo ninguna duda en coronarla como mejor película de un año tan reñido como éste.
Avaricia (1924) fue concebida por el genial pero también indomable Erich von Stroheim como la gran obra de su carrera: un épico drama de inspiración naturalista que mostraba el proceso de degradación de una serie de personajes en el San Francisco de principios de siglo. Su montaje inicial desmesuradamente largo fue demasiado para la época y la crudeza de algunas de sus escenas se consideraron de mal gusto por buena parte del público y crítica de la época. Pero aún en una versión muy mutilada se puede entrever claramente el enfoque que pretendía darle Stroheim a la historia, convirtiéndola en una auténtica obra de culto que, pese a ser un sonoro fracaso de taquilla, acabó siendo una enorme influencia en directores posteriores. Es una frase sobreutilizada pero que en este caso es estrictamente cierta: se trataba de una película demasiado adelantada a su tiempo y justa merecedora de que la seguimos reconociendo como merece 100 años después de su estreno.





























¡El siempre complejo artículo! Y, como ya suele pasar, para mi ha salido con la suya de un modo muy digno.
Se va a reír de saber que título, de todos los que menciona alo largo de todo el texto, todavía no he visto… ¡la de Lubitsch! En su lista, de entrada me sorprendía mucho más que la no inclusión de The Iron Horse, que no estuviese The Marriage Circle. Sobre la primera, hay tantos films buenos (y buenos por descubrir, además!) que podrían estar o no, que ese podría entrar y salir según se pongan los fans de unos y otros, pero la de Lubitsch ya me costaba más de comprender, hasta que he visto que ya estaba justo la del mismo genio que no he visto yo! (al seguir el criterio de ceñirse a un máximo de un título por director pasan esas cosas). Pues tendré que remediar ese agujero y ver si estoy de acuerdo en eso con usted incluso en ese detalle: yo soy muy fan de The Marriage Circle, pero Pola Negri es mucha Pola Negri! A ver, ya le diré.
Sobre lo de que ese Harry Langdon va a dar de que hablar, me apunto el nombre, veremos que pasa. Yo me sé de uno que se llama Charley Chase que me parece que también lo vamos a querer bastante, aunque me temo que lo tendrá crudo para entrar en ninguna lista suya porque poco no sé si va a ir nunca más allá de los cortos y le pasará lo mismo que a esas joyas experimentales que menciona (amo Entr’acte, pero su duración no es la homologada, tendremos que conformarnos, buaaa)
¡Feliz último mes de 1924!
Querido Florenci,
Hace días me enteré de que la de Lubitsch que cito aquí no circula a buena calidad por la red, de modo que es comprensible que no la tenga presente. Yo la vi hace años en Pordenone y guardo un buen recuerdo de ella. Lo de The Marriage Circle es un problema mío. Sé que es una de las comedias más importantes del cine americano y de la carrera de Lubitsch pero no acabo de conectar con ella por algún motivo. Le quise dar otro revisionado antes de hacer mi lista porque a veces es cuestión de pillar la película el día adecuado, pero no tuve tiempo. No obstante sigo teniendo apuntado rescatarla de nuevo.
Un saludo.
Yo he ido corriendo a pillarla y, realmente, se encuentra con una calidad atroz (y encima a la velocidad del diablo). Finalmente la he encontrado en un sitio donde se ve igual de mal, pero a una velocidad más humana, sin que tenga que hacer retoques. La veré así porque me muero de ganas y tiene muy buena pinta (la película, no la copia).
Es curioso eso de las conexiones personales con las películas, pero las cosas son como son y no las podemos forzar. Todos tenemos clásicos que no nos entran. Y que sí, que ves que incluso han influido en algunas de tus películas favoritas, pero, se pongan como se pongan los jefes (aunque veas claro que esa que tanto te gusta es una copia descarada, que no tiene tanto mérito y bla, bla, bla), el «sucedáneo» te llega y la original no.
Y en cuanto a su lista, Lubitsch ya sale, o sea que The Marriage Circle (que yo sí la amo, pero cada uno lo suyo) ya tiene sus listas oficiales por ahí. Es como lo que dice de El navegante de Keaton, que es un peliculón, pero no se pueden poner dos del mismo. Entonces hay que sacrificar una para dar variedad el menú., algo con lo que estoy de acuerdo. Además eso demuestra la potencia de lo que te encuentras en cada año.
Pero bueno, de momento ya tengo que agradecer una recomendación. Y el día que me la encuentre con una calidad óptima ya la acabaré de saborear.
Feliz diciembre!