René Clair jugando con el sonido

Viva la Libertad (1931) es una de las primeras películas sonoras del director francés René Clair, quien había dado el salto a esta nueva forma de hacer cine con gran éxito gracias a Bajo los Techos de París (1930), considerado unánimemente como el primer gran film sonoro hecho en Francia.
Clair, quien tendría en el futuro una carrera a caballo entre Francia y Hollywood, era un cineasta muy imaginativo y creativo. En sus inicios estuvo vinculado con los movimientos vanguardistas cinematográficos, de los que tomó algunos recursos para dotar a sus films de una mayor libertad expresiva. Eso explica que en esta obra nos encontremos un pequeño gag que encuentro muy interesante porque nos da algunas pistas sobre el uso del sonido en los inicios del cine sonoro.

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Rex Ingram por Michael Powell

rex ingram

Rex Ingram es uno de esos grandes directores de la era muda de Hollywood que cayó en desgracia con el paso del tiempo. En su caso ya antes de la llegada del cine sonoro su carrera empezaba a estar de capa caída, y se retiraría tras haber hecho sólo una película hablada.

Uno de los directores que más reivindicó su figura fue el genial Michael Powell, autor de obras maestras como Las Zapatillas Rojas (1948) o El Fotógrafo del Pánico (1960). Powell de hecho empezó en el cine a los 20 años participando en los rodajes de Mare Nostrum (1926) y El Mago (1926) de Ingram, que se llevaron a cabo en Francia. Powell, que por entonces vivía ahí, consiguió infiltrarse entre el numeroso equipo que rodeaba a Ingram desempeñando todo tipo de tareas que le servirían como primer aprendizaje de cara al futuro. De hecho, años después figuras del cine británico como Alfred Hitchcock sentirían interés por el principiante Powell simplemente por el hecho de que había trabajado con el gran Rex Ingram.

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Chaplin, Virginia Cherrill y el difícil rodaje de Luces de la Ciudad (1931)

chaplin virginia cherrill

Como es bien sabido, el rodaje de Luces de la Ciudad fue uno de los más difíciles de la carrera de Chaplin por diversos motivos: su enfermizo perfeccionismo que le hizo alargarlo hasta prácticamente dos años, la presión de estar haciendo un film mudo durante el sonoro y su difícil relación con la actriz protagonista Virginia Cherrill, que es el caso que nos ocupa hoy.

Cherrill en realidad no tenía ninguna experiencia como actriz. Chaplin la descubrió casualmente una noche que acudió a un combate de boxeo y decidió hacerle una prueba. Al parecer el motivo por el que decidió contratarla tras la prueba era que sabía poner expresión de ciega con toda naturalidad, sin poner los ojos en blanco ni fingir demasiado.

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Explosion of a Motor Car (1900) de Cecil M. Hepworth

Este cortometraje del pionero del cine británico Cecil M. Hepworth es una perfecta muestra de la función que tenía el cine en sus orígenes, buscando más chocar al espectador e impresionarle por el contenido de sus imágenes que narrar una historia.

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El erotismo de El Demonio y la Carne (1926)

El Demonio y la Carne (1926) fue una de las películas más emblemáticas de la etapa muda de Greta Garbo en que se narraba la tórrida relación entre el oficial británico Leo von Harden y la seductora Felicitas. Uno de los motivos por los que el film fue tan célebre en su momento está en su marcado erotismo, especialmente en las escenas que protagonizaban Garbo y John Gilbert juntos. Solo unos pocos años después sería impensable ver momentos como éstos por culpa del código Hays de censura.

Mi escena favorita de la película tiene lugar en un baile en que la pareja empieza a intimar en el jardín poco después de conocerse. Clarence Brown nos muestra entonces un largo plano muy cerrado de los dos que no es interrumpido por ningún rótulo. Los dos se miran y sus rostros pueden casi tocarse. Ella saca un cigarro y él, lentamente, se lo quita para ponérselo entre sus labios. Por la forma como lo hace se nota que ansía tocar con sus labios ese objeto que ha pasado por los de ella, es un gesto marcadamente erótico. Seguidamente, enciende una cerilla (otro detalle maravilloso es cómo se ilumina entonces los rostros de los personajes con la excusa de la cerilla) y ambos se besan.

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Nana (1926) de Jean Renoir

nana

Adaptar una obra considerada un gran clásico de la literatura es siempre una tarea difícil, especialmente cuando se trata de un libro extenso, porque eso implica adaptarlo a la duración media de un film reduciendo su complejidad y la densidad psicológica de los personajes. Eso es lo que sucede inevitablemente con la adaptación que hizo Renoir de Nana de Émile Zola, la célebre novela que narraba la historia de una prostituta que asciende hasta convertirse en amante de lujo de numerosos nobles y personajes acaudalados, llevándolos a todos a la perdición.

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El Rey de la Comedia de Mack Sennett

El rey de la comedia

Definitivamente una autobiografía de Mack Sennett es un libro que tiene ganado mucho de antemano, ya que se trata de una de esas personas que tenía tanto que contar y que había hecho tantas cosas interesantes que una autobiografía suya difícilmente podría fallar.

Aunque no fue el creador de la comedia fílmica como se ha dicho a menudo, sí que fue el gran propulsor del género creando en 1912 su famoso estudio Keystone, del cual surgieron cientos de comedias que tuvieron un éxito arrollador y que convirtieron el slapstick en uno de los géneros más exitosos del cine mudo. Teniendo en cuenta los talentos que descubrió (Mabel Normand, Chaplin, Roscoe Arbuckle, Harry Langdon, Gloria Swanson) y lo importantísima que fue su aportación a la comedia, su autobiografía promete ser un jugoso caramelo para cualquier cinéfilo.

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El final de El Último (1924)

Rótulo El Último

Aquí, en el lugar de su humillación, el viejo se marchitaría miserablemente el resto de su vida y la historia realmente se habría terminado. Pero el autor se hace cargo de lo que todos han abandonado añadiéndole un epílogo en el que las cosas transcurren aproximadamente así, como, lamentablemente, no suelen transcurrir en la vida.

Pocas veces un solo rótulo ha dado tanto que hablar. Se trata del epílogo de El Último de F.W. Murnau, una de las más grandes películas alemanas de la era muda que contribuyó a dar prestigio internacional al cine germano junto a Varieté (1925) y los films de Fritz Lang.

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A Cottage on Dartmoor (1929) de Anthony Asquith

En cierto momento de A Cottage on Dartmoor el protagonista intenta atraer la atención de la chica proponiéndole una cita, y de entre todas las posibilidades para pasar la tarde juntos, la que le sugiere es ir al cine a ver una película sonora. Resulta irónico (e intencionado) que en una de las últimas grandes películas mudas del cine británico se comente el tema tan libremente. Y es que aunque desde el punto de vista del argumento propiamente dicho el film no tiene nada que ver con el mundo del séptimo arte, Asquith deja caer de forma muy directa una reflexión sobre el fin de una forma de hacer cine.

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