Al Cinematografo, Guardate… e Non Toccate (1912)

Seguramente algunos de ustedes pronto tendrán unos pocos días de vacaciones o simplemente quizá algo más de tiempo libre (no es el caso de este infatigable Doctor, siempre al pie del cañón para ofrecerles su dosis semanal de cine mudo). Y a causa de ello es probable que aprovechen para ir al cine a ver una película, pero en tal caso, caballeros, espero que no sucumban a la tentación de servirse de la intimidad y oscuridad de la sala para propasarse con alguna dama.

A modo de ejemplo aleccionador, he rescatado este cortometraje italiano cuyo título ya lo dice todo: Al Cinematografo, Guardate… e Non Toccate (1912). El protagonista es el cómico Ernesto Vaser, muy célebre en su época, que encarna a un seductor que persigue a una dama de la que se ha encaprichado hasta el cine, donde se sienta a su lado con indecentes intenciones. El tema de la película era de rigurosa actualidad, porque de hecho los sectores moralistas anti-cinematográficos solían definir las salas de cine como antros de perdición donde el pecado campaba a sus anchas (lo cual, dicho así, tampoco suena tan mal).

En todo caso, esperamos que esta pequeña historia les sirva como moraleja sobre cómo no deben comportarse en una sala de cine.

Dog Factory (1904) de Edwin S. Porter

Hoy les ofrecemos este simpático cortometraje típico del cine de los orígenes filmado por uno de los nombres más conocidos de esa época: Edwin S. Porter.

La premisa es la siguiente: dos tipos regentan un negocio en que convierten a los perros en salchichas, pero no para comérselos sino para tenerlos almacenados. Cuando un cliente viene a pedirles un perro, éstos meten la salchicha en la máquina y ésta vuelve a convertirse en un simpático can. Ingenioso, ¿verdad?

El Don Apacible (Tikhiy Don, 1931) de Ivan Pravov y Olga Preobrazhenskaya

don apacible

A primera vista quizá a alguno le sorprenda la existencia de una adaptación de la famosa novela El Don Apacible de Mijaíl Shólojov de tan solo 90 minutos, dada la enorme magnitud del libro original. No se alarmen, lo que tenemos hoy entre manos no es una versión cruelmente recortada de la obra de Shólojov, sino solamente del primero de los cuatro tomos que compone la novela (de hecho el único que estaba publicado por entonces).

Esta primera adaptación de ese clásico de la literatura rusa viene de la mano del tándem Ivan Pravov y Olga Preobrazhenskaya. Esta última era una de las pocas cineastas femeninas de la era muda soviética junto a Esfir Shub, de hecho había iniciado su carrera como actriz en el teatro y luego en el cine en la era pre-soviética. Sus ambiciones la llevaron a ponerse al otro lado de la cámara ya en 1917, y afortunadamente consiguió mantener su carrera recién entrada la época soviética. Su colaborador habitual era su marido y guionista Ivan Pravov, con el que se atrevió a llevar a cabo la difícil labor de adaptar la prestigiosa obra de Mijaíl Shólojov.

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Las series de Buster Brown y su perro

Desde los mismos inicios del cine, se utilizó este medio como una forma de llevar a la pantalla las manifestaciones más populares de otras formas narrativas: escenas de obras de teatro famosas, momentos especialmente recordados de novelas o de La Biblia y, por supuesto, adaptaciones de cómics. Hace un tiempo les hablamos del ejemplo de Foxy Grandpa y hoy trataremos las historias de Buster Brown y su inseparable perro.

buster brown

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El Hombre Mecánico (L’Uomo Meccanico, 1921) de André Deed

11223995_10153569274428490_2906829708798817370_nÉste es con toda probabilidad y por una suma de diferentes factores uno de los mejores rótulos que he visto en una película muda.

Si hace meses ya les hablamos de una película italiana con una premisa irresistible, Filibus (1915) hoy les proponemos un pequeño post dedicado a otra con un argumento igual de atractivo: L’Uomo Meccanico (1921), una película de intriga y ciencia ficción que tiene como mayor aliciente un robot gigante con una fuerza sobrehumana.

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Symphonie Diagonale (1924) de Viking Eggeling

Aunque ya se mencionó por aquí en un post dedicado al cine absoluto, la Symphonie Diagonale (1924) de Viking Eggeling tiene suficiente importancia como para merecer una entrada para ella sola. Se trata de una de las primeras obras cinematográficas abstractas que se conservan, además del gran trabajo de Eggeling, un inquieto artista que había coqueteado previamente con el dadaísmo hasta que se empezó a interesar por el cine.

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El Ring (The Ring, 1927) de Alfred Hitchcock

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A la hora de entrar a valorar la etapa muda de Alfred Hitchcock el film que siempre se ha destacado es El Enemigo de las Rubias (1927), el primer éxito comercial y artístico de su carrera. El resto de sus obras mudas siempre han pasado bastante desapercibidas salvo para los fans más acérrimos del director al ser obras menores en que éste aún estaba acabando de moldear su estilo personal. Pero si hubiera que escoger cual es el film mudo de Hitchcock mejor considerado tras El Enemigo de las Rubias, éste sería sin duda El Ring (1927). En mi opinión la película debe ese estatus en gran parte a que la versión muda de La Muchacha de Londres (1929) ha estado durante mucho tiempo eclipsada por su versión sonora, un error que se ha ido subsanando en los años recientes. Pero eso no quita que El Ring sea sin duda el mejor Hitchcock mudo tras esas dos películas y la más eficiente de sus primeras obras no enfocadas al género criminal.

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Après le Bal (1897) de Georges Méliès

Imagino que todos ustedes asociarán al señor Georges Méliès con sus maravillosas películas fantásticas de trucajes, pero hoy hemos optado por rescatar una obra suya menor que les resultará curiosa por mostrarnos una faceta inédita suya: su breve escarceo con ¡el cine erótico!

A día de hoy se considera Après le Bal como la primera película erótica de la historia del cine (más exacto sería que se trata de la primera que conocemos), al basarse su sencillo argumento únicamente en mostrarnos a esa buena señora desnudándose para acicalarse después de un baile de sociedad. Fíjense en un detalle muy interesante: aunque en el cine de los orígenes era frecuente que los actores miraran a cámara rompiendo la cuarta pared, aquí la señora se desnuda ajena al espectador, enfatizando nuestro papel voyeur (no está desnudándose para nosotros, sino que estamos espiándola sin que ella lo sepa).

No es hasta que la señora se ha ido cuando la otra participante, la criada, lanza una rápida mirada cómplice a cámara, como si ella fuera la única que sabe que hemos participado del erotismo de ese momento. Obviamente es muy posible que esa mirada a cámara sea mera casualidad (por ejemplo que en ese instante Méliès le diera instrucciones para que cogiera el jarrón y saliera de cuadro), pero aun así el efecto que provoca acaba funcionando: solo la criada cómplice y nosotros sabemos que la intimidad de la señora ha sido invadida.

Cuatro Hijos (Four Sons, 1928) de John Ford

cuatro hijos

Pese a que no tuvo demasiada fortuna en taquilla, no se debe infravalorar el profundo impacto que causó en su momento la primera película que realizó F.W. Murnau en Hollywood, Amanecer (1927), así como la influencia que tuvo en otros cineastas americanos. Tal es así que incluso John Ford, quien por entonces ya tenía una extensa carrera como director, también aportó su Amanecer con Cuatro Hijos (1928), aunque logrando el éxito que le fue negado al cineasta alemán.

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A Christmas Accident (1912) de Harold M. Shaw

Un año más, nos encontramos a punto de iniciar el periodo navideño y el Doctor Caligari, pese a que detesta todo lo que tenga que ver con bondad, felicidad y amor al prójimo, ha buscado en su desván alguna película cuya temática pueda ser apropiada para estas fechas y ha dado con esta producción de Edison titulada A Christmas Accident (1912).

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