¡Ay, Mi Madre! [For Heaven’s Sake] (1926) de Sam Taylor

aymimadre

¿Qué mejor forma de empezar el año que con una buena película de slapstick? Y de entre todas las posibilidades a escoger nos hemos decantado por este film bastante olvidado del (también algo olvidado en ciertos sectores) genial Harold Lloyd.
¡Ay Mi Madre! (éste es uno de esos casos en que me da reparo utilizar la traducción del título original) forma parte de los largometrajes menores de Harold Lloyd, y más cuando se encuentra entre dos obras fundamentales de su carrera como El Estudiante Novato (1925) y El Hermanito (1927). De hecho el propio Lloyd no quedó muy satisfecho con el resultado final del presente film y le tentó archivarlo deteniendo su estreno. Por suerte para él y para todos nosotros no lo hizo, ya que es una comedia muy divertida que acabó siendo uno de los mayores éxitos de taquilla de su carrera.

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His Wooden Wedding (1925) de Leo McCarey

Si hay un artista de slapstick terriblemente infravalorado a reivindicar, ése es Charley Chase. Aunque en un futuro le dedicaremos una entrada como se merece, de momento decir simplemente que era un cómico que estuvo deambulando por varios estudios probando suerte como actor y director hasta que a mediados-finales de los años 20 consiguió cierto éxito protagonizando una serie de cortometrajes para el estudio de Hal Roach. Su personaje, a diferencia de la mayoría de artistas slapstick, era un atractivo galán que se veía inmerso en situaciones absurdas de las que intentaba salir con la mayor dignidad posible. El film que nos ocupa hoy, dirigido por Leo McCarey (realizador de muchos de los primeros cortos de Laurel y Hardy que luego empezó una exitosa carrera dirigiendo películas de prestigio) es uno de los mayores exponentes de su estilo y de los más adecuados para introducirse en su mundo.

His Wooden Wedding (1)

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Esposas Frívolas (1922) de Erich von Stroheim

esposas frivolas
La anterior entrada que les ofrecimos mostraba todos los pormenores del conflictivo rodaje de Esposas Frívolas. Hoy nos centraremos en su contenido.
Escrita y dirigida por el propio  Erich von Stroheim, el film es fiel a sus temáticas e inquietudes habituales, dibujando un retrato cruel, cínico y demoledor de las decadentes clases altas a través del conde Vladislav Sergius Kramzin (interpretado, cómo no, por él mismo), un seductor buscavidas que comercia con dinero falsificado y que ni siquiera nos queda claro si es un Conde real o no. En todo caso, el Conde habita en una mansión de Monte Carlo junto a sus dos supuestas primas, la Princesa Vera Petchnikoff y Olga Petchnikoff (cualquier parentesco o título nobiliario real es pura casualidad). Al saber de la llegada a la ciudad de un importante magnate americano junto a su esposa Helen Hughes, Kramzin se propondrá seducirla para sustraerle dinero.

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Pioneros de la animación: Gertie the Dinosaur (1914) de Winsor McCay

El cortometraje Gertie the Dinosaur es una de las obras clave en los inicios del cine animado. No sólo se trata de un film muy conseguido técnicamente para una época en que la animación cinematográfica todavía estaba en una fase muy primitiva, sino que además tiene algunos aspectos muy curiosos que ponen de relieve la forma como se entendía el cine en sus orígenes.

El creador de este simpático personaje es el dibujante Winsor McCay, quien desempeñaba trabajos muy diversos como diseñar carteles, crear tiras cómicas para diarios o actuar en los clásicos números de vodevil consistentes en caricaturizar a personas del público en vivo. No tardó en interesarse por las posibilidades de la animación cinematográfica y tras un par de cortometrajes que le sirvieron para hacerse con el medio, sorprendió a todos con la ingeniosa Gertie the Dinosaur.

winsor mccay

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Die Frau, Nach Der Man Sich Sehnt (1929) de Curtis Bernhardt

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Die Frau, Nach Der Man Sich Sehnt (que se podría traducir como «La mujer que uno anhela») es un film que destaca básicamente por ser el primer gran papel de Marlene Dietrich, poco antes de saltar al estrellato internacional de mano de Josef von Stenberg con El Ángel Azul (1930). Pero aún así está lejos de ser una película que sólo merezca ser recordada por esta circunstancia.

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Frankenstein (1910) de J. Searle Dawley

Durante décadas se consideró como desaparecida la primera versión cinematográfica del Frankenstein de Mary Shelley, hasta que se supo que un coleccionista privado poseía una copia que desconocía que fuera la única en el mundo. A partir de aquí el film pudo ver por fin la luz en los años 90 y se comercializó en DVD, hasta el día de hoy en que ha pasado a ser de dominio público (por ello, pueden descargarlo legalmente en el siguiente link, aunque a no muy buena calidad).

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Grandma’s Reading Glass (1900) de George Albert Smith

Volvamos al cine de los orígenes, en esta ocasión de la mano de un viejo conocido, el británico George Albert Smith, uno de los pioneros del medio.

El cortometraje que hemos seleccionado hoy, Grandma’s Reading Glass (1900), tiene como aliciente especial el ser uno de los primeros ejemplos que se conoce de uso del primer plano en la historia del cine. Conviene recordar que en los inicios del cine no existía la escala de planos, todo se filmaba en planos generales entendiendo el cine como una prolongación del teatro, donde por tanto debíamos ver siempre todo el escenario y los personajes moviéndose ante nosotros.

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La Pobre Niña Rica [The Poor Little Rich Girl] (1917) de Maurice Tourneur

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La Pobre Niña Rica es una de las numerosas películas que realizó la actriz Mary Pickford encarnando un papel infantil. En el año en que se realizó, 1917, Pickford ya era una actriz muy popular entre el público con sus personajes cándidos e inocentes, que se desmarcaban por completo de la auténtica Pickford, una astuta mujer de negocios que supo administrar a la perfección su carrera.

Esta película narra la típica historia sobre una chica rica (Gwendolyn) que tiene todos los lujos y comodidades que podría desear pero se siente desdichada al no recibir ninguna atención por parte de sus padres ni tener amigos con quien jugar. La premisa algo tópica bordea entre la comedia y el drama, y en la primera parte del film no destaca especialmente más allá de la interpretación de Pickford. La película rebosa por otro lado una inocencia y encanto que con el paso del tiempo se perderían para siempre en el cine: resulta inimaginable hoy día que el público pudiera aceptar a una actriz de 25 años interpretando a una niña de 11 años, y que además ésta saliera airosa no haciendo el ridículo.

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