La Sala de Baile (Le Bal, 1983) de Ettore Scola

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Es cierto que no es lo mismo una película muda que una sin diálogos, pero aun así este Doctor cree que de vez en cuando vale la pena hacer una pequeña excepción y reservar un hueco en este humilde rincón de la red a ciertas obras realizadas en pleno sonoro que, no obstante, han apostado por basarse más en aspectos visuales y no en la palabra escrita u oral. Y así como hace un año les comentamos el interesantísimo ejemplo de El Espía (1952) en esta ocasión les proponemos rescatar una película tan original como La Sala de Baile (1983) de Ettore Scola.

La premisa es la siguiente: situarnos en un mismo escenario (una sala de baile francesa) a lo largo de 50 años. Los personajes y acontecimientos van variando a lo largo del paso del tiempo, no hay protagonistas ni ninguna trama central, simplemente hechos puntuales de esas décadas que sirven para hacer un repaso a la historia de Francia en ese medio siglo. Para acabar de redondear la idea, no hay diálogos como ya dijimos y los diferentes personajes los interpretan el mismo elenco de actores caracterizado según la época que les corresponde.

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El monstruo y la niña: de El Golem (1920) a Frankenstein (1931)

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He aquí una de las imágenes más iconográficas de la historia del cine, que con toda seguridad todos ustedes reconocerán, pero por si hay por ahí algún lector despistado añadiremos que pertenecen a la versión de Frankenstein realizada en 1931 por James Whale en Hollywood, con Boris Karloff encarnando al monstruo. Aunque es una escena más que conocida, creo que resulta tan fascinante que nunca está de más volver a verla:

Esperen, esto es un blog de cine mudo, ¿verdad? No teman, el Doctor Caligari no ha perdido el norte. Les hemos hecho volver a rememorar esta escena para contraponerla con un precedente que no es tan célebre pero que merece ser justamente reivindicado: El Golem (1920) de Paul Wegener y Carl Boese.

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El Espía [The Thief] (1952) de Russell Rouse

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Sí se pensaban que esto del cine mudo es una forma fílmica anclada a una época concreta del pasado… tienen razón, pero aún así ha seguido habiendo algunos experimentos muy interesantes en décadas posteriores para volver a esa forma de cine, como el ejemplo que nos ocupa hoy.

El Espía destaca sobre todo por partir de una premisa muy curiosa: hacer una película entera sin diálogos en plenos años 50. No puede calificarse de cine mudo porque cuenta con banda sonora y efectos de sonido, pero es una idea muy arriesgada e interesante. Desconozco cómo consiguió su impulsor llevar adelante un proyecto de este tipo, pero el caso es que el resultado final es muy bueno.

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El caso de John Gilbert y el cine sonoro

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Uno de los tópicos más extendidos a la hora de hablar del salto del mudo al sonoro es el de la antigua estrella de cine que con la llegada del sonido se quedó atrás por no tener una voz adecuada. Y efectivamente existen casos de ese tipo, no solo en referencia a actores extranjeros cuyo acento les impedía interpretar muchos papeles, sino también en lo que respecta a actores norteamericanos cuya voz sencillamente no agradó al público.

Uno de los ejemplos por antonomasia que más se suele citar es el del actor John Gilbert. En los años 20, Gilbert era uno de los actores favoritos del público, especialmente femenino. Sus papeles de galán seductor encandilaban a las espectadoras, y era la pareja perfecta para una de las grandes divas del Hollywood de la época: Greta Garbo. Sin embargo, la carrera de Gilbert cayó en desgracia con la llegada del sonido, mientras que la de Garbo se mantuvo sin muchos problemas pese a su marcado acento escandinavo. Leer más »

Inicios del cine sonoro animado en Estados Unidos

No es ningún secreto que el cine animado siempre se ha apoyado de forma decisiva en el sonido como medio expresivo, especialmente en sus primeras décadas de existencia. Basta con ver un cortometraje animado al azar de los muchos que produjeron estudios como la Warner Brothers o Disney para apreciar el enorme peso que tenía el sonido en ellos. La banda sonora musical es la que marca el ritmo con frecuencia, los personajes cantan con una frecuencia a veces irritante y uno de los recursos más habituales en este tipo de films era utilizar pequeñas melodías musicales para imitar la acción que se estaba llevando a cabo.

Por ello, los años de transición del cine mudo animado al sonoro son absolutamente fundamentales. En este caso nos centraremos en Estados Unidos y los primeros cortometrajes de entre los principales animadores de la época que incorporaron sonido sincronizado .

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Inicios del cine sonoro: Lee de Forest y Phonofilm

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Lee De Forest es un personaje realmente curioso. Inventor, emprendedor y oportunista (no necesariamente en este orden) fue un hombre muy activo en los inicios de la era electrónica trabajando en diferentes invenciones y luchando por ganar sus respectivas patentes en una época en que las guerras de patentes estaban a la orden del día. Es uno de esos ejemplos de hombres inquietos que a base de involucrarse en tantos proyectos diferentes con desiguales resultados acabó muriendo pobre, la clásica historia de auge y caída que tanto gusta en Hollywood.

Aunque el invento que le hizo más popular en su momento fue el audión, De Forest fue también una de las principales figuras pioneras en el desarrollo del cine sonoro. Su sistema era el Phonofilm, que permitiría grabar voces sincronizadas con películas y que a su vez estaba basado en el Tri-Ergon, otra patente primitiva de cine sonoro ideada por tres alemanes en 1919. El astuto De Forest había viajado a Alemania a aprender de los avances que habían hecho los alemanes en ese ámbito y volvió a Estados Unidos con la idea que le habían mostrado para patentarla ahí. Realmente era alguien en quien confiar.

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Una cuestión de acentos

Una de las cualidades más interesantes del cine mudo era que, al no conocer las voces de los actores que aparecían en la pantalla, éstos tenían un aire casi fantasmal o irreal. En el momento en que hablaban se perdía ese rasgo único y pasaban a ser seres de carne y hueso. Un periodista de la época desarrolló la idea de esta manera:

El pueblerino que se imaginaba que, en caso de que la Señorita X le susurrara «Te quiero», sonaría como una mandolina, ahora escucha a su diosa hablar como una dependienta de tienda masticando chicle. El devoto del seductor carácter inocente de la Señorita Y ahora la mira bajo la triste luz de los «talkies» como una mujer de mediana edad con la voz de una mujer de mediana edad. El granjero que antaño soñaba con la Señorita Z como una exótica y misteriosa dosis de polvo de cantárida ahora la verá simplemente como una inmigrante obesa con músculos sobredesarrollados asistiendo en la negociación de un inglés «pidgin»«.

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Buster Keaton y Chaplin compartiendo pantalla en Candilejas (1952)

En su momento, Candilejas (1952) fue pensada por Chaplin como la última película de su carrera, el film con el que se despediría definitivamente de las pantallas. Aunque hoy en día sabemos que no fue así, resulta obvia su intención desde el mismo argumento, en que encarna a un viejo cómico de variedades caído en desgracia que tiene un último retorno a los escenarios de mano de una bailarina a la que ha salvado la vida.

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Uno de los grandes atractivos de esta obra es que ofrece por primera y única vez la participación conjunta en la pantalla de Chaplin y Buster Keaton, dos de los más grandes cómicos de la historia del cine. Por aquel entonces Keaton había padecido el hundimiento de su carrera y estaba en plena fase de redescubrimiento, mientras que Chaplin había seguido manteniendo su autonomía y su fortuna. El ofrecer un pequeño papel en la película a Keaton, su antiguo colega-rival del mundo del slapstick,  enfatizaba aún más la idea de la película como gran final.

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Los guiños de El Crepúsculo de los Dioses (1950)

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El Crepúsculo de los Dioses (1950) es una de esas películas que casi no necesitan presentación, una de las más contundentes críticas a la cruel maquinaria de Hollywood mediante la historia de una diva de cine mudo que cayó en el olvido con la llegada del sonoro. El film es sin duda una de las grandes obras maestras del séptimo arte por sus numerosas cualidades cinematográficas, pero uno de sus aspectos más interesantes son las múltiples referencias que sobrevuelan a lo largo de todo el metraje como guiños al espectador. La mayoría son conocidas pero nunca está de más repasarlas.

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René Clair jugando con el sonido

Viva la Libertad (1931) es una de las primeras películas sonoras del director francés René Clair, quien había dado el salto al cine sonoro con gran éxito gracias a Bajo los Techos de París (1930), considerado unánimemente como el primer gran film sonoro hecho en Francia.
Clair, quien tendría en el futuro una interesante carrera a caballo entre Francia y Hollywood, era un cineasta muy imaginativo y creativo. En sus inicios estuvo vinculado con los movimientos vanguardistas cinematográficos, de los que tomó algunos recursos para dotar a sus films de una mayor libertad expresiva. Eso explica que en esta obra nos encontremos un pequeño gag que encuentro muy interesante porque nos da algunas pistas sobre el uso del sonido en los inicios del cine sonoro.

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