Hace 100 años: las mejores películas de 1925

Sé que todos ustedes, fieles lectores, lo estaban esperando, ¿y quién es este Doctor para decepcionarles? Aquí va la clásica lista que les ofrecemos cada año de las mejores películas que han cumplido un siglo, es decir, las mejores películas de 1925.

A medida que nos adentramos más en la década de los años 20, más difícil se hace realizar una selección acotada de títulos y uno entra en el dilema de no querer extenderse mucho pero, al mismo tiempo, querer dejar un hueco a tantas grandes películas menos conocidas. Es por ello que en esta ocasión se ha ampliado la lista a 20 títulos. Veamos lo que nos ofrecía el mundo cinematográfico en 1920.

De entrada, como veremos, Hollywood se encontraba en uno de sus mejores momentos creativos. Es increíble la cantidad de grandes películas que nos encontramos en 1925 realizadas en la meca del cine, que incluyen desde obras de autores más singulares y con personalidad propia a filmes abiertamente comerciales pero de gran calidad. Es la edad de oro de cineastas de estudio extraordinarios como Henry King, King Vidor, Frank Borzage o Fred Niblo, cuyo famosísimo Ben-Hur (1925) ha quedado fuera de la lista pese a ser la producción más monumental de la época (y eso que su rodaje estuvo plagado de problemas). Verán en la selección de este año un alto porcentaje de melodramas hollywoodienses, pero cada uno con un estilo y enfoque propios, y todos ellos sorprendentemente muy vigentes hoy día.

Fueron también años de cambio en el cine americano, significativamente el año en que debutó Josef von Sternberg, que en pocos años se convertiría en uno de los directores más importantes del mundo, pero también en el que se retiró del cine el más grande actor de western de la era muda, William S. Hart, con la notable El Hijo de la Pradera (Tumbleweeds, 1925). También fue el año en que el director afroamericano Oscar Micheaux realizó su obra más significativa, la polémica Body and Soul (1925), al mismo tiempo que en las pantallas de cine triunfaban Lon Chaney con El Fantasma de la Ópera (The Phantom of the Opera, 1925), la película de dinosaurios El Mundo Perdido (The Lost World, 1925) de Harry O. Hoyt con sus sorprendentes efectos especiales y los grandes del slapstick con largometrajes más o menos conseguidos. Había espacio para tipos de películas muy distintas que además funcionaban todas muy bien en sus géneros.

En lo que respecta a Europa, en esos años tenemos dos grandes potencias destacando por encima del resto: Francia y Alemania. La primera seguía teniendo esa maravillosa escena vanguardista junto a cineastas que tomaban algunos de los rasgos de este tipo de cine y los aplicaban a sus historias. Aparte de los citados en esta lista, también podrían añadirse otros nombres como Jean Epstein, René Clair o Julien Duvivier que sin duda aparecer en futuros listados.

En cuanto a Alemania, asociada siempre al cine expresionista, en esta época se convirtió en toda una potencia internacional cuando el movimiento ya estaba casi desaparecido. Es decir, aunque el expresionismo fuera lo que propició en gran parte este descubrimiento del cine alemán, a la práctica fue el enorme talento que albergaba su industria lo que acabó de consagrarlo, que se manifestaba desde en los filmes seleccionados aquí hasta en curiosidades como el innovador documental El Camino de la Fuerza y de la Belleza (Wege zu Kraft und Schönheit, 1925).

Podríamos seguir extendiéndonos pero este post se alargaría demasiado y sé que ustedes están impacientes por leer la selección del Doctor. Así que sin más dilación, aquí va:

20) The Salvation Hunters – Josef von Sternberg

El primer largometraje de ese genial director que sería Josef von Sternberg todavía no nos muestra ese estilo tan característico suyo que lo convertiría en uno de los más grandes artistas del Hollywood de inicios del sonoro, pero a cambio sí que se intuye a un cineasta talentoso y con ganas de hacer algo diferente. The Salvation Hunters es la historia de dos jóvenes y un niño que intentan abrirse paso entre los bajos fondos, y si bien el argumento es algo endeble y tiene un tono algo altisonante en sus rótulos, destaca por su retrato de esos suburbios de clase baja y posee incluso una inocencia que luego no sería nada característica del cine posterior de Sternberg.

19) The Home Maker – King Baggot

Esta fue una de las grandes sorpresas del Festival de Pordenone de 2018, una película totalmente desconocida que aparentemente no tiene un gran conflicto pero que, en el fondo, hace una profunda crítica a las convenciones de género y los roles que hombres y mujeres se ven obligados a llevar a cabo por convenciones sociales. Los protagonistas son un padre y madre de familia asfixiados por una aburrida rutina que ya no les llena y cuyas vidas dan un vuelco cuando, a causa de un accidente, deben intercambiar papeles: ella pasa a ser la trabajadora y él quien ha de cuidar del hogar. Contra todo pronóstico ambos se sentirán mucho más cómodos así. Una película sencilla, sensible y que sigue resultando más vigente hoy día de lo que nos gustaría admitir.

18) El Trío Fantástico (The Unholy Three) – Tod Browning

El dúo Tod Browning-Lon Chaney era infalible en esos años. Sus películas podrían ser más o menos inspiradas, pero nunca dejaban indiferente. Como mínimo sabías que tendrías un argumento extravagante y truculento, además de un portentoso tour de force interpretativo de Chaney. En este caso ambos logran que funcione un argumento que, sobre el papel, parece imposible de tomarse en serio: una banda criminal que actúa bajo una tapadera en que Chaney se disfraza de anciana y utiliza sus dotes de ventrílocuo, mientras que un enano se hace pasar por un adorable bebé. Delirante pero funciona con creces.

17) Three Friends and an Invention (Dva Druga, Model i Podruga) – Aleksei Popov

Una de las muchas comedias que nos regaló el cine mudo soviético y que, aunque hoy día es virtualmente desconocida, en su momento fue un éxito a nivel internacional. La trama se centra en dos trabajadores que viajan a la capital a mostrar un invento que han patentado para aumentar la productividad, y que por el camino sufren los intentos de boicoteo del propietario de la fábrica en que trabajaban. Una película entrañable y encantadora que ofrece desde momentos más slapstick a secuencias que simplemente nos invitan a disfrutar del viaje con los personajes.

16) La Dama de la Noche (Lady of the Night) – Monta Bell

Esta es una de esas películas que nunca suelen destacarse dentro de todas las maravillas que ofreció el cine americano en esa época, pero que vista hoy día resulta deslumbrante por lo bien narrada que está y la multitud de ideas tan bien resueltas que ofrece. Norma Shearer realiza aquí un doble papel para mostrarnos cómo discurre en paralelo el destino de dos jovencitas nacidas en ambientes sociales totalmente distintos. A partir de esta idea no excesivamente original, Monta Bell nos regala una pequeña joya con algunas escenas preciosas que ya comentamos en detalle en el post enlazado arriba. Les invitamos a descubrirla, no les decepcionará.

15) Smouldering FiresClarence Brown

Nunca nos cansaremos de reivindicar a Clarence Brown como uno de los grandes cineastas del Hollywood clásico pese a que su nombre no haya alcanzado el estatus de otros contemporáneos suyos. Smouldering Fires es un ejemplo perfecto de por qué me gusta tanto su cine. Aquí se nos ofrece el clásico melodrama con triángulo amoroso mil veces visto pero con algunos detalles que lo ponen muy por encima de la media: la protagonista es una mujer de mediana edad y no una atractiva jovencita, y por otro lado el conflicto se basa en la problemática de tres personajes que no saben cómo evitar hacerse daño mutuamente. Es de una sensibilidad y una delicadeza que la hacen especialmente emotiva.

14) Varieté – E.A. Dupont

Uno de los grandes clásicos en mayúsculas del cine alemán de la era muda, Varieté fue un enorme éxito internacional que acabó de consagrar la cinematografía de dicho país. Al igual que el filme anterior, la historia se trata de un triángulo amoroso, pero la propuesta es radicalmente distinta. Tenemos a un Emil Jannings desatado en esos personajes sufridos que tan bien se le daban, la famosa cámara desencadenada de Karl Freund y el mundo del circo, tan popular en la era muda, como telón de fondo. Todo un clásico.

13) The Lady – Frank Borzage

Hay muchos motivos por los cuales creo que el cine de 1925 fue superior al de este año actual, pero basta con esgrimir un argumento muy sencillo e irrefutable para demostrarlo: en 1925 Frank Borzage estrenó dos películas. Cualquier año con dos filmes de Borzage (especialmente el Borzage de la época muda) es un gran año. Así pues, hace un siglo éste nos ofreció dos películas preciosas y tan diferentes entre sí como El Tumbón (Lazybones, 1925) y The Lady (1925), siendo la primera una historia sencilla estilo americana y la segunda un melodrama clásico para lucimiento de Norma Talmadge. Aunque estoy saturando un poco la lista de melodramas hollywoodienses, qué quieren que les diga, no pude dejar fuera este título que parte de un argumento propio de un culebrón y que luego la magia de Borzage y la excelente interpretación de Talmadge convierten en una joya preciosa y emotiva.

12) Crónica de Grieshuus (Zur Chronik von Grieshuus) – Arthur von Gerlach

La enésima demostración de que el cine alemán de la era muda era mucho más que el famoso expresionismo (que, como habrán notado, ya está prácticamente ausente de las pantallas). Este prestigioso drama histórico fue una gran producción de la UFA que narraba la historia de amor entre el hijo de un noble y la hija de un vasallo, que provocará un conflicto con su ambicioso hermano. Producción de Erich Pommer (al igual por cierto que el recién citado Varieté), guion de Thea von Harbou, un diseño de producción espectacular y una historia que no cae en el estatismo o pesadez de muchos dramas históricos. ¿Qué más argumentos necesitan para acercarse a ella?

11) ¡Y Supo Ser Madre! (Stella Dallas) – Henry King

Me comenta mi fiel ayudante Cesare que como añada otro melodrama hollywoodiense más a la lista va a pedir su dimisión. Pero le he convencido para que me deje añadir uno más y ha aceptado al saber que se trata de la primera versión de Stella Dallas, mucho menos conocida que la de 1937 dirigida por King Vidor y con una espectacular Barbara Stanwyck, pero en mi opinión superior a la sonora. Henry King, otro de esos grandísimos directores incomprensiblemente olvidados hoy día pese a su espectacular carrera, hace aquí un trabajo excepcional con esta historia sobre una madre sacrificada que se ve obligada a hacerse a un lado para permitir que su hija pueda aspirar a un tipo de vida mejor. Mención aparte el papelazo que hace Belle Bennett con el personaje protagonista.

10) Siete Ocasiones (Seven Chances) – Buster Keaton

Entramos en el top10 con uno de los clásicos más conocidos de este año: Siete Ocasiones, un filme que por cierto al propio Keaton no le gustaba demasiado por considerar que la obra de la que partía era totalmente ajena a su estilo. Y tenía razón, pero en realidad eso no hace más que confirmar su grandeza, al conseguir tomar una premisa de comedia de enredo y llevarla totalmente a su terreno. Por si eso fuera poco aquí se sacó de la manga una de las secuencias más antológicas de su carrera: esa persecución de cientos de novias al protagonista que desemboca en una espectacular caída por un barranco. Antológica.

9) El Abanico de Lady Windermere (Lady Windermere’s Fan) – Ernst Lubitsch

Cualquier año con una nueva película de Lubitsch es un gran año cinéfilo. En 1925 lo que nos ofreció fue esta divertidísima adaptación de una obra de Oscar Wilde en la que desplegó todas las características que hacen de su cine algo tan maravilloso: es elegante, inteligente, ingeniosa y plasma como nadie los conflictos sentimentales. Tenemos además en uno de los papeles principales a Ronald Colman, que ese mismo año había participado en el filme de Henry King que destacamos arriba. ¿No es un lujo para un actor poder alternar entre tantos grandes directores en pocos meses de diferencia?

8) La Viuda Alegre (The Merry Widow) – Erich von Stroheim

Después de haber ofrecido el año anterior uno de los mayores y más impresionantes suicidios comerciales de la historia del cineel indomable Erich von Stroheim se vio obligado a realizar un filme comercial para compensar al estudio. Y efectivamente esta adaptación de la célebre opereta La Viuda Alegre sería el mayor éxito comercial de su carrera, pero lo bueno es que no por ello dejó de ser una grandísima película con muchas de sus marcas de estilo, aunque algo atenuadas. Es una muestra de que, si hubiera querido, Stroheim podría haberse hecho un hueco en Hollywood encontrando un término medio entre sus ambiciones y lo que el estudio quería. Pero para bien o para mal, Stroheim no claudicaba ante nadie.

7) El Gran Desfile (The Big Parade) – King Vidor

Este drama antibélico fue uno de los mayores éxitos de taquilla de toda la era silente, una de esas películas que supo tocar las teclas adecuadas y que ofrecía una combinación perfecta para conquistar al público: toda una estrella como John Gilbert (a quien por cierto acabamos de ver en el filme comentado arriba de Stroheim) en el papel protagonista y desbordando una química muy especial con Renée Adorée, un realizador de primer nivel como King Vidor y, sobre todo, un filme que supo alternar entre momentos intimistas y la descripción de los horrores de la guerra.

6) La Otra Madre (Visage d’Enfants) – Jacques Feyder

Existe una corriente de cine francés a mediados de los años 20 que combinaba algunos de los logros visuales de las vanguardias con un tipo de historias más convencionales destinadas al gran público. Eran filmes que utilizaban la imaginación y libertad de las vanguardias para emocionar al espectador con historias como ésta: la tragedia de un niño que no logra superar la muerte de su madre y se enemista con su hermanastra y su madrastra. Es un filme bellísimo, que capta muy bien el sufrimiento infantil y la dificultad para superar un trauma, al mismo tiempo que técnicamente resulta apabullante. No se puede pedir más.

5) El Estudiante Novato (The Freshman) – Fred C. Newmeyer & Sam Taylor

En aquella época Harold Lloyd estaba en el momento cumbre de su carrera tanto a nivel de popularidad como de calidad, y en cierto modo El Estudiante Novato, considerado su gran clásico junto a El Hombre Mosca (Safety Last!, 1923), supone su consagración definitiva. De nuevo Lloyd consigue dar forma a una historia que es al mismo tiempo divertidísima y emotiva, explicándonos los frustrados intentos de su protagonista por convertirse en el estudiante más popular del campus donde cursa sus estudios. La larga escena final del partido de fútbol, que será su última oportunidad de demostrar su valor, es antológica. Una de las grandes comedias de la era muda.

4) El Difunto Mathias Pascal (Feu Mathias Pascal) – Marcel L’Herbier

Siguiendo con esa corriente de cine francés a la que aludí anteriormente, aquí destacamos una de las mejores películas no solo de Marcel L’Herbier sino del Estudio Albatros, al que dedicamos un especial hace años. Esta adaptación de la novela de Pirandello sobre un hombre que decide empezar una nueva vida de cero con otra identidad nos permite disfrutar de ese trabajo de escenografía y diseño de producción tan particular de las mejores películas de la Albatros, del magnífico trabajo de dirección de L’Herbier (que en ocasiones se recrea quizá demasiado en la fuerza de las imágenes pero, ¿quién podría culparle?) y, sobre todo, del recital que ofrece el actor de origen ruso Ivan Mosjoukine, una de las grandes estrellas del momento y, en mi opinión, el mejor intérprete de la era muda.

3) Los Miserables (Les Misérables) – Henri Fescourt

Desde el enorme impacto que me produjo esta película en una proyección de Pordenone en un ya algo lejano 2015 (una proyección que aún se cita entre habituales del festival como uno de los mejores momentos vividos en la capital del cine mudo), no me he cansado de reivindicar esta joya de Henri Fescourt. Esta monumental adaptación de seis horas de la obra maestra de Victor Hugo logra ser totalmente fiel a la novela pero sin pecar de excesivamente literaria o esclava de la original. Al contrario, es una obra excelente que aprovecha muy inteligentemente sus recursos cinematográficos para dar vida propia a la historia, de modo que puede ser disfrutada tanto por aquellos espectadores que han leído el libro original como por aquellos que no lo conocen. Cine con aspiraciones «de calidad» pero no por ello anquilosado.

2) La Quimera del Oro (The Gold Rush) – Charles Chaplin

¿Qué decir de una de las obras más recordadas de uno de los artistas más famosos de la historia del cine? La Quimera del Oro atesora las mejores cualidades de Chaplin: una trama divertidísima que en este caso aprovecha todo el potencial humorístico de esos paisajes nevados recónditos y las aventuras del famoso vagabundo en busca de oro, pero al mismo tiempo con una subtrama sentimental perfectamente conectada con el argumento principal que le da un toque de patetismo muy emotivo. Todo fluye a la perfección aquí, y teniendo en cuenta que este era su segundo largometraje cómico, es natural que en su momento fuera un éxito de taquilla apabullante.

1) El Acorazado Potemkin (Bronenosets Potyomkin) – Sergei M. Eisenstein

Sonará terriblemente tópico escoger como ganadora una de las películas más icónicas de la era muda, pero, qué quieren, no vamos a negar una evidencia simplemente para no pecar de previsibles. La realidad es que El Acorazado Potemkin es una de las obras cumbre del cine soviético y de toda la era silente. La famosísima escena de la escalinata sigue poniendo los pelos de punta un siglo después por mucho que nos la conozcamos plano a plano y toda la primera parte del filme situada en el acorazado es un ejemplo perfecto de cómo hacer crecer la tensión y darnos a entender el origen de la rebelión.

Con su segundo largometraje Eisenstein se erigió como uno de los más grandes directores del mundo, y aunque luego su carrera no fue tan productiva como nos habría gustado por motivos extracinematográficos, sí que confirmó con creces lo que aquí ya se veía, y es que era un auténtico genio.

6 comentarios en “Hace 100 años: las mejores películas de 1925

  1. Gran año sí señor. Es curioso pero hay muchas películas que me encantaron y al mirar eran precisamente de 1925… obviamente muchas de ellas están en esta lista. Así que me dispongo a preparar el resto -las no vistas- porque ya te digo que tengo un extraño fetiche con este año….

    ¡Gracias!

  2. ¡Qué ganas me han entrado de repente de buscar las películas que tengo en mi larguísima lista de pendientes y de las que ya se me hacía la boca agua al leer los análisis de tu blog! Y hay muchas de esta lista que, lástima, aún no he visto. Es verdad que algunas no son fáciles de localizar, pero hay otras que en estas vacaciones intentaré ver.

    Mi lista tiene el el 1 y 2 las mismas que las de este Doctor, solo que cambiando los puestos. Por una cuestión de nostalgia, yo vi La quimera del oro siendo aún joven y me deslumbró. Y El acorazado Potemkim fue mucho tiempo, un poco más adelante, mi película favorita del cine mudo cuando yo era un estudiante universitario cursando una asignatura llamada Historia del Cine a cargo de mi querido profesor Agustín Sánchez Vidal. Pero veinte años después la carga propagandística del cine soviético me la tira un pelín para atrás. Me pasa lo mismo con El nacimiento de una nación, que fue la película que dio el gran paso de gigante de la historia del cine, pues hasta 1915 no se había visto nada igual en duración, narrativa épica y técnica impecable. Pero claro… El pasado sudista de Griffith pesaba en su concepción de la sociedad. De todos modos, reconozco que los mejores momentos de El acorazado Potemkim son insuperables.

    También voy a añadir alguna película que echo en falta en esta lista. Mi medalla de bronce de 1925 es Bajo la máscara del placer (Die Freudlose Gasse), que me parece su obra maestra junto a La caja de Pandora.

    De este mismo año dos debilidades mías: El fantasma del Moulin Rouge (Le fantôme du Moulin-Rouge), de René Clair, y Maciste en el infierno, de Guido Brignone con el inefable Bartolomeo Pagano. Su diseño de producción me subyuga, y me recuerda lejanamente al Infierno de Dante de 1911.

    De la producción alemana me resultan interesantísimos el extraño documental Maravillas del universo (Wunder der Schöpfung), de Hanns Walter Kornblum, y un corto de animación de Walter Ruttman y Lotte Lendesdorff: El paraíso recuperado (Die wiedergefundene Paradies).

    Por último señalar tres obras, que aunque no son las mejores de sus autores, llevan el sello del gran cine en mi opinión: Tartufo o el hipócrita de Murnau, El rey de los cowboys (Go West) de Buster Keaton y La huelga (Stachka) de Eisenstein.

    En todo caso he disfrutado mucho con este clásico post y solo lamentar que aún falta un año para que aparezca la docta selección del año 1926.

    • ¡Ay! Que el motivo por el que no está Bajo la máscara del placer de Pabst es simple y llanamente… ¡que se me olvidó! La tenía en mi lista inicial de películas de 1925 que me gustaban, luego a partir de aquí voy seleccionando las elegidas… y en medio de ese proceso debí olvidarla y no me di cuenta. Menudo descuido, si no fuera por eso habría entrado seguro en mi top20, me gusta mucho.

      De las otras que mencionas le tengo muchas ganas a la de René Clair (que la tengo en mi punto de mira por recomendación tuya precisamente) y Wunder der Schöpfung, que la tengo aún pendiente y me da mucha curiosidad.

      Las otras tres que mencionas al final son también muy buenas, de hecho La huelga no la añadí por no repetir cineasta, pero sino estaría también entre mis 20 favoritas, y las de Keaton y Murnau son muy buenas sin duda. Qué gran año… ¡y a saber qué nos deparará el 1926! El año que viene lo comprobaremos.

      Un saludo.

  3. No hay mal que por bien no venga, con esta conversación queda subsanada la falta de esa obra maestra de Georg Wilhelm Pabst que es Bajo la máscara del placer en tu top. Lo malo es ¡qué película se caería de la lista! No, no te quiero poner en ese compromiso.

    Pabst justamente es un cineasta que a mí me ha ido ganando con el tiempo. Si hace veinte años no acababa de entrar en la profundidad de su cine, ahora me parece uno de los grandes genios del cine de todos los tiempos.

  4. Sí, sí, no es ninguna exageración, para mí Pabst también es un cineasta que me ha ganado mucho con el tiempo y que se movió a la perfección tanto en el mudo como en el sonoro. Toda reivindicación que le hagamos es poca. ¡Discúlpeme Herr Pabst por este olvido!

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