El Ring (The Ring, 1927) de Alfred Hitchcock

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A la hora de entrar a valorar la etapa muda de Alfred Hitchcock el film que siempre se ha destacado es El Enemigo de las Rubias (1927), el primer éxito comercial y artístico de su carrera. El resto de sus obras mudas siempre han pasado bastante desapercibidas salvo para los fans más acérrimos del director al ser obras menores en que éste aún estaba acabando de moldear su estilo personal. Pero si hubiera que escoger cual es el film mudo de Hitchcock mejor considerado tras El Enemigo de las Rubias, éste sería sin duda El Ring (1927). En mi opinión la película debe ese estatus en gran parte a que la versión muda de La Muchacha de Londres (1929) ha estado durante mucho tiempo eclipsada por su versión sonora, un error que se ha ido subsanando en los años recientes. Pero eso no quita que El Ring sea sin duda el mejor Hitchcock mudo tras esas dos películas y la más eficiente de sus primeras obras no enfocadas al género criminal.

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Après le Bal (1897) de Georges Méliès

Imagino que todos ustedes asociarán al señor Georges Méliès con sus maravillosas películas fantásticas de trucajes, pero hoy hemos optado por rescatar una obra suya menor que les resultará curiosa por mostrarnos una faceta inédita suya: su breve escarceo con ¡el cine erótico!

A día de hoy se considera Après le Bal como la primera película erótica de la historia del cine (más exacto sería que se trata de la primera que conocemos), al basarse su sencillo argumento únicamente en mostrarnos a esa buena señora desnudándose para acicalarse después de un baile de sociedad. Fíjense en un detalle muy interesante: aunque en el cine de los orígenes era frecuente que los actores miraran a cámara rompiendo la cuarta pared, aquí la señora se desnuda ajena al espectador, enfatizando nuestro papel voyeur (no está desnudándose para nosotros, sino que estamos espiándola sin que ella lo sepa).

No es hasta que la señora se ha ido cuando la otra participante, la criada, lanza una rápida mirada cómplice a cámara, como si ella fuera la única que sabe que hemos participado del erotismo de ese momento. Obviamente es muy posible que esa mirada a cámara sea mera casualidad (por ejemplo que en ese instante Méliès le diera instrucciones para que cogiera el jarrón y saliera de cuadro), pero aun así el efecto que provoca acaba funcionando: solo la criada cómplice y nosotros sabemos que la intimidad de la señora ha sido invadida.

Cuatro Hijos (Four Sons, 1928) de John Ford

cuatro hijos

Pese a que no tuvo demasiada fortuna en taquilla, no se debe infravalorar el profundo impacto que causó en su momento la primera película que realizó F.W. Murnau en Hollywood, Amanecer (1927), así como la influencia que tuvo en otros cineastas americanos. Tal es así que incluso John Ford, quien por entonces ya tenía una extensa carrera como director, también aportó su Amanecer con Cuatro Hijos (1928), aunque logrando el éxito que le fue negado al cineasta alemán.

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A Christmas Accident (1912) de Harold M. Shaw

Un año más, nos encontramos a punto de iniciar el periodo navideño y el Doctor Caligari, pese a que detesta todo lo que tenga que ver con bondad, felicidad y amor al prójimo, ha buscado en su desván alguna película cuya temática pueda ser apropiada para estas fechas y ha dado con esta producción de Edison titulada A Christmas Accident (1912).

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The Dancing Girl of Izu (Koi no hana saku Izu no odoriko, 1933) de Heinosuke Gosho

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La única película que he podido ver hasta ahora de la etapa muda de Heinosuke Gosho no solo es una de las más célebres de su carrera sino también una de las más interesantes del cine japonés mudo: The Dancing Girl of Izu (1933). Pero quizá, antes de entrar en detalles sobre esa obra, prefieran que les presente brevemente al señor Gosho.

Educado cinematográficamente como ayudante de dirección de Yasujiro Shimazu, Gosho se hizo famoso en la industria japonesa de la época principalmente por dos motivos: primero por la enorme influencia que exhibía en sus films del cine occidental (por ejemplo se comentaba a menudo que en sus obras había más cortes de lo normal según los estándares japoneses de la época), y en segundo lugar por haber dirigido  la primera película completamente sonora de la historia del cine japonés, The Neighbor’s Wife and Mine (1931). En realidad, el cine sonoro tardaría bastantes años en implantarse en el país, pero esa proeza le aseguró un lugar destacado en la industria.

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When the Clouds Roll By (1919) de Victor Fleming

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Cuando uno ve una película de Douglas Fairbanks es inevitable dejarse contagiar por su visión tan optimista de la vida, hasta el punto de que si uno se ha metido demasiado en el film puede acabar dando saltos por doquier como si eso fuera lo más normal del mundo. Pocos cineastas han conseguido transmitir de forma tan pura un mensaje tan entusiasta y vitalista como Fairbanks (“Doug” para los amigos, es decir, todo el mundo), y no es de extrañar puesto que en la vida real Fairbanks realmente era así; de modo que sus películas son un reflejo exacto de su personalidad amigable y entusiasta (de hecho en su época se llegaron a publicar bajo su nombre algunos libros de autoayuda sobre cómo lograr la felicidad, una prueba de que el público vinculaba a Fairbanks con esa idea).

Aunque Fairbanks nunca dirigía sus películas, sí que era la gran fuerza creadora que las ponía en marcha escogiendo el tema, pensando la forma de desarrollarlo y seleccionando a sus colaboradores, procurando que siempre fueran los mejores en sus respectivos campos. Éstos son solo algunos de los cineastas que trabajaron para él: Victor Fleming, Allan Dwan, Fred Niblo, Mitchell Leisen, Robert Florey, Adolphe Menjou o Donald Crisp. De modo que Fairbanks, al igual que Harold Lloyd, pone en un bonito dilema la tradicional teoría que considera al director como el autor de la película, porque cuando uno repasa su carrera resulta innegable que hay un tema que circula en todas sus obras: ese desbordante optimismo. Y de toda su carrera yo creo que When the Clouds Roll By (1919) no solo es una de sus mejores películas sino la que mejor transmite la esencia de su cine.

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Los Vampiros (Les Vampires, 1915) de Louis Feuillade

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No podíamos dejar pasar este 2015 sin dedicar un post a una de las efemérides más interesantes en lo que concierne al cine mudo: el centenario del inicio del serial Los Vampiros (1915) de Louis Feuillade, que vio la luz el 13 de noviembre del 1915. Así pues, invitándoles a revisionar los 10 capítulos del serial, vamos a hacer un repaso sobre la obra más conocida de Monsieur Feuillade.

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El Guardaespaldas (The High Sign, 1921) de Buster Keaton y Edward F. Cline

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Buster Keaton se inició en el mundo del cine en 1917, trabajando como actor en cortometrajes dirigidos y protagonizados por Roscoe Arbuckle (conocido como «Fatty»), uno de los cómicos más famosos de la época. Inicialmente, Keaton dejó momentáneamente el vodevil por el cine únicamente por motivos económicos, pero de la mano de un maestro como Arbuckle acabó enamorado para siempre de ese nuevo medio. No solo el cine le permitía llegar a más público sino que además multiplicaba las posibilidades creativas, y más en alguien con la inventiva de Keaton. Según explica él en su autobiografía, una de las primeras cosas que hizo cuando empezó a sentir interés auténtico por el medio fue coger una cámara y estamparla contra el suelo, para así investigar cómo era su interior. Alguien tan interesado por la mecánica como Keaton necesitaba literalmente conocer con detalle todo el proceso que permitía la realización de películas.

A medida que quedó cada vez más claro que ese joven cómico tenía un talento innato para el cine, el amable Arbuckle pasó de utilizarle como secundario a cederle el rol de co-protagonista junto a él. Pero era inevitable que tarde o temprano Keaton fuera a probar suerte por su cuenta. Eso sucedió en 1920. Primero protagonizó su primer largometraje, Pasión y Boda de Pamplinas (en el resto del mundo civilizado se conocía como The Saphead), un título menor y poco adecuado para su talento. Lo realmente interesante vino cuando Joseph M. Schenck, el ejecutivo bajo el que Arbuckle estaba en contrato, le ofreció la oportunidad a Keaton de tener su propia unidad de producción en la que podría dirigir y protagonizar sus cortometrajes. Esos primeros films, perdidos durante décadas, son una parte tan imprescindible de su carrera como sus célebres largometrajes.

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Le Moulin Maudit (1909) de Alfred Machin

Alfred Machin es uno de esos muchos nombres a rescatar de las primeras décadas del cine que hoy día, gracias a internet, están a nuestro alcance en un par de clics (¿recuerdan por ejemplo un caso similar, el de Franz Hofer que citamos por aquí hace unos meses?).

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Diary of Chuji’s Travels (Chuji Tabinki, 1927) de Ito Daisuke

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En 1959, la emblemática revista de cine Kinema Junpō publicó una lista de las mejores películas de la historia del cine japonés. Curiosamente, el puesto número uno, contrariamente a lo que uno esperaría hoy día, no era para Cuentos de Tokio (1953) ni para ningún otro film de Yasujiro Ozu. Tampoco para una obra de Kurosawa o Mizoguchi. La escogida como mejor película de la historia era una obra muda dividida en tres partes: Diary of Chuji’s Travels (1927) de Ito Daisuke.

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