El caso de John Gilbert y el cine sonoro

johngilbert

Uno de los tópicos más extendidos a la hora de hablar del salto del mudo al sonoro es el de la antigua estrella de cine que con la llegada del sonido se quedó atrás por no tener una voz adecuada. Y efectivamente existen casos de ese tipo, no solo en referencia a actores extranjeros cuyo acento les impedía interpretar muchos papeles, sino también en lo que respecta a actores norteamericanos cuya voz sencillamente no agradó al público.

Uno de los ejemplos por antonomasia que más se suele citar es el del actor John Gilbert. En los años 20, Gilbert era uno de los actores favoritos del público, especialmente femenino. Sus papeles de galán seductor encandilaban a las espectadoras, y era la pareja perfecta para una de las grandes divas del Hollywood de la época: Greta Garbo. Sin embargo, la carrera de Gilbert cayó en desgracia con la llegada del sonido, mientras que la de Garbo se mantuvo sin muchos problemas pese a su marcado acento escandinavo. Leer más »

Una cuestión de acentos

Una de las cualidades más interesantes del cine mudo era que, al no conocer las voces de los actores que aparecían en la pantalla, éstos tenían un aire casi fantasmal o irreal. En el momento en que hablaban se perdía ese rasgo único y pasaban a ser seres de carne y hueso. Un periodista de la época desarrolló la idea de esta manera:

El pueblerino que se imaginaba que, en caso de que la Señorita X le susurrara «Te quiero», sonaría como una mandolina, ahora escucha a su diosa hablar como una dependienta de tienda masticando chicle. El devoto del seductor carácter inocente de la Señorita Y ahora la mira bajo la triste luz de los «talkies» como una mujer de mediana edad con la voz de una mujer de mediana edad. El granjero que antaño soñaba con la Señorita Z como una exótica y misteriosa dosis de polvo de cantárida ahora la verá simplemente como una inmigrante obesa con músculos sobredesarrollados asistiendo en la negociación de un inglés «pidgin»«.

microfono horror

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El erotismo de El Demonio y la Carne (1926)

El Demonio y la Carne (1926) fue una de las películas más emblemáticas de la etapa muda de Greta Garbo en que se narraba la tórrida relación entre el oficial británico Leo von Harden y la seductora Felicitas. Uno de los motivos por los que el film fue tan célebre en su momento está en su marcado erotismo, especialmente en las escenas que protagonizaban Garbo y John Gilbert juntos. Solo unos pocos años después sería impensable ver momentos como éstos por culpa del código Hays de censura.

Mi escena favorita de la película tiene lugar en un baile en que la pareja empieza a intimar en el jardín poco después de conocerse. Clarence Brown nos muestra entonces un largo plano muy cerrado de los dos que no es interrumpido por ningún rótulo. Los dos se miran y sus rostros pueden casi tocarse. Ella saca un cigarro y él, lentamente, se lo quita para ponérselo entre sus labios. Por la forma como lo hace se nota que ansía tocar con sus labios ese objeto que ha pasado por los de ella, es un gesto marcadamente erótico. Seguidamente, enciende una cerilla (otro detalle maravilloso es cómo se ilumina entonces los rostros de los personajes con la excusa de la cerilla) y ambos se besan.

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