Ya he reivindicado alguna vez por aquí la figura de Maurice Tourneur, padre del más célebre Jacques Tourneur, que si bien no ha alcanzado entre los cinéfilos la fama de su hijo fue un así una figura crucial en el cine de los años 10 y principios de los 20. Normalmente los films que se reivindican de Tourneur son los de su etapa americana, pero hoy les proponemos rescatar un cortometraje de sus inicios en Francia que resulta bastante apropiado en esta fecha por su temática de terror.
Todo parte de una apuesta entre Jacques y Louis, dos amigos burgueses. El segundo asegura que no conoce el miedo y reta al primero a que es capaz de pasar una noche entera en el lugar más siniestro del mundo. A la hora de buscar el emplazamiento más terrorífico imaginable se acaban decantando por un museo de figuras de cera, y no es una mala elección, realmente esos sitios son espeluznantes. Lo que sucede es que si bien al principio Louis se toma todo a broma, a medida que avanza la noche acaba enloqueciendo.



