Hoy les traemos la primera adaptación cinematográfica que se conoce del famoso relato de Ali Baba y los cuarenta ladrones, realizada por uno de los grandes cineastas de los primeros años del medio, Ferdinand Zecca. Como todas las obras de esa época, el filme se compone de varios retablos/planos generales que todavía le dan una cierta apariencia teatral, pero que en este caso se compensa por el magnífico uso del color mediante el proceso Pathécolor, que es lo que le da vida a la película.
Categoría: Reseñas de películas
La Mudanza (Cops, 1922) de Buster Keaton y Edward F. Cline
Aunque a la hora de valorar la carrera de grandes cineastas siempre tendemos a fijarnos en sus largometrajes (que es el formato «estándar» actual de consumo de películas), en el mundo del slapstick es innegable que algunos de los más grandes logros del género se encuentran en el terreno del cortometraje (de hecho en algún caso como Laurel y Hardy creo que ninguno de sus largos está a la altura de sus cortos o mediometrajes). Además resulta especialmente interesante analizar cómo algunos de los cortos de Chaplin, Harold Lloyd o Buster Keaton ya empiezan a anticipar algunas de las ideas que luego explotarían en profundidad en sus largometrajes más célebres, como podemos comprobar en el filme que hemos seleccionado hoy de Keaton, La Mudanza (aunque me gusta más su título original: Cops).
La película se inicia con uno de esos gags de confusión que tanto gustaban en el slapstick y que solo un año después Harold Lloyd retomaría en El Hombre Mosca (Safety Last, 1923): Buster habla con su chica tras unas rejas que les separan… y que luego comprobamos que no corresponden a la cárcel sino a la entrada de la mansión donde vive ella, por tanto lo que les impide estar juntos es su diferencia social; de hecho, ella se niega a aceptarle como pretendiente hasta que no sea un exitoso hombre de negocios. Dicho y hecho, Buster encuentra una cartera con dinero y se dirige a la ciudad para convertirse en un hombre de provecho. Pero las cosas no salen como tenía previsto, ya que un hombre le estafa haciéndole creer que le vende unos muebles que en realidad pertenecían a una familia que se está mudando y, mientras los transporta en un desvencijado carro, irrumpe ruidosamente en un desfile de la policía y acaba siendo perseguido por cientos de agentes de la ley.
El Golem (Der Golem, wie er in die Welt kam, 1920) de Paul Wegener y Carl Boese
Una de las películas más importantes que el año pasado cumplió un siglo es El Golem (1920) de Paul Wegener. Eso sumado a la reciente restauración que recientemente salió a la venta nos sirve de excusa perfecta para dedicarle una entrada detallada a la que es una de las obras maestras del cine mudo alemán.
Todo empezó cuando el actor de teatro Paul Wegener estaba filmando en Praga la primera versión cinematográfica de El Estudiante de Praga (1913), codirigida por él y Stellan Rye. En medio del rodaje, Wegener se enteró de una leyenda local judía sobre un rabino que en la Edad Media dio vida a un golem para proteger a los habitantes de su gueto. Fascinado por la historia, Wegener se propuso convertirla en película, y de ahí surgiría El Golem (1915), codirigida por él y Henrik Galeen. Por desgracia dicha versión está perdida, lo cual supone una enorme pérdida porque las escenas que sobreviven resultan muy prometedoras (en su momento ya comenté los pocos fragmentos que pude ver en Le Giornate del Cinema Muto del 2017). Lo interesante de esta versión es que Wegener la situaba en la época contemporánea – el presupuesto no daba para recrearla en la Edad Medieval – pero el director quedó muy poco satisfecho con el resultado. A ésta le seguiría una especie de secuela en clave humorística, El Golem y la Bailarina (Der Golem und die Tänzerin, 1917) también codirigida por Wegener, quien encarnaba a un actor que se disfrazaba de golem para impresionar a una bailarina en un baile de disfraces. De nuevo se trata de una película perdida que, si bien no parece tan prometedora como El Golem (1915), tiene como aliciente tanto sus juegos metacinematográficos (con Wegener encarnando a un actor que ha interpretado a un golem en una película) como la idea de extraer partido humorístico a una figura en principio terrorífica (algo que explotarían más a fondo posteriormente cineastas como Tod Browning o James Whale).
Un Duelo a Pistola en el Bosque de Chapultepec (Duel au Pistolet, 1896) de Gabriel Veyre
Las primeras imágenes cinematográficas filmadas en México las tomó el operado Gabriel Veyre que trabajaba para los hermanos Lumière, quien desembarcó allá con su cámara en 1896.
Duel au Pistolet (1896) recrea un suceso real en el cual dos diputados se batieron con pistolas en el bosque de Chapultepec, pero lo que vemos obviamente no es el duelo real sino una recreación con actores. No obstante, para el público de la época, que aún no estaba familiarizado con las distinciones entre ficción y documental, esta recreación debió parecerles auténtica, y más teniendo en cuenta el realismo con el que Veyre la supo captar. Lo importante para Veyre no era si lo que filmaba era auténtico o no, sino que representaba un pedazo de realidad de México.
De modo que ya en su primer año de existencia había en estos primitivos cineastas esa ambición de no restringirse a lo que podían captar verdaderamente con su cámara y, si hacía falta, falsear la realidad con tal de conseguir una buena película. El debate que suscitarían los documentales de Robert Flaherty o Las Hurdes (1933) sobre la forma como muchas de sus escenas recreaban una supuesta realidad en lugar de captarla tal cual era vemos que en realidad es tan viejo como el mismo cine.
El Sexto Sentido (1929) de Nemesio Manuel Sobrevila
No es ningún secreto que España estuvo muy lejos de ser un país destacado en la era muda, y más cuando algunos de sus principales exponentes (Segundo de Chomón, Marcel Pérez) no tardaron en emigrar al extranjero para desarrollar su carrera. Sin embargo si exploramos un poco en su cinematografía nos podremos encontrar algunas agradables sorpresas como este singularísimo filme de Nemesio Manuel Sobrevila: El Sexto Sentido (1929).
Para entender las virtudes de esta obra y su cualidad de rara avis en una industria fílmica poco dada a excentricidades primero debemos tener en cuenta a su autor: un arquitecto, inventor y cineasta de inquietudes culturales que estaba muy al tanto de las últimas tendencias artísticas fuera del país. De modo que más que trabajar en la industria cinematográfica española, Sobrevila era un tipo bien conectado con el mundo cultural y vanguardista que se acercó al cine con ganas de explorar sus posibilidades (no es algo tan raro este tipo de «intrusiones», de hecho en el cine vanguardista francés era de lo más habitual). Y después de un primer filme hoy desaparecido, Al Hollywood Madrileño (1927), se lanzó con esta película que en su momento pasó inadvertida pero hoy día ha sido rescatada como obra de culto.
Arthème Opérateur (1914) de Ernest Servaès
Ernest Servaès era un cineasta francés que en los años 10 dirigió y protagonizó algunos filmes cómicos bajo el nombre de Arthème y que más adelante llegaría a montar sus propios estudios en Marsella. Como muestra de su obra cómica les ofrecemos Arthème Opérateur (1914), en que su alter ego decide responder a un anuncio en que se busca a un proyeccionista para un cine pese a que, como era de suponer, no tiene ni idea sobre dicha profesión.
Si hemos escogido este filme es sobre todo porque nos da la oportunidad de presenciar algo que a mí personalmente me gusta mucho encontrar en obras de esa época, y es cómo funcionaban los cines por entonces. Aquí se nos ofrecen numerosos planos tanto de la sala de cine como de la cabina de proyección, donde podemos ver todos los desastres que organiza Arthème y cómo van afectando a la película proyectada (desenfoques, ralentizados, películas proyectadas boca abajo, etc.). No se puede decir que Arthème sea un cómico de primer nivel pero solo por el espacio donde sucede la acción estoy seguro de que encontrarán esta película más que interesante.
Por cierto, ¿se han fijado en que el filme que se anuncia en el cine es otra obra del propio Arthème? A esto se le llama aprovechar cualquier ocasión para hacerse autopromoción.
Especial Greta Garbo (IV): Anna Karenina (Love, 1927) de Edmund Goulding
Este post forma parte de un especial dedicado a Greta Garbo que incluye los siguientes artículos:
- De Greta Gustafsson a Greta Garbo.
- La Saga de Gösta Berling (Gösta Berlings saga, 1924) de Mauritz Stiller.
- Greta Garbo vs la Metro-Goldwyn-Mayer.
En algún momento durante la producción de Anna Karenina (1927) la Metro-Goldwyn-Mayer decidió que cambiaría el título de esta adaptación de una de las novelas más célebres de la historia de la literatura por el de Love; un cambio espantoso que solo se entiende por el hecho de que les permitiría publicitar la película con el eslogan de «John Gilbert and Greta Garbo in Love» (que se traduciría no solo como «Gilbert y Garbo en Love» sino que permitiría hacer el juego de palabras «Gilbert y Garbo enamorados»). Esta absoluta estupidez nos muestra la ambivalencia que había en el seno del estudio más prestigioso de Hollywood de la época: por un lado esa pretensión de adaptar un respetado clásico de la literatura, por el otro ese énfasis en publicitar la pareja protagonista y el gancho extra de que eran una pareja de verdad en la vida real. Buena parte de Hollywood de hecho ha basculado históricamente en esa tensión entre ganar respetabilidad y caer en los más viejos trucos publicitarios.
No obstante, la idea inicial de Anna Karenina era decantarse por el lado más respetable: se contrató a un director ruso (Dimitri Buchowetzki), la pareja de la Garbo no era su amante en la vida real sino el actor Ricardo Cortez y se utilizó a antiguos miembros de la aristocracia del zar como secundarios (Hollywood estaba repleto de nobles rusos caídos en desgracia, quienes buscaban un sustento honorable sirviéndose del aura de respetabilidad que otorgaba un título nobiliario y la supuesta utilidad que podrían tener como asesores en films ambientados en su país de origen). Pero, ay, a los quince días de rodaje Greta Garbo cayó gravemente enferma y se tuvo que detener la producción durante cinco semanas. Aprovechando ese inevitable parón, el productor Irving Thalberg, que no estaba quedando muy satisfecho con lo rodado hasta ahora, decidió que se empezaría de cero cambiando todo por completo: se iba Buchowetzki y entraba el británico Edmund Goulding; se reemplazaba al director de fotografía por William H. Daniels, que había trabajado ya con la Garbo y en breve sería su favorito y, lo más interesante de todo, se marchaba Ricardo Cortez y le sustituía John Gilbert. Adiós prestigiosa adaptación de Tolstoi, hola vehículo hollywoodiense para lucimiento de la pareja de moda.
Especial Greta Garbo (II): La Saga de Gösta Berling (Gösta Berlings saga, 1924) de Mauritz Stiller
Este post forma parte de un especial dedicado a Greta Garbo que incluye los siguientes artículos:
- De Greta Gustafsson a Greta Garbo.
- Greta Garbo vs la Metro-Goldwyn-Mayer.
- Anna Karenina (Love, 1927) de Edmund Goulding.
A principios de los años 20 Mauritz Stiller era considerado junto a Victor Sjöström el gran director del cine sueco y de hecho el prestigio de ambos era tan grande que no tardarían en ser llamados a Hollywood, donde tendrían futuros muy distintos. Pero antes de que eso sucediera el ambicioso Stiller se propuso realizar la gran película escandinava, que superara todo lo que él y su compatriota Sjöström habían realizado antes, y para ello ¿qué mejor que adaptar la primera novela de la escritora más célebre del país, Selma Lagerlöf, que había proporcionado el material de base para los filmes más destacados de Stiller y Sjöström? De modo que desde su concepción La Saga de Gösta Berling (1924) estuvo pensada como una obra épica de gran presupuesto.
Buon Anno! (1909) de Arrigo Frusta
Indudablemente éste no ha sido un buen año para la mayoría de nosotros. Por ello este Doctor ha pensado que sería bastante oportuno cerrar este 2020 con un cortometraje cómico situado en el cambio de año que todos estamos deseando que llegue: Buon Anno! (1909) de Arrigo Frusta, protagonizado por uno de los más grandes actores cómicos de Italia, Ernesto Vaser.
La premisa es muy sencilla: nuestro protagonista es un burgués que a día 1 de enero se siente agobiado por las constantes felicitaciones de año nuevo que le hacen diferentes personas con la esperanza de que le den una propina a cambio. Harto de tamaño acoso, huye perseguido por una furiosa multitud y acaba con sus huesos en la cárcel. Un cortometraje muy simpático del que les recomiendo que no se pierdan bajo ningún concepto el divertido y surrealista plano final.
Con este filme el Doctor Caligari se despide de ustedes por unas semanas y espera que su entrada en el 2021 sea mejor que la de Ernesto Vaser en esta comedia. Les esperamos de vuelta en Enero, y si hasta entonces se sienten solos pueden seguirnos en nuestras redes sociales: Facebook, Twitter y Tumblr. Les deseamos pues unas felices fiestas y, ya no diremos un próspero año nuevo, sino simplemente un nuevo año decente, que no es poca cosa. Les aseguramos que como mínimo aquí no les faltará su ración semanal de cine mudo.
El Borrón (The Blot, 1921) de Lois Weber y Phillips Smalley
Algo que me encanta de los mejores filmes de Lois Weber es la sensibilidad que le da a sus historias y la delicadeza con la que trata a sus personajes, de modo que aunque la resolución del conflicto o el mensaje final nos pueda parecer previsible ello no nos impida emocionarnos con la historia. Uno de los ejemplos más claros es la excelente Shoes (1916), que narra un pequeño drama en realidad muy sencillo y que la propia Weber condensa en el rótulo inicial… ¡dándonos a entender incluso lo que va a suceder al final! Pero la clave del filme es en la forma como su autora va mostrándonos con paciencia y dando énfasis a los pequeños detalles el día a día de la protagonista, de forma que cuando al final ésta toma la resolución que da pie al conflicto hayamos podido entender perfectamente el por qué de su decisión.
El Borrón (1921) es, como muchas de sus películas, una obra que busca denunciar una injusticia y exponer un mensaje claro y directo al espectador, en este caso hacer un contraste entre aquellos más privilegiados y los que viven en una injusta situación de humildad extrema. El filme se inicia con una lección que da el profesor de universidad Andrew Briggs en una clase repleta de alumnos que le prestan más bien poca atención. El líder de los disidentes es Phil West (un sorprendentemente joven Louis Calhern), joven malcriado de una familia adinerada que solo piensa en divertirse. No obstante Phil tiene un punto débil: está enamorado de la hija del profesor, Amelia, que trabaja en la biblioteca. De hecho la jovencita tiene dos admiradores más: Peter Olsen, el hijo de sus acaudalados vecinos que se han hecho ricos fabricando zapatos caros, y el reverendo Gates, que también vive de forma humilde y ha trabado amistad con su padre.





