Ciertamente, vista hoy día Escamotage d’une Dame au Theatre Robert Houdin (1896) no parece una de las películas más destacadas del genial Georges Méliès, pero tenemos un buen motivo para dedicarle una entrada, y es ser la primera obra en que el conocido como mago del cine utilizó sus famosos trucajes cinematográficos.
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The Pirates of 1920 (1911) de David Aylott y A.E. Coleby
Siempre resulta fascinante ver cómo se imaginaban el futuro en películas antiguas, incluso aunque sean puramente fantasiosas, como es el caso. En este curioso filme titulado The Pirates of 1920 (1911) se especula con la idea de que en un futuro cercano podría haber piratas aéreos que cometerían todo tipo de atrocidades con la ayuda de un zepelín (a saber: abordar un barco y secuestrar una bella damisela).
Esta simpática película de la que nos falta el desenlace es tan entrañable como absurda en todos los sentidos, pero ahí radica gran parte de su encanto. ¡No se la pierdan!
A Daring Daylight Burglary (1903) de Frank Mottershaw
Uno de los géneros más populares en los primeros años del cine eran las películas de persecuciones, las cuales no solo funcionaban asombrosamente bien con el público sino que permitían a los cineastas más inquietos hacer los primeros experimentos con el montaje y el suspense.
Una de las obras más paradigmáticas de este estilo es A Daring Daylight Burglary (1903) de Frank Mottershaw. De entrada, como primer elemento a destacar está el hecho de que pretende ser un film más realista que no plantea la persecución de forma humorística. Eso se nota en el cuidado que puso Mottershaw usando escenarios reales y dando importancia a detalles como el policía que sufre la caída y es atendido por un compañero (no estamos pues ante una película de ésas en que la gente sale indemne de cualquier tipo de violencia física).
The Sick Kitten (1903) de George Albert Smith
Hace tiempo les hablamos de uno de los cortos más importantes de los primeros años del cine: Grandma’s Reading Glass (1900) de George Albert Smith, que incluía de forma muy innovadora unos primeros planos que venían justificados por el elemento de la lupa.
Histoire d’un Crime (1901) de Ferdinand Zecca
Hoy compartimos con ustedes un magnífico ejemplo de cine de los orígenes realizado por uno de los autores más importantes de esos primeros años, Ferdinand Zecca. Se trata de Histoire d’un Crime (1901), un relato sobre un asesino que es detenido por la policía y condenado a la guillotina.
El cortometraje presenta el estilo tan característicamente teatral de los orígenes del cine, pero Zecca aporta un detalle sumamente valioso e innovador: mientras el asesino duerme en la celda, éste recuerda en flashback su pasado y los hechos que le llevaron a cometer el crimen, que se ven superimpuestos en la pared de la prisión. Solo por ese detalle Histoire d’un Crime merece un lugar en las historia del cine, pero además resulta un corto muy bien realizado dentro del estilo teatral de los orígenes del medio, y en la época la escena de la guillotina era considerada tan fuerte que a menudo se pedía a mujeres y niños que salieran de la sala para que no la vieran (no nos cabe ninguna duda de que los niños seguramente se esconderían para no perderse precisamente esa escena). Merece mucho la pena que le echen un vistazo.
Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2017 (IV)
¿Se les ocurre una mejor imagen de bienvenida al festival?
Comentaba Jay Weissberg en la ceremonia de apertura que Pordenone era un sitio en el que poder aislarnos de todos los problemas del mundo durante una semana, algo más necesario que nunca en los tiempos que corren. Es por ello que el último día de festival se caracteriza porque uno empieza a sentir los primeros síntomas del famoso síndrome post-Pordenone; cuando uno debe abandonar esa cómoda burbuja en que ha vivido aislado durante una semana y volver a la realidad y a las aburridas obligaciones cotidianas (como por ejemplo, en el caso de este Doctor, diseñar nuevas armas químicas e instruir a los becarios sobre cómo evitar que se cuelen intrusos en su guarida). No obstante, antes de que eso sucediera Pordenone nos ha ofrecido aun tres días muy intensos, como verán a continuación.
Le Giornate del Cinema Muto de Pordenone 2017 (II)
29 de septiembre
Este año el Dr. Caligari decidió asistir a la proyección gratuita que sirve como prólogo al festival y que tiene lugar en el Teatro Zancanaro de Sacile, un pueblo (muy bonito por cierto) a solo unos kilómetros de Pordenone. En este caso se trataba ni más ni menos que de una de las obras cumbre del cine silente, El Viento (1928) de Victor Sjöstrom, con una orquesta en vivo interpretando una excelente banda sonora compuesta para la ocasión por Günter A. Buchwald. Para sorpresa de los organizadores, el teatro estaba tan lleno que tuvieron que abrir los palcos superiores (de hecho había gente haciendo cola una hora antes… ¡Sjöstrom arrasando en Sacile!).
Pinocchio (1911) de Giulio Antamoro
NOTA: este post se publicó cuando la única copia que pude encontrar de esta versión de Pinocho era una versión incompleta a la que faltaba mucho metraje. Tiempo después pude ver una versión completa en las XXI Jornadas de Cine Mudo de Uncastillo y hacer una reseña más exacta de su contenido. He editado el post original cambiando el link a Youtube por el de la versión completa y he eliminado el texto original sustituyéndolo por el que escribí desde Uncastillo, que da una visión más exacta del filme.
Hoy rescatamos la primera adaptación cinematográfica que se conoce de la célebre historia de Carlo Collodi publicada en 1883.
Se trata principalmente de un vehículo para lucimiento del artista de circo Ferdinand Guillaume, más conocido con el sobrenombre de Polidor, quien de hecho aparece ya al inicio del filme con ropas de calle para presentarse a los espectadores. A partir de aquí, la película adapta muy libremente el cuento original del que mantiene algunos aspectos (por ejemplo, el episodio de la ballena o los niños que se convierten en asnos) y otros sencillamente se los inventa o los evita (es muy curioso que el rasgo más recordado de Pinocho, que le crezca la nariz cuando dice mentiras, aquí sea totalmente inexistente).
De entre los aspectos más curiosos merece destacarse una escena en que Pinocho acaba siendo nombrado jefe de una tribu india, llevando brevemente el filme al inesperado terreno del western. Y por descontado hay otro elemento que me encanta de este tipo de películas infantiles de la era primitiva, y es lo malrolleras que pueden llegar a ser. Ojo al dato: tenemos una escena en que dos tipos disfrazados de negro ahorcan al pobre Pinocho (el plano además está filmado en exteriores con una iluminación algo oscura que lo hace aún más sórdido) y otra en que visita un pueblo habitado, no por animales, sino algo mucho peor, siniestros tipos disfrazados de animales – mi favorito por cierto es el elefante bebiendo en un bar. Por otro lado, de la mayoría de películas de esa época, por muy menores que sean, se suele sacar algo interesante, y Pinocho no es una excepción. En este caso ha habido un par de planos que me han maravillado: los de Pinocho mirando su reflejo en el agua de una vasija para corroborar que le han crecido las orejas de burro. No solo rompen la puesta en escena en planos generales sino que creo que tienen algo especialmente evocador.
Le Cochon Danseur (1907)
Siempre me ha encantado que un corto primitivo como Le Cochon Danseur (1907) haya experimentado un inesperado auge de popularidad en nuestra época gracias a internet. Efectivamente la imagen de este ¿simpático? cerdo gigante se prestaba para ser utilizada en gifs animados, y mucha gente a quien seguramente no le interesan especialmente los orígenes del cine ha acabado descubriendo el corto a raíz de ellos – otro tema a comentar serían las rarezas cinematográficas que hemos hallado de esta forma, como es mi caso con una película soviética absolutamente desconocida para mí llamada Counterplan (1932), a la que llegué por un gif bastante difundido de un anciano regalando gatitos con una expresión de júbilo maravillosamente bizarra.
No crean que este anciano Doctor está divagando, las películas de principios del siglo XX suelen estar asociadas a lo que el teórico Tom Gunning bautizó como «cine de atracciones«, es decir, films que no se basaban en la narrativa sino en el acto puro de mirar en sí. Por tanto eran películas que buscaban el voyeurístico placer de mirar o lo que hoy día consideraríamos golpes de efecto. Es por ello que el gif animado, basado en capturar un instante en movimiento especialmente llamativo, es una herramienta bastante apropiada para encapsular pequeños momentos de cine de atracciones, como es el caso de nuestro protagonista de hoy.
Kansas Saloon Smashers (1901) y Why Mr. Nation Wants a Divorce (1901) de Edwin S. Porter
Antes de mostrarles los dos cortos que hemos seleccionado hoy, permitan que les presente a la persona que sirvió de inspiración para ambos: Carrie Nation.
Esta señora era uno de los miembros más famosos de la ligas antialcohol que tuvieron lugar en Estados Unidos en el siglo XIX y principios del XX. Ya saben, esa gente que tenía la excéntrica idea de que el alcohol era la causa de todos los males de la sociedad y que acabó consiguiendo que se implantara la famosa ley seca en los años 20. La señora Nation era una mujer de fuertes convicciones («soy un bulldog corriendo junto a los pies de Jesús y ladrando a todo aquello que a Él no le gusta») quien, al ver que sus charlas antialcohol así como increpaciones a dueños de bares no servían de nada, decidió pasar a la acción destrozando bares. Aunque la policía a menudo la arrestaba, ella seguía persistiendo en su cruzada antialcohol y pagaba las fianzas con lo que recaudaba en sus charlas.



