Arsenal (1929) de Aleksandr Dovzhenko

De todos los grandes cineastas soviéticos de la era muda, Aleksandr Dovzhenko es el que me genera una mayor fascinación. No solo es un grandísimo director sino que además posee una cualidad que lo hace muy especial a mis ojos: una forma de narrar películas tan libre y particular que a veces cuestan de seguir. Tras haber revisionado varias veces algunas de sus grandes obras debo reconocer que aún hay multitud de detalles sobre éstas que no acabo de comprender. De hecho, puestos a sincerarme, a estas alturas aún sigo sin saber qué me parece su filme Aerograd (1935) pese a haberlo visto ya unas cuantas veces. No estoy seguro de qué pretendía ni de si el hecho de que me parezca tan raro y a ratos incomprensible es a propósito o no. Pero precisamente es este aspecto aparentemente tan ingrato el que hace de su cine una experiencia tan particular.

Fijémonos por ejemplo en el inicio de Arsenal (1929). Durante varios minutos Dovzhenko encadena toda una serie de imágenes sin que lleguemos a entender a dónde nos quiere llevar. Un hombre sin brazo arando un campo, una mujer triste en su casa, otra en la calle que sufre el abuso de un guarda que le acaricia un pecho, un hombre escribiendo su diario… No solo no hay aparente conexión entre dichas imágenes, sino que además Dovzhenko alarga mucho los planos, creando una cierta tensión no resuelta: queremos entender de qué va la cosa, quién es el protagonista, el nexo de unión entre dichas escenas. Pero nada de eso se nos aclarará. Más adelante unos planos de las trincheras en la I Guerra Mundial parece que nos van a resolver la cuestión, pero entonces se pone de manifiesto otro aspecto muy característico suyo: su gusto por lo grotesco y lo extraño. Porque presenciamos un panorama terrible y caótico entre las trincheras en que, extrañamente, un soldado sufre un ataque de risa a causa del efecto que le provoca un gas que han lanzado los enemigos. Ni siquiera cuando parece que el director nos va a mostrar imágenes de carácter antibélico se rige por un enfoque convencional.

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Las XXI Jornadas de Cine Mudo de Uncastillo «Ino Alcubierre» 2023

¿Qué mejor manera de cerrar este rincón silente antes de unas merecidas vacaciones veraniegas que asistiendo a las XXI Jornadas de Cine Mudo de Uncastillo «Ino Alcubierre»? Hacía tiempo que le tenía echado el ojo a este evento que se celebra en una localidad de la provincia de Zaragoza y que, hasta donde yo sé, es el único festival dedicado al cine mudo en España a día de hoy. De modo que cuando este año sus organizadores tuvieron la gentileza de invitar a este Doctor para concederle un premio no me hice de rogar: empaqueté mis cosas y ordené a Cesare que preparara nuestro coche para dirigirnos a Uncastillo.

Conociendo las Jornadas de Cine Mudo de Uncastillo

Permitan que primero les presente las Jornadas de Cine Mudo de Uncastillo para aquellos que no estén familiarizados con ellas. Dicho evento nació de una iniciativa que iba a ser en realidad algo puntual: un homenaje realizado el año 2000 a la actriz Inocencia Alcubierre, nacida en Uncastillo en 1901, protagonista de algunas de las películas más remarcables del cine español silente como Don Juan Tenorio (1922) de Ricardo de Baños o la versión de Nobleza Baturra (1925) dirigida por Joaquín Dicenta. A partir de aquí surgió la idea de repetir dicha experiencia pero en forma de un evento anual dedicado al cine mudo.

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Campesinas de Ryazan (Baby Ryazanskie, 1927) de Olga Preobrazhenskaya e Ivan Pravov

Resulta curioso que entre toda esa generación de grandes cineastas soviéticos que surgió en los años 20 no hubiera ninguna mujer destacada entre ellos a excepción de la ex-actriz de complicado apellido Olga Preobrazhenskaya. Después de una exitosa carrera en teatro y luego cine, Preobrazhenskaya debutó en 1916 como directora, siendo según se cree la primera mujer en dirigir películas de la historia de Rusia, pero el ser una mujer le dificultó que pudiera seguir con su carrera tras las cámaras más allá de algunos trabajos esporádicos. Esto cambió en el contexto más favorable de finales de los años 20, cuando realizó una serie de títulos bastante reseñables codirigidos junto a Ivan Pravov, de los cuales ya comentamos por aquí la primera adaptación de El Don Apacible (Tikhhiy Don, 1931).

De todas sus películas, la que se considera su gran obra es Campesinas de Ryazan (Baby ryazanskie, 1927), un filme con un potente mensaje de denuncia al patriarcado y que, al mismo tiempo, nos ofrece unas imágenes poderosísimas. La acción tiene lugar en un pueblo de la zona de Riazán justo antes del inicio de la I Guerra Mundial. Ahí la huérfana Anna, de carácter sumiso y bondadoso, es emparejada en un matrimonio de conveniencia con Ivan, el hijo de un importante granjero de carácter rudo, Vasilii. Por suerte para ambos, aunque se ven obligados a casarse congenian enseguida y son felices con la unión. No sucede lo misma con la hija de Vasilii, Vasilisa, que está enamorada de Nicolai, un joven humilde del pueblo al que su padre se opone frontalmente. De carácter más fuerte, Vasilisa se rebela contra su padre y se va a vivir con Nicolai sin casarse formalmente, provocando la indignación y el desprecio de la gente del pueblo. Se inicia la I Guerra Mundial y tanto Ivan como Nicolai son movilizados al frente. En ausencia del hijo, Vasilii, viudo pero con su criada como amante, se encapricha de su nuera y la viola dejándola embarazada. Cuando Ivan retorne de la guerra el conflicto acabará estallando.

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Especial décimo aniversario: las 100 películas mudas favoritas del Dr. Caligari

Continuando con la celebración del décimo aniversario que ya iniciamos la semana pasada, el Doctor Caligari ha decidido ofrecer a sus lectores otro post de índole más personal. Si hace tiempo para conmemorar su quinto aniversario este Doctor listó sus 50 películas mudas favoritas, tenía sentido pues para que para el décimo aniversario compartiera sus 100 películas mudas favoritas.

Dicho listado no es una mera ampliación del que creó hace 50 años, sino una actualización. Eso quiere decir que los 50 primeros filmes de la lista no son necesariamente los mismos ni en exactamente el mismo orden, ya que esta lista se ha elaborado de cero sin tomar la otra como referencia (lo cual no quita que no haya habido grandes cambios significativos entre ambas). A partir de esto, solo dos puntualizaciones:

  • Ésta es una lista de películas favoritas a nivel personal. No pretende ser un listado que represente las obras más importantes o representativas de la era muda, ni que abarque los principales cineastas, movimientos o tendencias de la época.
  • En este caso, a diferencia del anterior listado, no he puesto límite al número de películas que podía haber de un mismo director. Solo una condición: he incluido únicamente largometrajes (es decir, a partir de unos 40 minutos), ya que si incluía cortos se me complicaba demasiado la cosa. Eso ha implicado dejar fuera el cine de los primeros años, espero que sepan disculparme por ello.

Y sin más dilación aquí va la lista, espero que la disfruten y la encuentren entretenida.

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El Expreso Azul (Goluboy ekspress, 1929) de Ilya Trauberg

Las grandes cinematografías de la era muda son una fuente inagotable de nuevos descubrimientos y pequeñas alegrías, como es el caso de la cinta que rescatamos hoy, El Expreso Azul (Goluboy Ekspress, 1929) de Ilya Trauberg. No sé mucho sobre su director, Ilya Trauberg, del cual he encontrado muy poca información en la red. Sospecho que es el hermano menor de Leonid Trauberg (El Capote, (Shinel, 1926), La Nueva Babilonia (Novy Vavilon, 1929)), ya que ambos nacieron en fechas muy cercanas en la misma ciudad, pero su carrera como director parece más breve y menos conocida. Un dato crucial es que fue asistente de Eisenstein en Octubre (Oktyabr, 1927), ya que la película que tenemos entre manos está influenciada descaradamente por el estilo de su maestro.

De hecho, por dar un titular algo facilón, podríamos decir que El Expreso Azul viene a ser una versión más modesta de El Acorazado Potemkin (Bronenosets Potyomkin, 1925) pero cambiando el barco en un tren, ya que ambas muestran cómo una serie de personajes sistemáticamente maltratados y humillados se rebelan y se hacen con el control. No obstante, las similitudes con el Eisenstein mudo son de tipo más genérico: el no tener un protagonista individual sino colectivo, el mensaje con una fuerte carga política y, lo más importante de todo, el montaje, como ya veremos más adelante.

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«No sabía que ya lo habían inventado en esa época»: recursos cinematográficos que ya existían en la era muda (II)

Si recuerdan, la semana pasada iniciamos un artículo dedicado a detallar multitud de innovaciones cinematográficas que a veces se piensa erróneamente que son posteriores a la era muda… ¡o incluso pertenecientes a la modernidad! El propósito de estos dos posts es reivindicar una vez más la era muda, a menudo vista de forma totalmente errónea como una época anticuada y superada enseguida con el sonoro, y por supuesto recopilar algunos curiosos hallazgos de esta época. Si el anterior post se centraba en recursos técnicos o de lenguaje cinematográfico, en éste hablaremos más de temas relacionados con el contenido y temática de las películas. Allá vamos:

Guiños metacinematográficos

Los juegos metacinematográficos hacen algo tan aparentemente moderno como destruir ese mundo de ficción construido de forma tan minuciosa y hacen evidente el artificio. Proponen un guiño cómplice al espectador evidenciando que los personajes que vemos son actores y no personas reales. Esto es también algo tan viejo como el mismo cine.

Hace años hablé de una película que vi en Pordenone llamada Fleur de Paris (1916) en que la famosa actriz Mistinguett interpretaba a dos mujeres: a una humilde costurera que guarda un extraño parecido con la actriz Mistinguett y, claro está, a ella misma, la propia Mistinguett, que se acaba encontrando con la costurera. Un argumento de ese tipo en una película estrenada 50 años después parecería un alarde de modernidad, pero en realidad como vemos este tipo de tramas no era tan raras en la época.

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«No sabía que ya lo habían inventado en esa época»: recursos cinematográficos que ya existían en la era muda (I)

Una de las cosas que a este Doctor le gusta hacer en este rincón silente es romper con tantísimos tópicos sobre cine mudo basados en prejuicios o simplemente puro desconocimiento, y demostrar que en realidad la era muda no es una etapa en que el cine aún se hallaba «incompleto». En ese sentido hay muchos recursos que se suelen asociar a épocas posteriores que en realidad ya se utilizaban en la época silente, e incluso a veces uno puede darse la sorpresa de descubrir que hay películas mudas más modernas que la mayoría de filmes de las décadas inmediatamente posteriores.

En realidad la era muda fueron unos años de constantes experimentos y descubrimientos, muchos de los cuales se quedaron paralizados con la llegada del sonoro, al encontrar el cine comercial una forma estandarizada y efectiva de narrar historias. No pretendo con ello criticar el cine sonoro, pero sí constatar que hubo un cierto retroceso al menos en lo que se refiere a la voluntad de probar cosas nuevas y forzar los límites del lenguaje cinematográfico. Para demostrarlo este Doctor se ha propuesto ofrecerles un extenso artículo en dos partes en que desgranará multitud de recursos o elementos que suelen asociarse a décadas posteriores a la era muda (en algún caso incluso a la modernidad) pero que ya se estaban utilizando por entonces. La lista podría haberse hecho incluso más extensa, incluyendo por ejemplo trucajes y efectos especiales que siguen siendo perfectamente vigentes hoy día, pero me temo que en tal caso se me podría ir el texto aún más de las manos.

Para hacerlo más digerible he decidido dividir el contenido en dos posts: el primero se centra en elementos técnicos y recursos de puesta en escena, y el próximo se centrará en aspectos temáticos o de contenido. Espero que lo disfruten y que les haga ver con otros ojos esta maravillosa época de la historia del cine.

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Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2022 (IV)

Crédito: Valerio Greco

6 de octubre – El cóctel de Mabel

Hablando con algunos viejos conocidos del festival oí algunos quejas de que este año teníamos sobredosis de melodramas, y aunque ese género siempre ha estado muy presente en Pordenone es cierto que el ciclo Norma Talmadge está haciendo que haya una sensación de sobreabundancia. En el caso de The Sign on the Door (1921) al principio tuve esa impresión, aun cuando la dirección corría a cargo de un director tan eficiente como Herbert Brenon, clásico nombre respetadísimo en su época y hoy día olvidado por el paso del tiempo. Talmadge es una jovencita que se deja engañar por un bribón, quien intenta seducirla (esto es, violarla, pero dicho de forma más refinada) llevándola engañada a un local de mala muerte. Consigue escapar y años después está casada con un hombre adinerado que tiene una hija veinteañera de su anterior matrimonio. Aparece en escena de nuevo el seductor y, lo adivinaron, intenta hacerse con la hijastra de nuestra Norma.

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Los efectos visuales alucinógenos de Amoki (1927) de Kote Mardjanishvili

Como aficionado al cine mudo que lleva siguiendo esta forma de arte desde mis años mozos en la República de Weimar, lo que me encanta de la era internet es que nos ha permitido llegar no solo a películas mudas que durante mucho tiempo han sido muy difíciles o casi imposibles de conseguir, sino también a centenares de obras que ni sabíamos que existían y que están ahora a un clic de nosotros. Películas que en los años 20 del siglo pasado este inquieto cinéfilo no hubiera descubierto, ¡y eso que procuraba estar siempre atento a todo lo que estrenaba! De modo que si uno se mueve por estos inabarcables mares internautas puede acabar disfrutando un día del visionado de Amok (Amoki, 1927) del prestigioso director teatral Kote Mardjanishvili, la versión filmada en Georgia que todos estábamos esperando del célebre relato de Stefan Zweig.

¿Que la película no tiene subtítulos y ustedes no saben leer en georgiano? Bah, eso en el cine mudo no es ningún problema. Basta con conocer el relato original para seguir la trama aunque no se entiendan los rótulos, (y si no lo han leído, háganlo, es muy bueno). Comprobarán que eso nos sirve de sobras para disfrutar de todas sus virtudes cinematográficas.

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Especial Films Albatros (IV): los 100 rostros de Ivan Mosjoukine/Ivan Mozzhukhin

Este post forma parte de un especial dedicado al estudio Films Albatros que incluye los siguientes artículos:


«No hay nada más doloroso y desagradable que verte a ti mismo en la pantalla. La más mínima falsedad espiritual, aunque sea camuflada por la técnica, se percibe de inmediato, y eso me atormenta durante mucho tiempo».

NOTA: en este post he empleado la versión afrancesada del nombre de nuestro protagonista en lugar de su nombre original en ruso, Ivan Mozzhukhin. El motivo es simplemente que es el nombre por el que más se le suele conocer.

Tres instantáneas de la vida de Ivan Mosjoukine

Como primera toma de contacto con la compleja biografía de un actor tan prolífico y apasionante como Ivan Mosjoukine quedémonos de entrada con tres instantáneas tomadas en diferentes momentos de su carrera y un fragmento de vídeo. La primera instantánea sería en 1920, cuando desembarca en Francia huyendo de la revolución soviética con el estatus de ser la principal estrella del cine ruso. ¿Lograría hacerse un nombre en ese país o quedaría relegado a papeles secundarios como le sucedería a docenas de actores que no consiguieron mantener su caché tras verse obligados a emigrar a otra industria donde no eran tan conocidos? La segunda imagen es otro desembarco, en este caso en Estados Unidos, adonde Mosjoukine ha viajado en 1927 tras hacerse un nombre en toda Europa con la esperanza de convertirse en una de las grandes estrellas masculinas de Hollywood. Lo tiene todo a su favor: talento, físico, fama, experiencia y versatilidad. Una última instantánea, ésta perteneciente a 1939: un Mosjoukine enfermo de tuberculosis en un hospital parisino arruinado y totalmente olvidado por el público. La muerte a los 49 años del que 12 años antes era uno de los actores más famosos de Europa pasó totalmente desapercibida.

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