
En un post reciente les narramos las desventuras de la actriz y futura realizadora Leni Riefenstahl cuando tuvo que trabajar a las órdenes del director Arnold Fanck protagonizado algunos de los más míticos bergfilm de la época. Hoy les ofrecemos la segunda parte de sus sufridas experiencias en otras dos películas filmadas en condiciones especialmente difíciles.
Der grosse Sprung (1927)
«‘Leni – me dijo [Arnold] Fanck un día – mientras yo hago las tomas de invierno, tú irás con nuestro superescalador y superesquiador Pulga de Nieve [apodo del operador de cámara Schneeberger] a los Dolomitas y dejarás que te enseñe a escalar, ¿de acuerdo? (…) ‘Sobre todo tienes que escalar descalza, tal como lo exige el papel’, me dijo Fanck cuando nos despedíamos.
Como punto de partida para nuestros ejercicios de alpinismo habíamos elegido la caña del collado de la Sella. Ante la larga cima había rocas de diversos tamaños. Empecé a escalar con entusiasmo, primero todavía con zapatos. No solo me gustaba, sino que se me daba tan bien como si escalara montañas desde hacía tiempo. Gracias a los ejercicios de danza se había desarrollado mi sentido del equilibrio y, al bailar con las puntas, tenía fuerza en los dedos de los pies. Pulga de Nieve estaba tan satisfecho con mis progresos que propuso intentar un verdadero viaje de alpinismo, de modo que escogió las Torres de Vajolette.»







