Hoy les proponemos rescatar un cortometraje muy curioso de un noticiario de la época que tiene como protagonista a Franz Reichelt, uno de los pioneros en la invención del paracaídas tristemente recordado por su desafortunada muerte: para demostrar la eficacia de su paracaídas decidió lanzarse desde lo alto de la Torre Eiffel con él, un ardid publicitario imbatible. El único problema es que su invento no funcionó…
Categoría: Reseñas de películas
Nervios (Nerven, 1919) de Robert Reinert
Nervios es una de las primeras películas realmente importantes de la historia del cine alemán. Precediendo brevemente a su edad de oro y al inicio del expresionismo cinematográfico, dicho film se proponía la ambiciosa tarea de capturar la “epidemia nerviosa” que sufría la población alemana en el durísimo contexto de la posguerra. Y desde luego “ambicioso” es uno de los adjetivos que mejor describen esta obra, que se inicia con un prólogo casi abstracto desvinculado del resto del film en que se nos muestran rótulos e imágenes que pretenden evocar la temática y el tono de la película. El espectador podrá disculpar ese grandilocuente estilo si tiene en cuenta que aún no existía una industria cinematográfica potente alemana y que por tanto su autor buscaba abrir camino con una gran película artística como ésta. ¡Casi nada!
Figuras de Cera (Figures de Cire, 1914) de Maurice Tourneur
Ya he reivindicado alguna vez por aquí la figura de Maurice Tourneur, padre del más célebre Jacques Tourneur, que si bien no ha alcanzado entre los cinéfilos la fama de su hijo fue un así una figura crucial en el cine de los años 10 y principios de los 20. Normalmente los films que se reivindican de Tourneur son los de su etapa americana, pero hoy les proponemos rescatar un cortometraje de sus inicios en Francia que resulta bastante apropiado en esta fecha por su temática de terror.
Todo parte de una apuesta entre Jacques y Louis, dos amigos burgueses. El segundo asegura que no conoce el miedo y reta al primero a que es capaz de pasar una noche entera en el lugar más siniestro del mundo. A la hora de buscar el emplazamiento más terrorífico imaginable se acaban decantando por un museo de figuras de cera, y no es una mala elección, realmente esos sitios son espeluznantes. Lo que sucede es que si bien al principio Louis se toma todo a broma, a medida que avanza la noche acaba enloqueciendo.
El Proceso de los Tres Millones (Protsess o tryokh millionakh, 1926) de Yakov Protazanov
Aunque en la mayor parte del mundo Yakov Protazanov es conocido ante todo como «el director de Aelita (1924)», lo cierto es que ese trata de un cineasta con una filmografía muy interesante que va más allá de dicha película, con obras que la superan ampliamente como las que dio a conocer el reciente festival de cine mudo de Pordenone. Por otro lado, en estos últimos años hemos presenciado también una curiosa revaloración de la faceta más lúdica del cine soviético de los años 20. Hasta hace poco esta cinematografía siempre estuvo asociada a la vanguardia y a los cuatro nombres esenciales e impepinables (Eisenstein, Pudovkin, Kuleshov y Dovzhenko), pero hoy día cada vez más están cogiendo fuerza nombres como el de Boris Barnet o el de Abram Room, que nos demuestran cómo la historia siempre puede ser revalorizada para dar a conocer otras facetas muy interesantes. Quién nos diría que después de todo la URSS contaba en los años 20 con unas cuantas comedias de calidad y muy divertidas aparte de las sesudas películas politizadas que han sido siempre los clásicos de esa época.
How a French Nobleman Got a Wife through the New York Herald Personal Columns (1904) de Edwin S. Porter
¿Recuerdan Las Siete Ocasiones (1925) de Buster Keaton? Pues como ven ya existía un precedente directo, un cortometraje de Edwin S. Porter sobre un francés que pone un anuncio en un diario para encontrar esposa y al final se ve avasallado por tantas pretendientas que acaba huyendo.
La persecución de hecho tira por gags muy similares a los de Keaton con sus respectivas caídas y la gracia de ver a varias respetables señoras corriendo por el campo. Obviamente no entraremos en comparaciones porque no sería justo, el film de Keaton es 20 años posterior y a su lado el de Porter se nota que todavía tiene un estilo primitivo (la persecución acaba haciéndose algo repetitiva), así que simplemente lo dejaremos aquí como curiosidad.
Atentos a la moraleja del desenlace: al final la verdadera esposa es la que no teme mojarse de verdad por el protagonista.
Le Saut à la Couverture 2 (1897) de Louis Lumière o las primeras risas enlatadas del cine
Mis lectores seguramente recordarán cómo meses atrás hablé de un famoso film de los Lumière en que el fondo acababa teniendo casi tanta importancia como la acción principal. Recientemente, repasando una selección de cortos de los Lumière comentada por el cineasta francés Bertrand Tavernier me encontré con otro caso muy similar y aún más divertido. Aquí tienen el momento exacto:
The Drunken Mattress [Le Matelas Épileptique] (1906) de Alice Guy
Alice Guy ha pasado a la historia por ser la primera mujer que dirigió películas, lo cual no es decir poco al ser ésta una profesión donde se ha dado muy pocas oportunidades al sexo femenino. Pero siendo justos, hay más motivos para recordarla: sus películas gozaron de un gran éxito y, vistas hoy día, no cabe duda de que era una de las grandes realizadoras de los primeros años del cine.
Hoy les ofrecemos como ejemplo este divertidísimo cortometraje en que un hombre borracho acaba accidentalmente metido dentro de un colchón dando pie a varias situaciones hilarantes. Aunque Alice Guy cultivó muchos géneros de los que les ofreceremos en el futuro más ejemplos, este corto cómico es uno de mis favoritos y sirve para demostrar que es falso eso de que las mujeres no tienen sentido del humor.
Hindle Wakes (1927) de Maurice Elvey
El British Film Institute se ha empeñado en reivindicar durante estos años algunas de las obras mudas clave de la cinematografía británica, tan denostada hoy día al lado de la de otros países europeos. Y no podemos más que celebrarlo, ya que están consiguiendo probar que el cine mudo británico es mucho más que las primeras obras de Hitchcock. Así como recientemente han conseguido realzar las obras mudas de Anthony Asquith (hoy día creo que ya podemos considerarlas esenciales), otro cineasta que se ha visto favorecido por esta especie de revival es Maurice Elvey, considerado no sin razón el director más prolífico de la historia del cine británico. Difícilmente puede haber algún competidor que le supere, ya que ostenta una filmografía de 200 títulos – ¡el mismo año que realizó este film dirigió otros cinco! – y aunque aún debo ver más películas de su era muda para juzgarlo, si el resto de su obra mantiene el nivel de la que nos ocupa hoy nos encontramos ante un director realmente digno de alabar.
El Espía [The Thief] (1952) de Russell Rouse
Sí se pensaban que esto del cine mudo es una forma fílmica anclada a una época concreta del pasado… tienen razón, pero aún así ha seguido habiendo algunos experimentos muy interesantes en décadas posteriores para volver a esa forma de cine, como el ejemplo que nos ocupa hoy.
El Espía destaca sobre todo por partir de una premisa muy curiosa: hacer una película entera sin diálogos en plenos años 50. No puede calificarse de cine mudo porque cuenta con banda sonora y efectos de sonido, pero es una idea muy arriesgada e interesante. Desconozco cómo consiguió su impulsor llevar adelante un proyecto de este tipo, pero el caso es que el resultado final es muy bueno.
El Desayuno del Bebé (Repas de Bébé, 1895) de Louis Lumière o la importancia de unas hojas
Como es bien sabido, aunque son muchos los pioneros que se atribuyen la autoría de la invención del cine, a efectos prácticos la cosa suele quedar entre los hermanos Lumière y Edison, teniendo una clara ventaja los primeros en gran parte por plantear el cine como un medio de exhibición público, a diferencia del célebre inventor norteamericano. No obstante, otro factor determinante a favor de los Lumière fue su forma de encarar el acto de filmar.
Edison realizaba sus cortometrajes en un estudio apodado Black Mary, mientras que los Lumière apostaron desde el principio por filmar en espacios reales. Eso tiene como consecuencia que los cortos de Edison, realizados sobre fondos negros impersonales, fomenten la sensación de número de feria y de fantasmagoría, mientras que los entornos naturales de los Lumière daban una mayor sensación de realismo.



