Especial Centenario Nosferatu (I): Nosferatu (Nosferatu – Eine Symphonie des Grauens, 1922) de F.W. Murnau

Este artículo forma parte de un especial dedicado al centenario del estreno de Nosferatu que incluye los siguientes posts:


Hoy se cumplen exactamente 100 años del estreno oficial de una de las grandes obras maestras de la historia del cine: Nosferatu (1922) de F.W. Murnau, que tuvo lugar en Berlín en un evento especial al que este Doctor pudo asistir. Como un acontecimiento así merece celebrarse, durante este mes de marzo haremos un especial temático de varios posts dedicados a esta extraordinaria película. Comenzaremos por la ardua tarea de dedicarle una reseña a una obra a la que cualquier análisis o descripción no le puede hacer justicia. Pero de todos modos, intentémoslo y empecemos esta celebración Nosferatu.

Por extraño que parezca lo que voy a decir, creo que es un error afrontar hoy día Nosferatu (1922) como una película de terror o vampiros. O mejor dicho, afrontarla sólo como una película de terror o de vampiros. Aunque por descontado se trata de una de las primeras grandes obras maestras del cine de terror y el personaje principal es un vampiro creo que Nosferatu es mucho más que eso. No pretendo por ello minusvalorar el género de terror, como si fuera una categoría demasiado pequeña para una obra maestra como ésta, mi punto de vista es más bien que en ella hay muchas ideas y detalles de puesta en escena que resulta obvio que van más allá de pretender generar terror al espectador.

Nosferatu me sigue pareciendo hoy día una de las obras con un clima más inquietante y perturbador que he visto, pero al mismo tiempo creo que contiene algunas de las estampas más bellas de la historia del cine. No hay ninguna contradicción en ello. En Nosferatu F.W. Murnau llevó al máximo su influencia por la pintura romántica y la concepción que tenía ésta de la naturaleza, vista como algo cautivador pero también misterioso, que nos deslumbra por su belleza pero que también nos atemoriza por las extrañas fuerzas que puede generar. Eso es lo que evoca Murnau en Nosferatu y que creo que va más allá de su adscripción a un género o temática concretos.

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Los efectos visuales alucinógenos de Amoki (1927) de Kote Mardjanishvili

Como aficionado al cine mudo que lleva siguiendo esta forma de arte desde mis años mozos en la República de Weimar, lo que me encanta de la era internet es que nos ha permitido llegar no solo a películas mudas que durante mucho tiempo han sido muy difíciles o casi imposibles de conseguir, sino también a centenares de obras que ni sabíamos que existían y que están ahora a un clic de nosotros. Películas que en los años 20 del siglo pasado este inquieto cinéfilo no hubiera descubierto, ¡y eso que procuraba estar siempre atento a todo lo que estrenaba! De modo que si uno se mueve por estos inabarcables mares internautas puede acabar disfrutando un día del visionado de Amok (Amoki, 1927) del prestigioso director teatral Kote Mardjanishvili, la versión filmada en Georgia que todos estábamos esperando del célebre relato de Stefan Zweig.

¿Que la película no tiene subtítulos y ustedes no saben leer en georgiano? Bah, eso en el cine mudo no es ningún problema. Basta con conocer el relato original para seguir la trama aunque no se entiendan los rótulos, (y si no lo han leído, háganlo, es muy bueno). Comprobarán que eso nos sirve de sobras para disfrutar de todas sus virtudes cinematográficas.

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Publicación del libro Criaturas del cine expresionista alemán

Amigos lectores, a este Doctor le complace anunciarles que acaba de editar un libro cuya temática muy probablemente les parecerá interesante: Criaturas del cine expresionista alemán, escrito bajo su habitual seudónimo Guillermo Triguero, con el que quizá ya sepan que suele publicar artículos y libros fuera de esta web. Ha sido publicado por Editorial Hermenaute y cuenta además con un prólogo del director de la Filmoteca de Catalunya, Esteve Riambau. Todo ello se ha planificado para coincidir con el centenario del estreno de Nosferatu (1922) de F.W. Murnau, que será también motivo de celebración en este rincón silente con un futuro especial temático.

¿Qué pueden esperar de esta obra? Tal y como indica su título es un repaso a un movimiento tan apasionante como el expresionista alemán, que se inicia con el contexto social y artístico de la Alemania de posguerra, un periodo que como sin duda sabrán fue muy tumultuoso pero también muy efervescente a nivel creativo. Seguidamente se dedica un capítulo a algunos precedentes fílmicos del cine expresionista, muchos de ellos injustamente olvidados hoy día, y a partir de ahí me embarco en las grandes obras del movimiento: desde los clásicos El Gabinete del Doctor Caligari (1920), El Golem (1920) o Nosferatu (1922), a otras obras menos recordadas como De la Mañana a la Medianoche (1920) o las tres versiones de El Estudiante de Praga.

De paso este Doctor ha aprovechado para refutar algunos tópicos muy comúnmente extendidos sobre este movimiento del que tanto se ha escrito, pero a veces con demasiada ligereza: la tendencia a catalogar de «expresionista» cualquier filme alemán de la época, las injustas críticas vertidas contra la carrera del director de Caligari, Robert Wiene, o la idea del expresionismo como un movimiento meramente vanguardista olvidando su importante componente comercial.

Aunque es un tema del que se ha escrito mucho, les aseguro que este Doctor ha hecho un gran esfuerzo de documentación para que el libro fuera lo más fidedigno posible a la temática, y también ha procurado digerir todos esos datos y convertirlos en un texto riguroso pero ameno de leer. Se da también una visión amplia del fenómeno incluyendo menciones sueltas a otros cineastas como algunos directores daneses de la época, mi adorado Maurice Tourneur… ¡e incluso cierta película japonesa!

Si les parece interesante la propuesta, pueden adquirir el libro a través de este link, y si tienen curiosidad pueden también echar un vistazo a la recién inaugurada sección de la web dedicada a libros escritos por este Doctor. Por cierto, estén atentos a nuestras redes sociales si quieren asistir a la presentación oficial, que tendrá lugar la primera semana de marzo. ¡Más información en breve!

El Hermanito (The Kid Brother, 1927) de Ted Wilde

Ya desde uno de sus primeros largometrajes, El Mimado de la Abuelita (Grandma’s Boy, 1922) de Fred C. Newmeyer, Harold Lloyd había mostrado un nada disimulado interés por introducir elementos dramáticos en sus películas y, sobre todo, darle una psicología más compleja y humana a su personaje cómico para que no fuera un mero clown de slapstick. Si bien inicialmente llevó esas ambiciones demasiado lejos con una primera versión de El Mimado de la Abuelita puramente dramática que no funcionó en los pases previos, el montaje que acabó haciendo de dicho filme le mostró el camino a seguir: balancear entre comedia y drama, no renunciar al slapstick pero tampoco a dar más profundidad a su personaje. Desde entonces la carrera de Lloyd alternaría siempre entre un filme más ambicioso o profundo y otro más puramente escapista (no por ello peor acabado, de hecho algunos de éstos fueron sus mayores éxitos de taquilla). De entre las películas que se encuentran en el primer grupo – El Hombre Mosca (Safety Last! 1923), El Tenorio Tímido (Girl Shy, 1924) y El Estudiante Novato (The Freshman, 1925) – ninguna llevó tan lejos sus ambiciones como El Hermanito (The Kid Brother, 1927).

El origen de este proyecto está en la admiración que sentía Harold Lloyd hacia Tol’able David (1921) de Henry King, no en vano una de las películas más importantes del cine americano de las primeras décadas. Dicho filme supuso además la contribución más importante al género conocido como «americana», en el que Lloyd decidió situar su siguiente historia, que era una suerte de parodia no disimulada de la de King. Harold es el hijo menor del sheriff de un pequeño pueblecito que se siente discriminado, ya que su padre solo trata sus asuntos con sus dos hermanos, mucho más fuertes que él. La llegada de un espectáculo ambulante a la ciudad le permitirá conocer a Mary, una jovencita de la que se enamora y ante la que aparenta ser un tipo duro. La situación se complica cuando alguien roba de casa del sheriff el dinero recolectado para construir una presa y las sospechas recaen sobre el propio padre de Harold.

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Mary Jane’s Mishap o Don’t Fool with the Paraffin (1903) de George Albert Smith

Hoy les traemos una de las obras más remarcables de George Albert Smith, uno de los grandes pioneros del cine británico que ya apareció por aquí en numerosas ocasiones. Un aspecto que discutimos anteriormente de Smith fue la innovadora introducción de primeros planos en una época en que el lenguaje cinematográfico todavía estaba desarrollándose y el público todavía tenía que acostumbrarse a este tipo de recursos. Lo vimos en Grandma’s Reading Glass (1900) y en The Sick Kitten (1903), pero el filme de hoy va un paso más allá.

En esos anteriores cortos, Smith utilizaba como es usual un plano general y saltaba a un primer plano justificado a nivel argumental por un motivo u otro. Pero en Mary Jane’s Mishap (1903), también conocida como Don’t Fool with the Paraffin va más allá. La historia no deja de ser el clásico gag de sirvienta torpe, en este caso encarnada por su mujer Laura Bayley, una artista de vodevil. Pero lo interesante es cómo en este corto va pasando de planos generales a planos medios en diversas ocasiones para beneficiar la narrativa de la película, por ejemplo para que veamos cómo se mancha la cara. Es decir, aquí la introducción de un primer plano o plano medio concreto no es una especie de «golpe de efecto» como en filmes anteriores, que se justificaban por ser lo que veíamos a través de una lupa o mostrar de cerca al gatito tomándose la medicación. Aquí Smith va saltando a lo largo de estos cuatro minutos del plano general a otros más cercanos con total soltura. ¡Esto es ni más ni menos que una suerte de montaje que ya se acerca a la forma de narrar que desarrollaría el cine unos años después! Es la idea de que no hay que «preparar» al espectador para un plano más cercano, que rompe la concepción del plano general como forma única de narrar toda la historia sin apenas cortes de montaje. Aquí se pasa de un tipo de plano a otro con libertad, simplemente porque hace que la historia se disfrute más. Hoy día puede no parecerlo, pero para 1903 Mary Jane’s Mishap es una obra asombrosamente moderna.

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Especial Films Albatros (V): Films Albatros en 10 películas

Este post forma parte de un especial dedicado al estudio Films Albatros que incluye los siguientes artículos:


Para cerrar este especial dedicado a Films Albatros que tanto ha disfrutado elaborando este Doctor, he pensado que sería buena idea hacer una selección de 10 de las obras que encuentro más destacables de esta productora tan única y especial.

En primer lugar un detalle importante a remarcar: Films Albatros no es un estudio que haya producido en mi opinión un gran número de obras maestras (como es el caso por ejemplo de la más célebre UFA), creo que lo que lo hace tan especial es que casi todas las obras suyas que he visto tienen algo que las hace singulares. Puede que muchas de ellas no acaben de redondear sus ideas o pequen de abusar de recursos melodramáticos, pero siempre encontraremos detalles que las hacen destacar por encima de la media, a veces incluso por encima de filmes que cualitativamente son superiores, por muy contradictorio que suene; ya sea por su extraordinario trabajo de dirección artística, por esa querencia por utilizar todo tipo de recursos visuales de forma tan imaginativa o incluso a veces simplemente un plano suelto.

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Especial Films Albatros (IV): los 100 rostros de Ivan Mosjoukine/Ivan Mozzhukhin

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«No hay nada más doloroso y desagradable que verte a ti mismo en la pantalla. La más mínima falsedad espiritual, aunque sea camuflada por la técnica, se percibe de inmediato, y eso me atormenta durante mucho tiempo».

NOTA: en este post he empleado la versión afrancesada del nombre de nuestro protagonista en lugar de su nombre original en ruso, Ivan Mozzhukhin. El motivo es simplemente que es el nombre por el que más se le suele conocer.

Tres instantáneas de la vida de Ivan Mosjoukine

Como primera toma de contacto con la compleja biografía de un actor tan prolífico y apasionante como Ivan Mosjoukine quedémonos de entrada con tres instantáneas tomadas en diferentes momentos de su carrera y un fragmento de vídeo. La primera instantánea sería en 1920, cuando desembarca en Francia huyendo de la revolución soviética con el estatus de ser la principal estrella del cine ruso. ¿Lograría hacerse un nombre en ese país o quedaría relegado a papeles secundarios como le sucedería a docenas de actores que no consiguieron mantener su caché tras verse obligados a emigrar a otra industria donde no eran tan conocidos? La segunda imagen es otro desembarco, en este caso en Estados Unidos, adonde Mosjoukine ha viajado en 1927 tras hacerse un nombre en toda Europa con la esperanza de convertirse en una de las grandes estrellas masculinas de Hollywood. Lo tiene todo a su favor: talento, físico, fama, experiencia y versatilidad. Una última instantánea, ésta perteneciente a 1939: un Mosjoukine enfermo de tuberculosis en un hospital parisino arruinado y totalmente olvidado por el público. La muerte a los 49 años del que 12 años antes era uno de los actores más famosos de Europa pasó totalmente desapercibida.

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Especial Films Albatros (III): La Casa del Misterio (La Maison du Mystère, 1923) de Alexandre Volkoff

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En La Casa del Misterio (1923) de Alexandre Volkoff la Albatros se propuso matar dos pájaros de un tiro: por un lado sumarse al género de los seriales, que tan lucrativo resultaba en aquellos años (como ven la gente lleva enganchándose a series desde los inicios del cine), pero por otro lado desmarcarse como un estudio que producía películas de una gran calidad. O, mezclando ambos conceptos, dignificar un género que normalmente era bastante desprestigiado (Feuillade aparte, los seriales solían ser filmes de pobre calidad que simplemente buscaban enganchar al público con guiones repletos de giros imposibles). Y triunfaron con creces en ese propósito.

Pese a que el título hace pensar en una trama de misterio e intrigas, en realidad el argumento tira por otros derroteros. El protagonista es Julien Villandrit, próspero dueño de una fábrica que no sospecha que su socio y (teóricamente) amigo Henri Corradin está enamorado de su mujer Régine y dispuesto a cualquier cosa con tal de arrebatársela. Para ello Henri hace creer a Julien que Marjory, un vecino suyo de avanzada edad que parece tener un aprecio especial a su mujer, es su amante. Atormentado por los celos Julien se confronta a Marjory y poco después de estos acontecimientos el anciano muere asesinado. Julien es acusado injustamente de dicho crimen y Corradin traiciona a su amigo con la esperanza de poder conquistar a su mujer.

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Especial Films Albatros (II): La historia de Albatros

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¿Cuál fue el origen de este estudio francés integrado mayormente por rusos? Primero un poco de inevitable contexto histórico. La historia de Albatros se inicia en Rusia con la llegada de la Revolución de Febrero de 1917. El país, por entonces sumido en la I Guerra Mundial, se encontraba en una situación crítica a causa de las numerosas derrotas sufridas en el frente y las condiciones cada vez más duras a las que se vio abocada la población civil, que desembocarían en una revuelta popular que destronaría al zar. En los conflictivos meses posteriores a la revolución, el cine seguiría activo pero atreviéndose a tratar temas antes prohibidos y, por supuesto, más enfocados a la ideología de izquierdas. Como forma de proteger a un sector tan debilitado en estas penosas circunstancias todas las productoras se unieron para evitar competir entre ellas y estar preparadas para una más que posible nacionalización de la industria, pero en 1918 la crisis se hizo insalvable ante la falta de recursos y el boicot del mercado extranjero. La solución pasó por una emigración de la mayor parte de los trabajadores de la industria al sur del país, que por entonces aún no estaba en manos de los bolcheviques, primero a Odesa y luego a Yalta. Finalmente en 1919 Lenin propuso nacionalizar la industria cinematográfica. Fue entonces cuando cobró una gran importancia uno de los principales personajes de nuestra historia: Joseph N. Ermolieff.

¿Quién era ese tal Ermolieff? Pues ni más ni menos que uno de los principales productores de cine en la Rusia imperial, habiendo trabajado en algunas de las películas más importantes de Yakov Protazanov de esos años como La Reina de Picas (1916) o El Padre Sergius (1917). Ermolieff estaba empleado para la filial de Pathé en Moscú y naturalmente tenía contactos en Francia, de modo que cuando la situación en Rusia se complicó de veras llegó a un acuerdo para establecerse en el país galo junto a varias de las figuras de la industria cinematográfica de su patria. Así pues, en enero de 1920 partiría el barco que llevaría a Francia a nombres tan destacados como los directores Aleksandr Volkoff y Yakov Protazanov, o los actores Ivan Mosjoukin y Natalya Lisenko entre muchos otros. Empezaba pues la aventura de los futuros estudios Albatros.

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Especial Films Albatros (I): De pie pese a la tormenta

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En otoño de 1920 el último punto de resistencia que quedaba del Ejército Blanco ruso en Crimea fue conquistado por los guerrilleros bolcheviques. En los años convulsos de la Revolución Soviética habían sido muchos los que se habían refugiado en esa zona del sur del país confiando que la revuelta no llegaría hasta ahí, pero cuando el General Wrangel fue derrotado miles de rusos emigraron a otras zonas europeas huyendo de las posibles consecuencias del bolchevismo. Entre este amplio número de emigrantes se encontraban algunos de los nombres más destacados de la cinematografía rusa antes de la revolución, desde actores y directores de prestigio hasta personal técnico. La mayor parte de ellos escaparían a Francia, donde lograrían asentarse en un nuevo estudio bautizado Ermolieff-Cinéma, fundado por otro emigrado ruso como ellos.

Unos pocos años después, en 1922 se produciría un nuevo suceso importantísimo: el jefe del estudio decidió dejar la compañía para probar nuevas aventuras y éste cambió su nombre por el de Films Albatros, teniendo como significativo lema «De pie después de la tormenta». Esto no fue un mero cambio de nombre, con el nacimiento oficial de Albatros hubo también una transformación radical en la manera de hacer películas. Aquí comenzaría la legendaria carrera de uno de los estudios de cine más singulares de toda la era muda.

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